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Emigración e hipocresía
Angel Guerra Cabrera
ALAI, América Latina en Movimiento
Los diputados cubano-estadunidenses por Florida pidieron a Washington una
reunión para demandar modificaciones al Acuerdo Migratorio con Cuba y anuncian
que ha sido aceptada. La administración de Bush siempre termina complaciendo a
la contrarrevolución. Después de todo, su primer mandato se debió al fraude
electoral orquestado por sus integrantes en aquel estado. Los legisladores
aprovecharon la coyuntura de la devolución a la isla de 15 cubanos depositados
por contrabandistas en un trozo del viejo puente de las siete millas separado de
tierra firme y con sus cómplices montaron otra campaña propagandística en los
medios miamenses en su persistente intento de reventar el Acuerdo Migratorio
adoptado durante el gobierno de Clinton. Acuerdo que fue un avance aunque se
vulnera con frecuencia por Washington. Sólo un ejemplo: la invariable admisión
en territorio estadunidense de todos los que se apoderan por la fuerza de naves
cubanas, incluso cuando ha corrido sangre de sus tripulantes. La
contrarrevolución alienta estas acciones con el propósito de crear una crisis
migratoria que desemboque en una agresión a Cuba.
Bush levanta muros en la frontera, caza a tiros a quienes intentan cruzarla y la
Cámara de Representantes criminaliza a los emigrantes ilegales. Una conducta
profundamente hipócrita, ya que los migrantes son indispensables para el
funcionamiento de la economía y el "modo de vida americano". La hipocresía es
aún mayor cuando se trata de Cuba. Estados Unidos ha utilizado la emigración
como un arma contra la revolución cubana. Inmediatamente después del triunfo
revolucionario de 1959 Washington recibió a la mayoría de los personeros de la
dictadura de Fulgencio Batista, incluyendo alrededor de 3000 criminales de
guerra. Ellos pasaron a ser la cantera principal de las actividades terroristas
contra la isla, que han continuado realizando con total impunidad hasta la fecha
desde su cuartel general en Miami. Después, como parte de su política de asfixia
económica, Estados Unidos estimuló la salida de los médicos y otros
profesionales y técnicos cubanos para privar al proyecto liberador de esa fuerza
calificada. En 1961 organizó la Operación Peter Pan con el embuste de que la
revolución privaría a los padres de la patria potestad y separó a miles de niños
de clase media de sus familias, en muchos casos durante años.
Cabe recordar que en 1963 Washington había suprimido los vuelos con la isla,
pero simultáneamente proclamaba que todo cubano que llegara a su territorio
sería recibido como refugiado político. Este es el antecedente de la Ley de
Ajuste Cubano de 1966, que otorga un trato de singular privilegio entre todas
las nacionalidades a los cubanos que llegan a Estados Unidos ilegalmente:
permiso de trabajo automático, prestaciones sociales que no recibe ningún otro
grupo, derecho a la residencia después de un año de estancia, créditos para la
creación de pequeñas y medianas empresas. Washington ha fomentado la emigración
ilegal con claros fines desestabilizadores hacia el interior de Cuba y a la vez
acuña el estereotipo de un país de donde la gente "escapa". Así, según los
mismos medios que difunden este estereotipo, nadie "escapa" del infierno en que
el neoliberalismo ha sumido a millones en el tercer mundo. Ese acto queda
reservado a los cubanos, sin que se mencione la guerra económica de casi medio
siglo, ni la desvergonzada conducta de Washington de negar visas hasta que se
firmó el Acuerdo Migratorio actual, ni las miles de horas semanales de
transmisión radial ilegal contra la isla. Tampoco el alto nivel técnico y
científico de miles de emigrantes que en Cuba nunca percibirán una remuneración
como la que únicamente puede proporcionar el sistema que vive de exprimir los
recursos del mundo.
Esta política es más criminal porque se lleva a cabo a expensas de los
sentimientos de decenas de miles de familias en Estados Unidos, a quienes para
reunificarse con sus seres queridos en la isla no les queda más alternativa que
apelar a los costosos servicios de inescrupulosos contrabandistas. El gobierno
de Cuba aboga por una relación cordial con la comunidad emigrada, ha entablado
un diálogo con sus representantes y defendido el concepto de una emigración
legal y ordenada. Pero eso no le conviene a Estados Unidos, cuya conducta sigue
siendo la causante de la muerte de muchos cubanos en el intento de cruzar
ilegalmente el Estrecho de la Florida.