![]() |
Pese al bloqueo de EE UU y a la enfermedad de Fidel, Cuba con ganas de festejar
Los pronosticadores estadounidenses de catástrofes en Cuba son incorregibles. Se ha perdido la cuenta de cuántas veces aseguraron que el socialismo caribeño se venía abajo a plazo fijo, sin éxito, y sin embargo siguen con sus vaticinios. A contramano de eso Cuba cumplió 48 años.
Emilio Marín
De los 43 presidentes que ha tenido Estados Unidos, al menos 10 se la pasaron
hostigando a Cuba con la esperanza de arrojar al mar lo que consideraban un
injerto artificial del comunismo en el hemisferio occidental (y cristiano). El
actual ocupante de la Casa Blanca figura en ese listado como uno de los más
fanáticos, habiendo creado una Comisión de Ayuda a la Transición en Cuba,
presidida por Caleb McCarry, con un presupuesto de 82 millones de dólares para
financiar las actividades de desestabilización contra la isla. En su segunda
versión, de julio de 2006, cuenta con un anexo secreto que obviamente no previó
actividades legales ni pacíficas para forzar un cambio de régimen político en La
Habana.
Ese bloqueo norteamericano es el más prolongado y desproporcionado de la
historia, y ha causado perjuicios económicos directos por 76.000 millones de
dólares. Sobre este tema la superpotencia sólo sabe gruñir, morder y sangrar al
pueblo vecino, incluso en temas que no tienen significación estratégica.
Por caso, en 2006, el Departamento del Tesoro autorizó a la licorera Bacardí, de
la gusanería de Miami, a comercializar un ron "Havana Club" producido en Puerto
Rico. De ese modo violaba la ley y trataba de perjudicar a Cuba, legítima dueña
de esa marca de licor. Es apenas un ejemplo, de los muchísimos que hay, de que
el odio de las autoridades estadounidenses contra todo lo que huela a cubano
auténtico, no tiene remedio. Mucho más grave que esa piratería de marcas
comerciales es la prohibición de comprar alimentos o medicinas en un mercado a
90 millas.
Esa política ilegal de bloqueo ha puesto a todo el mundo del lado de la mayor de
las Antillas. En noviembre último, cuando la representación cubana ante la ONU
puso a consideración de la asamblea general la moción, 183 países sufragaron
contra el bloqueo. Del lado de EE UU sólo se levantaron las manos de los
representantes de Israel, islas Marshall y Palau. El aislamiento político de
George Bush -representado en ese ámbito por John Bolton- fue absoluto.
Antes de esa votación en Nueva York, el gobierno de Fidel Castro había obtenido
sendas victorias contra el bloqueo en las resoluciones de la XXX Cumbre del
Mercosur, en julio, en Córdoba; y la XIV Cumbre del Movimiento de Países No
Alineados, celebrada en setiembre en La Habana.
A la vanguardia Los cubanos no lo dicen por una cuestión de modestia y para no
irritar a otros gobiernos latinoamericanos. Pero la verdad es que en varios
rubros, al cabo de cuarenta y ocho años de revolución -socialista desde abril de
1961, tras la victoria de Playa Girón- se han ubicado en un puesto de avanzada.
Cuba tiene el menor registro de mortalidad infantil, con una tasa de 5,8 por
cada mil nacidos vivos.
Su gente disfruta de un sistema de salud gratuito, tanto en la atención primaria
como en servicios de alta tecnología.
Ambos logros pueden ser contrastados con la situación de Latinoamérica donde la
salud es un bien escaso y para gente de plata, con hospitales públicos en
crisis, profesionales mal pagos y presupuestos insuficientes. En la región, las
enfermedades sirven para el lucro de ciertos profesionales, la medicina privada
y los grandes laboratorios, por lo general extranjeros.
La preocupación del Estado cubano por los once millones de habitantes, y sobre
todo de sus niños, es esencial. En enero de 1998, cuando el Papa Juan Pablo II
llegó en demorada visita a La Habana, un cartel ubicado en el aeropuerto rezaba:
"Esta noche millones de niños dormirán en las calles.
Ninguno de ellos es cubano".
La derrota que vienen sufriendo los gobernantes norteamericanos en sus planes de
volver atrás la rueda de la Historia en el Caribe tiene mucho que ver con los
planes de Fidel Castro de convertir a su pequeño país en una potencia biomédica
y a su pueblo en dotado de una vasta cultura.
Los datos están a la vista. En 2006 la biotecnología aumentó 90 por ciento sus
exportaciones, surtiendo a cincuenta países. Así se ganan no sólo mercados y
divisas tan necesarias sino también el reconocimiento de los pueblos del mundo.
Estos sacan rápidamente la conclusión de que Fidel Castro exporta vacunas y Bush
misiles.
Desde el triunfo de la revolución hasta el presente, el país graduó a 800.000
profesionales y hoy cuenta con una matrícula de 600.000 alumnos en sus 65
facultades y centros de educación superior. Quiere decir que más de uno de cada
diez cubanos es profesional o está estudiando para serlo. En esa cantidad está
la calidad, confirmando una de las leyes de la dialéctica, pese a la furia del
texano de la Casa Blanca que sólo sabe contar portaaviones o dólares.
Si el imperio no pudo doblegar a su buen vecino en los 90, cuando su producto
bruto interno había caído el 35 por ciento, menos va a poder lograrlo ahora. Es
que la economía isleña vino remontando y a partir de 2004 pegó saltos
importantes. El año que concluyó este domingo tuvo un registro excepcional pues
la economía creció 12,5 por ciento, a la vanguardia de América Latina y el
Caribe. Detrás se ubicaron Venezuela con el 10 por ciento y Argentina con el
8,5.
El 22 de diciembre, cuando el parlamento debatía la ley de presupuesto 2007, el
diputado Osvaldo Martínez, de la Comisión de Asuntos Económicos, habló del bajo
desempleo. Dijo que el índice era de 1,9 por ciento, lo que técnicamente
equivalía a pleno empleo. En una región con 209 millones de pobres y 81 millones
de indigentes, ese esfuerzo de la isla para que cada quien tenga su trabajo,
merece una ovación.
Rectificando errores Aquellos logros económico-sociales tuvieron muchos factores
que los explican y entre ellos uno significativo fue la llamada "revolución
energética". El esfuerzo por producir más energía y hacer ahorro de la misma fue
inspirado por Fidel Castro, igual que programas de la "Batalla de Ideas" tales
como la Operación Milagro que hizo 400.000 operaciones gratuitas para recuperar
la vista de personas humildes en nuestro continente y el programa "Yo sí puedo"
de alfabetización.
El presidente cubano no solamente quería aliviar a la población de los
prolongados apagones de luz sino también propender a un esquema menos consumista
y más ecológico. También en esto hubo lauros. La ONG World Wil Fund, con sede en
Suiza, galardonó a Cuba como el único país del mundo que combina un alto
desarrollo humano con un esquema ambiental sostenible.
Rápidamente Fidel Castro invitó a Hugo Chávez a sumarse a ese plan de ahorro de
combustible reflexionando que si Cuba podía ahorrar unos millones de dólares,
Venezuela como potencia petrolera podía hacerlo por millones de millones.
Por supuesto que la revolución cubana no ha sido la panacea a todos los males de
su país y menos puede exportarse como medicina infalible para todos los dramas
del planeta. Cada uno tendrá que poner lo que hay que poner. Pero ha hecho un
aporte extraordinario en esa dirección, como una alternativa concreta a los
paradigmas del capitalismo y la dependencia.
El país reconoce que está en lucha contra la corrupción y la burocracia, un
embate que comenzó en noviembre de 2005 con el discurso del presidente en la
Universidad de La Habana. Allí admitió que la revolución podría caer por el peso
de los propios errores y desviaciones.
En la última sesión de 2006 de la Asamblea Nacional hubo una crítica profunda a
la agricultura por su "desempeño insatisfactorio, con descenso en la producción
de vaindas, hortalizas, frijoles, cítricos, maíz y otros productos" así como
deficiencias "en el orden subjetivo de la gestión, descenso de la productividad
del trabajo y también de las horas promedio trabajadas". ¿Será el único segmento
de la sociedad con ese tipo de problemas? Puede haber otros.
El otro asunto que ensombreció el festejo de los 48 años de liberación fue la
enfermedad del legendario líder, operado de intestinos y en una lenta
recuperación. Pero aún ante esta grave emergencia, el país mostró su
superioridad frente al imperio pues informó verazmente de la operación del
comandante en tanto en EE UU lo dieron por muerto varias veces.