Quien se levanta hoy por Cuba se levanta para todos los
tiempos
Andrés Gómez
Director de Areítodigital
Miami.- Sólo un puñado de pueblos en la historia ha podido lograr, con la
plenitud que el cubano lo ha hecho, desarrollar, consolidar y profundizar un
proceso revolucionario que le ha permitido asegurar su soberanía y disfrutar de
sus libertades fundamentales, y cuyo objetivo esencial es la construcción de una
sociedad solidaria, cada vez más justa.
Este continuo proceso libertario, que se remonta a mediados del Siglo XIX, no ha
estado exento de errores, reveses, ni de derrotas. Ha sido un proceso en extremo
arduo que ha necesitado del abnegado sacrificio de generaciones de los mejores
hijos e hijas de la patria, y de la constancia y unidad patriótica y
revolucionaria de millones de cubanos.
Se acerca nuevamente la fecha del 24 de Febrero, cuando en 1895, hará 111 años,
los cubanos comenzaron su última guerra por la independencia de España. Las
condiciones imperantes entonces en el país, producto de un despreciable sistema
colonial, vaticinaban una guerra magna. José Martí, dirigente principal de esa
grandiosa tarea, se percató, como ningún otro, de la oportunidad que existía
para no sólo obtener la independencia nacional sino, para también, establecer
una república nueva y justa y, además, consciente de sus responsabilidades con
el resto de la humanidad.
Para el Apóstol los retos del imperialismo estadounidense eran de primordial
importancia, como lo siguen siendo hoy para nosotros. Por eso, para conmemorar y
celebrar, esta grandiosa fecha patria quisiera citar de fragmentos de algunos de
sus escritos en los que nos alerta de los designios imperiales y sus
consecuencias para Cuba y para el resto de nuestros pueblos hermanos, que, por
su actualidad, son advertencias a nosotros mismos.
En noviembre de 1889 con motivo del Congreso Internacional convocado por el
gobierno norteamericano en Washington escribió: "Jamás hubo en América, de la
independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más
vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados
Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender
sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menor poder, ligadas
por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga
contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España
supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales
los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la
verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda
independencia (…) No fue nunca la de Norteamérica, ni aún en los descuidos
generosos de la juventud, aquella libertad humana y comunicativa que echa a los
pueblos, por sobre montes de nieves, a redimir un pueblo hermano, o los induce a
morir en haces, sonriendo bajo la cuchilla, hasta que la especie se pueda guiar
por los caminos de la redención con la luz de la hecatombe (…) La simpatía por
los pueblos libres dura hasta que hacen traición a la libertad; o ponen en
riesgo la de nuestra patria."
En 1895, en vísperas de la necesaria guerra, y por motivo del tercer aniversario
de la fundación del Partido Revolucionario Cubano, escribió Martí en su artículo
El alma de larevolución, el deber de Cuba en América: "No a mano
ligera, sino como con conciencia de siglos, se ha de componer la vida nueva de
las Antillas redimidas. Con augusto temor se ha de entrar en esa grande
responsabilidad humana. Se llegará muy alto, por la nobleza del fin; o se caerá
muy bajo, por no haber sabido comprenderlo. Es un mundo lo que estamos
equilibrando: no sólo son dos islas las que vamos a liberar. (…) Un error en
Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se
levanta hoy por Cuba se levanta para todos los tiempos. Ella, la santa patria,
impone singular reflexión; y su servicio, en hora tan gloriosa y difícil, llena
de dignidad y majestad. Este deber insigne, con fuerza de corazón nos fortalece,
como perenne astro nos guía, y como luz de permanente aviso saldrá de nuestras
tumbas."
En enero de 1891, escribió en su ensayo Nuestra América: "… Lo que quede
de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el
pañuelo a la cabeza, sino con las armas como almohada (…) Ya no podemos ser el
pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada en flor, restallando o
zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las
tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante
de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de
andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes. A los
sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son
hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los
demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas
pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o París, y dicen que no se puede alcanzar
el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el
hueso a la patria que los nutre."
Y finalmente hoy, cito del Manifiesto de Montecristi, redactado en marzo de
1895, en camino a la patria, que explica las causas justas de la guerra recién
comenzada en la Isla un mes antes: "La revolución de independencia, iniciada en
Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo
período de guerra, en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en
el extranjero y en la isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los
elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de
América y del mundo; y los representantes electos de la revolución que hoy se
confirma, reconocen y acatan su deber, --sin usurpar el acento y las
declaraciones sólo propias de la majestad de la república constituida,-- de
repetir ante la patria, que no se ha de ensangrentar sin razón, ni sin justa
esperanza de triunfo, los propósitos precisos, hijos del juicio y ajenos a la
venganza, con que se ha compuesto, y llegará a su victoria racional, la guerra
inextinguible que hoy lleva a los combates, en conmovedora y prudente
democracia, los elementos todos de la sociedad de Cuba. (…) Hoy, al proclamar
desde el umbral de la tierra venerada el espíritu y doctrinas que produjeron y
alientan la guerra entera y humanitaria en que se une aún más el pueblo de Cuba,
invencible e indivisible, séanos lícito invocar, como guía y ayuda de nuestro
pueblo, a los magnánimos fundadores, cuya labor renueva el país agradecido. (…)
Y al declarar así en nombre de la patria, y deponer ante ella y ante su libre
facultad de constitución, la obra idéntica de dos generaciones, suscriben juntos
la declaración, por la responsabilidad común de su representación, y en muestra
de la unidad y solidez de la revolución cubana, el Delegado del Partido
Revolucionario Cubano, creado para ordenar y auxiliar la guerra actual, y el
General en Jefe electo en él por todos los miembros activos del Ejército
Libertador."