![]() |
Otra vez la farsa de Ginebra
Carlos Fazio
Hoy, 14 de marzo, la Comisión de Derechos Humanos de la Organi-zación de las
Naciones Unidas (CDH) dará inicio en el Palacio de las Naciones en Ginebra a su
61 periodo de sesiones. Una vez más, la representación de Estados Unidos
intentará que sea aprobada una resolución contra Cuba. El caso, que no tiene
nada que ver con los derechos humanos, forma parte de un ritual ideológico
propagandístico que han seguido sucesivas administraciones de la Casa Blanca
desde finales de los años 80, con el objetivo de intensificar la política de
bloqueo económico y las agresiones contra la isla, en flagrante violación del
derecho internacional.
Desde hace años, Estados Unidos y sus aliados de la Vieja Europa han
desvirtuado el papel de la CDH, practicando una política selectiva, de doble
rasero, no exenta de presiones y chantajes sobre las delegaciones de los países
del sur, México incluido, en nombre de un falso humanismo, desmentido a diario
por la aplicación de la tortura que realizan soldados del Pentágono y expertos
de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra "combatientes enemigos" que,
mantenidos en un limbo jurídico, siguen recluidos en el Gulag
estadunidense ubicado en la base militar de Guantánamo y en la red de "prisiones
tácticas" que el imperio tiene distribuidas en Irak, Afganistán, Pakistán,
Yemen, Sudán, Arabia Saudita y en la isla Diego García.
La CDH debe representar a todos los pueblos de las Naciones Unidas y velar por
el respeto de los derechos de todos los hombres y todas las mujeres del mundo.
Por eso, resulta ominoso y significativo, que en el seno de la comisión, durante
el periodo de sesiones del año pasado, no haya sido posible evaluar, ni siquiera
debatir, las atroces violaciones de derechos humanos cometidas por la
administración Bush, documentadas de manera profusa por la prensa estadunidense
a raíz de la larga serie de fotografías que exhi-bían a prisioneros de guerra
iraquíes encapuchados y desnudos en la prisión de Abu Ghraib, que fueron
sometidos, según un informe interno del Pentágono elaborado por el general
Anthony Taguba, a "numerosos actos criminales de abusos sádicos, lascivos y
abiertos (...) de extrema crueldad", incluidos hechos como sodomizar a detenidos
con una linterna o un palo de escoba; violaciones tumultuarias de prisioneras, y
otras que fueron forzadas a practicar sexo oral con los soldados.
Como dice Noam Chomsky, a Estados Unidos corresponde la denominación literal de
"Estado canalla" (rogue state), que se aplica a los estados que no se
consideran obligados a actuar de acuerdo con las normas internacionales. En
1999, el ex secretario de Defensa, William Cohen, sustentó la doctrina del
Estado canalla en el "uso unilateral del poder militar" para defender intereses
vitales, que incluyen "asegurar el acceso sin obstáculos a mercados clave,
aprovisionamiento de energía y recursos estratégicos" y, desde luego, todo lo
que Washington pueda decidir que está dentro de su "jurisdicción interna".
A lo largo de la historia, distintas administraciones republicanas y demócratas
han proclamado a Estados Unidos como un Estado violento y fuera de la ley. Tras
la ilegal ocupación de Irak, Washington ha convertido a ese país en un nuevo
enclave neocolonial y, según advierten las agencias de socorro, lo ha sumido en
un "desastre humanitario". Además, se ha colocado al margen de la Convención de
Ginebra, cuyas provisiones fueron consideradas "obsoletas" y "pintorescas" por
el ex asesor legal de la Casa Blanca, Alberto Gonzales, actual procurador
general, quien justificó con artilugios grotescos la tortura y la "puesta fuera
de circulación" (asesinato) de presuntos terroristas, desde 2001 a la fecha. El
10 de marzo pasado, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, anunció a la ONU
que su país se retira del protocolo de la Convención de Viena, que lo obligaba,
como al resto de los estados miembros, a someterse a los fallos de la Corte
Internacional de Justicia.
La superpotencia canalla, cuyo secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha sido
acusado en Washington de ser el responsable directo de la tortura a detenidos en
Irak y Afganistán, no tiene autoridad moral para erigirse en juez de los
derechos humanos en Cuba, donde no ha existido un solo caso de desaparición
forzosa de prisioneros ni ejecuciones extrajudiciales como las que practica
Washington.
Cuba presentó el año pasado ante la CDH un proyecto de resolución sobre el caso
de las violaciones de derechos humanos a más de 600 prisioneros en la base naval
de Guantánamo, pero luego lo retiró para evitar una triquiñuela procesal de
Estados Unidos -la presentación de una moción de no acción, que aplazaría el
debate, evitando que el asunto pudiera ser considerado-, que contó con la
inmoral complicidad de los países europeos, otros aliados y algunos
latinoamericanos. Entonces, la actitud de México y Chile fue vergonzante.
Delegados de la Unión Europea consideraron impecable el proyecto cubano;
admitieron que su texto, ajustado desde el punto de vista legal y jurídico
formal, era incuestionable. Pero de modo contradictorio, después, el portavoz
europeo informó que la Unión Europea apoyaría en bloque la moción de no acción
que presentaría Estados Unidos, con el fin de evitar el debate.
Por primera vez en esa instancia era puesto en el banquillo de los acusados un
país desarrollado en lugar de una nación pobre. Pero el doble estándar aplicado
fue, una vez más, prueba de la hipocresía chapucera de los países "civilizados".
¿Por qué los que intentan condenar a Cuba no han dicho una sola palabra sobre el
campo de concentración instalado en la Base Naval de Guantánamo, territorio
cubano que usurpa Estados Unidos? ¿Por qué no se declaran escandalizados ante la
brutalidad y violencia de que hacen gala las fuerzas de ocupación en Irak? ¿Ante
la nueva farsa, qué posición adoptará el "humanista" presidente Vicente Fox?