10 de marzo del 2004

La "democracia cubana" de Bush

Antonio Maira
Cádiz Rebelde

Puestos a democratizar son imparables.

Ahora están creando -fondos petroleros y chequera en mano- "sociedad civil" en Irak, quién lo diría después de tanto ensañamiento. Trabajan sobre las ruinas con inspiración de creadores del mundo. Ellos localizan, agrupan, promocionan y financian a los líderes más representativos, a los más capaces, que tienen, eso sí, que aceptar la ocupación permanente y asumir como propios los enormes cambios económicos que ha realizado Washington. Modelo neoliberal y dependencia política, economía de enclave y situación colonial, bajo el rótulo de: "Libertad y Democracia".

Y preparan ya una transición, que anuncian rápida en Cuba.

El modelo para dominar no tiene fronteras, etnias, ni religiones, no discrimina, funciona por designio de Dios y de su vicario en Washington.

La "democracia" de Bush para Cuba está siendo fabricada en detalle por la llamada "Comisión de Ayuda a una Cuba Libre". La desvergüenza es absoluta y de larguísimo desarrollo. Sólo con el desborde ilimitado y la contumacia con el que se manejan los políticos del gobierno de los Estados Unidos pueden entenderse las declaraciones del Secretario de Hacienda, John Snow.

El bueno de Snow refriega en las narices de los "patriotas" de Florida que "la Comisión se basará en expertos de nuestro propio gobierno para plantear la transición final de Cuba". Así pues el acto de soberanía plena lo realizarán funcionarios del gobierno de Washington tal como ocurrió después de la guerra de independencia en 1898. La Enmienda Platt no es nada tal como vienen los tiempos. Así detalla Snow -con la complacencia asegurada y el apoyo entusiasta de quienes desde Miami sueñan con convertir a Cuba en corralón de los Estados Unidos- las áreas de decisión de la Comisión: "Prácticas óptimas para el establecimiento de instituciones democráticas, cómo asegurar el respeto a los derechos humanos y el imperio de la ley; cómo crear las instituciones centrales de una economía libre; cómo modernizar la infraestructura y - no se lo creerán ustedes- cómo satisfacer rápidamente las necesidades básicas en las áreas de salud, educación, vivienda y servicios sociales". Curso y manual completo el que anuncia el secretario de Hacienda Snow: "Libertad y Democracia" o, lo que es lo mismo en versión de Washington, liquidación acelerada de todo el patrimonio social del pueblo de Cuba, y puesta en marcha de un sistema político oligárquico y corrupto cuyo modelo lleva años depurando "occidente". "Hacer sobre las cenizas" como están ensayando, con algo más que enormes quebraderos de cabeza, en Iraq.

Mientras tal sueño imperial se hace realidad, Bush, que intensifica las medidas de bloqueo y las amenazas, "le extiende al pueblo cubano la mano de la libertad". Parece copla. Y en Miami, capitanes de mafia y casino se reúnen con congresistas de ascendencia cubana y con funcionarios del departamento de Estado, y elaboran el "futuro económico de Cuba" como entre gavilla de ladrones.

La apuesta contra el pueblo cubano es realmente escandalosa: "la privatización no se puede separar del surgimiento de una clase empresarial en Cuba y, por ende, de una estratificación social de la nueva república". Lo dicho: "transición desde las ruinas" y en presencia de unos cuantos millones de desamparados, eso sí, racionalmente estratificados en los infiernos por la mano terrible de la guerra y la mano dulce del mercado. Transición desde la destrucción, la guerra y el castigo a los que animan las organizaciones de extrema derecha del exilio cubano.

"La privatización será, en más de un aspecto, la pieza central del proceso de transición" aprobaron mientras afirmaban la necesidad de analizar "los detalles" en los próximos meses y garantizar el compromiso de la "disidencia interna" con el plan latrocida.

Mientras Natsios, el jefe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), elabora cuadros de posibilidades sobre el futuro de la isla y los expone en una "Conferencia sobre la Transición en Cuba" con anuncios de hermosas zanahorias humanitarias para las opciones más favorables a Washington; Richard Perle, ideólogo neofascista de la guerra de Iraq y hasta hace poco presidente del Consejo de Política de Defensa del Pentágono, con su colega David Frum, argumentan a favor del asesinato de Fidel Castro: "cuando esté en nuestras manos y sea de nuestro interés, debiéramos deshacernos de los dictadores sin más remordimientos que los que siente un francotirador de la policía cuando dispara a un secuestrador de rehenes"; y Noriega y Powell reafirman la doctrina de la voluntad soberana de los EEUU en el mundo al acusar a Cuba de desestabilizaciones continentales; Bush, el presidente del fraude, el "presidente que está en guerra", balbucea, como repitiendo un conjuro, sobre la "locura de Castro" mientras sigue deshojando la gigantesca margarita de la derrota inminente de la revolución cubana.