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29 de febrero de 2004
Estados Unidos y Cuba: Kabul, Bagdad... ¿La Habana?
Fernando Montiel T.1 mafemoti@yahoo.com.mx
- mafemoti@hotmail.com
Rebelión
Cuba: ¿fruta madura o manzana podrida?
Puede ser un gigante con pies de barro. La América Latina por la que
todos los días luchan los herederos de Bolivar puede tener su talón
de Aquíles en el Caribe. Si el ánimo intervencionista de Washington
se ha topado -con el talento político de Fidel Castro, con la verdad
sin oropeles de Hugo Chávez y con la valentía y la firmeza de
Nestor Kichner- con un muro de contención en América del sur,
en el Caribe la Casa Blanca ha encontrado el eslabón más débil
de la cadena y la oportunidad para desarticular el engranaje geopolítico
latinoamericano que amenaza con la emancipación. El Caribe hoy, como
la Indochina de ayer, es al mismo tiempo una amenaza y una oportunidad para
los Estados Unidos. Los resultados de la "Teoría del Dominó" -con
la que se justificó el paseo de los cuatro jinetes del Apocalipsis por
el sureste asiatico a lo largo de dos décadas- hablan por si mismos:
"hacia 1970 habían sido arrojadas más toneladas de bombas sobre
el pequeño país de Vietnam que sobre Alemania y Japón durante
toda la segunda guerra mundial"2, es decir, algo
así como "7 millones de toneladas de bombas y explosivos equivalentes
a 270 kg de TNT por sudvietnamita, equivalentes a 450 bombas de Hiroshima"3.
Y aún así, el ejercito imperial resultó humillado. ¿Qué
motivó la ferocidad del ataque? Fácil: el que un pequeño
país pudiera mostrar que existía una forma de ser independiente.
"Una manzana podrida que podía contaminar al resto de la canasta" (Chomsky).
Vietnam fue en la década de los cincuenta y sesenta para Johnson, Kennedy
y Nixon, lo que América Central fue en los ochenta para Reagan y lo que
el Caribe puede ser para Bush en la entrada del siglo XXI: su peor pesadilla
hecha realidad. Cuba en el Caribe es la punta de lanza del dominó americano.
Paradójicamente, pequeña, agredida por décadas, sin recursos
económicos y sorteando toda clase de eventualidades, la mayor de las
Antillas está derrotando a Washington al erigirse más como la
"manzana podrida" que amenaza con contaminar al resto de la canasta que como
la "fruta madura" que -según John Quincy Adams- caería con el
tiempo bajo la férula de la potencia americana. Desde el Departamento
de Estado, el Pentágono y la Casa Blanca se analiza correctamente que
los gobiernos de Chávez, Kichner e incluso el de Luis Ignacio da Silva
son prueba de esta podredumbre. El virus se ha extendido y la "vacunación"
del vecindario es necesaria para evitar que la "infección" se siga propagando.
Para un imperio liberación es igual a subversión
o terrorismo, y por lo tanto la prioridad que tienen estos eventos político-sociales
no debe subestimarse, y menos todavía cuando ocurren en el back yard
imperial. Ante la cada vez mayor articulación de la resistencia anti-estadounidense
en la América continental, la desvinculación de los movimientos
de oposición en el Caribe se muestra como la base sobre la que es posible
diseñar un proyecto para contener el "Dominó Bolivariano" latinoamericano.
Si a este aislamiento orgánico de la oposición en las Antillas
(salvo por Cuba) se suma la crisis y la inestabilidad coyuntural que sufren
algunos de los países en la zona (Haití), la ya de por sí
extensiva presencia militar estadounidense en la región en lugares como
Guantanamo (Cuba), Aruba y Curazao (Antillas Holandas), Fort Buchanan y Roosevelt
Roads en Vieques (Puerto Rico) y las oportunidades que ofrece el tener gobiernos
clientes vecinos del Caribe (México, Colombia, Honduras por mencionar
algunos) lo que resulta es un escenario ideal para iniciar una fuerte contraofensiva
política e incluso militar que podría derrumbar lo que con sangre,
sudor y lágrimas se ha construido a favor de los más desposeídos
del continente. Para decirlo en pocas palabras: Cuba está en peligro.
De las muchas cabezas de la hidra latinoamericana, la cubana tiene una importancia
capital: si la isla cae, se desploma el resto de América Latina. El David
caribeño ha derrotado ya a varios Goliats estadounidenses (uno por cada
presidente). El peso sicológico que esto tiene en la clase política
imperial es considerable. Si en Vietnam la Casa Blanca no escatimó el
uso extensivo de la violencia con fines políticos (fascismo para acabar
pronto) con el objeto de conjurar la humillación que de todas formas
sufrió –y eso que Vietnam está a miles de kilómetros de
distancia- no es difícil imaginar los proyectos que se cocinan en los
pasillos imperiales para subordinar a La Habana, afrenta de largo aliento al
orgullo anglosajón, a tan solo 90 millas de distancia. Desde el nacimiento
del gobierno revolucionario, la nueva Roma le ha atacado con dos tipos de estrategias:
el desgaste y la agresión quirúrgica.
El desgaste
La primera de estas estrategias es extensiva en su margen de acción y
permanente en su dimensión temporal, y es tan inhumana socialmente como
inútil en tanto instrumento político. Torricelli y Helms-Burton
son los nombres infames que sintetizan su escencia. Sobre la base del acoso
y la privación, esta primera pauta de agresión es aderezada de
cuando en cuando por actos de hostilidad complementaria cuyo objeto es afianzar
la percepción desinformativa de que lo que se tiene en Cuba es "la última
dictadura del hemisferio occidental" (George W. Bush), dictadura que -siempre
dentro del discurso del neofacismo americano- "desestabiliza la región...
impidiendo los procesos democráticos libres y justos en América"
como dijo Adam Ereli, portavoz adjunto del Departamento de Estado (5.1.2004).
Tan solo un día después, Roger Noriega (Subsecretario de Estado
para Asuntos del Hemisfeio Occidental) remató diciendo que "tenemos fuentes
de información que describen una imagen inquietante de la implicación
cubana en el respaldo a elementos en varios países que buscan desestabilizar
gobiernos democráticamente elegidos". Dardos como estos son moneda corriente
de la diplomacia estadounidense y su cantidad se antoja infinita desde 1959.
La razón por la que estos mecanismos no han funcionado para socavar los
cimientos del gobierno revolucionario es, entre otras cosas, porque las acusaciones
son falsas en su contenido pues no resisten la comprobación empírica.
Veamos. Sin duda Erely y Noriega tienen razón en lo que respecta a la
asistencia que brinda Cuba a otros países de América Latina, aunque
su interpretación de las razones es erronea por ignorancia o por conveniencia.
La Heritage Foundation -"tanque pensante" de ultraderecha, conservador
al extremo y de amplias credenciales anti-castristas- recientemente liberó
un documento que da cuenta de lo que hace Cuba en América Latina: "...Fidel
Castro has sent more than 10,000 doctors, teachers and intelligence specialists
to Venezuela..." (Strengthening America´s Southern Flank Requires a Better
Effort, Carafano, James J & Johnson Stephen. Backgrounder No. 1727. Feb.
20, 2004). ¿Qué tan amenazadores pueden ser doctores y maestros? Mucho
si consideramos que precisamente la atención de las necesidades básicas
y la capacitación son la base de la movilización popular que tiene
hoy en jaque al imperio en su flanco sur. ¿Y que hay de los especialistas en
inteligencia? Pues contra lo que señala Noriega están ahí,
no para "desestabilizar a un gobierno democráticament elegido" sino para
afianzarlo, porque en los hechos –y una breve revisión de los procesos
político-electorales de la última década en el continente
daría cuenta de ello- eso es el régimen de Chavez en tanto es
resultado de uno de los índices de votación más elevados
registrados en la región, índices que además, se obtuvieron
en uno de los procesos electorales más limpios y concurridos de la historia
de Nuestra América. Noriega ataca a Castro, y la Heritage Foundation
hace lo propio con Chávez. El documento de marras además de
calificar al presidente venezolano de "regional troublemaker" lo acusa
de estar "fanning flames of social unrest by encouraging indigenous activists
in Bolivia and Ecuador to rise up against elected leaders". Cuando habla
el texto de la Heritage de líderes electos ¿Se refiere en Ecuador
al corrupto gobierno de Jamil Mahuad o al gobierno de Lucio Gutiérrez
que por traidor perdió toda su base popular?, ¿y en Bolivia se refiere
al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada mejor conocido como el "Presidente
mata-gente"?. En ambos casos los ejemplos escogidos por la inteligentzia
conservadora le hacen un muy flaco favor a su causa. En todo caso Cuba envía
médicos, maestros y especialistas en inteligencia para apoyar gobiernos
con pleno respaldo popular, es decir, a gobiernos legítimos. Washington
hace lo suyo enviando agentes de la CIA, torturadores y militares para afianzar
a regimenes represivos e ilegítimos (lease Colombia y un largo e histórico
etc.). Los ejemplos sobran, negarlo tan sólo es evidencia de ignorancia
o complicidad. Para la democracia como se entiende desde el Potomac, sin duda
maestros y doctores son un semillero de conspiradores y desestabilizadores:
sólo con esta luz es que cobran algún matiz de realidad las declaraciones
de Bush, Noriega, Powell y su pandilla de "expertos". ¿"...Fidel Castro has
sent more than 10,000 doctors, teachers and intelligence specialists to Venezuela..."?.
¿Y que hay de los Estados Unidos? La Habana no sólo no ha agredido a
Washington sino que incluso, les ha asistido de la misma forma en que asiste
a Venezuela: durante el trance del 11 de Septiembre Fidel Castro dijo al día
siguiente de la tragedia que Cuba "siente el dolor y la tristeza junto al pueblo
norteamericano" y que ofrecía "apoyo médico, plasma o cualquier
cosa que puedan necesitar". ¿Intelligence specialist to Venezuela?, Cuba
ha prestado ayuda también al FBI –que no a la CIA- en las tareas de recolección
y análisis de información sobre verdaderas actividades terroristas
al interior de los Estados Unidos (como aquellas que se desarrollan en el seno
de la Fundación Cubano-Americana con sede en Miami), aun corriendo el
riesgo de que dichos análisis e información no solo no sea utilizados
por el FBI para impedir estas actividades, sino que incluso sea utilizada por
la CIA para alentarlas. ¿Cuándo hicieron esto?, ¿cómo? ¿son mentiras?:
El 16 y el 17 de Junio de 1998 "Las autoridades de la Seguridad del Estado Cubano,
en un intercambio con el FBI, le entregaron 230 páginas sobre actividades
terroristas contra Cuba, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones
transmitidas por las cadenas de televisión sobre acciones terroristas
contra Cuba y ocho cassetes de audio ascendentes a dos horas y 40 minutos, sobre
llamadas telefónicas de terroristas centroamericanos que estaban detenidos
con sus mentores en el exterior. El FBI reconoce estar impresionado por la abundancia
de pruebas y responde que dará respuesta en dos semanas". Esta información
fue liberada tanto en Cuba (Mesa redonda informativa, 28 de Junio, 2001. CIP)
como en los Estados Unidos (El Nuevo Herald, 13.1.2001). ¿Cómo ha respondido
la Casa Blanca? Irónicamente, arrestando y encarcelando a los especialistas
autores de esta colaboración bajo los paradójicos cargos de "conspiración",
"terrorismo", "subversión" y "atentados contra la seguridad nacional".
Respecto a todo esto la Heritage Foundation, Bush y su séquito
no tienen una sola palabra. Pero ¿qué no entonces Noriega y la Heritage
tiene razón?, después de todo el gobierno estadounidense es
el que más gobiernos democráticamente elegidos ha desestabilizado
a lo largo de la historia, y entonces el apoyo prestado por Cuba la convierte
en cómplice criminal. No es así. Mientras que el apoyo en materia
de inteligencia a Venezuela es para afianzar a uno de los gobiernos aliados
más legítimos del continente, la colaboración en el mismo
rubro que se ha prestado a los Washington es un acto de autodefensa en el entendido
de que el anti-castrismo en Miami es la principal fuente de agresión
y subversión que enfrenta la isla: en ambos casos el objetivo último
es defender los intereses del Estado cubano en sus tres dimensiones básicas:
población, territorio, gobierno. (La historia sería diferente
si por ejemplo Cuba, como hace Israel, asistiera los esfuerzos que hace la CIA
para crear bandas paramilitares en Colombia, Ecuador o Perú, pero no
es el caso). Por su parte, las ofertas de asistencia humanitaria a Venezuela
y Estados Unidos demuestran la fidelidad, la congruencia y el compromiso de
la revolución cubana con sus principios fundamentales al tender la mano
a los débiles y los que sufren independientemente de la bandera que los
cobija: la solidaridad en este plano es con los pueblos, no con los gobiernos.
Además del acoso político y económico, y de los ataques
directos de la diplomacia estadounidense, esta primera estrategia también
contempla el fomento de la agresión multilateral complementaria como
las condenas que año con año promueve la potencia imperial en
contra de La Habana en el seno de la Organización de Estados Americanos
(OEA), o en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en
Ginebra a través de sus Estados lacayos. Las acciones de la OEA no merecen
mayor comentario considerando que el organismo, en sí mismo, es la mesa
de té del Departamento de Estado. Más interesante en cambio es
la dinámica de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra. El
fondo de lo que ocurre en este foro lo explicó con mucha claridad y sencilléz
Jorge Bolaños -Embajador de la Cuba en México- el 27 de Mayo del
2003 en un acto conmemorativo al 50 aniversario del Movimiento 26 de Julio.
"Si la votación es abierta, hay países que votan en contra de
Cuba por miedo a los Estados Unidos, sin embargo, cuando la votación
es secreta, Cuba es apoyada por amplias mayorías". Desde 1989, Cuba ha
permanecido de forma ininterrumpida como miembro de la Comisión de Derechos
Humanos de Naciones Unidas; Estados Unidos en cambio lo había sido por
un espacio de 54 años. Mientras que el 10 de Mayo de 2001 la Casa Blanca
sufrió la humillación de verse expulsados de esta instancia, la
permanencia de Cuba fue ratificada, y -por si quedara alguna duda- todavía
el 29 de Abril del 2003 su presencia fue aplaudida nuevamente por la comunidad
internacional al asegurarle un asiento en esa instancia para el periodo 2004-2006.
¿Cómo se explica todo esto? Fácil: las votaciones para condenar
a Cuba son abiertas mientras que las votaciones para la permanencia de los miembros
de la Comisión son secretas. Luego entonces cabe una pregunta incómoda
¿cuál es la verdadera opinión de la comunidad internacional sobre
lo defensa de los derechos humanos en Cuba? Ante muestras tan evidentes de apoyo
los funcionarios estadounidenses sólo alcanzan a balbucear patéticas
explicaciones como la que esgrimió el Embajador Kevin E. Moley el 10
de Febrero del 2003, cuando Libia –país "terrorista" según Washington-
resultó electa para presidir la vigesimoquinta sesión de la Comisión:
"Esto no es una derrota para los Estados Unidos, es una derrota para la Comisión
de Derechos Humanos". ¿De verdad?. Incluso en la OEA –en donde rara vez ocurre
algo interesante- se brincó la cereza del pastel: En Junio de 2003, los
Estados Unidos fueron también expulsados de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos. ¿También es derrota de la Comisión en lo
particular y de la OEA en general? A los actos permanentes y sistemáticos
de terrorismo político, económico y comercial que llevan impreso
el sello Made in the USA, se deben agregar gestos hostíles que
sólo contribuyen a tensar la relación entre como la cancelación
unilateral por parte de Washington de las pláticas migratorias semestrales
bilaterales "única instancia oficial de diálogo entre ambos" (La
Jornada, 7.1.2004). La frecuencia, variedad y permanencia en el uso de esta
primera estrategia por parte de la Casa Blanca ha provocado en la dirigencia
isleña el desarrollo de un talento diplomático excepcional. Al
mismo tiempo, la agresión permanente ha despertado en el régimen
cubano una intensa dinámica de análisis introspectivo, de evaluación
permanente y de proyección política respecto de las debilidades,
las fortalezas, las oportunidades y las amenzas que implica tener al imperio
más extenso, más poderoso y más agresivo de la historia
como vecino y enemigo a tan sólo 90 millas de sus costas. A pregunta
expresa respecto de "el futuro de la Cuba de Castro", un ex representante por
muchos años del Vaticano en la isla llegó a decir a Walter Astié-Burgos
(actual Embajador de México en Honduras) que "nada puede crecer a la
sombra del gran árbol". El nuncio estaba equivocado (como lo estuvo también
la iglesia cuando negaba la existencia del alma "india"). Los resultados están
a la vista: De Eisenhower y Kennedy a Clinton y Bush, pasando por Johnson, Nixon,
Ford, Carter y Reagan entre otros, Cuba hoy sobrevive, vive, crece, destaca
y trasciende en la historia, el tiempo y el espacio. La inutilidad política
de esta primera estrategia se demuestra con la sola existencia del régimen
cubano tal y como es: tan legítimo, soberano, justo y humano como es
posible serlo "a la sombra del gran arbol" imperial.
La agresión quirúrgica
¿En que consiste la "desestabilización quirúrgica? Un ejemplo
por demás elocuente ocurrió entre el 13 y el 23 de Mayo del 2003.
El 13 de mayo se anunció la declaración de persona non grata
de 14 diplomáticos cubanos y la expulsión de territorio estadounidense
de 7 de éstos por el cargo de espionaje. Diez dias después, cuando
los ánimos estaban todavía muy exaltados y las relaciones entre
ambos países habían entrado en una nueva espiral de crisis, aeronaves
de la fuerza aérea estadounidense violentaron el espacio aéreo
cubano en un acto flagrantemente ilegal. ¿Algo más? una de las aeronaves
comenzó a transmitir señales de radio y televisión invitando
a la subversión en Cuba. ¿Eso es todo? No, ésta aeronave era seguida
por aviones caza de la fuerza aérea de aquél país. Prácticamente
todas las normas legales aplicables al caso fueron quebrantadas en este episodio,
incluso -dada la naturaleza de la relación bilateral, de los aviones
invasores, y de los contenidos de los mensajes que se transmitían- la
operación en su conjunto podría ser tipificada –de acuerdo con
el derecho internacional- como un acto de guerra de agresión. El incidente
ocurrido 10 días antes tenía la intensión de "sensibilizar"
a los cubanos, es decir, herirlos con el objetivo de que perdieran el control
con la operación de guerra sicológica que llevó a cabo
la fuerza aérea el día 23. La reacción que esperaba -y
que deseaba- la Casa Blanca era una similar a la que tuvo el régimen
de Fidel Castro el 24 de Febrero de 1996, cuando dos avionetas de la organización
"Hermanos al Rescate" fueron derribadas por aviones de combate cubanos tras
violentar el espacio aéreo de la isla para invitar, también en
esta ocasión, a la subversión. Más allá de la verdad
y de consideraciones morales o legales, una reacción en el 2003 como
la de 1996 habría resultado la excusa perfecta para desatar una intervención
armada por parte de Washington con la excusa de haber sufrido en su contra una
"agresión militar unilateral e injustificada" por parte de La Habana.
El objetivo de las aeronaves que escoltaban al que transmitía era dar
una respuesta inmediata a cualquier "acto hostil" cubano. La provocación
y las intensiones eran evidentes, La Habana no cayó en la trampa y con
ello desarticuló todo el plan. Sin embargo, el mismo día de la
crisis, el presidente cubano abiertamente habló de la posibilidad de
una intervención armada de el imperio contra la mayor de las Antillas.
Con un coeficiente intelectual por debajo de la media (y disiminuido todavía
más por sus antecedentes de adicción al alcohol, a las drogas
y por su todavía vigente fanatismo religioso al discurso del reverendo
Graham) George W. Bush dio por sentado que la mentalidad del Comandante Castro
(cuya genio política y militar reconocen incluso sus más acérrimos
detractores) era igual de simple y mecánica que la suya: estaba equivocado.
Ignorando olímpicamente todos estos hechos, James Cason (jefe de da Sección
de Intereses de Estados Unidos en La Habana) ha hecho eco de las declaraciones
de Bush, Powell y Rumsfeld en el sentido que Washington no tiene ninguna intensión
de invadir Cuba. Declaraciones que no solo no empatan con los hechos, sino que
incluso parecen una repetición del pasado: haciendo honor a la memoria,
es importante recordar que mientras Roosvelt presentaba urbi et orbi
su "política del buen vecino" (no intervención, no agresión),
Estados Unidos tenía tropas estacionadas en Haití, República
Dominicana y Nicaragua y no mantenía relaciones diplomáticas con
México. Esta es una enseñanza histórica: en términos
militares y geopolíticos, si los Estados Unidos dicen que no van a hacer
algo, lo más prudente es prepararse para lo peor.
La amenaza...
Ante el fracaso y el cinismo de la estrategia de desgaste, las operaciones que
se enmarcan dentro de los lineamientos de la agresión quirúrgica
tienen muchas más posibilidades de éxito en tanto su alcances
y repercusiones son más altos, impredecibles y planificables con largo
tiempo de anticipación (además de la ventaja que representa el
factor sorpresa). Su importancia y peligrosidad no deben ser subestimadas ni
por un momento, no debemos olvidar que, después del de Adolfo Hitler,
el de George W. Bush es uno de los pocos gobiernos que ha lanzado dos guerras
de agresión al hilo: si Cuba -con toda la experiencia que tiene lidiando
con los proyectos de subversión estadounidenses- llegara a caer en alguna
trampa de este tipo, su aplicación extensiva en otras naciones del continente
es altamente probable. Vietnam en el pasado, pagó –y paga todavía-
con sangre y lágrimas los avatares de ser "manzana podrida" y no "fruta
madura". Cuba por su parte se regodea –no sin problemas- en el siglo XXI, como
lo hizo durante la segunda mitad del siglo XX, de las alucinaciones decimonónicas
de John Quincy Adams que todavía permean el pensamiento político
estadounidense. Esto es todo lo que importa en los pasillos de la Casa Blanca:
Quieren y buscarán forma de ponerle un remedio. La pequeña isla
es pues, un laboratorio y la primera línea de defensa en América
Latina: En Cuba se juega el futuro del continente. "En situaciones extraordinarias,
los actos extraordinarios son ordinarios" dijo Viktor Frankl en su momento,
esta frase describe con precisión las relaciones Washington-La Habana:
Nada nos debe extrañar, aquí todo es posible. ¿Invasión
a la isla? Con elegancia y como en Henry V, Shakespeare respondería
"La expectación flota ahora en el aire".
1 Editor, analista y consultor en relaciones internacionales
y resolución de conflictos.
2 Degler, Carl N., et al. Historia de los Estados Unidos:
La experiencia democrática, Edit. Noriega, México, 1992. p.
631.
3 Gonzales, Mónica. Citada en Montiel T., Fernando, De
Irak a Vietnam: La lógica del corazón y la lógica de la
razón. Rebelión. 9.9.03).