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14 de junio del 2003
Ahora Iraq, mañana Cuba
V. Bubnov
Pravda
Traducido para Rebelión por Josafat Sánchez Comín
Fidel Castro: "…tenemos que conservar la calma y ser pacientes, porque a los imperialistas yanquis se les ha unido una banda mafiosa, desvergonzadamente servil con el gobierno nacional-fascista de los EE.UU…"
Estas palabras no hablan de los emigrantes asentados en Florida. Las pronunció el líder cubano para referirse a la Unión Europea, quien hasta no hace mucho mantenía una relación con La Habana mucho más distendida que los Estados Unidos. Todo cambió tras los sucesos de abril, cuando por orden de Castro fueron fusilados los secuestradores de una barca de recreo, con la que pretendían llegar a los EUA. Entonces fueron también arrestados varias decenas de disidentes, condenados posteriormente a largas penas de prisión. Después de esto le dieron la espalda a Castro no solo los países de la UE, sino también varios intelectuales de izquierda, que hasta la fecha defendían activamente al régimen cubano. A decir verdad no se puede decir que esto supusiese un duro revés para Fidel Castro. Más bien al contrario, se podría decir, que el líder cubano a sus 76 años, ha recibido un soplo de aire nuevo.
En el último mes y medio se han sucedido por toda la isla multitudinarios mítines y marchas de apoyo al gobierno. No es que antes no las hubiera. Pero ese ímpetu y ardor con el que interviene el mismo Fidel, nos llevan a recordar los años 60 del siglo pasado, cuando acababa de llegar al poder.
Hay no obstante, una diferencia. Si entonces las maldiciones dirigidas contra el imperialismo norteamericano, tenían, por así decir, un carácter ritual, ahora en Cuba hablan abiertamente de un inevitable enfrentamiento militar con los EUA. Aún más después de la finalización de la guerra en Iraq, los cubanos están prácticamente convencidos de que el próximo objetivo de Washington no va a ser ni Corea del Norte ni Irán, sino precisamente Cuba.
Los cubanos tienen fundamentos para llegar a esta conclusión. El presidente de los EUA George Bush, ha repetido en innumerables ocasiones que "en el continente americano no hay sitio para los dictadores". Y si en tiempos de Clinton daba la impresión de que Washington iba a esperar la marcha de la escena política de Fidel Castro, depositando sus esperanzas en que después de esto el régimen se iba a desmoronar por si solo, la actual administración americana no lleva intención de ser indulgente con La Habana. Todo esto significa que no cabe esperar otra cosa que un reforzamiento de la presión; política, ideológica, económica. Lo que de hecho ya se está dando. Los arrestos de disidentes y la represión contra los cubanos que intentan llegar a Florida, le dan a Washington la excusa perfecta para inmiscuirse en el desarrollo de los acontecimientos en la isla.
Tampoco podemos olvidar que el gobernador de Florida no es otro que Jeb Bush, quien no oculta los estrechos lazos que le unen con los representantes de los 2 millones que componen la diáspora cubana.
A nadie se le escapa que la diáspora ejerce una enorme influencia en todo lo que, de uno u otro modo, atañe a la isla. Y no solo Jeb Bush, sino cualquier otro gobernador, con aspiraciones en su carrera política, no se puede permitir el lujo de ignorar esta influencia. Otro tema es que no todos los gobernadores pueden alardear de tener un hermano presidente (que además le debe a él su victoria).
El odio de los inmigrantes al régimen de Castro también es de sobras conocido. No es ningún secreto, que la pasividad de la Administración Clinton respecto de Cuba, generó la furia en la colonia cubana de Miami. El actual presidente y su camarilla no pueden ser acusados de pasividad. De no haber sido por el 11-S y las operaciones posteriores de Afganistán e Iraq, sin duda ya se habrían ocupado antes de Cuba.
Ahora, por así decir, ha llegado la hora estelar de los emigrantes, que exigen la intervención militar en Cuba. Aunque por otro lado esto no significa obligatoriamente que la Casa Blanca vaya a satisfacer esas exigencias inmediatamente. Claro que ya puestos, organizar una "pequeña guerra victoriosa" en víspera de las elecciones sería más fácil en Cuba que no en Irán o Corea. Siendo además que la isla está apenas a 90 millas de sus bases militares… El derrocamiento de Castro contaría sin duda con la bendición de la opinión pública en los EE.UU. si pensamos que para muchos americanos Fidel es un dictador aún peor que el propio Saddam.
Esta claro que es aventurado afirmar que el ejercito estadounidense vaya a intervenir sin dilación en la isla. De momento se han sentado las bases para el inicio de una campaña propagandística, para derribar al "último dictador" del hemisferio occidental. No parece que esto inquiete demasiado al "dictador". La "guerra de nervios" puede durar todo lo que haga falta (con el permiso claro de la edad de Fidel, aunque los logros de la medicina cubana son mundialmente reconocidos). Así pues, está todavía por ver, que en esta "guerra" vaya a resultar vencedor el actual presidente americano.