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15 de febrero del 2004
Unión Europea: con la cola entre las patas
Heinz Dieterich
A la sombra del viejo colonialismo europeo se ventiló el vandalismo cultural
del nuevo. A pocas cuadras de la inmensa fortaleza colonial La Cabaña
---testimonio del martirio de esclavos e indígenas caribeños---
los disputantes se reunieron en el restaurante la Divina Pastora, con el fin
profeso de los procónsules del imperialismo europeo, de aclarar su papel
en el boicot cultural a Cuba.
El embajador alemán había visitado la XIII Feria Internacional
del Libro de La Habana, no como embajador sino como "persona", y lo que vio
en la sección alemana lo dejó impresionado. Más de treinta
editoriales y una serie de conjuntos culturales habían desafiado el bloqueo
cultural impuesto por el gobierno de Berlín, causándole un problema
de legitimidad al Ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer y a la
Unión Europea (UE).
El imperialismo europeo, cuya estrategia de marketing en América Latina
se basa en su presentación como el alter ego sofisticado, cultural y
benigno de los brutales mercantilistas gringos, se había desenmascarado
como lo idéntico de lo supuestamente disímil. Tal como los gringos
están bloqueando las medicinas para el pueblo cubano, violando su derecho
a la salud física, así los europeos le negaron a un pueblo hambriento
de lectura el derecho humano a la salud mental que es el acceso al acervo de
la cultura universal.
La invitación a los organizadores alemanes anti-boicot de la Feria, de
acudir a la Embajada para charlar con el honorable funcionario era, por lo tanto,
inevitable. Como era igualmente inevitable que los alemanes la rechazaron, para
no ser desleal con el pueblo cubano. Hablar dentro de la Feria causaba el mismo
problema y finalmente, la diáspora alemana y el poder metropolitana se
reunieron bajo la benevolente mirada de la Divina Pastora, para lindar asperezas.
Con anticipación, el agregado cultural alemán había explicado
---off the record--- que la responsabilidad de la agresión cultural a
Cuba había sido de Joschka Fischer, el inescrupuloso y oportunista militante
callejero del 68, convertido, junto con Danny "el rojo" Cohn Bendit, en voceros
del proyecto neofascista de George Bush.
"Hemos escrito un sinnúmero de cartas al Ministerio, explicando porque
no debía tomarse esta decisión", dice el Agregado, pero los compromisos
de Fischer con la derecha de la Unión Europea y con Washington pesan
más. Protestó, sin embargo, el término "vandalismo cultural",
porque algún apoyo sí se había dado, comentario con que
se refirió a algunos boletos aéreos supuestamente financiados
por ellos.
No menos preocupado por la imagen de la sofisticada y cultural Europa se mostró
la Delegación de la Comisión Europea en Cuba, porque hasta en
el Nuevo Herald de Miami fue reseñada la perfidia de la UE bajo el título
"Candente polémica con la Unión Europea".
En un comunicado del 6 de febrero, la Delegación negó lo innegable:
"que la Unión Europea jamás ha decidido un bloqueo cultural contra
Cuba y que sigue dispuesta a apoyar actividades culturales en Cuba dentro del
marco vigente definido por las autoridades cubanas".
Tal especulación con la corta memoria de la opinión pública
mundial es asombrosa. Apenas el 5 de junio de 2003, los hipócritas de
la UE, "profundamente preocupad(os) por la continua y flagrante violación
de los derechos humanos" en Cuba, decidieron poner en marcha una serie de sanciones
diplomáticas, entre ellas, la reducción de visitas bilaterales,
de la presencia oficial europea en actividades culturales cubanas, la revisión
semestral de sus relaciones con la isla y la invitación a los disidentes
cubanos a la celebración de actos nacionales en Europa.
Dicha declaración fue, a su vez, la culminación temporal de una
política iniciada hace alrededor de ocho años, cuando Aznar, heredero
del franquismo español, recibió financiamiento para su campaña
electoral de la mafia terrorista de Miami, a cambio de la promesa de participar
protagónicamente en la destrucción de la Revolución Cubana.
A mediados de 2003 esa política arreció, con Otto Reich declarando
en la patria de Berlusconi, coincidiendo con la Ministra de Relaciones Exteriores
de Aznar, Ana Palacio, que "el régimen de Castro entró en la fase
terminal"; y Collin Powell, advirtiendo el 8 de junio, en Puerto Rico, que los
Estados Unidos podrían unirse a la Unión Europea en "una estrategia
común contra Cuba".
Central en ese engranaje subversivo de la "estrategia común" son Javier
Solana, Joschka Fischer, ambos neófitos de derecha, y un tecnócrata
alemán que es uno de los principales asesores de Solana en el entorno
del Consejo de Ministros de la UE. El 1 de julio, ese tecnócrata recibió
a Larry Klayman, Director de la organización anticubana estadounidense
Judicial Watch, quien, acompañado de una serie de cubanos exiliados,
trató de conseguir en Bruselas que la UE y Bélgica establezcan
una política mundial de sanciones y embargos económicos contra
Cuba, "tal como se aplicaron contra África del Sur".
Finalmente, el 2 de diciembre, el Consejo de Ministros de la Unión Europea
aprobó por unanimidad una propuesta presentada por España que
condicionaba su futura política frente a la República de Cuba
al respeto a los derechos civiles y "el progreso verdadero hacia la democracia
y el pluralismo" en la isla.
La declaración establece que a partir de entonces, la Unión Europea
"evaluará el desarrollo de las políticas internas y externas cubanas,
en particular la ratificación y observación de los convenios de
derechos humanos"; asimismo, una eventual "ayuda humanitaria estará sujeta
a un acuerdo previo sobre su distribución y sobre las ONG que deberán
contribuir a dicha distribución".
La aplicación de esta "posición común" sería controlada
por el Consejo de Ministros y su evaluación se efectuaría después
de seis meses. El gobierno derechista español de José María
Aznar expresó su beneplácito ante el apoyo "claro y manifiesto"
de Los Quince y la Casa Blanca saludó "este importante cambio de las
palabras a los hechos" de sus aliados europeos.
El apoyo del dinosaurio menor a su hermano mayor estadounidense no sorprende.
La componenda imperial se avecinaba desde tiempo atrás, cuando el comisario
europeo encargado de las relaciones con Estados Unidos, León Brittan,
declaró en Nueva York que la UE no aceptaba la ley Helms-Burton, pero
que estaba dispuesta a presionar junto con EU a Cuba a "democratizarse".
Fue dentro de este contexto generalizado de agresión, que el 21 de agosto
del 2003, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania (AA) informó
que ese país europeo ---que iba a ser el invitado especial en la Feria
Internacional del Libro de La Habana en enero del 2004--- no participaría
oficialmente en el evento, debido a la "situación general" de los derechos
humanos en Cuba, la "reciente encarcelación de 75 opositores y la reintroducción
de la pena de muerte".
La Fundación Príncipe Klaus, de Holanda no se quedó atrás.
En el año 2000 había aportado noventa mil euros a la Bienal de
La Habana; en 2003 anunció que cancelaba la ayuda financiera a la VIII
Bienal que se realizaría de noviembre a diciembre, 2003, para expresar
su desacuerdo con la "situación represiva" en la isla.
El expresidente estadounidense James Carter, el gobierno y la monarquía
española, el expresidente checo Václav Havel, el Parlamento Europeo,
la ex Secretaria de Estado Madeleine Albright, miembro de la Junta Directiva
de la Bolsa de Nueva York y presidenta del National Democratic Institute (NDI),
el brazo internacional del Partido Demócrata, Lech Walesa, la Organización
de Estados Americanos (OEA) y sectores del gobierno francés y del Partido
Socialista son otros eslabones del engranaje subversivo.
En la agresión contra Cuba, el bloqueo cultural de la Feria del Libro
en La Habana fue un error del Ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer
y del canciller Gerhard Schroeder, porque demostró que su servilismo
y brutalidad en la política exterior no se diferencian en nada de la
del imperialismo estadounidense.
Han generado también fricciones con sectores del capital alemán
que participa o está interesado en participar en la explotación
del níquel, de la industria del cemento, de la tecnología de transporte
automovilístico (Mercedes Benz) y ferrocarrilero, de la infraestructura
aeroportuaria (Varadero y La Habana) y de la química (Messer). De hecho,
varias empresas alemanas apoyaron de una u otra forma a la Feria.
Los diplomáticas alemanes están ansiosos por renovar el status
quo ante del 5 de junio de 2003 y resienten su aislamiento total de las actividades
oficiales del Estado cubano. Revelan también que "los colegas" en las
embajadas de Italia y España "se sintieron amenazados" por las grandes
manifestaciones encabezadas "por los cabecillas Fidel y Raúl Castro (Anfuehrer)"
y agredidos por las pancartas que tildaron a Aznar y Berlusconi de neofascistas.
Son sensibles los señoriítos del capital internacional cuando
las víctimas de su política incomodan por un momento las amenidades
de su parasitaria existencia lujosa en los empobrecidos países de la
Patria Grande.
Quieren los frutos de la explotación, la serenidad que proporciona la
buena conciencia y la desaparición de los miserables de sus ghettos de
placer cotidiano.
Es mucho pedir en una ecumene neoliberal formada a la imagen de sujetos políticos
como Fischer, Schroeder, Aznar y Bush.