Subasta en Miami -Cuadros pintados con sangre

H. Valdés Giral              
cubahora.co.cu/ Sonia Soler. 

   Hace unos días el libelo de la contrarrevolución El Nuevo Herald se hizo eco de un llamado público a la insurrección armada en Cuba, con todas las garantías que le ofrece la tan vapuleada libertad de prensa: la misma que prohíbe publicar una sola línea de los cinco jóvenes cubanos secuestrados en mazmorras estadounidenses por combatir al terrorismo.
  Señalaba la nota que ocho de las cientos de organizaciones terroristas con base en Miami se habían reunido para aprobar un plan conjunto, que contempla el envío de dinero, armas y explosivos a lo que ellos llaman "disidencia interna" en Cuba.
  Por cierto, al final llamaron a que los cubanos radicados en Miami hicieran aportes económicos para sufragar los gastos de dicha insurrección que "acabará este año con el régimen de Castro", una frase que se viene escuchando desde 1959, y que ha hecho millonarios a los Más Canosa y pandilla, incluidos los que han escalado posiciones en el gabinete y el Capitolio, a costa de la industria del engaño de liberar a Cuba del comunismo.
  Y nada ocurrió en Miami. El FBI perdió una magnífica oportunidad de arrestar por incitación a la rebelión a un grupo de camajanes, que como el Capitán Araña mandan desde lejos a los demás, sin exponer sus propios pellejos en contienda alguna, a no ser en bacanales de wiskey y mariscadas.
  Nada había que investigar, pues todo estaba en las páginas del Herald, que pueden ser encontradas en cualquier inodoro de Miami: la conferencia de prensa incitaba a la insurrección en Cuba y prometía apoyarla desde Miami, lo cual es un grave delito federal.
  Pero la mafia es así de impune en Estados Unidos desde el mismo 1º de enero de 1959, cuando al amanecer comenzaron a atracar en sus muelles miamenses los asesinos y torturadores de la dictadura batistiana, cargados de crímenes y dinero robado al tesoro público cubano.
  EXPOVENTA DE UN TERRORISTA   Inconforme con lo anterior, el mismo Nuevo Herald anuncia con gran despliegue que mañana será inaugurada una expoventa de 50 pinturas de un famosísimo autor: Luis Posada Carriles, creadas durante su estancia casi vacacional en cárceles de Cinco Estrellas Plus de Panamá y El Paso, Texas.
  La muestra se presentará en la llamada Casa del Presidio Político, en la barriada miamense conocida como La Pequeña Habana, donde las pinturas serán subastadas a partir de precios que comenzarán entre los $200 y los $350 dólares.
  Por supuesto, el comité gestor ya adelantó que si alguien desea aportar más, será bien recibido, pues la recaudación será destinada para ayudar financieramente a la familia del pobrecito Luis, que tanto ha invertido en abogados que presionen y chantajeen a la Casa Blanca para que lo pongan en libertad.
  Otra motivación de estas almas caritativas es que el benefactor de Posada Carriles, el también asesino Santiago Álvarez, se encuentra en prisión, en espera de ser juzgado en Fort Lauderdale, junto a Oswaldo Mitat, "por presunta posesión ilegal de armamentos y explosivos", según informa el Nuevo Herald en el mismo reporte.
  La mascada está al caer, porque muchos de estos mafiosos, para congraciarse entre ellos, seguro que van a comprar los cuadritos de Posada Carriles, quien podría recaudar en pocas horas $10 000 ó $17 500 USD, de acuerdo a lo que paguen sus compradores.
  Pero posiblemente toda esa cantidad no llegue a manos del "artista", porque en el comité de apoyo hay dos o tres gángsteres tan bandoleros o más que Posada Carriles, y también asesinos de su misma estirpe.
  ASESINOS EN EL COMITÉ DE AYUDA   Uno de ellos es Pedro Remón Rodríguez, el mismo que fue arrestado en Panamá junto a Posada, Gaspar Jiménez Escobedo y Guillermo Novo Sampoll, cuando intentaban desaparecer de la faz de la tierra a miles de estudiantes panameños, en el Paraninfo de la Universidad de ese país, en medio de un atentado con explosivos de fabricación yanqui para asesinar al Presidente Fidel Castro.
  Este Remón, con anterioridad, había asesinado a sangre fría, en pleno centro de Nueva York, al diplomático cubano Félix García Rodríguez y al cubanoamericano Eulalio José Negrín.
  En 1980 el FBI lo arrestó en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, horas después de que una bomba estallara en el consulado de Cuba en Montreal.
  Pero a pesar de haber sido condenado por los tribunales estadounidenses, al poco tiempo quedó en libertad, algo similar a lo que decidió la corrupta ex presidenta Mireya Moscoso, cuando lo indultó en agosto del 2004 junto a sus compinches, para después cenar con todos ellos en la residencia de Novo Sampoll en Miami, donde fue obsequiada con un automóvil Lincoln modelo de lujo Town Crown 2005, valorado en $125 000 USD.
  Otro integrante del comité de ayuda a Posada Carriles es José Dionisio Suárez Esquivel, conocido por Cepillo, también asesino confeso y convicto, ejecutor del acto terrorista que cobró la vida del ex canciller chileno Orlando Letelier y su secretaria, la joven estadounidense Ronnie Moffit, quienes perecieron al estallar el automóvil en que viajaban en pleno corazón de Washington D.C., a la luz del día.
  La noche anterior, Dionisio Suárez había colocado el explosivo en el coche de Letelier. Sin embargo, aunque este crimen ocurrió en 1976, "logró" evadir la persecución del FBI hasta 1990, cuando fue capturado y sentenciado a siete años de prisión por el monstruoso asesinato.
  Fue puesto en libertad al cumplir su sentencia, a pesar de que el Departamento de Justicia, el FBI y la CIA determinaron que "Suárez es una amenaza para la sociedad y un riesgo de pelea permanente, que debe estar detenido indefinidamente, por ser uno de los terroristas más peligrosos en Estados Unidos, donde ha cometido más de 35 acciones contra intereses cubanos y de otros países, incluido este".
  EL PINTOR, UN ASESINO EN SERIE   De Posada Carriles queda poco por decir y el simple hecho de pronunciar su nombre provoca náuseas. Asesino en serie de cubanos, venezolanos, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y nicaragüenses, es ahora todo un señor artista de la plástica.
  Es el Comisario Basilio, designado por la CIA como jefe de Operaciones de la policía política venezolana, para que mediante crueles torturas, asesinatos y desapariciones, acabara con los revolucionarios que en Venezuela exigían un cambio social.
  Es el mismo que ordenó sin titubear que fueran colocadas dos bombas en el vuelo de Cubana de Aviación que viajaba desde Barbados hacia La Habana, acto terrorista en el cual perecieron los 73 ocupantes de la aeronave.
  Es el mismo personaje que se jactó públicamente de este bárbaro crimen y después logró escapar de la prisión venezolana en 1985, después que la Fundación Nacional Cubano Americana pagara el jugoso soborno a sus corruptos carceleros.
  Es el mismo que en 1997 contrató mercenarios guatemaltecos y salvadoreños, emparentados con las autoridades de esos países, para que colocaran bombas en hoteles y restaurantes de La Habana.
  Al conocer que una de estas bombas había causado la muerte del joven turista italiano Fabio Di Celmo, en la cafetería del Hotel Copacabana, Posada carriles declaró pública y cínicamente; "estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado".
  Antes, en 1988, había sido más explícito aún, en su entrevista con los periodistas Ann Louise Bardach y Larry Rohter, del diario The New York Times:   "La CIA nos enseñó todo; cómo hacer explosivos, cómo matar, hacer bombas.
Nos entrenaron en actos de sabotaje. Cuando los cubanos trabajamos para la CIA, nos llamaban patriotas. Ahora nos llaman terroristas. Los tiempos han cambiado".
  Sin embargo, no todos los llaman terroristas. Muchos ilustres colegas de la llamada gran prensa occidental, esa que goza de todas las prerrogativas de la libertad de expresión, continúa calificando a estos personeros como "incansables activistas", "patriotas", "luchadores anticastristas", "exiliados", etc.
  En la información sobre la expoventa de las obras pictóricas de Posada Carriles, el vocero de la mafia hace gala de sus mañas para apoyar el negocito, quien sabe si en busca de alguna tierrita.
  Wilfredo Cancio Isla, el siempre deprimido deshojador de margaritas, quien al fin decidió radicarse en Miami, da muestras de su imparcial objetividad periodística cuando escribe acerca de "la terrible situación económica de Posada y su familia, tras varios años en prisión".
  El propio Wilfredo, que tendrá cualquier defecto personal menos el de ser bobo, sabe perfectamente bien que si alguien no tiene en Miami ni en todo Estados Unidos problema económico alguno es precisamente Luis Posada Carriles.
  Si acaso, lo único que está reclamando es que se apuren en pasarle lo suyo, porque de lo contrario habla todo lo que sabe, como ya ha hecho casi siempre, y para los mafiosos y sus jefes de la Casa Blanca y la CIA es preferible darle lo que pida antes de dejarlo cantar a capella, porque de que sabe, sabe, desde el magnicidio de Dallas hasta el Watergate y muchas otras cosas, posiblemente incluso relacionadas con el entrenamiento de los chicos talibanes en aeropuertos de La Florida para aprender como estrellar aviones de gran porte contra las Torres Gemelas de Nueva York.
  Pero es que este Wilfredo, soprano de la mafia miamense, también es el ultradefensor de José Basulto, el jefe de Hermanos al Rescate que también clama a toda voz, por el Herald y la TV que se realicen magnicidios y sabotajes en Cuba.
  Y es uno de los pocos en Estados Unidos y en el mundo que se opuso a que el niño Elián González fuera devuelto a sus familiares en Cuba.
  Y es de los que escribe a favor de que se incremente el bloqueo contra Cuba y que se impida aún más el contacto entre los cubanos que viven con honor en su tierra y los que decidieron como él radicarse en Estados Unidos, aunque no todos tuvieran sus mismas motivaciones camaleónicas.
  DELITO FEDERAL Y CORRUPTOS FEDERALES   La muestra de pinturas de Posada Carriles, con toda la publicidad a cargo del Nuevo Herald, beneficiará a unos cuantos vividores, tras la subasta de los cuadros.
  Sin embargo, el propio presidente George W. Bush ha reiterado aquella célebre frase suya de que "quien ampare, proteja o alimente a un terrorista, es también un terrorista".
  Y ahí los tiene a mano el Mr. W. Nada tiene que investigar el FBI, ni la CIA, ni su Negroponte asesino, ni su Condoleezza amenazante y traidora a sus ancestros, ni el Fiscal que ordenó torturas a los musulmanes, ni los jueces bushianos del Supremo:   El Nuevo Herald, de la ciudad estadounidense de Miami, en el Estado de la Florida, gobernado por su hermanito Jeb, están llamando pública y cínicamente a comprar pinturas realizadas con sangre, por el terrorista internacional Luis Posada Carriles, detenido suavemente por agentes federales, que hasta le taconearon los oídos para que el ruidito del helicóptero no le dañara los tímpanos, y acusado tan solo de entrada ilegal a Estados Unidos.
  Pero Mr. W. sabe perfectamente bien quién es Posada Carriles, porque su Padre Mr, Bush fue quien lo reclutó cuando era oficial CIA, y le impartió los primeros cursos de cómo asesinar, matar, preparar explosivos y hacerlos detonar.
  Ahí tiene, pues, dos magníficos objetivos: una incitación a la insurrección armada en Cuba y ofrecer apoyo financiero a un terrorista, ambos llamados publicados en el Herald.
  Puede encarcelar ahora mismo y enviar a los tribunales a Wilfredo Cancio Isla por convertirse en vocero de asesinos, a la dirección de ese libelo por facilitar sus páginas para tales nefastos fines, a los mafiosos que ofrecieron la conferencia de prensa de días pasados sobre la rebelión interna en Cuba con apoyo desde Miami y al grupo de ayuda a Posada Carriles.
  Ni siquiera tiene ahora que indagar sobre el yate Santrina, ni presionar a su subalterno Mr. Fox para que explique algo acerca de Islas Mujeres o Cancún. Nada de eso.
  Todo lo tiene en Miami, así que con llamar a su hermanito Jeb, tendrá todo el problema resuelto y nadie podrá acusarlo nuevamente de ser él el primer terrorista del mundo y el principal protector de terroristas.
  Finalmente, la verdad de toda esta expoventa la escribieron otros dos colegas de Miami, quienes evidentemente tienen toda la dignidad que le falta a Wilfredito:   "Los idealizados paisajes cubanos que pinta Luis Posada Carriles, no se parecen en nada al mundo que él habita, que es el de las conspiraciones para matar a Fidel Castro, poner bombas en sus hoteles y volar sus barcos".
  Esos cuadros de Posada Carriles que se van a subastar desde mañana en Miami, ante los ojos de toda la Humanidad, están pintados con la sangre de miles de inocentes, pues su autor y protectores solo conocen el arte de matar.

Fuente: lafogata.org