Hay que ser militantes de la vida

Alina Perera Robbio

El comité de Base no tiene sentido si se concibe para el "papeleo o la muela". Ese espacio tiene que ser una escuela, la oportunidad para educar a la militancia en los mejores valores del ser humano. Cada Comité de Base debe convertirse en el vórtice que transforme, para bien, su realidad más inmediata.
Sin dudas ese concepto fue uno de los más recurrentes que afloraron de las numerosas reflexiones hechas este sábado durante el balance de la UJC en la Universidad de La Habana.
La reunión, que se inició con un canto de paz y amor en los complejos momentos que vive el mundo, fue excelente y útil. Los estudiantes de la Casa de Altos Estudios aportaron diversos matices e inquietudes al tema central que sirvió de punto de partida para la reflexión:
¿Cómo la UJC en la Universidad de La Habana ha venido desempeñando la responsabilidad que le corresponde en la formación del graduado universitario que necesita la Revolución en estos tiempos?
Los jóvenes hablaron de la necesidad de fortalecer y defender en cada aula universitaria, el compromiso apasionado y profundo con la obra de la Revolución; del mismo modo que abogaron porque la unidad dentro de las filas de la organización política se convierta en una premisa para el éxito de cualquier tarea.
Idea que motivó más de una intervención fue la que alude a la necesidad de que los militantes comunistas ejerzan la crítica. Pero no en son de cuestionar ciegamente algo que se desconoce, sino en la voluntad de rectificar una realidad en la que se tiene un rol protagónico y en la cual se ha adquirido la potestad de cambiar lo que no sirve.

Se resaltó, además, la importancia de cultivar conocimientos al tiempo de sembrar cualidades humanas. "Hay que apostar —dijo un estudiante— por la integralidad del Hombre, hay que medirlo por su capacidad profesional, y también por sus indicadores humanos."
Entre las inquietudes planteadas, estuvo la que apunta a quienes piensan más en la superación personal que en la suerte colectiva. Y entre las múltiples preguntas realizadas con clara intención de mirar hacia la realidad universitaria, salieron a la luz las que tienen que ver con la valentía que tanta falta hace para mejorar las cosas.
En tal sentido un joven decía: En la universidad, ¿cuántos somos valientes y nos buscamos problemas, cuántos criticamos lo que anda mal?, ¿cuántos le salimos al paso a los profesores que dan malas clases?, ¿cuántos queremos estar delante de los problemas y no detrás de ellos?
El primer secretario de la UJC en la capital, Enrique Gómez Cabezas, comentó hacia el final de la reunión, que "si queremos formar buenos militantes, no hay mejor escuela que la del análisis, la crítica, la exigencia. Nadie se forma con blandenguería.
"Cuando la gente mire atrás —añadió— es bueno que no recuerden su militancia en las filas de la UJC como un camino lleno de innumerables reuniones, sino como una etapa de formación, descubrimiento y crecimiento en lo humano."
Y resaltó algo que está en el trasfondo de todo análisis que se haga sobre la actitud de quienes tienen un carné: "No podemos ser militantes de reuniones. Hay que ser militantes de la vida."