![]() |
¿Y después de Fidel qué?
Néstor Kohan
He hablado y me he comunicado con compañeros, con amigos, con familiares.
Gente de mi país y también de otros países. Todos con la misma preocupación,
todos con la misma tristeza, todos con la misma esperanza. No se trata sólo de
la enfermedad física —y de la operación quirúrgica— del comandante Fidel Castro,
algo que nos preocuparía aunque fuera un vecino, un compañero de trabajo o
simplemente cualquier persona querida. Lo que está en juego es mucho más.
Si cualquier compañero de militancia de casi 80 años estuviera enfermo y se
tuviera que operar, todos estaríamos preocupados. Sería como si operaran a un
abuelo nuestro. A un abuelo querido. Pero en el caso de Fidel la preocupación es
de otro tipo.
Porque la vida de Fidel trasciende a su persona individual. El nombre de Fidel
condensa las aspiraciones, las resistencias y los sueños rebeldes de numerosos
pueblos, no sólo del cubano, contra el capitalismo, el imperialismo y el
neoliberalismo. Si el Che Guevara es el símbolo mundial de la rebeldía juvenil,
su amigo y compañero Fidel representa la máxima expresión de las rebeliones
antiimperialistas y socialistas del Tercer Mundo. Por eso es tan despreciado por
los poderosos del planeta, sus monopolios de (in)comunicación y la CIA,
incluyendo en esta fauna atroz a los extremistas millonarios de Miami que hoy
quieren, mezquinamente, ocupar el centro de la escena mediática con su prédica
de odio, resentimiento y muerte.
Todos y todas esperamos de corazón que el comandante, el revolucionario, el
amigo entrañable de nuestro Che, se recupere de la operación. Que siga siendo el
Fidel de siempre. El que molesta, exaspera e incomoda al imperio más poderoso de
la tierra. El que horroriza a cuanto millonario anda por el mundo contando sus
billetes. El que escandaliza a tanto burguesito bienpensante y "políticamente
correcto". El que sigue predicando la rebelión mundial contra las injusticias.
El que continúa promoviendo entre los pueblos el empleo de las armas,
fundamentalmente las dos más poderosas que se han inventado: las ideas y los
libros.
Pero si acaso ocurriera lo peor..., ¿cambiaría el asunto? En su época Félix
Rodríguez, el contrarrevolucionario cubano de Miami y agente de la CIA que
participó en el asesinato del Che en Bolivia, pensó ingenuamente que con la
desaparición física de Guevara se acababan los "problemas" para los poderosos de
la Tierra. Lo mismo imaginaron sus patrones, los jerarcas y burócratas del
Pentágono, los directivos de Virginia (sede de la CIA), los grandes financistas
de Wall Street. ¡Qué ingenuidad!
El ejemplo, la coherencia, los ideales y la dignidad rebelde de una persona
trasciende la inevitable existencia finita de un cuerpo físico. Ernesto Guevara
se volvió mucho más grande y peligroso después de 1967. Con Fidel, ahora o
dentro de 20 años, pasará lo mismo.
Si en vida un hombre tiene imperfecciones, comete errores y puede equivocarse,
después de muerto la memoria popular deja a un lado esos errores y retiene,
sabiamente, lo más importante: el reconocimiento por una vida entera dedicada a
la revolución y a la lucha antiimperialista.
¡Qué gente tonta la extrema derecha de Miami! Desean tanto la muerte de Fidel
—porque, impotentes, en vida jamás lo pudieron derrotar— que no se dan cuenta de
lo que sucederá el día que Fidel ya no esté con nosotros. El ejemplo, convertido
en mito, será todavía más peligroso que en vida. Fidel se convertirá en una
bandera indomesticable para combatir y frenar cualquier tentación de
restauración capitalista en Cuba; y para defender las conquistas socialistas y
derechos populares ya adquiridos como algo "normal" y "obvio" por las nuevas
generaciones a la largo de casi medio siglo de revolución.
Es comprensible la tristeza y la inquietud que la noticia de su enfermedad y su
operación ha provocado entre su pueblo y en otros pueblos del continente que lo
quieren y admiran. Porque aquí no se trata de "culto a la personalidad". En Cuba
uno no se encuentra en cada esquina con una estatua de Fidel. No hay ciudades
que lleven su nombre. No hay escuelas ni universidades ni bibliotecas que se
llamen como él. Ni siquiera abundan sus imágenes.
Fidel no ha necesitado medallas artificiales ni homenajes repletos de
obsecuencia simplemente porque no le hacen falta. Cualquier historiador que deje
por cinco minutos sus prejuicios sobre el escritorio o apague tres minutos el
noticiero de la CNN puede darse cuenta que la historia personal de Fidel es
indistinguible de la Revolución Cubana. Desde aquel legendario asalto al cuartel
Moncada hasta el desembarco del Granma, desde la guerra revolucionaria en la
selva y las ciudades hasta la toma del poder en 1959. Pero no se detiene allí.
Su nombre también aparece en primer plano en la crisis de los misiles EEUU-Cuba-URSS,
en toda la insurgencia latinoamericana que Cuba apoyó generosamente sin pedir
nada a cambio, en la contestation estudiantil del ’68 europeo, en los
levantamientos negros de EEUU, en la liberación de Vietnam, en la
descolonización del África, en el fin del apartheid y en las actuales
protestas —post muro de Berlín— contra la globalización capitalista.
El nombre de Fidel, sueño colectivo de todo un pueblo que trasciende al
individuo singular, ha sido el fantasma omnipresente durante los últimos 50 años
de historia revolucionaria mundial. Que lo atestigüen sino los estrategas de la
CIA y sus siniestros alumnos latinoamericanos responsables de miles y miles de
desaparecidos en todo el continente.
Un lector apresurado o una lectora escéptica pueden, quizás, sospechar que estas
líneas están atravesadas por una admiración desmedida o una idealización
infantil. No es así. Por razones que no vienen al caso nos ha tocado investigar
sobre Fidel para intentar escribir una biografía suya dirigida a un público
juvenil. Ayudado por el compañero Nahuel Scherma, integrante del grupo «Cine
Insurgente» y por otros compañeros y amigos que nos acercaron innumerables
materiales, nos hemos sumergido en una pila inabarcable de libros que narran
historias fragmentarias. Lo mismo con documentales fílmicos, revistas, folletos,
etc. Creíamos saber algo de Fidel. ¡Sabíamos muy poco!. Al reconstruir el mapa
de tantos fragmentos dispersos —la historia de la revolución cubana de 1933, las
rebeliones estudiantiles en la Cuba de Batista, los antecedentes de Mella,
Guiteras y Roa, la participación de Fidel en el bogotazo, el Moncada, el
encuentro con el Che, la lucha guerrillera en América Latina y la influencia
cubana, la experiencia frustrada de Allende y los consejos de Fidel, la victoria
vietnamita y la ayuda a Ho Chi Minh, la increíble epopeya africana de las
tropas, los médicos y las maestras cubanas hasta llegar a la Venezuela de hoy en
día, pasando por la revolución sandinista y la salvadoreña— fuimos descubriendo
esa omnipresencia de Fidel. Después de recorrer cada uno de esos fragmentos de
una vida política, estamos seguros: pasarán muchos años hasta que se pueda
sopesar y balancear con la seriedad que se merece la importancia histórica de
Fidel. Su estatura histórica es mucho más alta de lo que a primera vista se ve.
Recién al apreciar la perspectiva del conjunto se puede observar la talla
revolucionaria de este hombre, nieto de Martí, hijo de Mella y Guiteras, hermano
de Guevara y padre de nuestros 30.000 compañeras y compañeros desaparecidos.
El odio de la CIA, policía mundial contra los pueblos, no es desmedido ni
irracional. Tienen fuertes razones para odiarlo. Fidel ha estado en el centro de
las rebeliones del siglo XX y de lo que va del XXI. Los yanquis, pretendidos
dueños del mundo, saben bien porqué desean su muerte.
Pero lo más importante de todo, más allá de su enfermedad y su operación, es que
Fidel ha dejado un equipo. Lo colectivo es la única garantía de la continuidad
en el tiempo. Tras la muerte de Lenin todo se vino abajo en la revolución
bolchevique porque, entre otras razones, no hubo un relevo colectivo de la
dirección leninista y todo terminó en una lucha fraticida.
Esperamos de corazón que Fidel se recupere y al mismo tiempo que la Revolución
Cubana logre evitar los errores y tragedias que sucedieron después del liderazgo
de Lenin.
Entonces... ¿y después de Fidel qué? Pues sencillamente habrá nuevas
revoluciones. Al igual que después del Che Guevara, seguiremos luchando en todos
los países contra las injusticias y para cambiar el mundo. Seguiremos firmes en
la defensa de los ideales revolucionarios que Fidel nos enseñó, nos enseña y nos
seguirá enseñando.