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Ellos, Nosotros, la Isla
Armando Chaguaceda
Rebelión
A los trabajadores cubanos, eternos luchadores,
por sus deseos de soñar y vivir.
Hace algún tiempo, ante las provocaciones de un amigo, me sentí incitado a
escribir estas líneas. Pero ahora, ante la extensión de la polémica sobre
Cuba, su futuro y sus oráculos, quisiera compartir posiciones que, pese a
ser estrictamente personales, pudieran tener recepción en algunos colegas
implicados en el asunto. Contrapunteo en el cual los límites del disenso quedan
fijados por la coincidencia de los participantes en su apuesta por un futuro
anticapitalista, por lo que se trata de un debate más o menos fraterno pero
siempre entre personas que son, como diría Alberto Cortés " amigos, hasta tanto
se pruebe lo contrario" del proyecto socialista cubano . Por eso decidí tomar un
poco de mi escaso tiempo para aportar algunas consideraciones sobre la
naturaleza del debate, los actores involucrados y el objeto del mismo,
considerando que lo más valioso no será, como regla, centrarnos en discrepar
puntualmente con nadie sino evaluar, al decir criollo, " como está la cosa" y
proponer soluciones concretas para nuestros desafíos.
En torno a una realidad como la cubana, encuadrable dentro de lo real
maravilloso y que se ha santificado como "la utopía", satanizado como
"reducto del estalinismo", valorada como "revolución sin ideología" o, más
jocosamente, definida como "socialismo de pachanga", se tejen leyendas y
se erigen lugares comunes. Algunos intelectuales, comúnmente, creen ir de viaje
al paraíso de la épica revolucionaria; otros frecuentemente, se perciben
inmersos en el reino de la inercia burocrática cuando, probablemente, la
realidad nos sorprenda a todos a medio camino entre la perversión y los
ensueños. Se trata de una realidad sociopolítica con casi medio siglo de vida,
en la cual coexisten un proyecto y un poder, donde el primero ha sufrido
constantemente la usurpación de símbolos, lemas y espacios por parte del
segundo, y donde, sin embargo, el hálito estatista de este no ha podido
desprenderse o aniquilar totalmente al empuje libertario del otro y sus inmensas
conquistas de dignificación humana. Y ambas realidades y visiones han coincidido
en la obra y espíritu de millones de seres humanos concretos, incluidas aquellas
personalidades que, como las que integran el liderazgo histórico, resumen en sí
ambos componentes y cuya evolución resulta inseparable de las dinámicas que han
marcado su existencia. De esa manera la isla no se agota en un libro, en una
visita o en una polémica de feria o congreso, por muy "cultos e informados" que
sean los involucrados.
Por ello, a algunos que desde el exterior se esfuercen en estudiar a nuestro
país les convendría observar algunas premisas básicas. Deberían saber que
conocer Cuba, la nación real y profunda -y defenderla-, es algo que rebasa la
militancia de eventos, la siempre confortable estancia del visitante (sea esta
disfrutada en casas de amigos, hoteles o residencias de protocolo) o el
encuentro con las delegaciones oficiales cubanas. Lo negativo no es asistir a
aquellos espacios académicos y formales que, útiles para el reencuentro de
colegas de aquí y allá, devienen espacio imprescindible para la articulación de
un debate plural de izquierdas. Lo erróneo reside en creer que estos bastan para
poder comprender las inmensas tensiones y dificultades que atraviesan tanto el
propio proyecto revolucionario y la gente que lo hace como, en particular, la
producción doméstica de ciencias sociales.
Además, nuestros amigos podrían comprender que, dado el orden de cosas
actualmente imperante, el disponer de capacidades asimétricamente superiores de
socializar ideas, ajenos a las limitaciones tecnológicas y las restricciones
administrativas que afrontan sus colegas isleños, debiera obligarles a asumir
posturas ética y políticamente comprometidas no con las coyunturas y el poder
institucionales sino con las esencias populares, democráticas y socialistas de
nuestra obra. Sobre todo porque algunas autoridades han dado frecuentemente la
apariencia de ser más proclives a dialogar con ciertos investigadores
extranjeros (y permitir la libre exposición y socialización de sus ideas) que
con sus homólogos cubanos.
Sería prudente que algunas lecturas de ciertos amigos fuesen menos simplistas y
–dañinamente- románticas. O acaso ignoran, por ejemplo, que si el ambiente
creador del pensamiento crítico revolucionario de los 60 fue sustituido por el
dogmatismo y la ritualización pseudomarxistas triunfantes desde 1971, ambos
procesos fueron permitidos-a tenor con los condicionamientos del momento- por
las mismas instancias de poder? Creen que son fortuitos ciertos rescates
periódicos (y sesgados) del Che (Período de Rectificación, inicios del siglo XXI)
realizados en etapas neurálgicas donde la modificación de los estilos de
dirección de la economía cargan la mano a la centralización, fortalecen la
acción directa del estado y restringen la autonomía de otros actores económicos?
Suponen posible señalar en el proceso cubano desviaciones y culpables
coyunturales para luego, interrumpiendo el análisis en cierto punto y momento
histórico, no profundizar en las responsabilidades de actores concretos y las
deformaciones estructurales del modelo que las posibilitaron?