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15 de julio del 2003
Cuba-EEUU: Gerardo Hernández, dos cadenas perpetuas por luchar contra el terrorismo
Michael Lapsley
Resumen Latinoamericano
El padre Michael Lapsley, presidente de la Sociedad de Amigos de Cuba, en
Sudáfrica, pasó tres horas y media visitando a uno de Los Cinco
prisioneros políticos cubanos que languidecen en las prisiones de Estados
Unidos.
Gerardo Hernández cumple dos cadenas perpetuas, más
quince años, en la penitenciaría federal de máxima seguridad
de Lompoc, a tres horas de Los Angeles. Lo más irónico de todo
es que Hernández ha sido condenado a cadena perpetua en EE.UU. por su
contribución en la lucha contra el terrorismo.
Desde su detención, Hernández tiene en su pared una pequeña
foto recortada de una revista en la que aparece el compañero Fidel abrazando
a Madiba. Me preguntó si podría mandarme la foto para que la tuviera
en lugar seguro. Después de la invasión a Iraq, Los Cinco fueron,
sin aviso alguno, sacados de sus celdas y colocados en una nueva cárcel
como castigo, quitándoles sus documentos personales y hasta sus ropas
y dejándolos prácticamente en paños menores.
Todo parece indicar que la ultraderecha de Miami se vio frustrada por la creciente
campaña internacional para liberarlos, ya que sus amigos en Washington
cesaron en su acoso y humillación, producto de la protesta internacional.
En 1989 Hernández participó en una misión internacionalista
en Angola. Me dijo con orgullo que había sido un gran privilegio para
él haber contribuido en la lucha contra el apartheid. Comentó
que algunas de las más significativas fechas de su vida coincidían
con fechas importantes de las recientes transformaciones efectuadas en Africa
del Sur.
Gerardo Hernández estudió diplomacia en Cuba. Algunos de sus condiscípulos
son veteranos diplomáticos y embajadores. Poco después de haberse
casado con la que ahora ejerce como ingeniera química en La Habana, la
inteligencia cubana le pidió a Gerardo realizar otro tipo de actividad
diplomática. Desde el triunfo de la Revolución en 1959, un pequeño
grupo de derechistas miamenses han realizado incontables actos terroristas contra
Cuba, incluyendo secuestros, la colocación de bombas en hoteles y más
de 600 atentados contra la vida de Fidel Castro. Se decidió infiltrarlos
en territorio norteamericano para impedir más actos de este tipo.
A Gerardo se le pidió participar en este peligroso proyecto para proteger
a su patria. Aceptó, consciente de los riesgos que conllevaba.
Después de presentar las formales notas diplomáticas, el Gobierno
cubano indicó que cualquier violación adicional del espacio aéreo
cubano llevado a cabo por los grupos terroristas provocaría rápida
respuesta por parte de la fuerza aérea de Cuba. En febrero de 1996 los
cubanos respondieron cuando su espacio aéreo fue violado una vez más,
tras lo cual tres personas murieron.
A Gerardo Hernández lo han cogido de chivo expiatorio por las acciones
realizadas por la fuerza aérea para proteger a la población civil
de Cuba. Ha sido hallado culpable de espionaje por suministrar información,
que no era secreta y no amenazaba la seguridad de los Estados Unidos.
Son tan fuertes los sentimientos anticastristas en Miami que resultó
imposible ser juzgados equitativamente en esa ciudad. Los Cinco apelan para
que su sentencia sea anulada o por lo menos tengan un nuevo juicio que no sea
en Miami.
Actualmente Gerardo Hernández (junto con sus cuatro compatriotas que
están en diferentes prisiones), se ha convertido en embajador de su país,
sirviendo de ejemplo para sus carceleros, por hechos y palabras, de la verdad
y nobleza que Cuba ha logrado.
Lo mismo que Madiba y sus compañeros de prisión convirtieron la
isla Robben en una universidad, Gerardo, por la forma en que se conduce, creará
una "organización de solidaridad en la prisión".
Cuando la esposa de Gerardo trató de visitarlo, sin haber podido ver
a su esposo por cinco años, fue interrogada por largas horas y devuelta
a su país. Expresó profundo dolor por la separación de
su esposa, familia y de su patria. Al mismo tiempo Gerardo me pidió que
expresara la fortaleza que experimenta dado el apoyo por parte del movimiento
mundial de solidaridad y por todo lo que ha logrado el pueblo de Africa del
Sur. Expresó su aprecio en particular por la reciente carta de apoyo
de Nadine Gordimer y de las muchas postales de la Sociedad de Amigos de Cuba
en Sudáfrica.
Le pregunté si lamentaba algo. "No, nada... como dije en el juicio, citando
a Nathan Hale, lo único que lamento es que sólo tengo una vida
que darle a mi país".
Nos prometimos vernos otra vez, espero que en La Habana, no en una prisión
norteamericana. Después de abrazarnos, me disponía a partir. Al
mirarlo de nuevo lo vi firme, en atención, sonriéndome con el
saludo del puño erguido. Sentí el privilegio de haber estado con
uno de los mejores hijos de Cuba.