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No pueden detener la historia
Pablo González Casanova
La Jiribilla
La campaña iniciada por Forbes es muy significativa y tiene características que
implican un problema grave, no solo para Cuba, sino para todos los países del
mundo. Este tipo de ataque está muy ligado a la política de acumulación de
riquezas que está privatizando al mundo —y que corresponde al llamado
neoliberalismo— por la cual se desnacionalizan una gran cantidad de bienes que
pertenecían a la República, que eran bienes públicos y bienes nacionales, y que
pasan a manos privadas en procesos que en un tiempo muy corto acaban con las
victorias de los trabajadores, de los ciudadanos y de los pueblos que costaron
muchos años y mucha sangre. La forma de lograr este desmantelamiento de la
República, de los derechos y servicios sociales, de las empresas nacionales,
consiste precisamente en utilizar la corrupción de los dirigentes políticos,
quienes entonces se encargan de hacer ese tipo de privatizaciones y de venta de
los bienes y recursos nacionales a las megaempresas, ya sean de tipo bancario,
de tipo agrícola, industrial o comercial. Corresponde a una forma de gobernar el
mundo porque, al quedar implicados en actos de corrupción, hay una política de
control sobre todos aquellos que aceptaron perder su dignidad y negociaron los
bienes de la República —en esa vuelta al capitalismo de estados que habían
iniciado pasos importantes hacia el socialismo. A esos individuos se les tiene
muy bien controlados y en el momento en que hacen algo que no les conviene a
quienes los compraron, o a quienes los convirtieron en sus cómplices, son
atacados duramente. Esto tiene implicaciones para todos nosotros, todos aquellos
que, encabezados por Cuba —y ahora desde otras partes del mundo— estamos
luchando por otro modelo, otro sistema, otro modo de dominación y de acumulación
de la riqueza y el poder en que valores fundamentales para la emancipación
humana orienten la economía, orienten la política, orienten la cultura y
orienten nuestra sociedad.
Por ejemplo, para todos nosotros es una lección cuando Fidel, el año pasado por
el mes de noviembre, en la Universidad, pronunció un discurso acerca de cómo
solo Cuba puede acabar con Cuba, si no controla la corrupción. Discursos como
ese, que es un discurso maravilloso que habría que rescatar, nos indican hasta
qué punto quienes hablamos constantemente de vincular la moral y la política no
estamos hablando de "moralina", como diría Benedetti con razón, sino que
hablamos de una fuerza especial que la moral tiene en la lucha por el interés
general, en la lucha por el bien común, por las naciones, por los pueblos, por
las ciudadanías, por el proletariado, por los trabajadores, que es parte
absolutamente de nuestra fuerza al vincular lo que decimos que vamos a hacer con
lo que hacemos, al tener un control sobre el uso de los recursos que se nos
encargan y estar listos en cualquier momento a dar prueba de que estamos
manejando bien esos recursos.
Ahora, ¿por qué este ataque violento contra Cuba y por qué ahora? Porque,
precisamente, uno de los casos de resistencia más notables a las agresiones del
capitalismo, del imperialismo, es Cuba. Y de un capitalismo y un imperialismo
particularmente agresivos y particularmente corruptos y corruptores. Cuba, en
casi 50 años, ha resistido este tipo de políticas y sus dirigentes han sido
fieles a los motivos del 26 de julio, a Martí, a Céspedes y a una serie de
héroes que invocan, no solo de forma retórica, sino como parte de sus creencias
ciudadanas, democráticas, liberadoras y socialistas. Esta noción de cómo la
moral es parte del poder, del interés general, social y nacional, quieren
destruirla ahora, pues ellos están acostumbrados a hacer precisamente lo
contrario. La prueba está cuando Fidel les dijo que le probaran que tiene un
dólar —ya no millones de dólares, ni 100, ni 10, ni 5, ¡un dólar!—, y que está
dispuesto a renunciar a lo que ellos quieren quitarles a los cubanos a base de
una invasión militar; les sale gratis la invasión militar. ¿Por qué puede decir
eso Fidel? Porque precisamente una de las características de Fidel y de la
dirección de esta Revolución es que asumieron, sobre todo en los primeros años
de aquella —aunque después también—, una responsabilidad que todos tenemos: Al
principio de la Revolución la dirigencia tuvo una responsabilidad moral e
intelectual muy grande porque encabezaron a pueblos de analfabetos que no sabían
leer el mundo ni transformarlo, y lo primero que tuvieron que hacer fue
enseñarles a ello, y a entender que la moral es parte de la lectura y de la
transformación del mundo, a través de la práctica de esta en vinculación con las
clases, con las naciones, con los pueblos, con los trabajadores, con los
ciudadanos. Y eso es algo que no entienden quienes creen que el ser humano es de
por sí corrupto, que es otra de las finalidades que tienen estos desgraciados de
Forbes. Hacen creer que todos somos corruptos y no es cierto, los corruptos son
ellos y no les importa que los acusen, han llegado a un momento en que ya no
mienten para engañar, que es otro problema, ya la mentira entró en crisis y no
engañan a nadie, pero sí encuentran cómplices y están creando mentiras para
buscar cómplices incluso en los líderes sindicales, en los líderes de los
movimientos sindicales, en los líderes de los movimientos civiles, etcétera.
Este es un problema que nos afecta a todos los seres humanos.
¿Por qué lo hacen en este momento? Tenemos que estar muy preocupados, muy
alertas: creo que en gran parte lo hacen ahora porque en América Latina ya está
surgiendo la conciencia, cada vez más extendida, de que no es posible seguir
tolerando las políticas neoliberales del imperialismo, no solo norteamericano,
sino del gran capital que se ha asociado para controlar y saquear el mundo. Y
esta creciente conciencia, con la pérdida del miedo o del conformismo que muchas
gentes sufrían, los tiene altamente preocupados. Lo que quieren es que otra vez
nos volvamos conformistas, escépticos, cínicos y que aceptemos su dominio del
mundo, su saqueo, como una forma natural de vivir; un mundo que se convierte en
una selva y en el que hay unos animales mucho más agresivos y mucho más fuertes
que son los que ganan; un mundo en el que cada quien lucha por sus intereses
particulares y todo lo demás son ilusiones y son mentiras. Las falsas ilusiones
y las mentiras son las de estos grupos e individuos que creen que pueden detener
la historia, porque la historia se los va a comer, los va a enterrar, y creo que
no me equivoco.