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18 de junio del 2003
Cuba en la cuenta regresiva
Los terroristas y los
disidentes
Claudio Fabián Guevara
Rebelión
Las piezas empiezan a armarse. Con Colin Powell pidiendo en Chile ante la OEA "apurar la inevitable transición democrática en Cuba", y la Unión Europea sumada a la campaña, se vislumbra claramente que los planes bélicos de Washington para intervenir en Cuba están en marcha.
La reciente declaración de los 15 deja al descubierto que las estrategias para preparar el terreno pasan por el creciente aislamiento político del gobierno cubano, y la construcción artificial de una oposición "visible".
Para esto, los diplomáticos europeos han decidido "limitar las visitas gubernamentales bilaterales de alto nivel" y a la vez "invitar a los disidentes cubanos a las celebraciones nacionales".
Las medidas condenan al Gobierno cubano por el fusilamiento de tres terroristas y el proceso y encarcelamiento contra otros 70. La declaración europea, por supuesto, no usa este lenguaje, sino que en cambio habla de "miembros de la oposición cubana" y "periodistas independientes".
Todo este espectáculo no es más que parte de los preparativos para otra guerra de agresión imperial, cuya fecha de inicio, partidas presupuestarias y posibles "guiones" de justificación estarán siendo estudiados por los estrategas del Pentágono.
Sin embargo, con semejante griterío mediático, es lógico que muchos ciudadanos duden realmente sobre la justificación de la estrategia defensiva del gobierno de Fidel Castro, y sobre el verdadero carácter de los "disidentes". Ya se ha explicado largamente que el gobierno cubano juzgó a estos ciudadanos como parte de una conspiración imperial y por alta traición a la patria. Aún así, si quedan dudas sobre la justicia del procedimiento, un par de razonamientos evidencian el verdadero tenor de la campaña.
¿Disidentes o terroristas?
En primer lugar, la condena europea es de carácter político y totalmente arbitraria. La pena capital es repudiada crecientemente en todo el mundo, pero ¿ algún gobierno europeo se ha preocupado por las garantías de los 100 iraquíes muertos en el último ataque de los ocupantes angloamericanos contra un "campamento terrorista"? En un país donde oficialmente la guerra ha terminado, cien muertos a sangre y fuego en una acción donde el ejército actuante sufrió cero bajas, es más a un ajusticiamiento masivo que a una acción de combate. Fueron cien muertos sin proceso judicial. Algo infinitamente más grave que tres fusilamientos conforme al derecho cubano.
Hay más: Israel practica "asesinatos selectivos" contra los dirigentes palestinos acusándolos de terrorismo; Rusia es responsable de un sangriento genocidio en Chechenia, y respondió a una toma de rehenes el año pasado asesinando a cincuenta terroristas y a alrededor de cien rehenes; decenas de dictaduras latinoamericanas, y también algunas democracias, practicaron durante y años -y todavía sucede- una pena de muerte "ipso facto" vía las desapariciones ilegales y los escuadrones de la muerte; decenas de países en el mundo practican la pena de muerte abiertamente (incluido Estados Unidos, el líder en cantidad de ejecuciones), muchos de ellos por delitos menores... La lista de contrastes es interminable.
Por otra parte, las organizaciones "disidentes" pro-norteamericanas son, en realidad, terroristas. Nadie le puede negar a Cuba autoridad para defenderse del terrorismo, ya que es el territorio que ha sufrido más ataques en todo el mundo, financiados y organizados por el anticastrismo de Miami (prácticamente todas sus organizaciones están comprometidas en un amplio historial de hechos violentos), y con la cobertura política y jurídica de Estados Unidos.
El reciente proceso contra "Los Cinco" demuestra esto último: es el caso de cinco patriotas cubanos, residentes en los Estados Unidos, que trabajaban en tareas de inteligencia inflitrados en las organizaciones del exilio cubano. Su tarea consistía en detectar planes de acciones terroristas con el fin de neutralizarlas antes de ser concretadas. Este tipo de trabajo permitió, entre otros logros, evitar horribles atentados contra sitios turísticos (varios de ellos contra el Cabaret Tropicana), detener a terroristas que formaban parte de la red que colocó bombas en La Habana en la década del 90 (en uno de los cuales murió un turista italiano), y frustrar frustrar todas y cada una de las tentativas de asesinato contra Castro. El terrorismo debiera ser combatido mancomunadamente por todos los gobiernos, y el trabajo de los cinco agentes debiera ser reconocidos como un valioso aporte. Sin embargo, en este caso, el Estado norteamericano ha demostrado que su misión es darle cobertura a los grupos criminales. Los cinco agentes cubanos fueron detenidos hace cerca de 40 meses, acusados de "espionaje", y desde entonces viven sometidos a condiciones de reclusión extremas. La sentencia norteamericana contra de uno de ellos asume taxativamente que las organizaciones del exilio en que las que estaba infiltrado -la Fundación Cubano Norteamericana, entre ellas- son parte del "terrorismo" y del "crimen organizado" (ver apéndice más abajo).
Mentiras, pretextos y señuelos
La metodología es clara. Para su cruzada guerrarista planetaria, el Imperio construye señuelos, focos de atención internacional útiles a sus propósitos, con diferentes pretextos argumentativos: armas de destrucción masiva, opresión a ciudadanos opositores por gobiernos dictatoriales, amenazas nucleares, etcétera. Cualquier de estas acusaciones es fácil de construirse articialmente y convertirse en verosímil, aún con fundamentos falsos, o con mínimos elementos reales. (Ya vimos cómo, en el escenario público sobrecargado de información, en torno a Irak se filtró infinidad de información basada en mentiras y/o documentos falsificados). Sólo hace falta un puñado de pillos con capacidad diplomática para formular denuncias, un extenso andamiaje mediático para amplificarlas, y unas cuantas complicidades políticas. El resto viene solo, retroalimentado por la dinámica del debate público y los usuales alcahuetes reclutados a granel entre intelectuales y artistas.
No es casual que en estos días, en todos los países que están en la mira del Imperio aparezcan grupos de virulentos "disidentes". La agitación interna es una de las estrategias comunes en el acoso de múltiples niveles que despliega Washington. Son ampliamente conocidas las marchas "opositoras" que siembran de muertos las calles de la capital venezolana, intentando desestabilizar al presidente Chávez. Pero también en estos días varias manifestaciones de estudiantes opositores sacudieron Iran - la próxima víctima en la mira- bajo los auspicios de EE.UU (las marchas fueron impulsadas por canales satelitales norteamericanos que transmiten para ese país). El ex presidente Rafsanjani advirtió a los jóvenes que no caigan en la trampa del Imperio. Este puede ser sólo uno de los primeros capítulos.
No tiene que haber dudas sobre la defensa incondicional de todos los pueblos amenazados. La situación en irak demuestra cuán estúpidos y/o deshonestos eran quienes -aún desde el espacio de centroizquiera, y basándose en el carácter represivo del gobierno iraquí- pretendían que barrer a Hussein por la fuerza de una intervención extranjera era, si bien no lo mejor, positivo para el pueblo iraquí. Hoy se calculan en 10 mil los muertos civiles, hay una espiral de violencia que lleva ya cerca de dos centenares de muertos, criminalidad en alza, una economía destruida y chicos pidiendo en las calles.
Los verdaderos disidentes
¿Significa esto que debemos tachar cualquier manifestación de disconformidad política en el mundo? Depende de cada país y su contexto. Si no hubiera una amenaza militar, tal vez la izquierda y todos los ciudadanos honestos del mundo pudieran revisar críticamente, apoyar y/o discutir con las fuerzas opositoras de los gobiernos acusados por abusos. Pero en la presente coyuntura, los opositores internos -cuando genuinamente existen- de los regímenes amenazados deben reconocer que su juego político va de la mano con las ambiciones imperiales de intervención. Cualquier honesto patriota, en cualquier nación del mundo, puede reconocer que sus diferencias con el gobierno deben aplazarse ante una amenaza exterior. Quien no lo reconoce, no es honesto ni es patriota: es un mercenario o un cómplice gratuito del potencial invasor.
Acabemos, entonces, con la trampa retórica de la "disidencia". En este mundo unipolar, los verdaderos disidentes no son los opositores pro-imperiales, sino los gobiernos de todo el mundo que se niegan a ponerse a las órdenes de Washignton: Cuba, Venezuela, Irán, Corea del Norte y potencialmente una lista que incluye, según las autoridades norteamericanas, a unos 60 países.
No son disidentes, sino terroristas, los antichavistas que organizan la violencia cotidiana en Caracas para culpar a Chávez. No son disidentes, sino terroristas, los grupos anticastristas de Miami que han conspirado durante 40 años contra Cuba y su economía. No son disidentes, sino terroristas, los grupos iraquíes en el exilio que, con Ahmed Chalabi a la cabeza, colaboraron con la CIA durante décadas para derrocar a Hussein. No casualmente en Irak, cumplida ahora la tarea, posiblemente Chalabi sea el próximo presidente del Irak ocupado.
Derrocar a los disidentes para entronar a los terroristas. Ese es el plan maestro del Imperio.