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Elecciones en Cuba y el silencio de los medios de comunicación
Juan Marrero
Tengo la certeza de que en los titulares de los periódicos de su país o en
los espacios informativos de la TV jamás usted ha leído o visto en los últimos
años alguna noticia sobre las elecciones en Cuba. No existen para los grandes
medios de comunicación, porque sus dueños las han excluido de la agenda
informativa.
Lo que si no ha faltado nunca en esos medios es la afirmación de algunos
comentaristas tarifados o políticos defensores de intereses ajenos o adversos a
los pueblos de que "bajo la dictadura de Castro en Cuba no hay democracia ni
libertad ni elecciones". Se trata de una consigna que se repite frecuentemente
para hacer honor a aquel pensamiento de un ideólogo del nazismo de que una
mentira repetida mil veces podría convertirse en una verdad.
Elecciones en la Cuba revolucionaria ha habido desde 1976. En estos momentos se
celebra el décimo-segundo proceso electoral para elegir a los delegados a las
Asambleas Municipales del Poder Popular, más o menos equivalentes a los
concejales en otros países.
No dar información sobre las elecciones en Cuba, como tampoco a su obra de
salud, educación, seguridad social y otros temas, obedece a que los poderosos
del mundo del capital temen la propagación de su ejemplo, a la vez que quede
completamente al desnudo la ficción de democracia y libertad que por siglos se
ha vendido al mundo.
A la luz de las elecciones convocadas para el próximo 17 de abril, quiero
solamente comentarles, dentro de la mayor brevedad posible, cuatro rasgos del
proceso electoral en Cuba, aún susceptibles de perfeccionamiento, que marcan
sustanciales diferencias con los mecanismos existentes para la celebración de
elecciones en las llamadas "democracias representativas". Esos aspectos son: 1)
Registro Electoral; 2) Asambleas de Nominación de Candidatos a Delegados; 3)
Propaganda Electoral; y 4) La votación y escrutinio.
El Registro Electoral es automático, universal, gratuito y público. Al nacer un
cubano no sólo tiene derecho a recibir educación y salud gratuitamente, sino que
cuando arriba a los 16 años de edad automáticamente se le inscribe en el
Registro Electoral. Por razones de sexo, religión, raza o filosofía política a
nadie se le excluye. Tampoco si pertenece a los cuerpos de defensa y seguridad
del país. A nadie se le cobra un solo centavo por aparecer inscripto, y mucho
menos se le somete a engorrosos trámites burocráticos como exigirles fotos,
sellos del timbre o la toma de huellas dactilares. El Registro es público, lo
que permite que todos puedan saber quienes son los posibles electores en cada
circunscripción. En el actual proceso electoral en Cuba, se publica en lugares
de masiva afluencia de público en cada circunscripción, desde el 15 de febrero y
hasta el 17 de marzo, lo que se llama el Registro Primario de Electores, a fin
de que cualquier elector o un familiar de este pueda detectar errores en sus
nombres y apellidos, en la numeración del carnet de identidad o en el domicilio
donde reside. Todas las observaciones que lleguen a las autoridades electorales
correspondientes se procesan con vistas a incluir o excluir a electores con
capacidad legal en el Registro de Electores oficial que se expondrá en cada
colegio electoral, a partir del 6 de abril.
Todo este mecanismo público posibilita, desde los inicios del proceso electoral,
que cada ciudadano con capacidad legal pueda ejercer su derecho de elegir o
resultar elegido. E impide la posibilidad de fraude, lo que es muy común en
países que se llaman democráticos. La base del fraude en todas partes está, en
primer lugar, en que la inmensa mayoría de los electores no saben quienes tienen
derecho a votar. Eso sólo lo conocen o dominan unas pocas maquinarias políticas.
Y, por eso, hay muertos que votan varias veces, o, como pasa en Estados Unidos,
decenas de miles de afroamericanos no son incluidos en los registros porque
alguna vez fueron condenados por los tribunales, a pesar de haber cumplido sus
sentencias.
Lo que más distingue y diferencia a las elecciones en Cuba de otras son las
asambleas de nominación de candidatos. En otros países la esencia del sistema
democrático es que los candidatos surjan de los partidos, de la competencia
entre varios partidos y candidatos. Eso no es así en Cuba. Los candidatos no
salen de ninguna maquinaria política. El Partido Comunista de Cuba, fuerza
dirigente de la sociedad y el Estado, no es una organización con propósitos
electorales. Ni postula, ni elige ni revoca a ninguno de los miles de hombres y
mujeres que ocupan los cargos representativos del Estado cubano. Entre sus fines
nunca ha estado ni estará ganar bancas en la Asamblea Nacional o en las
Asambleas Provinciales o Municipales del Poder Popular. En cada uno de los
procesos celebrados hasta la fecha han sido propuestos y elegidos numerosos
militantes del Partido, porque sus conciudadanos los consideraron personas con
méritos y aptitudes, pero no debido a su militancia.
Los cubanos y cubanas tienen el privilegio de postular a sus candidatos sobre la
base de sus méritos y capacidad, en asambleas de residentes en barrios,
demarcaciones o áreas en las ciudades o en el campo. A mano alzada se hace la
votación en esas asambleas, donde resulta electo aquel propuesto que obtenga
mayor número de votos. Para el actual proceso se celebrarán más de 41 mil
asambleas de nominación de candidatos en las más de 15 mil circunscripciones
electorales constituidas en los 169 municipios del país. En el proceso electoral
de 2002-2003 participaron más de 8 millones de cubanos en las asambleas para
postular a los candidatos, lo que significó un 81 % de los electores. Nada
similar tiene lugar en el mundo. Es una prueba de democracia real que otros no
pueden exhibir.
En cada circunscripción electoral hoy varias áreas de nominación, y la Ley
Electoral garantiza que al menos dos candidatos, y hasta 8, puedan ser los que
aparezcan en las boletas para la elección de delegados el l7 de abril.
Otro rasgo del proceso electoral en Cuba es la ausencia de propaganda costosa y
ruidosa, la mercantilización que está presente en otros países, donde hay una
carrera por la obtención de fondos o por privilegiar a una u otra firma de
relaciones públicas. Ninguno de los candidatos postulados en Cuba puede hacer
propaganda en su favor y, por supuesto, ninguno necesita ser rico o disponer de
fondos o ayuda financiera para dar a conocerse. En las plazas y calles no hay
actos en favor de candidato alguno, ni manifestaciones ni carros altoparlantes
ni pasquines con sus fotos, ni promesas electoreras; en la radio y la
televisión, tampoco; en la prensa escrita, tampoco. La única propaganda la
ejecutan las autoridades electorales y consiste en la exposición en lugares
públicos en la misma área de residencia de los electores de la biografía y foto
de cada uno de los candidatos. Ningún candidato es privilegiado sobre otro. En
las biografías se exponen méritos alcanzados en la vida social, a fin de que los
electores puedan tener elementos sobre condiciones personales, prestigio y
capacidad para servir al pueblo de cada uno de los candidatos y emitir
libremente su voto por el que considere el mejor.
El rasgo final que queremos comentar es la votación y el escrutinio público. En
Cuba no es obligatorio el voto. Como lo establece el Artículo 3 de la Ley
Electoral, es libre, igual y secreto, y cada elector tiene derecho a un solo
voto. Nadie tiene, pues, nada que temer si no acude a su colegio electoral el
día de las elecciones o si decide entregar su boleta en blanco o anularla. No
ocurre como en muchos países donde el voto es obligatorio y la gente va
compulsada para evitar que le impongan una multa, lo lleven a los tribunales o
incluso para no perder un empleo. Mientras en otros países, incluyendo Estados
Unidos, la esencia radica en que la mayoría no vote, en Cuba se garantiza que
todo el que desee pueda hacerlo. En los once elecciones efectuadas en Cuba desde
1976 a la fecha más del 95 % de los electores han ido a votar. En las últimas
elecciones lo hizo el 97, 6 %.
El conteo de los votos en las elecciones cubanas es público, y puede ser
presenciado en cada colegio por todos los ciudadanos que lo deseen, incluso la
prensa nacional o extranjera.
En el mundo, sin duda, hay muchas crisis, y entre ellas hay que incluir la
electoral. Los mecanismos que se utilizan en muchos países son ya obsoletos e
inoperantes. La ética está por el piso, y las motivaciones de la gente, muchas
veces hartas de fraudes, de promesas incumplidas por los candidatos, de
oportunismos políticos, de no solución a las crecientes necesidades de los
pueblos, hacen que se registren altos índices de abstencionismo y apatía de los
electores. Cuba puede decir con orgullo que esa crisis no la acompaña, pues ha
concebido un sistema electoral que es como un traje a la medida de su cuerpo,
aunque estamos conscientes de que aún requiere mayor pulimento y
perfeccionamiento.
Aspiro simplemente a que con estos rasgos enunciados, un lector sin información
sobre la realidad cubana responda a algunas elementales preguntas, como las
siguientes: ¿dónde hay mayor transparencia electoral y mayor libertad y
democracia? y ¿dónde se ha logrado mejores resultados electorales: en países con
muchos partidos políticos, muchos candidatos, mucha propaganda o en la Cuba
silenciada o manipulada por los grandes medios, monopolizados por un puñado de
empresas y magnates cada vez más reducido?
Aspiro a que algún día, al menos, en la gran prensa cese el muro de silencio que
se ha levantado sobre las elecciones en Cuba, al igual que en otros temas como
la obra de salud pública y la educación, y ello pueda ser fuente de conocimiento
para otros pueblos que merecen un mayor respeto y un futuro de más libertades y
democracia.