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La historia que reclama ser contada al pueblo estadounidense
José Pertierra*
Presentación del abogado José Pertierra ante la Red Nacional sobre Cuba, en
Washington, D.C., el 8 de abril de 2006. Publicada originalmente en Counterpunch,
y traducida por el equipo de Cubadebate.
El 5 de abril pasado, en Miami, el cómplice de Luis Posada Carriles en el
sabotaje del avión cubano de pasajeros que explotó en 1976 en pleno vuelo con 73
personas inocentes a bordo, conversó con Juan Manuel Cao del canal 41 en Miami.
El flamante entrevistado, Orlando Bosch, se expresó textualmente en estos
términos:
Juan Manuel Cao: ¿Usted derribó el avión de 1976?
Orlando Bosch: Si te respondo que estuve involucrado, me estoy acusando, y
si te responde que no participé en la acción, tú dirás que te estoy mintiendo.
Por tanto, no te voy a responder ni una cosa, ni la otra. Simplemente te voy a
remitir a los tribunales, que me absolvieron en cinco oportunidades.
Juan Manuel Cao: En esa acción murieron 76 personas*[1], ¿siente usted cargos
de conciencia?
Orlando Bosch: No, en una guerra, chico, como la que tenemos los cubanos
amantes de la libertad contra el tirano, usted tiene que derribar aviones, usted
tiene que hundir barcos, usted tiene que estar preparado para atacar lo que esté
a su alcance.
Juan Manuel Cao: Pero, por los que murieron ahí, por sus familiares, no
sentirías un poquito de…
Orlando Bosch: Este avión venía de Angola… ¿Quién podía venir en ese
avión?... Cuatro miembros del Partido Comunista, cinco norcoreanos, cinco
guyaneses… concho, chico, cuatro presidentes del Partido Comunista, entonces,
chico, ¿quiénes venían ahí?: enemigos nuestros. Por supuesto, yo sé que la
voladura de un avión en el aire es pernicioso, pero cómo no se dice lo mismo la
voladura del avión de los Hermanos al Rescate que se derribó… Eran cuatro los
Hermanos al Rescate que murieron…
Juan Manuel Cao: ¿Y los esgrimistas, los muchachos jóvenes?
Orlando Bosch: Yo estaba en Caracas y yo vi a las muchachas jóvenes por la
televisión. Eran seis. Después que terminó la competencia, esta que era la líder
de las seis, dijo que esta victoria se la debemos al tirano, etc, etc… Y todo un
discurso de loas al tirano. Nosotros habíamos acordado en Santo Domingo[2],
que todo el que saliera de Cuba a llenar de gloria a la tiranía, tenía que
correr los mismos riesgos que los hombres y mujeres que combatían junto a esa
tiranía.
Juan Manuel Cao: Si usted tuviera que hablarle a los familiares de los 76,
pues usted habla del regreso a Cuba, ¿no piensa que es difícil?
Orlando Bosch: No, porque al final los que iban ahí tenían que saber en
algún momento que estaban cooperando con la tiranía.
Las respuestas de Bosch a estas cinco preguntas nos permiten vislumbrar la
mente del tipo de terrorista que el gobierno de los Estados Unidos alberga y
protege en Miami: terroristas que durante los últimos 47 años han hecho una
sangrienta y despiadada guerra contra el pueblo cubano.
Lo que le sucedió al vuelo 455 de Cubana de Aviación hace casi treinta años no
es un secreto. La historia, simplemente, está en los cables desclasificados de
la CIA, y al alcance de cualquiera. Fuentes públicas gubernamentales reconocen
que, en aquel momento, este fue el peor acto de terrorismo en la aviación de la
historia, y la primera vez que los terroristas hicieran estallar un avión civil.
Más de tres meses antes de que el CU-455 estallara en el cielo de Barbados, en
aquella tarde soleada del miércoles 6 de octubre de 1976, la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) informó a Washington que un grupo extremista de exiliados
cubanos estaba planificando la colocación una bomba en un vuelo de la aerolínea
Cubana.
El Buró de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado informó al
Secretario de Estado, Henry Kissinger, que una fuente de la CIA había oído decir
a Luis Posada Carriles, a menos de un mes del sabotaje, que "nosotros vamos a
tumbar el avión cubano". Ni Washington ni la CIA alertaron a las autoridades
cubanas de la amenaza terrorista contra sus aviones.
El sabotaje fue organizado por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, y ejecutado
por Hernán Ricardo y Freddy Lugo. Los preparativos finales para el acto
terrorista comenzaron con la llegada de Orlando Bosch a Caracas, el 8 de
septiembre de 1976. Bosch es un terrorista nacido en Cuba, líder reconocido de
la organización Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU).
Según el FBI, CORU era un grupo que aglutinaba organizaciones de exiliados
cubanos, creadas expresamente "planificar, financiar y llevar a cabo operaciones
y ataques terroristas contra Cuba". (Cable del FBI fechado el 29 de junio de
1976).
Cuando Bosch llegó a Caracas el 8 de septiembre de ese año, Posada Carriles ya
estaba allí para recibirlo y presentarle a su mano derecha: el leal confidente
Hernán Ricardo, quien admitió bajo juramento ser un operativo de la CIA. En
1976, Ricardo también era empleado de Luis Posada Carriles en una empresa
privada de Inteligencia que Posada fundó y dirigía entonces en Caracas:
Investigaciones Comerciales e Industriales (ICI). Ricardo admitió que Posada
Carriles le presentó a Orlando Bosch en las oficinas de la ICI en Caracas.
Para que lo ayudara en la operación especial que Bosch y Posada le habían
asignado, Ricardo a su vez reclutó a Freddy Lugo. Ciudadano venezolano, Lugo
también admitió bajo juramento que era operativo de la CIA.
Sabemos por informes norteamericanos que el grupo de cuatro personas integrado
por Posada, Bosch, Ricardo y Lugo se reunió por lo menos cuatro veces para
planificar el sabotaje del avión. En las reuniones, los terroristas acordaron
las contraseñas que emplearían para describir el éxito de la operación. Al avión
le llamarían "bus" y, a los pasajeros, "perros". "El resto depende de ustedes",
dijo Posada a Lugo y Ricardo.
Ricardo y Lugo llevaron los explosivos C-4 a bordo del avión en un tubo de pasta
dental y en una cámara fotográfica. Freddy Lugo y Hernán Ricardo abordaron el
vuelo CU-455 en Trinidad, a las 12:15 PM, con destino a Barbados. Ricardo viajó
con un pasaporte falsificado que tenía un nombre falso. Se sentaron en la zona
intermedia del avión. Durante el vuelo, colocaron los explosivos C-4 en dos
lugares diferentes: el baño posterior y debajo del asiento de Freddy Lugo. Ambos
terroristas, descendieron del avión durante una pequeña escala en el Aeropuerto
Seawell, de Barbados. Después admitieron bajo juramento que pudieron hacerlo
porque ambos habían recibido entrenamiento especial de la CIA, para colocar
explosivos.
A bordo del CU-455 había 73 personas; 57 de los pasajeros eran cubanos; 11 eran
guyaneses, estudiantes de medicina en Cuba. Los restantes cinco pasajeros eran
coreanos. Los pasajeros tenían como promedio 30 años de edad.
Viajaban en el grupo los 24 miembros del equipo de esgrima de Cuba, muchos de
ellos adolescentes que habían acabado de recibir medallas de oro en el
Campeonato Juvenil de Esgrima en Caracas. A bordo, ellos llevaban puestas, con
orgullo, sus medallas de oro. Una de las jóvenes esgrimistas, Nancy Uranga,
tenía sólo 23 años y estaba embarazada. En realidad, ella no debe haber viajado
esa vez. De acuerdo a la investigación de Ann Louise Bardach reportado en su
libro Cuba Confidential, su lugar en el equipo de esgrima pertenecía a
una esgrimista de doce años de edad, inusualmente alta para su edad, nombrada
María González. María tenía planificado participar en los Juegos del Caribe, y
estaba en la pista del Aeropuerto José Martí de La Habana, cuando uno de sus
entrenadores le dio la mala noticia de que las normas internacionales de las
competencias amateur prohibían participar a niños de su edad. Se supo después
que María regresó a su casa en el barrio de La Víbora, en La Habana, y estuvo
llorando tres días, que se negó a ver los juegos por la televisión cubana porque
le dolía mucho no estar allí. A Nancy Uranga la llamaron a última hora para que
fuera al Aeropuerto y ocupara el lugar de María en el desventurado viaje a los
Juegos del Caribe.
El equipo de esgrima tuvo un estruendoso éxito en los Juegos. Ellos se ganaron
todas las medallas de oro, plata y bronce, y sabían que serían esperados en La
Habana ese 6 de octubre de 1976 con enorme alegría. Por eso, cuando montaron en
el avión en Caracas hablaron con orgullo a la prensa, que destacó el detalle:
las medallas colgaban de sus cuellos. Cubana de Aviación hizo la primera escala
en Trinidad a las 11:03 A.M, y luego volvieron a tocar tierra en Barbados, a las
12:25 PM.
Nueve minutos después de despegar de Barbados, las bombas explotaron y el avión
se incendió. Los pasajeros a bordo vivieron los diez minutos más aterradores de
sus vidas, mientras el avión se convertía en un abrasador féretro. La grabación
de la voz de la cabina de mando captó los últimos momentos aterradores del vuelo
a la 1:24 PM: "¡Seawell! ¡Seawell! ¡CU-455, Seawell…! Tenemos una explosión a
bordo. …Tenemos un incendio a bordo." El piloto, Wilfredo Pérez (conocido
cariñosamente por "Felo"), pidió permiso al Aeropuerto Seawell para regresar y
aterrizar, pero el avión y sus pasajeros ya estaban condenados a muerte.
Mientras el avión se aproximaba a la costa, fue perdiendo rápidamente en altitud
y el control. "Pégate al agua, Felo, pégate al agua", dijo el copiloto. En vez
de estrellarse en las blancas arenas de la playa Paradise y matar a los
bañistas, Felo logró dar giro brusco, ladeó con valentía el avión y este se
perdió en el mar envuelto en una bola de fuego, a una milla de distancia de la
costa, al norte de Deep Water Bay (Bahía de las Aguas Profundas).
Los pedazos de los cuerpos se recuperaron lentamente de las aguas. La mayoría de
ellos demasiado desfigurados para que los familiares pudieran identificarlos. No
hubo sobreviviente. Lugo y Ricardo vieron la explosión de la nave y su
hundimiento en el mar, desde el hotel donde acababan de alojarse con nombres
falsos.
LLAMADAS DESESPERADAS A LOS JEFES
Hernán Ricardo llamó desesperadamente a sus jefes que estaban en Venezuela.
Existen los registros telefónicos del hotel, con las llamadas a Caracas, a los
teléfonos de Orlando Bosch y a Luis Posada Carriles. No se pudo comunicar con
Posada en su oficina, pero le dejó un mensaje con la secretaria. Luego llamó a
una amiga, Marinés Vega, para que le hiciera llegar el siguiente mensaje a
Posada: "Estamos en una situación desesperada, el bus estaba repleto de perros…
ellos deben enviar a alguien quien yo pueda reconocer… Estaré esperando en una
heladería cerca de la Embajada por si algo sucede y necesito pedir asilo allí."
Ricardo, finalmente, se pudo comunicar con Bosch. Este le respondió: "Mi amigo,
tenemos un problema aquí en Caracas. Un avión nunca se explota en el aire…", lo
que prueba un giro de los acontecimientos que no estaba previsto en un plan,
diseñado cuidadosamente para que la bomba explotara mientras el avión estuviera
en tierra, antes de despegar.
Al descubrir que las circunstancias se les estaban poniendo muy graves en
Barbados, Lugo y Ricardo se montaron esa misma noche en un vuelo de la British
West Indies Airlines de regreso a Trinidad. Ya en el vuelo, Ricardo confesó a su
compinche –parlamento que luego repitió ante policía trinitaria-: "Caramba,
Lugo, me siento desesperado y tengo ganas de llorar. Nunca había matado a nadie
antes."
En Puerto España, los terroristas se hospedaron en el Holiday Inn con
identificación falsa y realizaron nuevas llamadas desesperadas a Posada
Carriles. El nerviosismo en el aeropuerto y en el hotel, así como sus
conversaciones en los taxis que montaron en Barbados y luego en Trinidad, llevó
a la policía a circularlos como principales sospechosos del sabotaje. Fueron
arrestados e interrogados por detectives del Departamento de la Policía de
Trinidad.
Ambos confesaron el crimen ante el Comisario Dannis Elliot Ramdwar, quien tomó
sus declaraciones por escrito. Lugo y Ricardo admitieron ser operativos de la
CIA. Ricardo describió en detalles cómo pudo detonar los explosivos C-4 y señaló
un lápiz que estaba sobre el buró de Ramdwar, que era similar al temporizador
que había utilizado para detonar el explosivo. Ricardo también dijo a la policía
en Trinidad que él trabajaba para Luis Posada Carriles. Le dijo a Ramdwar que el
jefe de la CORU era Orlando Bosch y dibujó un esquema de la organización de la
CORU para la policía y añadió que la organización terrorista también se conocía
como el "Cóndor".
Después de escuchar las confesiones de Lugo y Ricardo, la policía en Caracas
actuó y arrestó a Posada y a Bosch. La policía también obtuvo una orden judicial
y registró las oficinas de Posada Carriles, donde confiscaron armas y modernos
equipos de vigilancia electrónica. También hallaron en la oficina de Posada
Carriles en Caracas un folleto, con el itinerario de los vuelos de Cubana de
Aviación. En uno de los primeros informes del 6 de octubre de 1976, sobre el
derribo del vuelo 455 de Cubana de Aviación, el Buró Venezolano del FBI envió un
cable, donde afirmaba que una fuente confidencial había identificado a Luis
Posada Carriles y a Orlando Bosch como los responsables del sabotaje. "La fuente
prácticamente admitió que Posada y Bosch habían organizado el sabotaje del
avión", según el informe.
En la entrevista por la televisión presentada hace tres días en Miami, Bosch
habló sobre un acuerdo al que habían llegado los terroristas en Santo Domingo,
en junio de 1976. El propio FBI registra ese acuerdo secreto. Según su informe,
Orlando Bosch, Luis Posada Carriles y otros terroristas crearon una organización
terrorista aglutinadora, llamada CORU, en una reunión celebrada en la República
Dominicana. El informe del FBI detalla cómo en esa reunión, la CORU planificó
una serie de ataques terroristas contra entidades cubanas, así como el asesinato
de comunistas en el Hemisferio Occidental. En la página 6, el documento relata
con lujo de detalles de qué modo Luis Posada y otros exiliados enemigos del
gobierno de Fidel Castro se reunieron con Orlando Bosch en Caracas el 8 de
septiembre de 1976 y llegaron a un acuerdo sobre qué tipo de actividades él
podría organizar en suelo venezolano.
Después de los arrestos de los criminales, Trinidad, Barbados, Guyana y Cuba
cedieron la jurisdicción sobre el caso del sabotaje del avión de pasajeros a
Venezuela, y los cuatro fueron procesados en Caracas por asesinato.
EL TORTUOSO CAMINO DE LA JUSTICIA
Enjuiciar a terroristas tiene su precio. La jueza que emitió las órdenes de
arresto iniciales para los cuatro terroristas, Delia Estava Moreno, recibió
varias amenazas de muerte y chantajes como represalias por su conducta. Como
consecuencia, se vio obligada a recusar. El juez que presidía el Tribunal
Militar, General retirado Elio García Barrios, también recibió amenazas de
muerte y en 1983, su hijo y chofer fueron asesinados en un golpe al estilo de la
Mafia, que tenía el propósito de marcar e intimidar a quienes osaran interponer
una acción judicial contra los asesinos.
Finalmente, Lugo y Ricardo fueron condenados, pero antes de que la Corte pudiera
dar su veredicto, Luis Posada Carriles se escapó de la prisión en San Juan de
los Moros, en el Estado de Guárico, donde había sido confinado después del
fracaso de dos intentos de fuga. Posada escapó con la ayuda de por lo menos 50
000 dólares, financiado por un grupo extremista de derecha en Miami.
Quince días después de su fuga de la cárcel, Posada salió clandestinamente de
Venezuela hacia Aruba en un barco camaronero. Se pasó una semana en la Isla y
luego voló en un avión privado hasta Costa Rica, y de ahí, a San Salvador.
Inmediatamente comenzó a trabajar junto con Félix Rodríguez, miembro de alto
rango de la CIA, en la Base Aérea de Ilopango.
El trabajo de Posada en San Salvador consistía, nada menos, que en suministrar
armas a la Contra nicaragüense. Los suministros se obtenían gracias a la venta
de narcóticos. Esta operación devino en el escándalo conocido como Irán-Contra.
Félix Rodríguez, el hombre clave de la CIA en América Central en el escándalo
Irán-Contras, había sido empleado para el trabajo por un miembro de la CIA y
viejo amigo de Donald Gregg, entonces asesor de Seguridad Nacional del
Vicepresidente Bush. Según Ann Louise Bardach, quien entrevistó a Posada en 1998
para el New York Times, "Posada señaló con cierto orgullo que George Bush
había dirigido la CIA desde noviembre de 1975 hasta enero de 1977", período que
abarcó algunos de los más violentos crímenes cometidos por los exiliados cubanos
y la Operación Cóndor: incluido el asesinato de Letelier y el sabotaje del avión
de pasajeros.
Posada pasó los siguientes años en América Central trabajando para los servicios
de seguridad de El Salvador, Guatemala y Honduras. A inicios de los noventa,
volvió a concentrar su atención en Cuba, país que intentaba poner en marcha la
industria del turismo para compensar la difícil situación económica que se
produjo después de la desintegración del Bloque Soviético. Desde su guarida en
América Central, reclutó a mercenarios salvadoreños y guatemaltecos que
introducirían explosivos de contrabando en la Isla. En 1997 comenzaron a
explotar las bombas en los mejores hoteles y restaurantes de La Habana, lo que
provocó la muerte de un joven turista italiano, Fabio Di Celmo, y heridas a
varios otros.
Posada declaró a The New York Times que la campaña terrorista contra el turismo
cubano fue financiada por las organizaciones de exiliados de Miami y que el
propio Luis Posada Carriles organizaba los ataques desde América Central. Frente
a la negativa del FBI de controlar a los terroristas de Miami, Cuba envió
algunos hombres muy valientes para que se infiltraran en estas organizaciones
terroristas y recogieran información con el propósito de pedir al Presidente
Clinton que interviniera y ordenara a los agentes del FBI el arresto de los
terroristas.
LA VERDADERA HISTORIA DE LOS CINCO
Después de recopilar suficiente evidencia para determinar la fuente de la
campaña terrorista, el 1º de mayo de 1998, Fidel Castro envió a un emisario
personal a Washington con un mensaje manuscrito al Presidente Clinton: nada
menos que el Premio Nóbel de Literatura, Gabriel García Márquez. El Presidente
Clinton estaba fuera de la ciudad, en California, por varios días. Después de
esperarlo en el Hotel Washington, García Márquez finalmente se reunió con el
Jefe de Personal de la Casa Blanca, Mac McLarty, y le entregó la carta.
García Márquez narró a Fidel la reacción de McLarty ante la carta y cita lo que
le dijo McLarty: "Tenemos enemigos en común: los terroristas".
Tras la visita de García Márquez, un mes después, Estados Unidos envió un equipo
del FBI a Cuba para analizar la colaboración con Cuba en la "Guerra contra el
terrorismo". Cuba entregó al FBI las cintas de las grabaciones de 14
conversaciones telefónicas de Luis Posada Carriles con los detalles sobre la
serie de bombas que explotaron en Cuba en los años noventa. Facilitó también al
FBI las direcciones de Luis Posada Carriles en El Salvador, Honduras, Costa
Rica, Guatemala y Panamá. Le entregó las cintas de las conversaciones con los
detenidos centroamericanos en Cuba, quienes habían admitido que Posada era su
jefe.
En total, la Isla entregó 60 compilaciones de documentos con información sobre
los 40 terroristas radicados en Miami, que incluía las direcciones de ellos y la
evidencia de sus vínculos con el terrorismo.
Cuba entonces esperó… y esperó… y esperó. Cuba esperaba que el FBI arrestara a
los terroristas. Sin embargo, sorpresivamente el FBI arrestó, el 12 de
septiembre de 1998, a los hombres que actualmente se conocen como los Cinco
Héroes Cubanos: los hombres que habían venido a Miami a infiltrarse en las
organizaciones terroristas de los exiliados en Miami. Según El Nuevo Herald,
a las primeras personas que se les avisó de los arrestos de los Cinco fueron los
congresistas Lincoln Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen, de Miami. Los Cinco
fueron acusados de 26 cargos penales.
El arresto de estos hombres ha puesto de manifiesto el doble rasero de
Washington en relación con su llamada guerra contra el terrorismo: guerra que el
gobierno de Estados Unidos selecciona a la carta para combatir,
diferenciando entre los terroristas que le gustan y los que no le gustan.
Los Cinco fueron puestos en confinamiento solitario durante los siguientes 17
meses, hasta el comienzo de los juicios. Los condenaron por varios cargos y
recibieron las sentencias máximas posibles. A Gerardo Hernández le impusieron
doble cadena perpetua y a Antonio Guerrero y a Ramón Labañino, a una cadena
perpetua. Fernando González y René González fueron sentenciados a 19 y a 15 años
respectivamente.
Los enviaron a prisiones de máxima seguridad en distintos puntos de este país y
a dos de ellos se les han negado las visitas de sus esposas durante los últimos
siete años, en violación de las leyes estadounidenses y del derecho
internacional.
El 9 de agosto de 2005, un panel de 3 jueces de la Corte de Apelaciones publicó
una decisión de 93 páginas que revocaba las condenas y sentencias, dictaminaba
que los Cinco no tuvieron un juicio justo en Miami y reconocía la evidencia
presentada por la defensa en el juicio, que revelaba las acciones terroristas
perpetradas contra Cuba por los grupos de exiliados en Miami. La Corte de
Apelaciones incluso citó en una nota al pie de página el papel de Luis Posada
Carriles y se refirió correctamente a él como terrorista. El panel de tres
jueces declaró que "una perfecta tormenta" de prejuicios impidió que los Cinco
Cubanos tuviesen un juicio justo en Miami.
El Gobierno de Bush, a través de su Subsecretario de Justicia, presentó una
apelación formal ante los 12 jueces del Onceno Circuito de Atlanta, y obviamente
por deferencia a la inusual solicitud del Departamento de Justicia, el Tribunal
de Apelaciones anuló la decisión del panel de tres jueces y acordó ver el caso
en pleno.
El abogado Leonard Weinglass, quien representa a Antonio Guerrero dijo
recientemente: "Los Cinco no fueron enjuiciados porque violaran la ley
estadounidense, sino porque su trabajo puso de manifiesto a quienes lo hacían.
Con la infiltración en la red terrorista que se permite que exista en la
Florida, ellos demostraron la hipocresía de la proclamada oposición al
terrorismo de los Estados Unidos."
LA IMPUNIDAD DE LOS TERRORISTAS CONTINÚA
Mientras se estaba procesando a los Cinco en Miami, la campaña terrorista contra
Cuba continuaba. En noviembre de 2000, Posada Carriles fue arrestado en Panamá
junto con tres cómplices, antes de que pudieran llevarse a cabo el plan de volar
un auditorio lleno de estudiantes en la Universidad de Panamá con explosivos
C-4, donde el Presidente cubano Fidel Castro iba a pronunciar un discurso.
Los cuatro fueron condenados por un tribunal panameño, pero el 26 de agosto de
2004, en una de sus últimas actuaciones como Presidenta, Mireya Moscoso les dio
el indulto en violación de las leyes panameñas.
Los tres cómplices, todos cubano-americanos, viajaron a Miami donde fueron
recibidos calurosamente. Posada Carriles, que no es ni ciudadano de los Estados
Unidos ni residente permanente legal, se dirigió clandestinamente a Honduras y
comenzó a fraguar un plan para regresar al rincón del terrorismo: Miami.
En marzo de 2005, se dejó ver en Miami y solicitó asilo. Durante semanas vivió
libremente en esa ciudad y hasta iba de compras al centro comercial, como él
mismo proclamara en entrevistas a la prensa. Antes de que fuera detenido,
Venezuela solicitó su detención preventiva con fines de extradición para
enjuiciarlo en Caracas por los 73 cargos de asesinato de primer grado,
relacionados con el sabotaje del avión de pasajeros en 1976.
Pero en vez de darle curso a la solicitud de extradición que pesa sobre Posada,
el Departamento de Seguridad de la Patria se cruzó de brazos. Solo actuó cuando
Posada convocó a una rocambolesca conferencia de prensa en Miami, el 17 de mayo
de 2005, donde abiertamente alardeó de que el Departamento de Seguridad de la
Patria ni siquiera lo estaba buscando. Los funcionarios del gobierno
consideraron que no tenían otra alternativa que apresarlo. Fue detenido
inmediatamente después de la conferencia de prensa y transportado tiernamente y
sin esposas en un carrito de golf hasta un helicóptero que lo esperaba.
LA FARSA LEGAL
Posada fue acusado de entrada ilegal en los Estados Unidos y así comenzó la
farsa legal diseñada para desviar la atención de la solicitud de extradición,
que el Departamento de Justicia todavía no ha atendido.
Para librarse de la deportación, Posada primero alegó que todavía era residente
permanente en los Estados Unidos. Como alternativa, solicitó asilo y protección
para no ser trasladado, en virtud de la Convención contra la Tortura (CCT).
Aunque es cierto que había sido residente permanente en los años sesenta, hace
tiempo que Posada abandonó esa condición. El se ha pasado los últimos casi
cuarenta años viviendo y matando en el extranjero. Debido a su largo currículo
de terrorismo, por definición jurídica, él no clasifica para obtener asilo. Por
tanto, solo le quedaba como única posibilidad de ser amparado por la Convención
internacional contra la Tortura.
Durante esta pirueta administrativa migratoria, presenciamos uno de los
episodios más vergonzosos que hayan protagonizado los abogados de la agencia de
Inmigración. Manipularon el caso de inmigración de tal manera que garantizaron
que Posada fuera amparado por la Convención contra la Tortura.
Posada convocó a un solo testigo en su caso de inmigración. Un mal llamado
especialista sobre Venezuela quien testificó que según su opinión de experto,
Luis Posada Carriles sería torturado si regresaba a Caracas. El testigo afirmó
que Venezuela tortura a los presos y que este "inmigrante indocumentado"
seguramente sería torturado si tendría que regresar a Caracas. El "testigo" era
nada más y nada menos que Joaquín Chaffardet: amigo, socio empresarial y abogado
de Luis Posada Carriles en Venezuela. Chaffardet también había sido jefe de
Posada en la tenebrosa policía política venezolana, la DISIP, a principios del
decenio de 1970. Un hombre que ha estado al lado de Posada durante los últimos
cuarenta años. ¡El Departamento de Seguridad de la Patria ni siquiera cuestionó
a ese sujeto! El abogado del Departamento de Seguridad de la Patria ni siquiera
presentó evidencia para desenmascarar a este testigo que pretendía ser un
experto desinteresado. Abunda la evidencia de que Chaffardet está parcializado a
favor de su amigo, socio y cliente, pero los abogados del Servicio de
Inmigración jamás se la mostraron al juez. La única "prueba" de que Posada sería
torturado en Venezuela la proporcionó el testimonio contaminado de un testigo
que estaba tan obviamente parcializado, Joaquín Chaffardet, que hasta un niño
habría podido demostrarlo. Fue esta una transparente violación de la fiscalía
del Servicio de Inmigración para ayudar a Posada.
La táctica de la fiscalía funcionó. El Juez de Inmigración William Abbott
acreditó el testimonio de Chaffardet como creíble y determinó que, a raíz de ese
testimonio, había una "clara probabilidad" de que Posada sería torturado si era
deportado a Venezuela. Emitió una orden de deportación contra Posada, pero con
la advertencia que no podía ser expulsado a Cuba o a Venezuela donde pudiera ser
torturado. De esa manera cínica el torturador, Luis Posada Carriles, recibió el
amparo de la Convención contra la Tortura.
Posteriormente, el Servicio de Inmigración declinó apelar la decisión del Juez
Abbott y anunció que abría una búsqueda para encontrar un tercer país que lo
acogiera.
Unos meses antes, el Departamento de Seguridad de la Patria había apelado la
decisión de un Juez de Inmigración en Miami de otorgarles el amparo de la
Convención contra la Tortura a dos oficiales venezolanos, acusados en Caracas de
hacer estallar explosivos ante el consulado colombiano y la embajada española.
En aquella apelación, el mismo abogado del Servicio de Inmigración que litigó el
caso de Posada, argumentó que no existía evidencia de que en Venezuela se
torturara a los presos. Ahora, en el caso de Posada, el Departamento de
Seguridad de la Patria asumió una posición totalmente distinta. ¿Por qué? Saque
la cuenta usted.
LA PAPA CALIENTE SIGUE EN LA MANOS DE EEUU
Ya han pasado más de seis meses desde que se tomara la decisión de inmigración.
Como se han negado hasta ahora a ejecutar la orden de extradición en el Caso
Posada (que Venezuela ha solicitado en numerosas ocasiones), el gobierno de
Estados Unidos tendría que ponerlo en libertad o declararlo un peligro para la
comunidad.
En una carta enviada a Luis Posada Carriles, con fecha del 22 de marzo de 2006,
se le comunica que la Agencia de Inmigración Departamento de Seguridad de la
Patria decidió mantenerlo detenido "por ahora", y explica las razones.
La carta dice que Posada tiene un "largo historial de actividades delictivas y
violencia donde murieron civiles inocentes". Su liberación de la detención, le
dice Inmigración a Posada, "representaría un peligro tanto para la comunidad
como para la seguridad nacional de los Estados Unidos".
Para apoyar su decisión interina de mantenerlo detenido, el Servicio de
Inmigración cita la solicitud de extradición pendiente de Venezuela contra
Posada y el hecho de que Posada se escapó de una prisión venezolana, cuando aún
tenía pendiente un juicio por el sabotaje del avión de pasajeros en 1976. "Su
pasado también incluye la fuga de una prisión venezolana, la cual se logró
después de varios intentos en que se emplearon amenazas de fuerza, explosivos y
subterfugios", informa Inmigración en la carta al reo.
La carta luego cita las propias declaraciones de Posada que lo vinculan a la
"planificación y coordinación de una serie de atentados terroristas en hoteles y
restaurantes ocurridos en Cuba… en 1997". Estos sabotajes trajeron como
consecuencia el asesinato de un turista italiano y heridas a varios otros. El
Servicio de Inmigración también menciona la condena que recibió Posada en Panamá
por "delitos contra la Seguridad Nacional", refiriéndose explícitamente a su
intento de asesinar al Presidente cubano Fidel Castro en el 2000 con explosivos
C-4, mientras el mandatario se reuniera con centenares de estudiantes.
De modo que ¡al fin el gobierno de Estados Unidos reconoce que Posada es malo!
Sin decir la palabra que han tratado de esquivar desde el principio, el Servicio
de Inmigración lo describe como un terrorista.
Son sus propias leyes las que obligaron a los Estados Unidos a admitir que
Posada es un terrorista. Aunque está claro que Washington no desea extraditarlo
a Venezuela, no le es prudente liberarlo. El único modo de mantenerlo detenido
sin una solicitud de extradición es que el gobierno dictamine que él es un
peligro para la comunidad.
El caso de extradición no ha desaparecido. Está ahí, aún muy vigente. A menos
que Posada sufra un infarto y muera en prisión, llegará el momento en que la ley
obligue al gobierno de Estados Unidos a que dé curso a la solicitud del gobierno
venezolano. Muchas personas piensan que el fallo del Juez Abbott, cuando decidió
que Posada no fuera deportado a Venezuela, se refería a la solicitud de
extradición de Venezuela. No es así. Los fallos de extradición prevalecen sobre
las decisiones de inmigración.
Además, aun si la Secretaria de Estado, Rice, decidiera a su discreción no
extraditar a Posada, los tratados y convenciones firmados por el gobierno de
Estados Unidos en el pasado obligan a este país a enjuiciarlo por el sabotaje
del avión en los Estados Unidos: irónicamente un país donde sí existe amplia
evidencia que se torturan a los presos.
EEUU ESTÁ OBLIGADO A CUMPLIR LA CONVENCIÓN DE MONTREAL
Repasemos lo que establece la Convención de Montreal sobre la Aviación Civil, en
su Artículo 7:
El Estado Contratante en el territorio donde se encuentre al presunto
delincuente, si no lo extradita, está obligado, sin excepción de ninguna clase y
aunque el delito haya sido cometido o no en su territorio, a presentar el caso a
sus autoridades competentes a los fines de que sea procesado. Esas autoridades
tomarán su decisión de la misma manera que en el caso de cualquier delito
ordinario de índole grave, a tenor de las leyes de ese Estado.
El Artículo 7 de la Convención de Montreal no le permite discreción a los
Estados Unidos para simplemente declinar la extradición de Posada. Tiene que
extraditarlo o enjuiciarlo en los Estados Unidos por los 73 cargos de asesinato
de primer grado en relación con el sabotaje del avión civil. Deportarlo a un
tercer país no es una opción, ni tampoco lo es dejarlo en libertad en la
comunidad. Si no lo extradita, los Estados Unidos lo tienen que enjuiciar dentro
de su propio territorio.
La historia del CU-455 reclama a gritos que el pueblo estadounidense la escuche.
Si supiera la verdadera historia de cómo esas 73 personas fueron asesinadas a
sangre fría por terroristas a quienes el gobierno de Estados Unidos prefiere
proteger en vez de enjuiciar, el pueblo no permitiría la impunidad.
Pocas personas en este país saben que Orlando Bosch fue liberado de la custodia
de inmigración por el Presidente George Bush (padre) en 1990, y que él
actualmente se sienta en el estrado cuando el Presidente Bush (hijo) pronuncia
discursos en Miami. El abogado de Bosch, quien resulta ser el nieto del dictador
Fulgencio Batista, fue nombrado hace cuatro años por Jeb Bush al frente del
Tribunal Supremo de la Florida.
La suerte de los Cinco Cubanos está en las manos de 12 jueces, pero los jueces
deberían estar bajo el escrutinio de la opinión pública. A pesar de sus mejores
esfuerzos, los estadounidenses todavía no saben quiénes son los Cinco, ni por
qué fueron a Miami. Es importante que ustedes cuenten la historia de los Cinco:
para que se sepa la razón por la que están presos estos hombres sacrificados y
valientes: que se sepa que los Estados Unidos enjuician y condenan a los
antiterroristas y, sin embargo, albergan y protegen a terroristas.
Está en manos del pueblo estadounidense detener la impunidad y depende de
ustedes garantizar que el pueblo estadounidense sepa la verdad sobre estos casos
y este gobierno. Depende de ustedes que la verdad sobre Cuba y sobre Venezuela
le llegue a los oídos y a la conciencia del pueblo estadounidense.
El gobierno estadounidense dirige una guerra hipócrita contra el terrorismo,
mientras que abriga y recompensa a los terroristas de su preferencia. Washington
le lee la cartilla a los demás sobre la defensa de los derechos humanos. Sin
embargo, bloquea a Cuba y utiliza el hambre como un instrumento de su política
exterior para tratar de rendir por hambre a 11 millones de personas.
No podemos quedarnos tranquilos mientras el gobierno de Estados Unidos bloquea e
invade países que jamás lo han atacado; mientras tortura a sus prisioneros y les
toma fotografías como si las víctimas fueran curiosidades y no seres humanos;
mientras les espía a los estadounidenses sin orden judicial y pisotean los
derechos civiles de sus ciudadanos con una ley cuyos autores osaron titular
"Patriótica".
En 2002, Washington ayudó a organizar un fracasado golpe de Estado contra el
gobierno elegido democráticamente en Venezuela, con vistas a instalar a un
típico gobierno títere en Caracas. Gracias al pueblo venezolano, el golpe de
Estado fracasó y el Presidente Chávez fue restaurado en el cargo.
El bloqueo contra Cuba no funcionó, ni tampoco funcionó el golpe de Estado en
Venezuela. Cuba y Venezuela son ahora más fuertes que nunca.
Las políticas internas y externas del gobierno de Bush han despertado por todo
este continente a un gigante que estaba somnoliento y silencioso. Y sí: América
es un continente y no dos, como algunos libros de texto estadounidenses
quisieran hacernos creer.
Estamos en medio de un nuevo movimiento social que está sacudiendo al Hemisferio
desde el mismo centro. En el 30 aniversario del año más sangriento de la
Operación Cóndor, presenciamos que los pueblos latinoamericanos rescatan a sus
países de las garras del terror. Argentina, Uruguay, Venezuela, Brasil, Chile y
Bolivia tienen gobiernos que responden a las necesidades de sus propios pueblos,
y no a los intereses de las corporaciones estadounidenses. Otros países en breve
los seguirán. Este es un año de elecciones en América. Los pueblos de América
Latina están retomando las riendas de sus gobiernos.
Ya es hora de que el pueblo de los Estados Unidos haga lo mismo.
*José Pertierra es abogado que ejerce en Washington, D.C. Él representa al
gobierno venezolano en el caso de extradición de Luis Posada Carriles.