![]() |
12 de mayo del 2004
La renovación de la Ley USA Patriot: nuevo intento por perpetuar las violaciones y la antidemocracia
Percy Francisco Alvarado Godoy
El pasado 19 de abril, el presidente Bush se apresuró a viajar a Hershey,
Pennsylvania, con el claro propósito de promover la renovación de la "Ley para
Unir y Fortalecer a Norteamérica mediante la Provisión de Herramientas
Apropiadas Requeridas para Interceptar y Obstruir el Terrorismo", más conocida
por la Ley USA Patriot del 26 de octubre del 2001 y cuyo vigor expira a fines
del próximo año. Esta ley fue aprobada en el Senado por 98 votos a favor y uno
en contra (el del senador por Wisconsin, Rusell Feingold), así como en la Cámara
de representantes por 357 votos a favor y 66 en contra, en abierta demostración
de cómo los republicanos y demócratas se identificaron con la propuesta
reaccionaria de la administración Bush.
De acuerdo con una hoja informativa de la Oficina del Secretario de Prensa de la
Casa Blanca, George W. Bush solicitó al Congreso norteamericano la aprobación de
una nueva vigencia para esta controvertida ley, a la par que llama a "eliminar
las escapatorias jurídicas de otras leyes antiterrorismo".
En un claro intento por restringir aún más las libertades ciudadanas y vigorizar
su visión orwelliana dirigida a apuntalar el papel de las instituciones
represivas, Bush hizo un llamado a:
· Permitir el empleo de las citaciones legales administrativas, al igual que se
utiliza en casos civiles y penales vinculados al fraude de asistencia médica, lo
que facultaría a los miembros del FBI y otras agencias a obtener expedientes
confidenciales con mayor rapidez.
· Al igual que en los casos de detenidos por tráfico de drogas, establecer
automáticamente una denegación de fianza presuntiva para todo aquel detenido
sospechoso de ser terrorista.
· Permitir la pena de muerte para todos aquellos detenidos por delitos
terroristas que causen muertes a personas como resultados de sus actos. Esta
condición es usada actualmente sólo para los casos de abuso sexual y tráfico de
drogas que ocasionen la muerte de otras personas.
· Crear nuevos mecanismos que fortalezcan los ya establecidos por la USA Patriot
en cuanto a aumentar el intercambio de información entre las agencias
gubernamentales de inteligencia y contrainteligencia, así como la cooperación
entre las mismas.
· En una mayor subordinación del poder judicial al extraordinario poder recibido
por el FBI y otras agencias, Bush clama por fortalecer todos aquellos mecanismos
que le permiten a las mismas realizar investigaciones por encima de la ley,
tales como órdenes automáticas de registro domiciliario con notificación
demorada, espionaje telefónico y electrónico, así como emplear diversos métodos
que incluyen la inmediata detención de los sospechosos sin notificación a sus
familiares y sin derecho a abogados defensores o notificación de causa, en
franca violación de la privacidad de los ciudadanos y de sus derechos
constitucionales.
Cuando fue aprobada la Ley USA Patriot en medio de un ambiente de histeria y
temor exacerbados por la propia administración, los ciudadanos norteamericanos y
residentes en el país vieron resquebrajados sus más elementales derechos
humanos. Nuevas formas de actuar por las autoridades, usadas ochenta años antes
durante la Segunda Guerra Mundial, volvieron a ser implementadas por el
gobierno. Al igual que la criminal Ley McCarthy-Walter, empleada durante la
Guerra Fría, la USA Patriot socava las libertades públicas y civiles. Desde la
arbitraria detención de los ciudadanos sin una acusación formal, la persecución
de inmigrantes, procesos judiciales sin garantías y en secreto, sin excluir la
detención indefinida sin juicio, hasta la más execrable cacería de brujas,
volvieron a invadir el panorama político norteamericano.
Más de mil personas han sido detenidas en los Estados Unidos luego del fatídico
11 de septiembre y sólo algunos han podido obtener el derecho a un abogado.
Cientos permanecen aún incomunicados y en espera de un juicio que nunca llega. A
la par, cientos de inmigrantes han sido expulsados del territorio norteamericano
ante la más infundada sospecha.
Haciendo uso desmedido de supuestas amenazas terroristas, la administración Bush
ha desviado miles de millones de dólares hacia una lucha basada en el
aplastamiento de las libertades civiles y en la persecución de los movimientos
sociales progresistas. La excesiva militarización del estado ha llegado, incluso
a la creación de la Oficina del Jefe Supremo, en franca imitación al modelo
hitleriano, encargada de subordinar a todo el aparato militar de la nación al
presidente.
De la misma manera, en abierta violación a la división de poderes, tan
tradicionalmente esgrimida en las democracias, ha hecho desaparecer el papel del
poder judicial subordinándolo al andamiaje antiterrorista y militar creado por
la administración. No resulta raro observar la presencia de miembros de la
Guardia Nacional en los aeropuertos norteamericanos y no se excluye la presencia
de tropas en cualquier momento en las ciudades del país cumpliendo labores
policiales. Es, en esencia, una franca militarización de la vida del país.
El nivel de sometimiento de la nación a la obcecada forma de gobernar de George
W. Bush, ha llegado al extremo de obligar a la prensa a respetar "ciertas reglas
de juego".
Hoy por hoy, desde la famoso encuentro que Condolezza Rice, Consejera de
Seguridad Nacional, sostuvo con los dueños de las cinco principales cadenas
televisivas del país el 10 de octubre de 2001, la prensa norteamericana aceptó
la más férrea censura gubernamental. El 11 de octubre, un día después del
encuentro con Rice, se logró la total capitulación de los medios de comunicación
en Estados Unidos bajo el pretexto de los dueños de las cadenas de someterse por
"patriotismo".
El sometimiento de la gran prensa norteamericana al gobierno, en franca
violación a la cacareada libertad de prensa esgrimida permanentemente por
Estados Unidos, se ha visto en la prohibición dada a periódicos, revistas,
televisoras y estaciones radiales a divulgar mensajes de Ossama Bin Laden y de
miembros de AlQaeda, así como a ocultar a la opinión pública norteamericana la
marcha de la guerra en Afganistán e Irak.
Otros cuestionados hechos han puesto en evidencia el carácter reaccionario de la
USA Patriot. Bajo los poderes que se conceden por ésta a las autoridades, se ha
obligado a la universidades y colegios a ofrecer información sobre sus alumnos
en franca violación de los preceptos constitucionales establecidos en la
historia norteamericana.
De la misma manera, basado en la USA Patriot, George W. Bush promulgó una orden
militar el 13 de noviembre del 2001 mediante la cual faculta a tribunales
militares juzgar a los no ciudadanos de Estados Unidos. A tenor con esta orden,
más de 600 personas de todo el mundo se encuentran hacinadas en la Base Naval de
Guantánamo, donde reciben las más crueles torturas y se les privan del derecho a
ser juzgados y recibir ayuda legal.
Lastimosamente, y como prueba de la influencia de Bush en Europa, la Unión
Europea aprobó en junio del 2002 una decisión marco sobre el combate al
terrorismo, perneada de las mismas incongruencias y sucios propósitos de la USA
Patriot. Bélgica, Gran Bretaña y Alemania fueron los primeros en establecer sus
propias leyes dentro de la decisión marco adoptada por la UE.
Tanto la decisión marco contra el terrorismo aprobada por la UE como su
progenitora, la USA Patriot, van enfiladas contra los derechos civiles y son
esgrimidas para combatir la disensión y las luchas sociales. Sobre los
movimientos antiglobalización y otras formas de lucha reivindicativas de los
trabajadores recae el peligro de ser tildados de terroristas y sus
representantes ser juzgados como tales.
Por tanto, hago un llamado a darle una importancia extraordinaria a la lucha
contra la aprobación de la USA Patriot para un nuevo período. Es tarea de todos
denunciarla como una forma para salvaguardar los derechos de los ciudadanos y
los pueblos. Aceptarla bajo el supuesto argumento de combatir el terrorismo,
significará, en última instancia, validar otro tipo de terrorismo: el que
emplean los gobernantes contra la voluntad soberana y los derechos elementales
de sus ciudadanos.