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18 de junio del 2003
América Latina, Cuba y la democracia*
Maurice Lemoine**
Le Monde Diplomatique
Del 3 al 7 de abril, en La Habana, setenta y cinco disidentes fueron condenados a largísimas penas de prisión (hasta 28 años de prisión), después de jucios sumarios, "por haber violado la ley de protección de la independencia nacional y de la economía cubana". Unos días después, el 11 de abril, tres cubanos, armados de pistolas y de cuchillos, que habían secuestrado una lancha tomando rehenes, fueron ejecutados después de haber sido condenados a muerte (1). Los recursos de apelación ante la Corte Suprema y el Consejo de Estado fueron examinados "de manera superficial e inadecuada (2)". Cualquier persona que se sienta comprometida con los principios democráticos no pudo quedarse indiferente ante la severidad de las condenas pronunciadas contra los disidentes cubanos. Quien está en contra de la pena de muerte en París - y lo estamos - solo puede reprobarla cuando se aplica en La Habana.
Pero tampoco vamos a gritar con los lobos. Y sobretodo no con el Sr. Dean Fisk, subsecretario de Estado a los asuntos hémisféricos del departamento de Estado estadounidense, cuando declara: "esas ejecuciones revelan la naturaleza del regimen tiránico y los tribunales arbitrarios que caracterizan Cuba (3)". Los Estados Unidos se preparan a ejecutar el trecentésimo prisionero afro-americano (sobre 840 condenados a muerte) desde la reanudación de las ejecuciones capitales en 1977 (4). El 21 de enero del 2003, el gobierno mejicano presentó una denuncia ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya contra los Estados Unidos por la condena a muerte de 54 nacionales mejicanos: ninguno tuvo acceso a su consulado durante el jucio, derecho garantizado por la convención de Vienna de 1963.
Los Estados Unidos no son ajenos al reciente endurecimiento visto en Cuba, único país de América Latina que no han logrado poner bajo sus designios. En 1996 y 1997, la Isla fue víctima de varios atentados inspirados y preparados desde la Florida. Terrorismo? Cinco cubanos, arrestados el 12 de septiembre 1998, están presos en Estados Unidos por atentar contra la seguridad del Estado. Ellos habían infiltrado a las organizaciones "contrarrevolucionarias" cubanas de Miami con el fin de prevenir atentados contra su país. Cuatro de ellos fueron condenados a la cadena perpétua y se encuentran en prisiones de alta seguridad.
Desde 1996, Cuba sigue sometida a los rigores de la ley Helms- Burton: el 13 de noviembre 2002, por el onceavo año consecutivo, la Asemblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución sobre la necesidad de poner fin al embargo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba. En vano. Sin embargo, en diciembre del 2001, Washington acusó repentinamente a La Habana de poseer "un programa de desarollo de armas químicas y biológicas". Nadie ignora lo que quiere decir tal tipo de acusación. Y para quien tuviera todavía una duda, esa desaparece cuando el embajador estadounidense en República Dominicana, Sr. Hans Hertell, afirma que la guerra contra Irak es el comienzo de una "cruzado libertadora para que todos los países del mundo, incluído Cuba, pongan en práctica un sistema democrático".
El símbolo de este salto cualitativo en la agresión contra Cuba tiene un nombre: James Cason. Jefe de la Sección de Intereses Estadounidenses en La Habana (la representación oficial de Washington), multiplicó los actos de provocación desde su llegada. Asiduamente frecuentado por los disidentes condenados posteriormente (5), sus oficinas y su residencia privada se transformaron en el estado mayor y cuartel general de una oposición interna financiada por su país. Esa ingerencia, que se parece ante todo a una escalada más que a misión diplomática, llevó al ministro de Relaciones Exteriores, Sr. Felipe Pérez Roque, a denunciar "la obsesión de Estados Unidos de fabricar en Cuba una oposición, de fabricar en Cuba una quinta columna, de desarollar en Cuba la aparición y el fortalecimiento de grupos respondiendo a sus intereses, con una clara visión anexionista (6)". Eso explica el enérgico mensaje enviado tanto a la oposición interna como a la Casa Blanca. Que uno esté de acuerdo o no, esta decisión, tomada en conocimiento de su costo político, tiene una lógica que no se puede ignorar.
Por eso, La Habana fue condenada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (16 de abril), y por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (17 de abril). Los países de la Unión Europea redujeron sus contactos diplomáticos y sus intercambios bilaterales. Una campaña de reprobación "universal" y de manifestaciones mediatico-mundanas se ensañó contra Cuba.
Pero ¿quién ha escuchado a estos doctos censuradores condenar al gobierno argentino por las decenas de muertos que acompañaron el derrocamiento del regimen represivo e incompetente? ¿Poner en el banquillo de los acusados el gobierno boliviano, cuyo ejército mató a 33 personas e hirió centenares? ¿Quién se preocupó por la suerte de los 201 sindicalistas asesinados en Colombia (¡y precisamente no por las guerrillas!)? ¿Quién acusó al gobierno del presidente de Brasil, Sr Fernando Henrique Cardoso, porque siete años después del 17 de abril de 1996 los dos oficiales condenados por la masacre de Eldorado do Carajas (19 campesinos muertos y 69 heridos) están todavía en libertad?
Después de más de una década de democracia, de reformas liberales y de sostenimiento por parte del Fondo Monetario Internacional (en el sentido de una soga al cuello de una persona), los diagnósticos siguen siendo los mismos en América Latina: miseria, hambre, déficit en materia de educación y salud, concentración de la riqueza, distribución desigual de los recursos, violencia generalisada. El 43% de la población vive por debajo del nivel de pobreza - 117 millones de esas 224 millones de personas tienen menos de 20 años -, cuando existen los medios materiales, técnicos y humanos para eliminarla. ¿Habría que volver a decirlo? En estos países llamados "democráticos" - este tipo de "democracia" que se pretende imponer a Cuba por la fuerza -, la pobreza constituye la mayor violación a los derechos humanos.
El pensamiento neoliberal fue adopdato como referencia única por las élites dominantes, mientras un personal político de poco valor y sectores importantes de las clases medias han aceptado la subordinación de los Estados y de sus pueblos a la sola y mítica figura del mercado. ¿Pobreza? Entre 1997 y el 2000, América Latina y el Caribe transfirieron a título de pago de la deuda exterior 583 mil millones de dólares, además de 192 mil millones de intereses (7). No obstante, la deuda sigue creciendo, fantástico instrumento de despojo de los exedentes financieros del sub-continente. En la última decada, esta misma América Latina pasó de invertir 10 mil millones de dólares a 28 mil millones de dólares en gastos militares por año (8) (el gobierno de la Concertación Democrática, en Chile, se mostró el más generoso de toda la región con sus generales, quizás para agradecerles de el asesinato de Salvador Allende). Les gastos de seguridad privada alcanzan del 13% al 15% del producto interno bruto, un porcentaje superior al de los gastos en salud.
En ese sentido, uno se felicita de ver que un nuevo período se abre. La hora es de constestación. Hasta ahora, la resistencia se limitaba al terreno social, sin poder expresarse sobre el terreno político. La llegada al poder de gobiernos emanados de esas fuerzas sociales, en Venezuela , en Brasil, en Ecuador, a los cuales se añade el fortalecimiento de las fuerzas populares en Bolivia, permite a este potencial de encontrar un espacio en las instituciones y un relevo a nivel del poder de Estado (9).
Por lo tanto, sin jugar a los Cassandra, nada será regalado. Que un presidente - en este caso el venezolano Hugo Chávez - pretenda completar la democracia formal con una democracia "participativa", se ve inmediatamente satanizado bajo el vocablo de "populista". Por "populismo", se entiende toda corriente opuesta al neoliberalismo. Pero la palabra tiene un efecto sobre la opinión. En Brasil, donde el pueblo votó por el cambio, el presidente Luiz Inácio "Lula" da Silva tuvo que comprometerse a respetar los acuerdos firmados entre su predecesor y el FMI, asegurando el rembolso de la deuda exterior y la continuación del ajuste estructural. En estas condiciones, necesitará mucha voluntad y tacto para aumentar los gastos sociales, si es que puede aumentarlos.
Entre el 18 y el 28 de marzo pasado, centenares de paramilitares colombianos penetraron en Venezuela. Después de haber asesinado a nueve campesinos colombianos (refugiados) y venezolanos, quemaron tres escuelas y provocaron el exodo forzado de más de 1 500 personas en las zonas montañosas de los alrededores. Con sucesos tan semejantes uno no puede dejar de recordar la creación de las bases de "contras" que atacaron a la Nicaragua sandinista desde Honduras.
¿Democracia... Han dicho democracia?
* Artículo, a manera de "Conclusión", publicado en "Manière de voir", revista editada por Le Monde Diplomatique. Paris, junio-julio 2003.
** Maurice Lemoine es redactor en jefe adjunto en Le Monde Diplomatique.
(Traducción de Salim Lamrani)
Notas (1) En los días anteriores dos aviones habían sido desviados.
(2) "Reprise des exécutions. Une atteinte aux droits humains qu'on ne saurait justifier", Amnesty International, AMR 25/014/2003, Paris, 14 de abril 2003.
(3) El País, 12 de abril 2003
(4) "Inégalité devant la peine de mort. Il est temps de mettre un terme aux exécutions", Amnesty International, AMR 51/057/ 2003, 24 de abril 2003.
(5) Un gran número son periodostas independientes y promotores del proyecto Varela - una campaña que recojió 11 000 firmas para reclamar la democracia.
(6) Conferencia de prensa, La Habana, 9 de abril 2003.
(7) Martha Cecilia Ruiz, "Alca, deuda externa y militarización", Alai-Amlatina, Quito, 30 de octubre 2002.
(8) Cambio, Madrid, 20 de enero 2003.
(9) Leer Emir Sader, "Année cruciale pour la gauche latino-américaine", Le Monde Diplomatique, febrero 2003.