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Detalles pocos conocidos de la autodefensa jurídica de Fidel
Castro
Como se Gestó la Historia de "La Historia me Absolverá"
Primera plana
La segunda edición chilena de "La Historia me absolverá", el célebre alegato
de autodefensa de Fidel Castro, será presentada este jueves, a las 18:30 horas,
en la sala del piso 8 del Círculo de Periodistas de Santiago, Amunátegui 31.
En el acto, destinado a resaltar la vigencia del célebre cara a cara con los
tribunales de Fulgencio Batista del líder cubano, intervendrán María Verónica
Martínez, Presidenta del Círculo; el ex dirigente secundario, o "pingüino",
Carlos Arias Rodríguez, hoy profesor de castellano de 23 años; el embajador de
Cuba, Giraldo Mazola; y el editor, Ernesto Carmona.
"’La Historia me absolverá’ es la defensa de Fidel Castro ante los jueces de la
dictadura que examinaron su responsabilidad en el asalto al Cuartel Moncada,
después que un grupo de jóvenes quiso terminar con la tiranía de Fulgencio
Batista, el 26 de julio de 1953", explica Carmona, quien recuerda que
"constituido casi en secreto en una sala del Hospital Civil de Santiago de Cuba,
lejos del público y de la prensa, el tribunal pretendió condenar al abogado de
entonces 27 años a 26 años de prisión".
Pero hoy la pieza oratoria también es una clase magistral de historia política -
cubana e internacional -, "un alegato jurídico en favor del derecho a la
"subversión", es decir, a un mundo mejor para los pobres, pero lo más
extraordinario es que se trata de un programa político que en 1953 era válido
para toda América Latina y hoy, a más de medio siglo, continúa plenamente
vigente para todos los países…excepto Cuba, que lo hizo realidad", afirma
Carmona.
Por ejemplo este párrafo de Fidel Castro, pronunciado en 1953, resume un
programa de gobierno de gran validez para cualquier país latinoamericano del
2007: "El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el
problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación
y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya
solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la
conquista de las libertades públicas y la democracia política".
"La Historia me absolverá" se conoció como libro en Chile en 1964, a más de una
década de los acontecimientos en "tiempo real", casualmente por iniciativa de
los mismos editores. Apareció con prólogos del sabio Alejandro Lipschutz y del
político Clodomiro Almeyda, o sea, de un comunista y un socialista, entonces los
"partidos eje" del Frente de Acción Popular (FRAP), el paradigma progresista de
la época. La alianza socialista-comunista que impulsó al FRAP apoyó en 1964 la
tercera postulación a la Presidencia de la República del Dr. Salvador Allende.
Y Carmona plantea: ¿Cómo pudo Fidel Castro preparar su exposición de "La
Historia me absolverá" estando en absoluta incomunicación y sin posibilidad
alguna de consultar fuentes ni libros? Su prodigiosa memoria ayudó bastante,
porque en su autodefensa abundan las citas de muchas fechas históricas antiguas
y, por supuesto, muchísimas recientes para aquella época, como el 4 de
septiembre de 1933, en que asumió la presidencia el profesor de fisiología Ramón
Grau San Martín, tras la caída en agosto del dictador Gerardo Machado, o el
golpe del 10 de marzo de 1952, cuando Fulgencio Batista derribó al corrupto
gobierno de Carlos Prío Socarrás para impedir unas elecciones que dio por
perdidas y establecer otro gobierno corrupto de facto, a cuyos colaboradores
Fidel llamó jocosamente los "marzistas", de marzo, porque desde el 10 de marzo
de 1952 ya se habían convertido en gente rica para la fecha del Asalto al
Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, a poco más de un año de la
entronización del dictador. ¡Qué parecido increíble con otras situaciones,
pasadas y actuales, de América Latina, incluido el insólito Chile! ¡Cómo en
nuestro continente se repiten ciertas fechas y situaciones, en aparente
coincidencia! Ricardo Rojas Ross Morrey, un periodista chileno ya fallecido,
solía burlarse de ciertos presuntos seguidores de Carlos Marx asegurando que más
bien eran "marzistas" -término que en la fonética local suena igual que
"marxista"- porque talvez habrían nacido en marzo, el mes preferido en Chile
para los cambios de gobierno y el inicio de los períodos parlamentarios. Ergo,
el poder legislativo chileno está plagado de "marzistas".
Con los años fueron apareciendo algunas claves sobre el trabajo intelectual de
Fidel en la preparación de su discurso del 16 de octubre de 1953 ante los jueces
constituidos en tribunal en un una sala de hospital, sin público, sin prensa, ni
cámaras de TV. En su extensa conversación autobiográfica con Ignacio Ramonet,
publicada en España y en Cuba en 2006 ("Cien horas con Fidel"), el dirigente
cubano dice que si el asalto al Cuartel Moncada hubiera sido exitoso, a
continuación habrían tomado el control de una radioemisora y en esa misma
jornada se habría transmitido por radio el virtual programa de gobierno que
contienen las 90 páginas del texto de "La Historia me absolverá".
En la página 155 de la edición española de la "biografía hablada" de Fidel
Castro, Ramonet pregunta:
"Cuando ustedes se lanzan al asalto del cuartel Moncada, ¿están pensando en el
tipo de régimen que van a instaurar si triunfan? ¿Piensan ustedes en la URSS,
por ejemplo?"
Y Fidel Castro responde: "Nosotros ni pensábamos en la URSS ni nada de eso, eso
vino después. Lo que creíamos era que la soberanía existía, era un derecho real
y respetado después de dos guerras de independencia que costaron cincuenta mil
muertos. Creíamos eso, y creíamos que se respetaría nuestro derecho de hacer una
revolución que no era todavía socialista, pero antesala de una revolución
socialista. Para entenderlo hay que leer la defensa, el folleto conocido por 'La
Historia me absolverá'; ahí están los elementos de la antesala de un régimen
socialista, que no tenía que venir después, ni de inmediato, ni mucho menos;
pero ya eran nuestras ideas".
También existen otros aportes. Por ejemplo, el del periodista uruguayo Jorge
Ricardo Masetti, quien en 1960 se convertiría en el fundador de la agencia
informativa cubana Prensa Latina y terminó sus días como desaparecido en 1964,
en la fallida guerrilla de Salta, Argentina. Masetti cuenta que en 1958 quería
saber si a los combatientes de la Sierra Maestra los financiaba Washington o
Moscú. Y para averiguarlo obtuvo que Radio El Mundo lo enviara a Cuba y
consiguió llegar en dos oportunidades hasta el cuartel general de la lucha
armada para conversar con los mismísimos jefes de la subversión, Fidel Castro y
Ernesto Ché Guevara. Los entrevistó en dos oportunidades, porque estando ya en
La Habana con un pie en el avión que lo llevaría de regreso a Buenos Aires, se
percató de que sus entrevistas se habían oído por otras radios de la
"competencia" pero las cintas se habían extraviado y jamás se difundirían por
Radio El Mundo. En una época en que la grabadora más "portátil" pesaba unos
cuantos kilogramos y además, era un aparato carísimo, Masetti tuvo que volver a
subir a la Sierra Maestra para hacer las entrevistas de nuevo.
Según su libro "Los que luchan y los que lloran: el Fidel Castro que yo vi",
publicado en octubre de 1958 por Editorial Freland, Buenos Aires, el futuro
fundador de Prensa Latina le dice a Fidel Castro, su entrevistado por segunda
vez en la Sierra Maestra:
Quisiera hacerle una pregunta, fuera del reportaje.
Sí...
He leído en La Habana la verdad completa de su autodefensa. ¿Es la versión
taquigráfica de los jueces o una reconstrucción más o menos aproximada?
El periodista uruguayo se refería a su lectura reciente de "La Historia me
absolverá".
La respuesta de Fidel Castro:
Cuando fui encerrado en Isla de Pino, me dediqué a reconstruir en la forma más
textual que me fue posible, la improvisación que pronuncié ante el tribunal.
Como no me dejaban escribir más que cartas a mis familiares, y éstas eran
censuradas, me convertí en el pariente más cariñoso del mundo. Dirigí cartas
hasta a mi difunta bisabuela... porque detrás de la carilla escrita con tinta,
escribía con limón el texto de la autodefensa. Sólo podía hacerlo durante una
hora por día, porque ése era el lapso en que el sol penetraba por la ventana y
me permitía ver más o menos lo que estaba escribiendo. Por supuesto que un
escrito del volumen que me proponía no podía realizarlo sólo en las cartas, así
que también escribía en trozos de papel, que luego envolvía y arrojaba por la
ventana de la celda, al pabellón en donde estaban Ramiro Valdez y los demás
compañeros. Así, una a una, fueron saliendo todas las páginas de la autodefensa,
lo mismo que manifiestos y planteos al gobierno. Hubo una época en que estaban
desconcertados y me vigilaban constantemente, pero ni bien se descuidaban media
hora, era media hora que dedicaba a confeccionar más cartas y proclamas...
¿Y no tomaron represalias?
Por supuesto. Como no se atrevían a golpearme, porque sabían que los ojos del
país estaban puestos en los revolucionarios en Isla de Pino, me sometieron a
cuanto daño podían concebir. Me quitaron el bombillo de luz, para no permitirme
leer y se negaron a reparar el vidrio de la ventana por el que se colaba la
lluvia sobre el camastro. Y cuando no llovía, los famosos mosquitos de Isla de
Pinos no me dejaban tranquilo de día ni de noche. Hubo una temporada en que con
varios fósforos hacía una mecha y la empapaba en grasa o aceite. Mientras duraba
el olor y el humo, los mosquitos se alejaban, pero cada media o tres cuartos de
hora, tenía que volver a confeccionar la mecha y a quemar grasa. ¡Qué crueldad
absurda y pequeña! No les bastaba haberme condenado a 26 años de cárcel y
tenerme bien seguro. Ellos querían los 26 años de cárcel y además, los
mosquitos.
Fuente: lafogata.org