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¿Quién es Raúl Castro?
El hermano menor del Comandante analizado desde la perspectiva francesa
Danielle Bleitrach
Rebelión
Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Juan Vivanco
En la marea de desinformación que nos inunda, los periodistas no aciertan a
explicarnos quién es Raúl Castro. El inevitable «experto» Machover y otros de la
misma ralea se apresuraron a decir que Raúl no iba a ser capaz de «dominar» la
situación por carecer del carisma de su hermano y porque en Cuba no le conocía
casi nadie. Machover, enterrando a Fidel antes de tiempo, por primera vez le
rendía un homenaje indirecto, pues reconocía implícitamente que Fidel no
dominaba a su pueblo con el terror sino con «el carisma». Pero lo hacía para
tratar de colarnos una vez más sus mentiras.
La visión que dan los medios franceses
Raúl es bien conocido en Cuba y desde luego no tiene la imagen que se ha creado
en Francia de él, siguiendo al pie de la letra la consigna del cretino asesino
de la Casa Blanca. Porque por ese lado, en Estados Unidos, todo sigue igual. Es
verdad que se han oído voces que piden el fin del bloqueo, pero no son nuevas:
desde hace años una mayoría del Congreso pide que se suavice el bloqueo; está
formada por demócratas, pero también por republicanos vinculados al mundo de los
negocios.
En Francia no se sabe nada de Cuba, pero tampoco se sabe nada de lo que pasa en
Estados Unidos. La prensa se limita a difundir la propaganda de Miami, de los
más exaltados, cuyos voceros son Machover y los otros «especialistas en Cuba».
En Estados Unidos, ya sea por convicción, ya sea por una defensa lúcida de sus
intereses, la mayoría está a favor, como mínimo, de que se suavice el bloqueo.
Los negros demócratas norteamericanos, por ejemplo, defienden a Cuba, lo mismo
que algunas Iglesias protestantes, pero también hay estados progresistas
opuestos al bloqueo. La mafia de Florida (un batiburrillo de gángsteres, hombres
de negocios, asalariados de la CIA y terroristas que han hecho de las suyas en
toda Latinoamérica) domina ese estado, gobernado por un hermano de Bush: es
«Miami vice». Allí cunde una auténtica histeria anticubana. Es uno de los cuatro
estados de los que depende la elección presidencial, y es bien sabido lo que
debe Bush al control que ejerce esa gentuza. Pero tampoco debemos olvidar que en
el propio estado de Florida hay gente que se opone a esta mafia, incluyendo a
emigrantes cubanos, entre los que se alzan voces que denuncian el bloqueo.
Con esto queremos decir que nuestra prensa francesa, la radio y la televisión,
tampoco hablan desde el punto de vista estadounidense, porque este es mucho más
complejo y menos anticubano; no, lo medios franceses son la voz exclusiva de la
mafia de Miami, y sólo le dan la palabra a ella. No contentos con desoír a los
11 millones que viven en la isla y ocuparse únicamente de un grupito de
«disidentes» pagados por el gobierno de Estados Unidos,[1] se convierten en
portavoces exclusivos de un sistema, el del estado de Florida, cuyos defensores
han estado mezclados en todos los asuntos turbios (asesinato de Kennedy,
Watergate, verdugos de América Latina como Posada Carriles). Por no hablar de
Robert Ménard, quien ha reconocido que cobra de la CIA.[2] Tenemos una prensa,
radio y televisión que no sólo ha adoptado el punto de vista de esa mafia sobre
Cuba, sino que además censura cualquier otro punto de vista, aunque proceda de
Estados Unidos.
Por ejemplo, aquí están convencidos de que a Fidel Castro en Cuba le llaman
líder máximo. Esta expresión no se usa nunca en la isla, donde se habla del
comandante o sencillamente de Fidel. La expresión procede de Miami. Como están
tan acostumbrados a oír hablar del «régimen cubano», les parece de lo más
normal… Tratándose de Cuba no hay nada inocente, todo es propaganda. Hasta la
Casa Blanca se intoxica a sí misma y llega a proponer entre las medidas para la
«transición democrática» la vacunación de los escolares cubanos, cuando estos
reciben 14 vacunas y la tasa de mortalidad infantil es más baja que en Estados
Unidos. El que haga caso de esa gente está abocado a equivocarse.
Todo esto explica el grado de desinformación y los pronósticos siempre fallidos
de nuestros «cubanólogos» de los medios franceses.[3] Todos esperaban que en el
momento en que Fidel desapareciera se desataría en Cuba una guerra civil. Pues
bien, Fidel está enfermo y ha traspasado los poderes en el marco previsto por la
constitución. Cuba permanece en calma. Fidel no ha muerto, pero se considera en
situación de delegar temporalmente sus funciones. La mayoría de los cubanos
piensan que va a recuperarse y lo esperan. Nuestros medios ya no saben cómo
interpretar esta calma, no hacen más que darle vueltas, recurren a sus
seudoexpertos y seguiremos sin saber lo que pasa en Cuba.
Bush ha dicho que no se va a revisar el bloqueo. Fidel Castro ha traspasado el
poder «a su hermano, el guardián de la cárcel». Es la línea oficial y no cabe
duda de que se va a mantener.
En Miami los exaltados montan un espectáculo y gritan como todos los fascistas
de su ralea «¡Viva la muerte!». Aquí nos los presentan como la Cuba «auténtica».
De modo que en Francia nadie sabe quién es Raúl Castro, ni que el traspaso de
poderes está previsto por la constitución cubana, al igual que en constitución
francesa, si la Presidencia queda vacante, otorga los poderes al presidente del
Senado. Porque Raúl no es sólo el «hermano» de Fidel, es un hombre de estado
bien conocido por los cubanos y apreciado por sus cualidades.
Quién es Raúl Castro
Desde los primeros momentos de la revolución Raúl Castro formó parte del grupo
de Fidel, junto con el Che Guevara y Camilo Cienfuegos. Fue precisamente él
quien, estando en Méjico, le presentó al Che a su hermano. Aunque no tiene la
prestancia de su hermano mayor, es un gran organizador, un revolucionario. Se
habla mucho de su «pragmatismo» oponiéndolo al carácter «visionario» de Fidel.
Raúl Castro también se apasiona por la teoría y el debate de ideas, pero luego
traduce en hechos y organización las decisiones que se toman.
Durante el periodo especial se contaba un chiste en Cuba: todo el país pasaba
hambre y adelgazaba menos un campesino, que permanecía muy orondo y en una forma
física envidiable. Raúl fue a verle y le preguntó cuál era su secreto. «Como
esta hierba», le contestó el campesino. Raúl mandó que la analizasen y descubrió
que tenía unas cualidades nutritivas extraordinarias, por lo que ordenó que la
cultivasen en gran cantidad y se suministrase a los cubanos. En esto intervino
Fidel: «Ni tocarla. Hay que conservarla para recurrir a ella en caso de invasión
o endurecimiento del bloqueo».
Esta anécdota resume bien el modo en que los cubanos ven a los dos hermanos.
Conocen el papel que tuvo Raúl en la revolución. Cómo fue capaz de crear un
ejército revolucionario que desde entonces está ahí para defender la isla y
prestar ayuda material a los cubanos.
Como me explicaba una amiga al declararse la dolencia de Fidel: «Cuando todo el
mundo estaba en el limbo y no sabía cómo asegurarse el sustento, Raúl tomó
cartas en el asunto, defendió e impuso una medida controvertida, la creación de
los agromercados para que los campesinos vendieran sus productos en la ciudad».
Esto evitó que los cubanos murieran de inanición y Fidel se avino a esta idea
que no le gustaba, porque sabía que podía generar un campesinado enriquecido y
egoísta. Al mismo tiempo Raúl desarrolló grandes explotaciones agrícolas
gestionadas por el ejército. Todavía hoy, cuando los precios tienden a subir,
interviene el ejército poniendo en el mercado gran cantidad de productos
agrícolas que estabilizan los precios.
Pero no queda ahí la función del ejército a su mando. Las fuerzas armadas
administran directamente empresas, sobre todo en el sector turístico, y ensayan
métodos de gestión que se aplican luego en otros sectores. El ejército cubano es
el único autosuficiente. Pero este laboratorio no se limita a la economía. Cuba
quiere tener un turismo ecológico, respetuoso con el medio ambiente, lejos del
modelo «hortera de playa», y el ejército, en el marco de la reestructuración
azucarera, está acondicionando campos azucareros en la provincia de Santa Clara
para la práctica del turismo ecológico.
Los lazos entre este ejército revolucionario y la poderosa central sindical
cubana son muy estrechos. Cuando hice mi investigación en los centrales
azucareros este vínculo me llamó la atención. En los locales sindicales había
retratos de Raúl y los trabajadores azucareros se declaraban prestos a
movilizarse en caso de invasión. En esa ocasión descubrí una trabazón de la
sociedad cubana distinta de la que se percibe en los círculos intelectuales de
La Habana. Todas mis indagaciones me han confirmado esta capacidad organizativa,
partiendo de los problemas concretos de los cubanos y aportándoles respuestas y
hombres y mujeres con conocimientos prácticos.
Raúl Castro no se contrapone al carácter visionario de su hermano mayor, sino
que lo complementa, lo fortalece con una organización revolucionaria y popular.
Los cubanos conocen esta labor de Raúl y la aprecian. Sin desinteresarse por las
relaciones internacionales (como las delegaciones de estudio que viajan en
particular a China), ante todo se preocupa por mejorar la situación en Cuba y
fortalecer la defensa de la isla.
Si Fidel es una figura titánica, un símbolo de la unidad de Cuba, Raúl dispone
de una trama de fidelidades, de confianza. La imagen que se le ha dado de hombre
gris no es exacta, es extrovertido, vivaz, le gusta el baile y la fiesta,
mientras que su hermano mayor es más austero, más distante.
El traspaso de poderes es, pues, perfectamente constitucional y además es
aceptado por la inmensa mayoría de los cubanos. Ya sean o no críticos con el
sistema político —y en cierta medida todos lo son, incluido Fidel, basta con
releer su discurso de la Universidad del 17 de noviembre de 2005 para darse
cuenta de cómo los dirigentes y el pueblo cubano son capaces de denunciar lo que
está mal e intentan corregirlo—, todos están dispuestos a resistir frente a la
colonización norteamericana. Nombrar a quien dirige el ejército revolucionario
en un momento en que Estados Unidos podía intentar cualquier cosa era algo
completamente lógico. Desde hace más de cuarenta años Cuba soporta una guerra
larvada, atentados terroristas, bloqueo y propaganda, y es normal que el
ejército revolucionario, que se basa en la movilización popular, esté a la
cabeza del país.
Los cubanos, por lo demás, han demostrado con su tranquilidad la fuerza de esta
movilización. Todos los dirigentes y responsables se han dedicado a explicar que
Fidel necesitaba reposo, que contaba con el espíritu de responsabilidad de los
cubanos y que la tarea principal era mantener la unidad del pueblo cubano. Ni
Raúl Castro ni muchos otros dirigentes han salido por la televisión, porque
estaban todos en los lugares de trabajo, lo más cerca posible de los cubanos,
para transmitirles estas consignas. De todos modos hacía meses, por no decir
años, que esta situación estaba prevista, y cada cubano sabía lo que tenía que
hacer cualesquiera que fuesen los acontecimientos. En un artículo reciente
titulado ¿Qué pasa en Cuba? planteé hipótesis de este tipo acerca del «posfidelismo»
y creo que se están cumpliendo. Aunque aún no estamos en el «posfidelismo»,
porque Fidel no ha muerto y la mayoría de los cubanos están convencidos de que
«saldrá de ésta» y la única incógnita es saber si va a ayudar, a aconsejar o a
tomar las riendas otra vez.
Aunque Cuba ya dejó atrás el monocultivo azucarero, los dos días que estuve en
la zafra tuve la impresión de asistir a una verdadera guerra, con unas brigadas
dirigidas por un estado mayor… La calma, la tranquilidad cubana que ha asombrado
a todos los observadores, es el resultado de esta organización en la que Raúl
Castro ha desempeñado una gran tarea durante muchos años.
Es tal el desconocimiento de Cuba y está tan arraigado el tema de la dictadura
en las mentes occidentales, que los comentarios se han centrado inmediatamente
en lo que Fidel disponía para sucederle. Los mismos comentaristas se han
extrañado de la ausencia de Alarcón. Lo que pasa es que esos comentaristas «bien
informados» ignoran el funcionamiento real de las instituciones cubanas.
Cuba es un régimen asambleario, desde el nivel local hasta el nivel nacional.
Fidel es elegido presidente por la Asamblea del Poder Popular, después de haber
sido elegido por la base miembro de dicha asamblea. No tiene que delegar nada en
Alarcón, que es el presidente de la Asamblea Popular y mantiene sus poderes. La
presidencia de Alarcón, por lo demás, ha dado mucho relieve a la función y las
tareas de esta institución.
Fidel sólo delega lo que está a su cargo, es decir, tres funciones
constitucionales, la de secretario del Partido, la de presidente del Consejo de
Estado y la de comandante en jefe del ejército. Las delega en una sola persona,
prevista por el artículo 94 de la constitución, que es Raúl, él mismo segundo en
todas sus funciones.
Además, Fidel acostumbra a implicarse en determinados ámbitos de trabajo para
impulsarlos. Por lo general estos ámbitos tienen una dimensión nacional e
internacional a la vez. En este caso se trata de la energía, la educación y la
salud. Se rodea de responsables para hacer una labor colegiada y vigilar la
buena marcha de los expedientes.
Por lo tanto, no estamos ante una especie de «Comité de Salvación Pública» que
se haría cargo del gobierno de Cuba, sino ante el funcionamiento normal de las
instituciones cubanas.
Pero para saber todo esto hay que preocuparse por el pueblo cubano y no
únicamente por el grupito de asalariados de Estados Unidos, y no dejar que las
voces de estos últimos sean las únicas que se oigan en los medios franceses.
Notas
[1] No es ninguna afirmación gratuita: ahí tenemos las últimas medidas (julio de
2006) preconizadas por Bush para apretar la tuerca del bloqueo y financiar la
propaganda anticubana en la isla y en el extranjero (se dedican 80 millones para
este fin y se designa claramente a los beneficiarios, personas como Osvaldo Payá,
las Damas de Blanco y la flor y nata de la disidencia). Estos últimos, por otro
lado, han protestado porque, primero, Miami se queda con la mayor parte del
dinero, y segundo, porque esta designación oficial les desprestigia.
[2] Véase el libro Les Etats-Unis DE MAL EMPIRE, Danielle Bleitrach,
Viktor Dedaj y Maxime Vivas, Ed. Aden, Bruselas, 2005.
[3] Que no se limitan a Cuba: los patinazos de Paranagua, el «especialista» en
América Latina de Le Monde, son notorios. Dijo que Evo Morales estaba
peleado con Chávez y no iría a Caracas justo cuando Evo aterrizaba en Venezuela.
Evidentemente, la culpa fue de Fidel, que como está obsesionado con contradecir
a Paranagua, convenció a Evo. ¿De dónde había sacado esa información? Otra
metedura de pata: Paranagua explicó que Chávez ponía en un aprieto a la
izquierda latinoamericana y rompía el Mercosur; pero la reciente cumbre de
finales de julio no sólo supone el ingreso de Venezuela y Bolivia, sino también
la ruptura del bloqueo contra Cuba, y la presencia de Fidel es su aspecto más
sensacional.