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Cuba es más que una democracia
Carlos Tena
La democracia debe ser un comienzo, no un final, me recordaba Julio
Anguita cuando aún era Secretario General del PCE, ante el
espectáculo que formaban algunos diputados y miembros del gobierno y del
parlamento español, cuando se les llenaba la boca con el sagrado vocablo, como
si en verdad supieran su significado y España hubiera cruzado el Rubicón.
Resultaba patético escuchar a un franquista como Fraga Iribarne o a un
presunto socialista como Felipe González, dar lecciones sobre ella.
El transcurso del tiempo puso a cada uno en su sitio y hoy, aquella democracia
por la que se combatió en la clandestinidad, pero por la que también se lucha en
el siglo XXI (la Ley de Partidos que controla a esos colectivos es una
aberración jurídica del tamaño de Europa, aprobada para callar la opinión de
cientos de miles de ciudadanos), ya que es solo una sombra, un esbozo de lo que
soñábamos algunos españoles.
Desde hace ya más de 28 años, una monarquía borbónica, impuesta por la
dictadura, preside un país que imita el mal ejemplo de otras naciones, cuyos
votantes no pueden participar en las cuestiones más fundamentales, ni tener un
auténtico poder de decisión en delicados asuntos políticos (por ejemplo apoyar
una invasión, el envío de tropas a Irak o al Líbano), si no es, a
través de esos grupos de presión, dirigidos salvo honrosas excepciones, por un
empresariado más que reaccionario, a los que se llama partidos políticos, cuyos
militantes (o no) deciden, en nombre de millones de personas todo lo que esos
ciudadanos no pueden evitar.
Porque ¿decide el votante español el precio de la vivienda, de la gasolina, de
la leche, de la fruta, la verdura, el teléfono, la luz, el agua? ¿Decide acaso
quienes han de dirigir los colegios, las empresas, las agrupaciones, los
institutos, las universidades? ¿Decide acaso qué personas deben formar las
listas de un partido político?¿Sabe por qué se dispara el Euríbor, alimaña
complejísima que destruye la frágil economía de una familia, hipotecada más de
treinta años? ¿Sabe por qué su salario siempre pierde valor ante el
encarecimiento continuado de los bienes más elementales?. En suma ¿cómo va a
estar interesado el pueblo español en la política, cómo puede hablarse de
democracia cuando es más cierto que en las últimas consultas efectuadas, no han
ejercido su derecho al voto ni el 51 por ciento del electorado? Por suerte, hay
naciones donde la palabra "partido" tiene un único significado: el pueblo. Todo
el pueblo
En su trabajo "Nuestro Camino: Análisis del proceso de rectificación",
el filósofo, escritor y ensayista cubano Darío Machado*, escribió hace ya
algunos años: "...No escapa a la sociología política el hecho irónico de
que se nos exija a los cubanos fórmulas aparentemente democráticas, como el
pluripartidismo, que hace tiempo no puede exhibir nada ejemplar respecto a ese
tema".
Cuba encontró, tras el triunfo de la Revolución sobre la dictadura de Batista,
su propio modelo de democracia, basado en un sistema económico y político cuyos
fines debían ser, por encima de cualquier otra condición, la justicia, la plena
soberanía y la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, asegurando a
la población su derecho inalienable a la educación, la sanidad, una vivienda
digna, el acceso a la cultura y al deporte, además de garantizar la
independencia del país, así como la identidad del pueblo cubano.
Aunque muchas democracias basadas en el pluripartidismo, vigiladas por las
grandes multinacionales, y que ya no puede exhibir nada ejemplar respecto a los
derechos fundamentales del ser humano, dicen asegurar que han logrado las mismas
o similares conquistas que en la isla, nada mas lejos de la realidad, por cuanto
esos partidos políticos, cuyos principales cabecillas jamás se presentan ante
sus conciudadanos sino en listas cerradas que la mayor parte de la población
desconoce, se dedican a exhibir programas de acción política exterior e interior
que nunca cumplirán, ofreciendo mítines en los que la mentira es el principal
objetivo, ya que las promesas que se hacen a, los posibles votantes, nunca
llegan a ser realidad, excepto en casos puntuales, como fue el gesto simbólico
del presidente Zapatero, retirando las tropas de Irak, pero bendiciendo
aquella invasión ilegal, aliándose finalmente, como toda la Comunidad
Levinsky (o sea, la Europea), junto a un personaje de raíces tan fascistas
como George W. Bush.
Hoy puede decidirse sin temor a engaño que en EEUU la censura, la vigilancia
y espionaje de las personas, la delación, detenciones arbitrarias y ejecuciones
sumarísimas dictadas por tribunales militares, convierten al país en un inmenso
campo de concentración, donde la participación política del ciudadano se
limita de forma exclusiva a depositar un voto cada cuatro años. El éxito
de esta formula es tal, que más de la mitad de la población rechaza ese derecho
por considerarlo absolutamente inútil, al saber que uno u otro partido,
republicano o demócrata, son prácticamente gemelos. Un bipartidismo exportado
con éxito a Europa, que se mueve entre dos corrientes liberales, a cuál más
radical, sin que el ciudadano tenga una real oportunidad de que su vida mejore.
Ningún sistema que se diga democrático puede negar a sus ciudadanos el principal
de sus derechos: una economía al servicio de la sociedad, que garantice así el
resto de los derechos.
En Cuba, esta democracia se encarna en un verdadero socialismo, que no obstante
los ataques y bloqueos que han costado al país miles de millones de dólares
(condenado decenas de ocasiones en la ONU sin que EEUU haya cumplido jamás lo
allá exigido), ha sabido llegar a unos niveles mínimos de subsistencia y
desarrollo, siendo el primer país de Latinoamérica en esperanza de vida, el
ultimo en índice de mortalidad infantil, el primero en erradicar absolutamente
al analfabetismo (cosa que ni EEUU, ni España, han logrado aun), con un nivel de
asistencia sanitaria que en USA deja fuera a más de 46 millones de personas,
siendo en fin, un país que está por encima de muchas de las naciones del
entorno, aunque se exhiban cifras falsas y engañosas como el producto interior
bruto, el salario medio, etc. Y es que la economía de mercado es incompatible
con la verdadera democracia; con los verdaderos derechos humanos.
Desde el final de la II Guerra Mundial, esas llamadas democracias
pluripartidistas han tratado de destruir el socialismo, y lo han logrado, al
menos en la llamada área soviética, mas no han conseguido desterrar el sistema
político y social que China defiende con un éxito económico apabullante, aunque
ciertos ortodoxos tilden de hipócrita e insostenible un sistema donde una doble
economía ha elevado a la categoría de millonarios a algunos ciudadanos, mientras
otros muchos siguen anclados en la pobreza. Aunque así fuera, China sigue
desarrollando programas de un extraordinario calado político y social, para
conseguir que, sobre todo la población campesina, tenga acceso a los bienes y
avances de las sociedades urbanas. ¿Con qué derecho se exige a los demás lo que
no se cumple en la propia casa?
Es obvio que los experimentos europeos no tienen nada que ofrecer a Cuba. El
ejemplo de los Estados Unidos tampoco sirve, porque su régimen político machaca
los derechos humanos de la gente, al discriminar a las minorías étnicas,
estableciendo enormes desigualdades sociales, con un sistema electoral
complicado, dominado por la propaganda y el dinero, en manos de las presiones de
las clases más pudientes. Cuando se elige un presidente, es apenas por una
cuarta parte de la población, ya que la abstención creciente demuestra el
absoluto desinterés y al desencanto en la participación política. Más allá del
pluripartidismo, se puede afirmar que la economía de mercado, el neoliberalismo
salvaje, tuvieron ya su oportunidad en la historia cubana (Machado, Batista) y
no resolvieron los grandes problemas sociales.
Una examen meticuloso del mundo hoy, permite que los cubanos hayan ganado en
experiencia, viendo la parte positiva (insignificante) y la negativa (mucho
mayor) de las sociedades contemporáneas de ese llamado primer mundo. En esta
isla, donde casi el 95 por ciento de la población dispone de energía eléctrica,
agua potable, sanidad, trabajo y educación, se puede afirmar también que un
sistema "a la europea" suprimiría de un plumazo ese estado de cosas, abriendo
una enorme zanja entre los ciudadanos, al establecer un sistema basado en el
dominio de las clases sociales más elevadas, la diferenciación, la injusticia,
la violencia policial, la censura, la vigilancia extrema, la delación y la
desigualdad más rastrera. Ese no es el modelo que el cubano sueña. El suyo es
manifiestamente mejorable, pero el ciudadano conoce perfectamente que el bloqueo
asesino al que está sometido desde hace 45 años, impide un avance que no por
veloz deja de ser constante. El período especial, que marcó a una generación
entera, ha sido enterrado de forma definitiva, y las buenas relaciones con
países como Venezuela, Bolivia o China, aseguran que las mejoras
se reflejen a pie de calle, aunque, insisto, el transporte urbano o la vivienda
en las grandes ciudades, sean todavía un grave problema a resolver. Pero miles
de ciudadanos, de políticos, de verdaderos demócratas, trabajan por ello, a
pesar de las ingentes dificultades de acceso a los materiales por culpa del
embargo y el asedio constante que ejerce EEUU, chantajeando incluso a los países
que mantienen relaciones comerciales con la isla. El proceso democrático cubano
se ha desarrollado pues entre las agresiones constantes del imperialismo.
El objetivo de la democracia cubana es que todo ciudadano se sienta y se sepa
pueblo, parte fundamental de la sociedad, en igualdad de condiciones y
oportunidades. El ideal que persigue la democracia socialista cubana, no se
puede basar en la fórmula para asignar a cada cual un sueldo que provenga de un
mercado dirigido por manos privadas, promovido cansinamente por la publicidad y
la mentira. La democracia socialista cubana no puede caer en la trampa de
identificar la felicidad y el bienestar, con la sola posesión de recursos
materiales. Aquí se aspira a ofrecer un consumo responsable, adecuado, que
permita también crear las condiciones para asegurar un desarrollo más completo
del ser humano, huyendo de la idea de elevar a la categoría de religión la
tenencia de objetos innecesarios, ofrecidos como imprescindibles por medio de
spots de televisión, anuncios en prensa y radio, concursos, etc., cuando lo
verdaderamente necesario no se promociona o destaca.
La democracia socialista exigió de una Revolución y de un tiempo para
convertirse en lo que hoy es, y la mejora continua manteniendo y desarrollando
en la conciencia y la energía de los trabajadores. Con su unidad. En la sociedad
cubana se ha desarrollado, al mismo tiempo, una cultura que permite a un número
siempre mayor de ciudadanos, comprender que su vida de cada día y su
participación en las tareas de la sociedad, son básicas para construir un estado
en el que todos se sientan iguales en lo fundamental.
A guisa de mera información, ya que ningún medio escrito lo ha publicado jamás
en España, ahí van las principales características del sistema político y
electoral cubano:
La Inscripción es universal, automática y gratuita de todos los ciudadanos con
derecho al voto, a partir de los 16 años de edad.
2, La postulación de los candidatos se efectúa directamente por los propios
electores en asambleas públicas (en los países llamados democráticos son
los partidos políticos los que nominan a los candidatos)
3. No hay campañas electorales discriminatorias, millonarias, ofensivas,
difamatorias y manipuladas.
4. Existe una total limpieza y transparencia en las elecciones. Las urnas
son custodiadas por niños y jóvenes pioneros, se sellan en presencia de la
población, y el recuento de los votos se hace de manera pública, pudiendo
participar la prensa nacional y extranjera, diplomáticos, turistas y todo el que
lo desee.
5. Obligación de que todos los electos lo sean por mayoría. El candidato
sólo es electo si obtiene más del 50% de los votos válidos emitidos. Si este
resultado no es alcanzado en la primera vuelta, irán a la segunda los dos que
más votos obtuvieron.
6. El voto es libre, igual y secreto. Todos los ciudadanos cubanos tienen
el derecho a elegir y ser elegidos. Como no hay lista de partidos, se vota
directamente por el candidato que se desee.
7. Todos los órganos representativos del Poder del Estado son elegidos y
renovables.
8. Todos los elegidos tienen que rendir cuenta de su actuación.
9, Todos los elegidos pueden ser revocados en cualquier momento de su mandato.
Los diputados y delegados no son profesionales, por tanto no cobran salario.
11. En todos los procesos electorales que se han celebrado desde el año 1976,
han participado más del 95% de los electores. En las elecciones para diputados
en 1998 votó un 98,35% de los electores, resultaron válidos el 94,98% de los
votos emitidos, fueron anuladas el 1,66% de las boletas y depositadas en blanco
sólo el 3,36%.
12. Los Diputados a la