Globalizacion y problemas del desarrollo: visión personal de
un encuentro plural
Eduardo Montes de Oca
Como en tantas batallas, Cuba empuñó el estandarte de la denuncia frontal del
neoliberalismo. No bastándole la multiplicidad de escenarios donde ha proyectado
su voz, la Isla asumió -del 7 al 11 de febrero actual-- el reto del VII
Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del
Desarrollo.
No se trata de la grisura que imprime la exposición de ideas monocordes. Lejos
de eso, en La Habana, impugnadores y defensores del mercado desregulado se han
acostumbrado a protagonizar un desinhibido cotejo de opiniones sobre un asunto
que conmociona al mundo entero.
Neoliberales, sus críticos; así como keynesianos, neoestructuralistas, marxistas
--sin discriminación ideológica alguna--, cruzaron armas convocados por un tema
que subyace en cada exposición, en cada intervención, desembozada o veladamente:
¿Qué hacer ante la crisis económica globalizada?
En el convite habanero participaron, junto con más de 1 400 científicos sociales
provenientes de 42 países y representantes de 15 organismos internacionales; 600
profesionales y 150 estudiantes cubanos; personalidades como Reinhard Selten,
Premio Nóbel de Economía 1994; Jomo Kwani Sundairn, subsecretario general de las
Naciones Unidas para Asuntos Sociales y Económicos; Osvaldo Sunkel, alto
directivo de esa organización; José Luis Machinea, secretario ejecutivo de la
CEPAL; Allan Wagner, secretario general de la Comunidad Andina de Naciones;
Osvaldo Rosales, director de la Dirección de Comercio Internacional e
Integración de la CEPAL; Tissa Vitanana, ministra de Ciencia y Tecnología de Sri
Lanka; Enrique Ganuza, funcionario del Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo; el sociólogo argentino Atilio Borón e Ignacio Ramonet, director de
Le Monde Diplomatique.
La llamada globalización neoliberal trasciende los aspectos meramente
económicos; su superobjetivo incluye barrer identidades culturales, tanto como a
la ideología que le es rebelde. Por ello, no faltaron coloquios como el nombrado
"En defensa de la Humanidad", en el cual tomaron parte escritores y periodistas,
intelectuales, y "Mercado y diversidad cultural", en el que brilló Ignacio
Ramonet, al tiempo que se desbrozaba un camino teórico y de resonancias
prácticas, el cual pasa por evaluar el costo de la política bélica de los
Estados Unidos en Iraq. Todo al unísono con reuniones paralelas, propiciadas por
el propio VII Encuentro Internacional sobre Globalización Neoliberal; entre
ellas, la Asamblea General de la Asociación de Economistas de América Latina y
el Caribe, y el Encuentro Internacional de Estudiantes de las Ciencias
Económicas.
La Asociación Nacional de Economistas de Cuba -en la lista de los auspiciadores-
había mostrado optimismo con respecto al discurrir de la cita -más bien de las
citas--. Optimismo no defraudado, que embargaba también a la prensa nacional.
Primero, porque la nación caribeña ha demostrado en incontables momentos su
espíritu integrador, ecuménico, a la hora de buscar la verdad. Y porque en el
análisis y la denuncia del neoliberalismo, los líderes de la Revolución y los
académicos cubanos han pisado suelo firme.
USA Avatares de buen samaritano
El Tío Sam, una vez más, de "buen samaritano…" Al menos, eso es lo que
percibimos muchos de los presentes en la disertación del norteamericano
Daniel P. Erikson, representante de Inter American Dialogue, en la comisión que
sesionó acerca de Globalización y regionalización: fenómenos recientes.
Quizás, de buena fe, el funcionario hizo galas de un conocimiento cabal del
lenguaje tecnocrático en su empeño por convencer al auditorio de las bondades
del Tratado de Libre Comercio de América Central (CAFTA), el cual "esa región ve
como forma de salir del subdesarrollo".
Se dolió el ponente de que en los propios EE.UU. se contraponen al CAFTA el
lobby del azúcar, "especie de mafia" receptora de abultados subsidios; en cierta
medida, el grupo de empresas textiles —desean invadir con sus productos a
Mesoamérica, pero no aceptan competencia—, y los sindicatos, por la posible
pérdida de empleos, ante una estampida de entidades hacia lugares de mano de
obra barata. Y luego, la coda: ese Tratado, que "va a aumentar las exportaciones
de la región", según su leal saber y entender, está recibiendo el espaldarazo de
"parte de los parlamentarios de la América Central".
En ese contexto de buenas intenciones, el tecnócrata, funcionario o economista
estadounidense bramó virtualmente contra China. Sí, al parecer, "chinito paga
todo". El hombre proclamó a la República Popular China como el mayor de
los enemigos de la región, por serle a ésta nociva en el renglón de los
textiles. Claro, por los salarios más bajos, los obreros muy calificados, la
"tremenda reserva de fuerza de trabajo".
Hay que unirse contra China. Ese fue el llamado del orador, cuyo mensaje
insistió en la necesidad de que los gobiernos indígenas resuelvan sus entuertos
económicos, políticos y sociales lo más rápidamente posible, sin que en ese
llamamiento emergiera la más mínima alusión a la deuda histórica estadounidense
con la pobreza y el subdesarrollo de Centroamérica.
Una delegada nicaragüense —de expresión racional y apasionada—interrogó al señor
Erikson sobre quiénes específicamente estaban a favor del CAFTA. Y ella misma se
respondió: cinco presidentes y otras diez personas. Si acaso. Porque, dijo, esto
no es ni tratado, ni libre, ni de comercio. "¿Qué vamos a diversificar, si lo
único que tenemos es pobreza?" Además, continuó interrogándose, "¿a quién le
importa China en Nicaragua, en América Central?". Sólo a ustedes, los Estados
Unidos, que vislumbran en la nación asiática un gran competidor. (Silencio
espasmódico del lado gringo).
Oscar Guerra Ford, secretario técnico de CONACE, México, sopesó lo que considera
pro y contra del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TCLAN). Entre
las "ventajas", mencionó el incremento de las exportaciones de su país, con un
ritmo de 12,1, solamente sobrepasado por el de ¡China otra vez!; el crecimiento
de la base tecnológica de las manufacturas —las principales vendedoras en el
exterior— y una mayor entrada de inversiones foráneas, ascendentes de 4 600
millones de dólares antes del TLCAN a 131 mil millones.
¿Lo malo? Siendo la séptima economía exportadora del mundo, es la quinta
importadora (14,6% de aumento en ese rubro), para ser ahora los mexicanos más
dependientes del sector importador. "El dinamismo del sector exportador no
arrastra a otros sectores del mercado interno y no condiciona el aumento de los
salarios en general", admitió Guerra.
Por su parte, la también mexicana Josefina Morales puso énfasis en el desarrollo
desigual de su tierra, que reporta hoy bajas tasas de crecimiento, luego de que
en el período "desarrollista", de sustitución de importaciones, mostrara
alrededor de 5,6%.
Conforme a la ponente, el proceso de integración analizado reproduce el
subdesarrollo y, sobre todo, la desigualdad. "¿Cómo un Estado que impulsó una
gran infraestructura regional ha podido ceder el petróleo, el ferrocarril, las
comunicaciones, la minería, la siderurgia, y conservar apenas la
energía?........" ¿Resultados? Reproducción del subdesarrollo bajo el TLCAN.
Desregulación, liberalización del mercado financiero, del financiamiento,
privatización de la banca… Cierto crecimiento económico, sí, pero ¡a qué precio!
Tras la profesora, el cumplimiento de la gran expectativa. Una vez más, Julio C.
Gambina, de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, electrizó a los
estudiosos con un análisis del capitalismo al comienzo del siglo XXI. Señaló que
discutirlo es discutir la liberalización, y aclaró que "el programa de ese
sistema histórico fue suspendido sólo durante cinco décadas de políticas
keynesianas, para reinstalarse como liberalización".
Difirió Gambina de quienes sostienen que los gobiernos han perdido soberanía.
Para él, éstos hacen lo que tienen que hacer en función de los sujetos que
dominan: gobiernos, organizaciones internacionales, académicos, los cuales
promueven la corriente de desregulación, que favorece en primer término a USA y
Europa, los mayores polos.
Pero no todo anda perdido. "El primer éxito, la resistencia. Hoy no hay ALCA
gracias a la campaña continental que ha condicionado (¿impuesto?) restricciones
a los gobiernos a la hora de firmar el ALCA". Por ello, la economía política
debe considerar las acciones subjetivas de los pueblos. "Si el capitalismo
necesita numerosos sujetos políticos que lo lleven adelante, la economía
política (se infiere que de izquierda) debe considerar las acciones subjetivas
de los pueblos", sentenció Julio C. Gambina, quien opinó que al proyecto de
liberalización deben oponérsele los límites de la revolución.
"Hoy, como ayer, el freno a la liberalización, programa del capitalismo
hegemónico, deviene de la construcción de condiciones subjetivas, de una
realidad que satisfaga las necesidades de nuestros pueblos".
Que la deuda externa no derive en eterna
En junio de 2005, el Comité por la Anulación de la Deuda Externa del Tercer
Mundo conmemorará el reclamo que hace 20 años, precisamente en La Habana, se
lanzó a la opinión pública planetaria. El nuncio de la buena nueva fue Eric
Toussaint, profesor de la Universidad de Liege, Bélgica, quien sobresalió por
sus dotes de expositor y polemista.
Toussaint comenzó cuestionando la importancia práctica de exposiciones que
abundaron sobre la deuda externa y la libertad de circulación de capitales desde
posiciones un tanto tecnocráticas, cuando en la actualidad tienen acceso al
financiamiento sólo 25 de los 165 países en vías de desarrollo. Para el orador,
no resultó bien explicado que el ponderado crecimiento económico de América
Latina no se traduce en el mejoramiento del nivel de vida de la población.
Algunos indicadores son tan fríos, que hielan hasta la capacidad de asombro.
Informes habrá que darán la vuelta al planeta con afirmaciones tales como que el
Producto Interno Bruto (PIB) de la India reportará en 2004-2005 un importante
crecimiento, gracias a los gastos dedicados a la reconstrucción de los lugares
asolados por el reciente tsunami. Se hablará de éxito, aseguró el profesor
belga, sin que se mencione la pérdida de vidas humanas.
Con respecto a argumentos sobre el exitoso aumento del PIB en América Latina,
vertidos aquí, el eminente científico hubiera querido escuchar, lo dijo, el
desglose de países que coadyuvaron a ese logro sin aplicar las reglas dictadas
por organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Interesante sería no sumar a ese cuadro el impresionante despunte de Venezuela
–con 18% de aumento en 2004- para saber qué logró en realidad el pensamiento
neoliberal.
Eric Toussaint fue directo a la raíz del entuerto. Para él, el problema
fundamental de los países en vías de desarrollo no consiste en la debilidad
estructural de los fondos internos, que los obligaría a endeudarse hacia el
exterior y atraer capitales extranjeros, sino el hecho de que el ahorro
potencial no entra en el ciclo productivo, porque es desviado hacia otros
activos.
Prueba al canto: el total de depósitos líquidos de los residentes en países en
vías de desarrollo en bancos de naciones industrializadas ascendían al final de
2003 a 1 460 mil millones de dólares, mientras el total de préstamos recibidos
por los subdesarrollados alcanzaban los 700 mil millones, menos de la mitad, lo
cual significa que "los países en desarrollo son acreedores netos, prestadores
netos de capital".
Este absurdo deriva en "racional" en el marco del sistema neoliberal. Como
"racional" devienen para los poseedores de cuantiosas fortunas cosas tales como
eludir la devaluación de las monedas nacionales con el envío de sus capitales al
exterior, con la condición de luego repatriarlos para hacerse de nuevas empresas
a costos ínfimos. El profesor concluyó que el problema fundamental de América
Latina, África, Asia, no es cómo endeudarse –cual lo definiría algún que otro
tecnócrata situado a la derecha del espectro político-, sino enfrentar el
desafío de romper con este esquema.
Controlar el movimiento de capital y el cambio, aplicar una política tributaria
progresiva sobre ingresos, fortunas, son algunas de las propuestas de Toussaint,
a las que se agregan el aumento de los gastos sociales dirigidos a fomentar el
desarrollo económico interno, así como la protección de los ataques
especulativos del exterior…
Un enfoque "contaminado"
"Quien sabe sólo de Medicina, ni de Medicina sabe".Por analogía, este adagio
conduce a otro: quien conoce sólo de economía política, ni de eso conoce.
Vayamos más allá en la cadena de juicios: las ciencias estudian la realidad, y
la realidad no está dada en compartimentos estancos; por tanto, habremos de
concurrir a una urdimbre de ciencias en el estudio de objetos concretos,
multidimensionales (todos en el universo físico y en el social), y dentro de una
misma ciencia los enfoques tendrán que ser, asimismo, diversos.
¿Por qué lo decimos? Por la sencilla razón de que disciplinas como la economía
tendrán que apartarse de un enfoque "aséptico", tecnocrático, como lo pretenden
ciertos grupos de poder, para asumir la riqueza de un vistazo "contaminado" por
lo social y lo político. Si es verdad que, en general, la economía trata sobre
la producción y distribución de recursos, debemos preguntarnos cosas como el
porqué de la precariedad de estos, quién los acapara, y en detrimento de
quiénes…
Esa perspectiva anidó en buena parte de las ponencias e intervenciones de este
VII Encuentro Internacional de Economistas. Un ejemplo, a la mano. En una
exposición titulada Desarrollo Latinoamericano: Contextos Nacionales y
Regionales en el Marco de la Globalización, Armando Gil Ospina, de Colombia,
insistía en el hecho de que América Latina resulta la región más inequitativa
del planeta en términos de la repartición del ingreso, tal como la considera el
propio Banco Mundial. Y subrayaba "las inferencias que se derivan de los
permanentes Informes del PNUD, a partir de los 90, relacionados con la pobreza y
la miseria a finales del siglo XX y en los albores del siglo XXI a nivel
mundial".
De cualquier modo, y "sin negar los aumentos de riqueza, comercio, ciencia y
tecnología alcanzados por la comunidad internacional (léase Países
Desarrollados) y que mejoran ostensiblemente la vida de millones de personas en
todo el mundo, no es menos cierto que tales bondades del ´progreso´ no han
llegado a todas partes y menos aún en condiciones equitativas".
Más allá de modelos matemáticos y otros "artilugios" de miríadas de
intelectuales proclives al status quo, el expositor aludía a los tantísimos
millones de seres humanos que perviven actualmente en condiciones de pobreza,
miseria, atraso y marginamiento, "situación que debe avergonzarnos a todos". Por
tanto, sería menester en este punto preguntarse suspicazmente, como lo quiere
él, si algún día se cerrará la enorme brecha entre los pocos países ricos y los
muchos países pobres.
A menudo poseemos más interrogantes que respuestas. Pero el solo hecho de
cuestionarse el estado de cosas representa un adelanto digno de figurar en el
gran libro de la ciencia. Un paso tras el que podría venir otro más positivo
aún. En nuestro criterio, el que daba el profesor argentino Julio C. Gambina al
llamar a la economía política a considerar las acciones subjetivas de los
pueblos. Si el capitalismo necesitó y necesita sujetos políticos –gobiernos,
académicos, organizaciones internacionales- que lo lleven hacia delante, "los
pueblos, la otra parte del orden mundial, tienen que mundializar y empujar su
proyecto político". Es decir: ponerle límites desde la revolución al proyecto de
liberalización que sume a la mayoría de la humanidad en la miseria.
Repensar el socialismo, plantearse el debate sobre éste a la altura de estos
tiempos, en lo económico, lo político y lo social, sacándose de un manotazo todo
enfoque "aséptico", tecnocrático, que sacraliza lo fenoménico en detrimento de
lo esencial: ese sería el camino.
Utopía no es una mala palabra
El griego Protágoras nos recuerda que "el hombre es la medida de todas las
cosas", máxima que nos atrevemos a repensar con la ayuda del doctor Julio Silva
Colmenares, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, quien
disertó sobre la libertad y la felicidad como alternativa a la sociedad
excluyente y cerrada del siglo XXI.
La participación de este científico en la comisión que trató sobre el desarrollo
como fenómeno multidimensional, trajo una bocanada de aire fresco a quienes
solemos soñar un futuro mejor sin soslayar la acción, la práctica, como
imperativo categórico, para estar a tono con el camino de la transformación
revolucionaria de la realidad, en sustitución de la mera contemplación
filosófica.
Parecería que la reflexión huelga, por haber sido propuesta por Carlos Marx en
el siglo XIX, pero sucede que a la altura de este momento histórico hay quienes
se concentran sólo en juegos de ecuaciones "limpias" de anhelos y factores
subjetivos, para evadir la responsabilidad de definir de qué están hechos los
males sociales de este mundo.
Silva lo sabe muy bien. Por ello, sugirió, más que un rengo Índice de Desarrollo
Humano, un instrumento que estipule la búsqueda de la realización de la libertad
y la felicidad, con un primer pivote en un Estado estratega y comunitario,
regulador y orientador del avance de la sociedad a largo plazo, y, a guisa de
segunda pero no menos importante herramienta, un mercado abierto y democrático,
transparente, que garantice una distribución eficaz y la consiguiente
solidaridad transmutada en el derecho a la salud, la vivienda, la vida digna, el
descanso, la recreación…
Ahora, el problema del desarrollo económico, como base indiscutible del
desarrollo humano, no radica precisamente en la producción. Basta ya de cargar
la mano en el esquema neoclásico, imperante en los siglos XVIII y XIX, que
reabundaba en los análisis cuantitativos de los bienes. Sin echar a un lado las
insustituibles ecuaciones matemáticas, se precisa rememorar que el ser humano es
el más genuino factor productivo. El creador, el verdadero y único innovador en
el reino animal.
Por ende, el objetivo, el fin último del desarrollo será "satisfacer las
necesidades sociales, económicas, espirituales, con el mejor uso de los
recursos, de manera equitativa.", en el leal saber y entender del expositor,
para quien resulta evidente una paradoja: mientras que en la pasada centuria en
el planeta creció significativamente la riqueza —la producción aumentó 100
veces— y en menor medida la población —sólo cuatro— se ha disparado la
desigualdad. Unos 800 millones de personas se acuestan sin comer, no por
deficiencias productivas, sino por inconsecuencias en la distribución.
En este futuro soñado y meditado por Julio Silva, el desarrollo devendría "un
proceso de expansión de las libertades que disfrutan los individuos, y la
libertad, una construcción social, se haría en el seno de la sociedad". Quizás
no anden tan descaminados aquellos que, en el budista Bután, han puesto en
marcha "la medición de la Felicidad Nacional Bruta, con cuatro indicadores sui
géneris: crecimiento económico sostenible, conservación del medio ambiente,
promoción de la cultura nacional y buen gobierno…"
Pero es menos importante el hecho de que se cumpla o no en ese país lo formulado
que la propia ideación de un instrumento propugnador, en primerísimo lugar, de
un "Modo de Desarrollo Humano", atendible aunque los clásicos del marxismo y la
izquierda lo hayan expresado en otros términos más de una vez. Y es así,
atendible, porque corren tiempos tumultuosos, en los que alguno que otro que se
proclamaba revolucionario yace en la trampa de obviar los anhelos de los
productores y marginados, en aras de una ciencia económica incorruptible en su
"objetividad" y "neutralidad".
Por eso, bienvenida fue la reactualización del sueño de utopía enarbolado por el
académico colombiano Julio Silva Colmenares.
¿China, locomotora?
Ya Hegel lo sostenía -y cito de memoria--: Cuando todos piensan igual, no hay
pensamiento.En el VII Encuentro Internacional de Economistas, el pensamiento se
explayó y ahondó de comisión en comisión, de sesión plenaria en sesión plenaria.
Y la ciencia, que avanza en andas de la confrontación, constituyó un convidado
no precisamente de piedra, sino un ente activo y visible. Tan visible como las
diferencias de puntos de vista en las exposiciones del chileno Orlando Caputo y
el peruano Oscar Ugarteche.
El tema de mayor encontronazo teórico se las trae, gracias a los requerimientos
que plantea a la comprensión de una humanidad asombrada ante un sujeto emergente
en el plano político y, sobre todo, en el económico. Nos referimos a China. Y el
punto de disenso consistió en responder a una pregunta: ¿Ese país resulta, con
los Estados Unidos, una locomotora de la economía mundial?
Para Ugarteche, en medio de una situación caracterizada por el descenso del
crecimiento de las principales economías, salta a la vista que la reactivación
de la norteamericana ocurre en el segundo trimestre de 2003. Ah, la razón sería
la guerra de Iraq. Se pone de manifiesto, incluso, "la necesidad de una economía
de guerra, que demande mayores volúmenes de materias primas". Algo corroborado
también por el despegue de Gran Bretaña y Japón, participantes en el conflicto,
y la debilidad de Francia y Alemania, renuentes a la arremetida bélica.
El expositor argumentaba su tesis con el hecho de que antes de la invasión,
mientras China crecía, no pasaba igual con el resto del orbe industrializado. Y
también el de que USA arrastra el crecimiento de Asia; pero no ha podido
comportarse de la misma manera con respecto a Europa. En ese contexto, apuntaba,
se constata que las innovaciones se generan en Norteamérica y Alemania, en tanto
las manufacturas provienen de China, receptora de tecnologías. Para los
asiáticos, señalaba, resulta mejor financiar el déficit gringo que afrontar una
depresión universal.
Aclaro que estamos subrayando sólo una parte de la ponencia del representante de
la Pontificia Universidad Católica, de Perú, porque hablaremos ahora del reverso
de la moneda. Para Orlando Caputo, sin duda alguna, los Estados Unidos y China
son "las locomotoras de la recuperación" y de la economía mundial. El orador
insistía en la verificación de un virtual choque entre "EE.UU., como líder del
capitalismo, y el gran desarrollo y la potencialidad de China".
"El impacto de la economía china en la economía mundial" se corrobora en cifras
espectaculares. Una de ellas es el 9% de expansión de los últimos años. Si
otrora aportaba el 1% de la producción del planeta, ha llegado al 6%, según el
tipo de cambio del mercado, pero por capacidad de compra este porcentaje es
mucho mayor. A la altura de 2003 el PIB del gigante asiático equivalía al 60%
del estadounidense y al 12,6% del mundial.
Mientras en los 80 las exportaciones chinas representaban el 1% del total
planetario, en los 90 ascendían al 2,para aumentar ahora a un ritmo medio anual
de 1 % Otros logros, el que China posea la segunda reserva internacional, compre
empresas en el extranjero, sus exportaciones equivalgan al 53% de las de su
"rival". "Hoy China es un importante generador de ganancias: el 44% de las que
ingresan los Estados Unidos". E, incluso, en este indicador se puede establecer
un matiz. Si nos referimos "al sector de la industria doméstica, no al sector
financiero", las ganancias alcanzan el 66% de las de la superpotencia.
Al parecer, no hay que dar tantas vueltas al asunto. Al menos este redactor está
convencido, como Orlando Caputo, de que, con la proverbial combinación del
mercado regulado y la planificación, el mencionado país deviene una potencia
mundial. Así que contamos con otra locomotora. Y esta pita en chino.
El eco de las piedras
El Encuentro Mundial de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, celebrado
recientemente en la Caracas bolivariana, retumbó en la séptima reunión
internacional de economistas sobre globalización y problemas del desarrollo, al
extremo que una de las sesiones plenarias incluyó, el último día, un panel del
mismo nombre que el de la cita venezolana.
No es para menos. Se trata de que las condiciones en que se desenvuelve la
especie humana, en vez de mejorar como es deseo de los corazones más ardientes,
llevan raudas hacia un abismo prefigurado por una historia que aún nos reclama
la salvación y nos propicia los elementos teóricos y prácticos —acopiados por
los intelectuales más lúcidos y los luchadores más empeñosos— para lograr eso
que muchos llaman "mundo mejor posible".
Para ponernos a tono con una época signada por el concepto de que la guerra
resulta una continuación de la política con otros medios, utilizaremos el
calificativo de "artillería" para la mesa rectora, de ideas vertidas con pasión
y claridad meridiana. Sus integrantes, el "ciudadano uruguayo y escritor cubano"
—tal se define a sí mismo— Daniel Chavarría; la economista mexicana Esther
Ceceña; el periodista argentino Miguel Bonasso; el Reverendo cubano Raúl Suárez;
y el presidente del Parlamento de la Isla, Ricardo Alarcón, así como los
ministros de Cultura de Venezuela y Cuba, Abel Prieto y Francisco Sesto,
respectivamente.
Bonasso "abrió el fuego".Tras establecer un paralelo entre el contexto del
congreso antifascista de 1937 en Valencia, España, y el actual, aseveró que éste
resulta infinitamente más peligroso, porque "nunca antes ha habido tanto poder
tecnológico" para enfrentar , o paliar, las cíclicas crisis económicas, pero de
un modo que se empecina en no tocar las ganancias de las grandes corporaciones
armamentistas y en dañar solamente los bolsillos de los más débiles, lo cual
crea la posibilidad de desatar "una guerra de 100 años, religiosa, étnica, sin
control ni fronteras".
Para el orador, la Revolución Bolivariana significa "un avance insólito en la
historia de las revoluciones de América Latina, porque por primera vez inicia un
proceso revolucionario una potencia regional, una de las tres naciones con
mayores reservas petrolíferas de la Tierra", lo cual determina que Washington
niegue el carácter democrático de ese proceso, y proclame a los cuatro vientos
que representa un peligro para los vecinos.
Preocupados están los gringos por la voluntad integracionista de Sudamérica,
trasuntada en programas como Telesur, el canal que podría curar cerebros
inficionados por medios de comunicación al servicio del neoliberalismo, y por
planes que se extienden a la energía, la banca, empresas petroleras…
Preocupación que se acentúa porque el imperio prevé el daño que puede ocasionar
a su política la necesaria "batalla de ideas por delante". Batalla a la que
Bonasso alentó, pues "las ideas y el valor están de nuestro lado".
En esa línea de pensamiento, la académica de la UNAM Esther Ceceña denunció un
cambio en el eje del orden, de la estrategia de políticas mundiales, ya que, sin
lugar a duda, "los Estados Unidos han ganado la batalla tecnológica",
superioridad que les "permite lanzarse a la conquista de todo el planeta". Un
planeta que, en su imaginario, les pertenece por derecho propio, "natural".
Y como les "pertenece", entonces a buscar en el Oriente Medio, África, el Asia
Central, América Latina, el petróleo que les garantice un futuro de
autosuficiencia para enfrentarse al resto del mundo en calidad de amo
indiscutible. Y no sólo hidrocarburo: metales, biodiversidad de las grandes
selvas, lugares de densidad germoplásmica, códigos genéticos, biomasa, capacidad
energética y de vida, agua…
Por eso, recordó, el conjunto de bases enclavadas desde el 2000 en una miríada
de puntos del orbe. Por eso, el perenne intento de intimidación sobre valladares
como Cuba, y como Venezuela, cercada por el "epicentro de derroche de
armamentismo" que resulta el Plan Colombia. Claro, en lugar de "hacer guerras",
ahora se trata de "prevenir a los enemigos; que desaparezcan antes de amenazar".
En ese objetivo, hace lo imposible el gran centro de inteligencia instaurado en
la región.
Pero la estrategia se extiende al trabajo conjunto con los ejércitos nacionales,
mediante convenios que estipulan cosas como el patrullaje gringo de las costas
de Ecuador y del espacio aéreo de Surinam. E incluye "la coptación; la
eliminación selectiva o masiva de elementos subversivos; la imposición de planes
de estudios en las universidades y de reformas estructurales como las del FMI, y
de regulaciones supranacionales como la del ALCA".
¿El antídoto? "Pelear por la integración latinoamericana construida desde los
pueblos, y no solamente desde los gobiernos; presionar a los Estados, los
gobiernos, para que éstos respeten las decisiones populares".
Daniel Chavarría, autor de memorables novelas, se preguntó por qué la exigencia
constante de privatizar la enseñanza, cuando ésta no representa un gran negocio,
no genera cuantiosas ganancias. Y se respondió, tras un panorama de la educación
desde la Antigüedad, que ahora la lucha de clases se explaya en ese sector, con
el intento de centrar la ilustración en un plano pragmático que se circunscriba,
en el caso de la universidad, a la promoción de un "Pentium": informática,
telecomunicaciones, semiología, mercadotecnia y finanzas. Todo, para reproducir
una hornada de intelectuales "orgánicos" que contribuyan a la reproducción de la
burguesía. En esa "otra forma de lucha de clases" se precisa, en primer término,
la gran tarea de la alfabetización, de enseñar a "leer palabras y conceptos" que
coadyuven "al mejoramiento humano".
En este concilio de voces alternativas, el Reverendo Raúl Suárez se refirió a la
necesidad de una ética mundial para la supervivencia, la paz. En ese ámbito, más
que diálogo entre religiones, el ponente clamó por "la integración de un punto
de vista macro ecuménico, donde todos unidos defendamos a la humanidad". Y
logremos una "paz que no es ausencia de guerra, sino paz con justicia social y
dignidad".
Suárez abogó por la creación de una red internacional en que participen también,
sin cortapisa alguna, los creyentes en cuanta religión haya en la vasta Tierra.
Y por que campee por su respeto la unidad en la diversidad, "no embotellados
como la cocacola", Y ello sería, para el Reverendo, un compromiso
antiimperialista. Algo como una piedra, lanzada por la honda del bíblico David a
la testa del soberbio Goliat. Y esa piedra, más bien piedras, tuvo (tuvieron)
eco retumbante aquí, en el VII Encuentro Internacional de Economistas sobre
Globalización y problemas del Desarrollo.
Un secreto a voces
Parecía que el conocido Raúl Prebisch y la antigua CEPAL —de fausta
evocación ambos— dejaban su calidad de entes etéreos, espíritus condenados a
vagar en los ámbitos de la desmemoria y la desatención teórica, para reencarnar
en ideas aún más avanzadas, dado el camino recorrido por las ciencias sociales,
humanísticas, desde los años 60 hasta la fecha.
La voz del conjuro, escuchada en la última sesión del VII Encuentro
Internacional de Economistas, celebrado en La Habana, perteneció a Theotonio dos
Santos, profesor de la Universidad Fluminense de Brasil, para quien el
desarrollo como paradigma, categoría y objeto de estudio desapareció hará unas
dos décadas, desplazado por "el pensamiento neoliberal de que la economía del
mundo es una, y hay que restablecer el equilibrio de la economía, el monetario,
el fiscal".
¿De qué manera? Pues garantizando el libre mercado, el libre cambio; o sea, la
desregulación o la regulación restringida de estos. Algo que, en la opinión de
algunos, resolvería todos los problemas del planeta.
Entonces, si impera la idea de que la economía resulta una, simplemente no
tendría sentido la teoría del desarrollo para países diversos aun en la
dependencia, y se precisarían medidas del mismo sesgo tanto para Bolivia como
para la antigua Unión Soviética. Así que un buen paso, ironizó el conocido
investigador, sería el que finalmente se dio: "sacar de las universidades el
estudio sobre el desarrollo". Y las políticas económicas se ajustaron,
indistintamente, a la receta impar del FMI.
Sin más, fueron lanzados al cesto de lo prescindible, más bien al de los
detritus, concepciones de raigambre histórica como la de la dependencia, y la
que definía la existencia del centro y la periferia. Ellas, criaturas de la
inteligencia latinoamericana, han sido presentadas por los heraldos de la
ciencia más "avanzada", "objetiva" y "neutral" como "una cosa más ideológica que
instrumento de análisis económico, social y político". No ideologicemos, pues,
devendría el consejo paternalista del Norte.
Pero sucedió (sucede) que esa concepción neoliberal ha temblado (tiembla)
precisamente ante la crisis del neoliberalismo. Crisis fácilmente apreciable.
Recordemos casos como el regreso del Partido del Congreso al poder en la India;
la emergencia de las fuerzas democráticas, socialistas en Europa, y del Partido
del Trabajo de Brasil, en muchos aspectos de referencias más próximas a una
visión de movimiento social que a una postura política, conforme al orador.
Así que la crisis neoliberal constituye un hecho, con contenido político y
caracterizado por un amplio movimiento de masas, aportadoras de grandes mayorías
electorales. Entonces, si desde los años 70 se pontificaba acerca de que no hay
salida de la dependencia, y con la Thatcher y otros "augures" se decía que acaso
esa dependencia sólo es susceptible de negociación, para paliarla, hoy aparece
en la palestra pública una reversión de la idea. Pensemos que el 77% de los
brasileños se pronuncian contra el neoliberalismo, ilustró Dos Santos, y en la
victoria de Lula, con el 64% de los votos.
Fijémonos en el éxito del Frente Amplio, en Uruguay, y en el alto porcentaje —el
80— de quienes se manifestaron contra Menem, en la Argentina. Entre el 75 y el
80% de los latinoamericanos rechazan de plano ese tipo de plataforma política,
de acuerdo con los datos suministrados por el científico social. Y ello, logrado
a pesar de una prensa, unos instrumentos culturales, complotados en contra de
los pueblos, a favor del actual (des)orden mundial.
Ahora, en criterio del ponente, parejamente ocurre un fenómeno digno de
plasmación aquí. Resulta dramático que alguna izquierda abrigue dudas de
enfrentarse al poder hegemónico universal, e incluso de implantar políticas de
crecimiento, por miedo a la inflación, una tendencia de pensamiento refutada por
el ejemplo de China, con los más impresionantes ritmos de expansión de la
economía sin que el fenómeno de la inflación cobre cotas capaces de quitar el
sueño a nadie.
Para evitar la inflación, ¿será una inmejorable medicina la subida de las tasas
de interés —que, por cierto, podría provocar recesión— para luego tener que
bajarlas?, se preguntó Theotonio dos Santos. Gran parte del liderazgo de la
izquierda considera que no hay alternativa en lo económico, y que no se pueden
enfrentar los poderes del mercado mundial. Por tanto, se cree, hay que seguir
las políticas dictadas por ese mercado desregulado.
Afortunadamente, en más de un sitio de este mundo "ancho y ajeno" se constata
una vuelta a las políticas de desarrollo económico y social. Incluso, algunos
intelectuales revisan posiciones anteriores y hablan de neodesarrollismo.
Crecimiento que incluye la gestión del Estado, demonizado por el imaginario
neoliberal. Hoy por hoy se dispara la cifra de los llamados postkeynesianos, y
de otros como los neoestructuralistas, que proclaman este renacer del
desarrollismo con el sector externo como eje central — ¿recuerdan la sustitución
de importaciones aconsejada por la CEPAL, tiempo ha?—. Así que las ventas hacia
el exterior han aumentado en México, Brasil…
Pero ¡cuidado con quienes proclaman que la exigencia de aumento de sueldos
implica directamente la pérdida de competitividad en la palestra mundial! La
miseria y la sobreexplotación no deberán convertirse en herramientas del
desarrollo. Porque desarrollo y mejoramiento del nivel de vida de los
asalariados, de los de abajo, han de constituir dos caras de la misma moneda.
De ese modo lo advirtió el profesor Dos Santos, para quien la discusión sobre
las políticas de crecimiento económico debe abarcar el debate de los problemas
sociales; es decir: del propio concepto de crecimiento. Un crecimiento desde la
perspectiva de los trabajadores, más que nunca cuando la crisis del
neoliberalismo es un secreto a voces.
Escribió el filósofo Séneca una máxima implacable: "el viento nunca es favorable
para quien no sabe adónde va".Si algo novedoso puede decirse de este VII
Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del
Desarrollo es que el mismo ya está evidenciando la consolidación de un
pensamiento capaz de oponerse en el plano teórico a las doctrinas del
neoliberalismo y sus nefastas secuelas. Nace la brújula, existen timones y, para
los navegantes, la utopía no es mala palabra.