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Bush se equivoca con Cuba
Angel Guerra Cabrera.
aguerra12@prodigy.net.mx
La escalada del gobierno de Bush II contra Cuba no cesa y podría conducirlo a un
error fatal. Su instinto nazi lo hace odiar irracionalmente todo lo que huela a
justicia social, dignidad e independencia. Por si fuera poco, están sus
estrechos nexos con la mafia contrarrevolucionaria de Miami. A ella debe el
haber llegado por primera vez a la presidencia mediante el escandaloso fraude
electoral en Florida. Así que la política de Washington hacia La Habana es hoy
más que nunca un rehén de esa mafia.
Durante las dos administraciones de Bush se han arreciado el bloqueo y la
agresividad de Estados Unidos y cortado los pocos puentes existentes para el
desarrollo de una relación normal entre los cubanos de las dos orillas y entre
las dos sociedades. Fidel Castro denunció el pasado 26 de julio nuevas y graves
provocaciones de Washington, incluyendo el incremento de los vuelos ilegales del
avión militar EC-130J, que trasmite ondas de radio y televisión contra Cuba y la
reanudación de los vuelos de las aeronaves de exploración RC-135, que hace
tiempo no se producían. Las transmisiones anticubanas violan el derecho
internacional sobre el uso del espacio radioeléctrico y ascienden a más de 2425
horas semanales. Paralelamente, se produjeron al menos dos intentos de
provocación por parte de los llamados opositores o disidentes, grupúsculos
insignificantes que nadie respeta en la isla por que todo el mundo sabe a quien
sirven, punto que se ha hecho cada vez más evidente. Y es que la Oficina de
Intereses de ese país ha asumido a plena luz del día y sin intermediarios la
dirección de los "disidentes", cuyo tren de vida se ha hecho ostentosamente
distinto al de la mayoría de los cubanos en virtud de las crecientes sumas que
reciben por distintas vías, entre ellas la valija diplomática de la
representación estadunidense.
Nada de esto debiera sorprender por cuanto el gobierno de Bush ha proclamado
reiteradamente su intención de estimular el desarrollo de una "sociedad civil"
dentro de Cuba para liquidar cuanto antes el régimen social y político
existente. No habían pasado 48 horas de la denuncia del presidente cubano y ya
se difundía la noticia de la designación por Condolleza Rice de un coordinador
"para la transición en Cuba". El honrado, según él, con la encomienda, es Caleb
McCarry, empollado en el nido de la guerra sucia en Centroamérica y más
tarde en el reducto de asesores ultraderechistas incrustado en el Comité de
Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. La intención es disponer de un
procónsul, como varios que los cubanos debieron padecer desde la intervención
yanqui de 1898, una suerte de réplica de Paul Bremmer en el Irak ocupado. Sólo
que desde el triunfo revolucionario la isla es soberana y aquél deberá ejercer
el cargo por teledirección desde Washington. El nombramiento de un funcionario
para expresamente intervenir en la política interior de Cuba es un paso del más
desfachatado corte injerencista. Dicho en la jerga gansteril de Rice, McCarry
tendrá el cometido de "acelerar la desaparición de la tiranía de Castro". La
irresponsable declaración de la funcionaria da cuenta, o de su olímpico cinismo,
o de su ignorancia supina sobre las profundas raíces y fortaleza en el alma
cubana de la revolución iniciada en el Cuartel Moncada.
La designación de un "coordinador para la transición en Cuba" es parte de las
medidas anexionistas contempladas en el llamado Plan para la Asistencia a una
Cuba Libre, elaborado por una Comisión presidencial y aprobado por Bush el 10 de
octubre de 2004. Entre sus redactores figuran destacados miembros de la mafia de
Miami, como Otto Reich, Roger Noriega, Mel Martínez y dos legisladores de origen
cubano por Florida conocidos por su devota admiración al tirano Fulgencio
Batista. El plan consiste en el desmantelamiento del Estado revolucionario para
avanzar en la "transición" a la "libertad económica y política", o sea, al
capitalismo neoliberal. Una afrenta que los cubanos no aceptarán jamás y que
únicamente podría imponerse por la fuerza después de una invasión del país, en
el supuesto que esta llegara a tener éxito. Porque lo más apegado a la realidad
social y cultural de Cuba es esta sentencia de Fidel Castro del día antes
citado: "Nada de lo que ha ocurrido en otras partes sería comparable con lo que
ocurrirá aquí con quienes intenten apoderarse de Cuba…Tendrían que derramar
mucha más sangre que en cualquier otro lugar del planeta".
aguerra12@prodigy.net.mx