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La conciencia de nuestra especie
por Fidel Castro
Hace apenas doce años, muchos en el mundo esperaban ver derrumbarse
el último Estado socialista de Occidente: Cuba. No ha pasado mucho tiempo
y hoy, en cambio, no pocos en el planeta esperamos ver cómo el mundo
capitalista desarrollado, con Estados Unidos al frente, sale del colosal y caótico
desorden económico en que está envuelto. Los que tanto hablaron
ayer del fin de la historia, podrían preguntarse si acaso esta profunda
crisis no significa el principio del fin del sistema político, económico
y social que representan.
Ser conscientes del desastre que padece tal sistema no significa, sin embargo,
ser obligadamente irreal, padecer exceso de optimismo o ver espejismos en medio
de lo que todavía es un árido desierto.
Los hombres que de alguna forma previeron un fragmento del futuro, como regla,
veían la desaparición de las tragedias de su época mucho
más cercana y próxima. Sin embargo, habría que ser verdaderamente
ciegos para no comprender que el orden mundial bárbaro y cruel que hoy
sufre la humanidad no podría prolongarse demasiado tiempo.
La historia ha demostrado que de las crisis profundas de cualquier sistema dominante
han surgido siempre nuevas épocas.
El siglo XXI no será como la recién concluida centuria. En ella
la población humana creció cuatro veces más de lo que había
crecido en cientos de miles de años, durante los cuales el hombre erraba
vagabundo por los bosques, arboledas, ríos y lagunas de la Tierra, buscando
el sustento en algunos de los oscuros rincones del planeta, hoy amenazados por
ataques preventivos y sorpresivos. ¡Hasta envidia podría uno sentir hoy
de aquellos nobles predecesores bárbaros!
Cuando Marx escribió El Manifiesto Comunista en 1848, parecía
que el límite casi único al manantial inagotable de riquezas que
haría posible la existencia de un régimen social verdaderamente
justo y digno de los seres humanos, era el sistema capitalista explotador y
despiadado nacido de la Revolución burguesa. Ni siquiera su genio maravilloso
fue capaz de imaginar cuánto daño traería todavía
el capitalismo a la humanidad.
Lenin descubre y analiza su fase imperialista.
Hoy, casi cien años después, la humanidad sufre los horrores de
su globalización neoliberal.
Con cada una de estas etapas con las que agota su existencia, han surgido nuevos
y enormes desafíos.
Hace apenas 30 años, muy pocas personas en el mundo mencionaban el medio
ambiente. Los conceptos o temas relacionados con la destrucción de los
bosques, la erosión y salinización de los suelos, los cambios
de clima, la capa de ozono en desaparición, enormes masas de hielo derritiéndose,
ciudades y naciones enteras condenadas a desaparecer fatalmente bajo el nivel
del mar, aire y aguas contaminados, mares sobreexplotados, parecían inventos
de científicos catastrofistas y no palpables realidades.
¿Qué sentido tiene para la inmensa mayoría de la humanidad los
avances espectaculares de la ciencia, los vuelos espaciales, la posible colonización
de Marte y cosas por el estilo? ¿Qué les prometen a los miles de millones
de seres humanos hambrientos, enfermos, analfabetos totales o funcionales que
pueblan el planeta?
¿Qué les dice la supuesta existencia de la Organización de Naciones
Unidas y la Asamblea General, cuando no existe más que un Consejo de
Seguridad en el que cinco países poseen derecho al veto, y la tiranía
real en todos los temas es de la superpotencia hegemónica y dominante?
¿Cómo explicarles los doscientos millones de niños que trabajan
para vivir, otros que son vendidos en los mercados del placer, o mueren por
millones cada año aun cuando pudieran ser salvados al costo de solo unos
centavos por cada niño?
¿De qué podemos sentirnos orgullosos?
¿A qué clase de humanidad pertenecemos?
Hágase conciencia de estas realidades. Trasmitamos el sencillo mensaje
de la verdad a los miles de millones de personas que de una u otra forma lo
viven y lo pueden percibir, y no habrá armas sofisticadas ni mecanismos
de engaños y mentiras capaces de aplastar la conciencia de nuestra especie.
Egoísmo, ambición, odio, envidia, rivalidades, los peores instintos
se siembran por doquier. De la educación, que es lo que convierte a los
recién nacidos en seres humanos, y de un mínimo de cultura política
a jóvenes y adultos que los haría capaces de comprender las realidades
del mundo, es de lo que más carece la inmensa mayoría del planeta.
Quizás, de todos los males creados por el capitalismo desarrollado, ninguno
sea tan funesto como los patrones de vida y hábitos consumistas, tan
irreales como inalcanzables, que la publicidad comercial inculca todos los días
del año y todas las horas del día a la población mundial,
al costo de un millón de millones de dólares cada año.
Invertida la mitad en crear valores y educar racionalmente a los pueblos, cambiaría
la faz del planeta.
No se educa a los seres humanos en un patrón de consumo y distribución
realista que incluya la infinita riqueza cultural y espiritual que, junto a
la alimentación, la vivienda y otros bienes materiales esenciales, efectivamente
pueden estar al alcance del hombre sin destruir la naturaleza. Se hace exactamente
todo lo contrario y esto constituye una enorme tragedia.
Cuba es un modesto ejemplo de lo que podría hacerse con un mínimo
de recursos.
Nuestra lucha actual adquiere especial relieve al vernos enfrentados a la hostilidad
y agresiones del gobierno que constituye la suma de poderes más abrumadora
que ha existido, y que carece sin embargo por completo de los valores éticos,
sociales y humanitarios que una especie en peligro como la nuestra requiere
para sobrevivir.
Veinte universidades norteamericanas han introducido cursos para explicar los
complejos enredos que se crean con la más reciente hazaña del
capitalismo neoliberal: el fraude contable. ¿Qué es el fraude contable?
Un robo descarado, una estafa criminal a decenas de millones de norteamericanos
que han comprado acciones de grandes empresas o han invertido en ellas cientos
de miles de millones de dólares, que afecta directamente a trabajadores
jubilados cuyos fondos fueron invertidos en esas aparentemente jugosas acciones.
El escándalo de los fraudes ha originado polémicas o imputaciones
directas o indirectas entre los líderes políticos de Estados Unidos.
El presidente Bush, en reciente discurso pronunciado en Alabama, insinuó
que la culpa recaía sobre el gobierno anterior de Estados Unidos. Dijo
que la economía de Estados Unidos está sufriendo la resaca que
ha provocado la borrachera económica de los años 90. Sin mencionar
al presidente Clinton, criticó esa cultura en la que el beneficio empresarial
sin límites era lo más importante en los mercados, sin que nadie
pensara en el mañana.
Los líderes demócratas, en consonancia con importantes órganos
de prensa, respondieron con duras críticas directas vinculando al actual
Presidente con las mismas prácticas que ahora "quiere limpiar". Mencionaron
el uso de una empresa al borde de la crisis, en la que Bush, conocedor de la
situación como ejecutivo, vendió sus acciones, que conservaban
todavía un elevado precio, por 848.560 dólares.
En adición a esto, el líder de la mayoría demócrata
del Senado pidió al organismo controlador de la Bolsa que haga pública
la información de los préstamos privilegiados, a baja tasa de
interés, recibidos por el Presidente cuando trabajaba como directivo
en la compañía Harken Energy.
Las imputaciones se incrementan mientras "millones de inversionistas y jubilados
han visto sus ahorros y pensiones reducidos en más de un millón
de millones de dólares", comenta un importante órgano de prensa.
Los efectos en las bolsas de Estados Unidos y Europa han sido desastrosos en
medio de la crisis del 2000, y se han hecho sentir fuertemente en la economía
mundial golpeando esperanzas de leves recuperaciones en el 2002.
Más del 50 por ciento de los consumidores norteamericanos poseen activos
en el mercado de valores, lo que puede afectar la recuperación económica.
El desempleo en Estados Unidos se eleva ya al 6 por ciento.
Cinco trimestres consecutivos se acumulaban a la baja en las ganancias de las
empresas. Desde marzo del 2000 hasta la fecha, los índices del valor
de las acciones de Dow Jones y Nasdaq, los más importantes de la Bolsa
neoyorkina, habían caído un 31,6 por ciento en el primero y 73,9
por ciento en el segundo. La Bolsa de Nueva York en las últimas dos semanas
había perdido 1,4 millón de millones de dólares.
El martes 23 de julio la Bolsa de Nueva York, con motivo del fraude contable
de la WorldCom, segunda empresa de comunicación mundial, se desplomó
de nuevo. El miércoles 24 cierra con una relativa alza. Y ayer, jueves
25 de julio, se anuncia que doce bancos de inversión están siendo
investigados por posibles relaciones con los fraudes contables. Nadie está
en condiciones de saber la sorpresa que le espera al día siguiente.
Se acusa a la actual administración de haber hecho resurgir con su política
económica el déficit fiscal, después de varios años
de elevados superávits.
La deuda pública se eleva a 6 millones de millones, lo que equivale a
66 mil dólares la deuda per cápita de cada norteamericano.
El déficit comercial continúa incrementándose. En el 2002
puede alcanzar los 500 mil millones de dólares.
Se reduce a menos de la mitad el financiamiento externo que reciben.
De igual modo se reduce en proporción similar la inversión externa.
El dólar se ha devaluado con relación al euro y al yen.
La tasa de interés se ha reducido al nivel más bajo en 40 años,
síntoma de incertidumbre e inseguridad.
Existen algunos índices económicos positivos que muy poco compensan
el conjunto de los abrumadores factores desfavorables señalados.
No he dicho una palabra de lo que está ocurriendo en América Latina,
en la que, por los datos que nuestro pueblo conoce, la situación económica
y social es aterradora y cada vez peor.
Dado el importante peso de la economía de Estados Unidos en la del resto
del mundo, incluida la de Cuba, que aparte del bloqueo recibe el daño
indirecto de la crisis económica internacional, las cifras no son halagüeñas
para nadie. El conjunto de problemas que se acumula en el mundo apunta objetivamente
al desastre de la globalización neoliberal y la insostenibilidad de semejante
orden económico.
Como Cuba es un país del Tercer Mundo, sufre también los bajos
precios del azúcar y el níquel. El crecimiento sostenido del turismo
durante diez años por encima del 15 por ciento anual, recibió
el golpe demoledor del ataque terrorista contra las Torres Gemelas, las afectaciones
de esa industria por la crisis económica mundial y los crecientes costos
de los seguros de vida y el combustible. Bloqueada, además, económicamente
por Estados Unidos hace más de 40 años, a pesar de ello, ahorrando
y administrando los recursos con eficiencia y honradez, no tienen lugar aquí
negocios turbios, saqueos de fondos públicos, lavado de dinero, tráfico
de drogas u otros hechos similares. No existen niños sin escuelas. No
andan descalzos ni pidiendo limosnas. Trece vacunas protegen su salud. El índice
de mortalidad infantil es de los más bajos del mundo. Todos reciben atención
médica inmediata y gratuita. Todos llegan al sexto grado y casi el ciento
por ciento al noveno grado. Todas las opciones de estudio están hoy a
su alcance. Mejoran sus alimentos. Crecen su cultura y su arte. Nuestros jóvenes
tienen asegurado estudio o empleo al arribar a los 16 años. El desempleo
no crece; disminuye: de 6 por ciento hace apenas dos años, terminaremos
con 3,5 por ciento a fines del 2002. Disminuye visiblemente la escasez de medicamentos.
Mejoran los servicios médicos y surgen otros nuevos. La población
recibe protección previa y ayuda inmediata en caso de desastres; los
daños se recuperan en tiempo récord. Cientos de miles de televisores
se suministran por año. Se restauran y construyen escuelas. Se introducen
en masa los medios audiovisuales y de computación en la educación
escolar y general. Nacen programas como el de la formación masiva de
trabajadores sociales, Universidad para Todos; maestros y profesores emergentes
que elevan el personal docente y reducen el número de alumnos por aula.
Los profesores de computación imparten esa materia desde la edad preescolar.
La enseñanza universitaria se multiplica y entre otras cosas ayudamos
en educación, salud y deportes, sin costo alguno, a otros países.
Son infinitas las ventajas sociales y humanas de nuestro sistema. Dejaremos
atrás en muchas esferas fundamentales de la vida a muchos países
industrializados, y a todos, en algunos campos como la educación y la
cultura, conocimientos científicos masivos y otras esferas. No todas
han sido enumeradas.
Existe unidad, cultura política, cohesión y fuerza. Nada podrá
siquiera mellar nuestro brillante porvenir. En la batalla de ideas nadie podrá
medir fuerzas con nuestro pueblo inteligente y cada vez más cultivado.
Fuimos capaces de resistir el bloqueo por más de 40 años, incluidos
once de período especial. Acabamos de librar una sólida lucha
popular contra las mentiras, la infamia, la subversión política
y el intento de imponer a nuestro pueblo la caprichosa voluntad de los amos
del imperio más poderoso que existió jamás. Lo hemos hecho
con tan impresionante fuerza y apoyo popular, que a nadie debía quedar
duda de que no habrá forma posible de batir nuestra invencible voluntad
de vencer o morir defendiendo nuestro socialismo como la sociedad más
justa, humana y digna que pueda concebirse. Y cada minuto que pasa, la mentira,
la ignorancia, la incultura, las amenazas, se estrellarán cada vez más
contra el invencible espíritu de nuestro pueblo.
Hace apenas tres días la mafia terrorista de Miami, creada, amamantada,
entrenada y apoyada por la administración de Estados Unidos, declaró
los millones que invierte en actividades injerencistas, desestabilizadoras y
terroristas contra nuestro pueblo. Una prueba más de cuán poco
serias son las declaraciones, las mentiras y las supuestas políticas
de una administración que promete combatir el terrorismo. Aunque solo
fuese por pudor político, el gobierno de Estados Unidos debiera dejar
de tolerar y apoyar al grupo extremista que tan ridículo papel le hizo
desempeñar aquel 20 de mayo, que solo condujo a una mayor unidad, al
fortalecimiento del espíritu revolucionario y la conciencia patriótica
que el pueblo cubano pudo mostrar al mundo.
El más pequeño municipio de Cuba posee más fuerza que toda
la canalla que se reunió con Bush en el centro "James L. Knight" en Miami.
Siempre he dicho -y no me arrepentiré nunca- que el pueblo norteamericano,
de naturaleza idealista, por sus valores éticos y sus tradiciones de
apego a la libertad, será uno de los mejores amigos del pueblo cubano
cuando conozca toda la verdad sobre la lucha honesta y heroica de Cuba. Lo demostró
de forma impresionante con su apoyo al regreso de Elián.
Hace apenas 72 horas la Cámara de Representantes tuvo también
un gesto importante cuando, a partir de diferentes criterios y puntos de vista,
frente a los chillidos y gritos histéricos del grupito mafioso de Miami,
hizo caso omiso a los argumentos de los partidarios del bloqueo y el genocidio
contra Cuba votando con decisión y valentía tres acuerdos que
ennoblecen a esa institución. No importa si los veta el ejecutivo como
ya lo anunció, ni importa si nuevos ardides y provocaciones se inventan
para anularlos.
Siempre estaremos reconocidos de ese gesto. Deseo expresar la gratitud de nuestro
pueblo tanto a los legisladores demócratas como a los republicanos que
actuaron ese día con inteligencia, criterio propio y firmeza. Siempre
estaremos al lado del pueblo norteamericano en su lucha por preservar la vida
y los intereses de compatriotas suyos que puedan ser víctimas inocentes
de criminales ataques terroristas.
Puedo asegurar, en esta fecha histórica para los cubanos, que deseamos
la amistad sincera, respetuosa y fraternal entre los pueblos de Cuba y de Estados
Unidos.
© Copyright. GRANMA. Cuba, 26 de julio de 2002.