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Esperpento en la calle Ocho
J. M. Álvarez
InSurGente
(Cuba)
Otra vez se montó un circo en Miami. Como sucedió en el caso del niño Elián
González, un tumultuario grupo de fascistas, a pie o en automóvil, desfilaron
por la calle Ocho, en directo ante la cámaras de televisión, con la botella de
ron en la mano, celebrando el fallecimiento anticipado de Fidel Castro. Muchos
de ellos lo hicieron empujados por la avaricia de alcanzar alguna migaja de los
jugosos 80 millones de dólares asignados por la Casa Blanca, para la transición
"democrática".
Los cubanos de extrema derecha desean la muerte de Fidel, pero son incapaces de
comprender que cuando ello suceda lo que nunca desaparecerá será su sueño de
lograr un mundo mejor. Son torpes y fanáticos porque personalizan su jolgorio
sin ser conscientes de que, detrás del Comandante, existe un pueblo dispuesto a
defender sus conquistas que, además, se ha constituido en ejemplo a seguir para
otros muchos pueblos en la batalla que se está librando contra el Imperio. Esta
lucha no es solo de Cuba. Va mucho más allá, tiene carácter universal. Cuando el
fascismo cavernícola de Miami se alegra por la desaparición física, o política,
de un estadista, sea éste el que sea, sólo está patentizando (dada su ideología)
que dicho dirigente ha peleado por una democracia, válida para todos, en la que
oligarcas y millonarios no tengan cabida.
Los medios de intoxicación occidentales consideran que la pervivencia de la
"dictadura" cubana (ergo, democracia popular) es imposible sin Castro,
pero no informan de que el auténtico partero de terribles dictaduras y regímenes
plutocráticos, dirigidos por magnates parar engañar a pueblos ignorantes, es el
capitalismo, donde si alguna decisión importante es cuestionada por los
ciudadanos y éstos deciden manifestarlo en la calle, la policía los reprimirá
violentamente. Libertad de expresión sí, pero dentro de los límites marcados por
la propiedad privada. La auténtica democracia se desarrolla en el día a día, en
las reuniones vecinales en los debates populares, inculcado valores de los que
carece el llamado "mundo libre".Hablamos de democracia participativa.
Mientras los medios occidentales presentan al sistema cubano- que mima
cariñosamente a sus niños- como una pérfida dictadura, relatan de manera
rutinaria, casi sin darle importancia, las "hazañas" bélicas de la dictadura del
terror, instalada por el capitalismo que arroja diariamente miles de bombas,
mutilando y asesinando cientos de niños libaneses, palestinos o iraquíes. El
hecho de que, a pesar del continuo bombardeo mediático, millones de personas
honestas y sencillas de todo el mundo se muestren preocupadas por el estado de
salud del "dictador" cubano y reconozcan su labor en favor de los desposeídos es
la constatación del estrepitoso fracaso manipulador de su monopolio informativo.
Habrán cambios sí, pero dentro de la Revolución. Cuba tiene a su favor la
experiencia de haber sobrevivido, en condiciones muy difíciles, a la
desaparición del campo socialista y haber sido espectadora de primera fila del
drama humano creado por la restauración del capitalismo en Rusia y otros países
del Este. La situación actual, dadas las circunstancias geopolíticas actuales,
le resulta mucho más favorable que entonces, ya que posee importantes apoyos en
la región, encabezados por Venezuela.
Fidel es mortal y como tal desaparecerá, pero la Revolución no la podrán
destruir los que participaron en el esperpento de la calle Ocho, porque
esa gente defiende los "valores" que la Dictadura Imperial, y sus satélites de
la Unión Europea, pretenden imponer en todo el planeta. Toda nueva alharaca será
otro ridículo, uno más en la historia de la comunidad cubana de Miami. Después
de empinar el codo, llegará la resaca de una realidad muy distinta de la que
esperaban. No me cabe duda alguna de que tendrán pocas oportunidades para
emborracharse en un futuro próximo.