Marzo un mes que se llama Cuba

Gustavo Espinoza m. (*)

El próximo 14 de marzo próximo iniciará oficialmente sus trabajos la 61 reunión anual de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Una vez más Ginebra, la bella ciudad del lago Lemán, será el escenario de un arduo debate en el que asomarán todos los resortes de la intimidación y la violencia usados por el Poder Imperial contra un pequeño país que ha despertado la admiración del mundo. Y aunque el tema de los debates más encendidos será, en efecto, el de los Derechos Humanos en el mundo de hoy, no aparecerán en el escenario las víctimas de las bárbaras torturas consumadas en los presidios de Bagdad, ni los cautivos de Guantánamo, ni los asesinados en Kandahar. Al contrario, los autores de todas esas iniquidades levantarán la voz para acusar a Cuba de violar los derechos humanos, como ha ocurrido antes ya.
Se trata, ciertamente, de una guerra anunciada. Una guerra que los pueblos perdieron en los dos últimos años porque la verdad fue derrotada y porque se impuso la infamia. En el 2003 y en el 2004, en efecto, una acción concertada de gobiernos serviles digitados por Washington, logró arrancar una fugaz y artificial mayoría que "condenó" a Cuba bajo diversos pretextos. Tras las bambalinas se movieron para ese efecto marionetas genuflexas que suelen aplicar en sus países los programas más reaccionarios y que, al mismo tiempo, son culpables por la aplicación de las más aberrantes violaciones a los derechos humanos. A una sola voz -meliflua y cobarde, por cierto- diplomáticos de Estados que carecen del más elemental concepto de Soberanía actuaron como siervos de George Walter Bush, el genocida, y votaron contra un pueblo que simboliza la dignidad y el coraje en el mundo de hoy.
Ahora, y hasta el 22 de abril, se busca repetir el ritual en una ceremonia a la que le ha dado punto de partida Condolezza Rice, la flamante Secretaria de Estado de los Estados Unidos, que ha tenido el desparpajo de calificar a Cuba de "una tiranía" como el necio que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Para la Rice, en efecto, tiranía no es oprimir a un pueblo a partir de una guerra de agresión y de exterminio. Tampoco, someter a millones de personas a la voluntad de una bandera extranjera. Menos, acumular en las manos de unos cuantos las riendas del Poder Mundial para doblegar la voluntad de Estados y Naciones. Todo eso, es simplemente democracia, pero al estilo de la Casa Blanca.
Las cosas no serán fáciles tampoco ahora para los adversarios de Cuba. Por lo menos en nuestra región la situación ha ido variando. Ya no está el anciano monigote que tomó el nombre del Uruguay para votar contra Cuba en el pasado reciente. Por lo demás, ni la moción que se aprobara el anteaño pasado, ni la resolución más reciente ayudaron para nada a abordar realmente el tema de los derechos humanos en Cuba. En cambio, por decisión del Gobierno han sido liberados varios de los contrarrevolucionarios que hace doce meses estaban en prisión y la Unión Europea ha cambiado su actitud ante Cuba. En la otra orilla, sin embargo, la administración norteamericana se ha jugado entera para liberar a los verdaderos terroristas - Posada Carrilles, entre ellos- al tiempo que ha mantenido en injusta y bárbara carcelería a "los cinco", paradigma de la firmeza con que Cuba lucha contra el terror y la muerte.
Es deber de las fuerzas revolucionarias de todos los países dar la batalla ahora, en marzo y abril, para que esta vez no se cumplan los deseos del Imperio, y para que ésta vez sean derrotadas las maniobras de Washington. Por lo menos en nuestro hemisferio, los latinoamericanos tenemos el deber de dar el ejemplo y demostrar que Marzo es un mes que bien puede llamarse Cuba. (fin) (*) Miembro del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera