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Política
Cuba _ Adital
Evandro Bonfim*
La Casa Blanca, en Estados Unidos, comienza a implementar el plan Transición
en Cuba, con el que pretende a través de una serie de medidas anunciadas la
última semana, ampliar las hostilidades al régimen de Fidel Castro, las
restricciones del embargo económico a la isla caribeña y la reducción de los
derechos de los cubanos residentes en EE.UU., a fin de detener el proceso
revolucionario que dura más de cuatro décadas, en el momento de la sucesión del
líder histórico.
Las nuevas directrices estadounidenses en oposición a Cuba están contenidas en
los seis capítulos del Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, de más
de 450 páginas, divulgado el último jueves, día 06. El objetivo de las medidas,
según el propio presidente estadounidense, George W. Bush, es de "acelerar el
día en que Cuba será un país libre".
Estados Unidos de América, especialmente bajo el comando de Bush, avanzan en la
autoatribuida misión de llevar la libertad al mundo, sin consultar a los países
que desea "salvar", ni mucho menos a los pares de la comunidad internacional de
estados soberanos a través de su órgano máximo, el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas.
La libertad prometida de EE.UU. se convierte espontáneamente en agravamiento de
la opresión, como en el reciente caso de tortura practicada por militares
estadounidenses contra hombres y mujeres de Irak, país que actualmente ocupan.
Por esto, el gobierno cubano reaccionó rápidamente al anuncio estadounidense,
calificando como "brutales" las medidas económicas y políticas contrarias al
país y a los cubanos residentes en Estados Unidos.
Contrarrevolución y transición
La divulgación de las nuevas acciones anticubanas estuvo a cargo de Roger
Noriega, secretario asistente de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental.
Noriega es uno de los autores de la ley Helms-Burton, que permite a EE.UU. vetar
inversiones de otros países a la isla caribeña, y acusado por el gobierno cubano
de ser representante en la Casa Blanca de la mafia terrorista de Miami,
compuesta por disidentes que financian actos de violencia y espionaje contra el
régimen de Fidel Castro.
Las medidas incluyen el incremento del apoyo a la contrarrevolución interna, a
través de la asignación de 59 millones de dólares, en los próximos dos años,
para apoyar a organizaciones anticastristas en suelo cubano. Dinero extra será
aplicado para el aumento de las campañas internacionales contra Cuba, que
incluyen campañas de desinformación sobre el país, como las emprendidas por las
estaciones de radio y TV Martí, que a través de un avión C-130 invade el espacio
comunicacional cubano con propagandas desfavorables al régimen comunista. Estas
transmisiones van a proseguir con la dotación del presupuesto de 18 millones de
dólares para la iniciativa.
Hay puntos del proyecto de la Casa Blanca que pueden ser considerados absurdos,
como el que pretende vacunar a niños cubanos, cuando el país caribeño se destaca
por la promoción de la salud a la población, o la apertura de financiamientos de
programas para apoyar lo que llaman de "esfuerzos pro democracia de los jóvenes,
mujeres y cubanos de origen africano". "Insólito objetivo, venido del país de la
discriminación de todo tipo y del Ku Klux Klan", comenta con certera ironía el
gobierno cubano.
Según el informe, estas medidas fueron concebidas para "socavar los planes de
sucesión del régimen", y serán acompañadas por el recién creado puesto de
Coordinador para la Transición en Cuba, ligado directamente al Departamento de
Estado.
Libertad condicional
Estados Unidos pretende además reforzar la política de atracción de inmigrantes
de la isla caribeña, aunque haya restringido las acciones de los cubanos
residentes en el país, como si éstos estuviesen contradictoriamente en libertad
condicional en los dominios de la "Free America".
Con el paquete de medidas anunciado la semana pasada, los receptores de remesas
de dinero y paquetes a los familiares directos de cubanos residentes en Estados
Unidos, están limitados a abuelos, nietos, padres, hermanos, esposas e hijos.
"Significa que, a partir de ahora, un cubano residente en Estados Unidos será el
único inmigrante que estará prohibido de enviar ayuda económica a una tía
anciana u otro familiar próximo", explica el gobierno cubano en nota de repudio
a los proyectos estadounidenses.
Las visitas al país de origen de cubanos residentes en Estados Unidos están
reducidas del actual derecho de un viaje anual a un viaje cada tres años. Estos
visitantes tendrán controlada la cantidad de dinero que puede gastar en la
tierra natal. El valor permitido para cubrir los gastos durante visitas a Cuba
bajó de 164 dólares a 50 dólares diarios.
También continúan restringidas las concesiones de licencias para viajes
educativos y de intercambio académico a ciudadanos e instituciones
estadounidenses, a través de reglamentaciones más rígidas que las actuales. "Se
busca, por todos los medios, incrementar las difíciles condiciones que ya nos
impone el criminal bloqueo estadounidense", denuncia el gobierno cubano a la
comunidad internacional.
"Las medidas anunciadas constituyen también una violación de los derechos de los
ciudadanos de origen cubano residentes en Estados Unidos, a los cuales, a partir
de ahora, se le imponen nuevas y draconianas restricciones para viajar y para
enviar ayuda económica a sus familiares en Cuba", comenta la administración de
Fidel Castro, que equipara las medidas anticubanas propuestas por Bush como
acciones dignas del Führer (en referencia a Adolf Hitler).
* Evandro Bonfim es periodista de Adital.