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28 de junio del 2003
Sobre la llamada telefónica a Fidel Castro
La decadencia de la disidencia
cubana
Luis Ortega
La fotografía apareció en el Miami Herald, el jueves. Se trata de dos locutores cubanos de una emisora de salsa que se llama El Zol. Los dos están muy divertidos porque acaban de llevar a cabo un acto heroico. Son dos jóvenes que, al parecer, no han llegado todavía a los treinta años. La razón por la que el Herald en inglés les publica la fotografía, con una información detallada, es porque los dos locutores acaban de hacer algo extraordinario. Han llamado por teléfono a las oficinas de Castro, en la Habana, haciéndose pasar por gentes Venezuela que estaban llamando porque el presidente Chávez quería hablar con Castro.
Aparentemente, según cuentan los dos héroes, el propio Castro les salió al teléfono y entonces aprovecharon para insultarlo. Este acto heroico de los dos jóvenes locutores ha provocado que en otras estaciones de radio, por ejemplo, en Radio Mambí, hayan comentado con entusiasmo la hazaña.
No es la primera vez que los locutores de Miami realizan empresas como ésta. Anda por ahí una mujer, una heroína cubana, que tiene un programa de radio, que también se dedicaba a llamar a Cuba para dar bromas .
Este episodio invita a la reflexión. En primer lugar, lo que se revela es lo fácil que es hablar con Castro desde Miami. Cualquiera puede llamar a La Habana y decir que habla de parte de alguien y enseguida Castro le sale al teléfono. Esto contradice la leyenda que han inventado en Miami de que Castro es invisible y que es muy difícil hablar con él. EL hombre, al parecer, como un hijo de vecino, le sale al teléfono a cualquiera que lo llame con cualquier pretexto.
Por otra parte, esto revela que lo que empezó hace 44 años como un drama en la isla de Cuba se ha convertido en un sainete. Es decir, que ya Miami con sus viejos exiliados, y también con los más jóvenes, se ha convertido en una ciudad cubana de relajo. Los jóvenes cubanos, como estos locutores, ya no piensan en infiltrarse en la isla para asesinar a Castro sino que se conforman con llamarlo por teléfono para hacerle burlas e insultarlo.
Mientras tanto, los dos ancianos de Radio Mambí, el llamado Pérez Roura y su patético socio llamado Tamargo, comentan con entusiasmo la acción heroica de los dos jóvenes que llamaron a Cuba para insultar a Castro.
¿Se quiere una demostración más ostensible de que todo esto que existe en Miami, después de 44 años de robos y escándalos, se ha convertido en una cosa farandulera ?
Después de 44 años lo que queda en Miami es un hatajo de viejos, muchos de ellos enriquecidos en la infamia, haciendo negocios y acumulando fortunas, simulando un patriotismo de mala muerte que siempre termina incitando a los americanos para que desembarquen en Cuba. Y mientras tanto, los jóvenes, como estos dos locutores, se dedican a la heroica tarea de darle bromas a Castro. En los primeros tiempos de este exilio, muchos jóvenes se disponían a desembarcar en Cuba y morir por una causa equivocada, pero, al menos, tenían el coraje de sacrificarse por lo que parecían ser creencias. Pero ya no hay exilio. Hay unos viejos que se dan ánimo unos a otros y se dedican a sus negocios, mientras los más jóvenes se divierten.
Allá en la isla infortunada hay un pueblo que lleva 44 años sufriendo el asedio de la potencia militar más grande de la historia. Aquí en Miami lo que hay son bandas de individuos simulando que están devorando el duro pan del exilio mientras engordan sus cuantas de banco. Los más jóvenes, al parecer, se dedican a comer lo que pica el pollo, como decía Chicharito.