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Cuba: crecimiento con equidad
Ángel Guerra
El crecimiento económico de 12.5 por ciento alcanzado por Cuba en 2006, el
más alto de América Latina y el Caribe, es toda una proeza si se ponderan las
adversas condiciones vencidas para lograrlo. Al desplomarse el "socialismo"
europeo la isla perdió sus mercados y fuentes de tecnología y financiamiento
externo, que la hundió en su mayor crisis económica del siglo XX. Paralelamente,
Estados Unidos recrudeció el bloqueo con las leyes Torricelli, Helms-Burton y
medidas adicionales de acoso instrumentadas por Bush II, bajo cuya
administración la persecución de las transacciones cubanas en el mundo alcanzó
el punto máximo. Como ejemplo, el cese de las operaciones con Cuba de dos bancos
suizos bajo presión estadunidense.
Ningún otro gobierno habría subsistido ante aquella tragedia humana. Pero el de
Cuba obtuvo de la población en consulta nacional el respaldo a la decisión de
resistir y a la estrategia para salir de la crisis. Mientras la ola neoliberal
se extendía globalmente, con ensañamiento en América Latina, el consenso en la
isla fue defender las conquistas sociales de la revolución. No se cerraron ni
una escuela ni un hospital ni se privatizó ningún bien público, aunque el país
se abrió al turismo y también a la inversión extranjera bajo estrictas reglas
que no lesionaban la soberanía nacional.
La crisis hizo colapsar gran parte de la industria, la agricultura y el
transporte. También afectó severamente la disciplina laboral y social, cuyos
efectos aún se hacen sentir y constituyen la traba mayor a la satisfacción plena
de las necesidades del pueblo y al desarrollo económico y social, como se
evidenció en las intervenciones de los funcionarios y diputados en la sesión de
la Asamblea Nacional de diciembre pasado. En lugar de solazarse en los avances,
el debate se centró en las deficiencias subsistentes.
La estrategia adoptada por el gobierno cubano permitió detener la caída del
producto en 1994 e iniciar una discreta pero sostenida recuperación, acelerada a
partir de 2004, al introducirse un viraje con la adopción de la Cuenta Unica de
Divisas, la recentralización de las decisiones sobre su uso, el control de
cambio, la eliminación del dólar de la circulación y su devaluación y el
fortalecimiento del peso cubano, que ha permitido un incremento de las
inversiones estatales del 68 por ciento en los dos últimos años. En 2006 fueron
destinados casi mil millones de dólares a mejorar la alimentación, se
construyeron 110 000 viviendas e inauguraron más de 650 obras para la educación
y la salud. La producción doméstica aportó casi la mitad del combustible
utilizado y se realizaron importantes inversiones en el uso del gas acompañante
del petróleo para consumo residencial y generación de energía así como en el
remozamiento del transporte de carga. Avanzó notablemente el reequipamiento del
sistema de generación eléctrica y se distribuyeron más de 29 millones de
electrodomésticos ahorradores como parte de la Revolución Energética. La
industria biotecnológica aumentó sus exportaciones en un 90 por ciento.
Contrasta con otros países, que el crecimiento ha tenido un favorable correlato
social. Cuba, según datos de la ONU, posee una escolaridad de 99 por ciento en
primaria y secundaria, la más baja tasa de desnutrición y mortalidad infantil y
el mayor rendimiento escolar en primaria de la región. Existen más de 600 000
estudiantes universitarios, el primer lugar mundial, como también en la relación
de médicos y maestros, respecto a la población. El gasto social es el más
elevado del hemisferio y a educación y salud destinará 22.6 por ciento del PIB
en 2007, cuatro veces por encima de la media regional. A la vez contribuye con
los servicios gratuitos de más de 30 mil trabajadores de la salud en 60 países y
en alianza con Venezuela ha devuelto la visión a más de 300 000 latinoamericanos
y caribeños mediante la Operación Milagro.
Crecieron la mayoría de las ramas económicas, pero la agricultura está lejos de
abastecer de alimentos suficientes a precios razonables a la población y es
indispensable revitalizar el transporte urbano.
Continuar el crecimiento depende de un sensible incremento de la disciplina
laboral y la disminución de los costos de producción, toda vez que el aumento
del salario medio supera al de la productividad. Ello exigirá una mayor
participación de los trabajadores y de todo el pueblo en las decisiones sobre la
economía de empresas y territorios, como reclamó el parlamento cubano.