9 de julio del 2003

La insobornable singularidad de Cuba

Augusto Zamora
Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid.
En el año 2002 fueron ajusticiadas 1.060 personas en China. En EEUU, desde 1990, han sido ejecutadas cerca de 400 personas, una media de 35 por año o tres por mes. Centenares de ejecuciones más se han producido en otros países del mundo, sin contar las ejecuciones oficiosas y las carnicerías de Estado, que en África son parte del paisaje. El tema, en general, pasa desapercibido. Salvo denuncias de organizaciones de Derecho Humanos, como Amnistía Internacional, o noticias puntuales, la ejecución de personas rara vez accede a los espacios informativos, de lo saturados de sangre y muerte que están.

A contracorriente de esta tónica general de indiferencia y silencio, la ejecución de los tres secuestradores de un barco de pasajeros, en Cuba, desató una tormenta política y mediática, con su epicentro en EEUU. En España motivó una manifestación frente a la Embajada de Cuba en Madrid, en la que participaron -hecho insólito- ministros de gobierno y dirigentes de dos grandes partidos. Resultó cuando menos extravagante oír sus consignas y ver sus gestos, sobre todo porque los altos funcionarios de gobierno, en ese momento, aplaudían los bombardeos de EEUU contra Iraq, que estaban produciendo miles de muertos y heridos y provocando una enorme destrucción.

Humanitarismo selectivo a todas luces, pues nunca tan ilustres dignatarios serán vistos en manifestaciones contra la pena de muerte ante las embajadas de EEUU o China, países que encabezan la lista de ejecuciones.

No es ése el único tema en el que Cuba es tratada con una vara especial de mínimas dimensiones. Las constantes invocaciones a una democratización de la Isla dan la idea de que Cuba es el único país del mundo con un sistema de partido único.

También de que la UE y EEUU aplican iguales medidas a todos los países que no cumplen los requisitos de lo que entienden por democracia. Nada más lejos de la realidad. Túnez, tan próximo a Europa, tiene un presidente que se hizo vitalicio en 2002, en un referéndum ratificado por el 99,52% de los votantes, con una participación récord del 95,5% del censo electoral. Que se sepa, ningún gobierno europeo clamó contra el burdo fraude electoral. Cuando el golpe de estado en Venezuela, en abril de 2002, el embajador español se dio prisa en saludar al efímero presidente golpista, Pedro Carmona. España y EEUU fueron los únicos países que apoyaron el intento de golpe, condenado por la OEA.

Debe recordarse también que Francia y otros países occidentales incitaron el golpe de estado en Argelia, en 1992, que impidió el triunfo del FIS y sumió al país en una brutal guerra civil que ha provocado 200.000 muertos.

Un camino similar sigue el tema de los Derechos Humanos, tan invocado frente a Cuba como olvidado en tantas otras regiones del mundo. La fijación con Cuba es casi hipnótica, como demuestra el afán de EEUU por obtener una condena anual contra este país en la Comisión de DDHH de NNUU. Nada similar sucede, por ejemplo, con relación a Colombia, donde cada año perecen 35.000 personas por la violencia política y donde matan al mayor número de sindicalistas del mundo. O con Guatemala, donde siguen asesinando a activistas de derechos humanos y los tribunales exculpan a criminales confesos, sin olvidar las matanzas cíclicas de campesinos e indígenas en Bolivia, México o Perú. Aunque es casi forzoso omitir África, por la indiferencia de los países ricos ante las atrocidades que sufren sus poblaciones, un caso viene a la memoria. En Guinea Bissau fue ejecutado un alto jefe militar acusado de rebelión y encarcelado el vicepresidente de la Liga de Derechos Humanos. A pesar de ello, la UE concedió a Guinea Bissau 80 millones de euros en cooperación, quizás motivada por los grandes intereses pesqueros que posee en ese país.

La existencia de presos políticos es otro caballo de batalla. Ciertamente, nadie que crea en la libertad puede aceptar que una persona sea encarcelada simplemente por las ideas que profesa. No obstante, un centenar de países sufre esa lacra, por motivos menos claros que los que invoca Cuba. En Túnez, para volver al país vecino, hay centenares de presos políticos. Guinea Ecuatorial es un caso aún más ominoso. Recibe cada año millones de euros del presupuesto español, usados por el tirano Obiang para aumentar la represión y apuntalar su tiranía. La ex colonia española no sólo no recibe sanciones de ningún tipo, ni aún simbólicas, sino que se beneficia cada año de fondos generosos del gobierno español.

El caso de Turquía es más sangrante.

En diciembre pasado murió una joven presa política tras 512 días en huelga de hambre, haciendo el número 58 de los que así pierden la vida en las cárceles turcas. De 1990 a la fecha, se han denunciado unos 4.500 casos de tortura y en 2000 se encontraron los cuerpos de 56 personas asesinadas por grupos paramilitares. Al tiempo, se mantiene la persecución contra la minoría kurda, que sigue privada de derechos.

Abundan los expertos que hacen críticas feroces sobre el fracaso del socialismo en Cuba y cantan el réquiem a su sistema económico. Las críticas serían válidas si América Latina presentara un panorama económico y social alentador, cuya comparación Cuba no resistiera. Ocurre lo contrario. A pesar del bloqueo impuesto por EEUU; a pesar de que se le niegan los créditos y debe pagarlo todo al contado; no obstante la mezquindad de tantos, Cuba sigue teniendo los índices más elevados en educación, salud e igualdad de todo el continente, incluyendo EEUU. Frente al desolador panorama regional, con países sumidos en la miseria, el desempleo, el hambre y la desesperanza, Cuba ofrece índices propios del Primer Mundo en derechos humanos esenciales como los indicados.

La diferencia se hace mayor si tomamos en cuenta que Cuba, al contrario que México (75% de la población en la pobreza, según el propio gobierno), Colombia (sin comentarios) o Ecuador (ha emigrado un tercio del país), no posee grandes yacimientos petrolíferos ni recursos naturales cotizados.

Si tomamos el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de NNUU como parámetro, no sale el sistema cubano mal parado. Según el último IDH, por encima de Cuba (puesto 55) están únicamente Argentina (en un misterioso 34), Chile (38), Uruguay (40), Costa Rica (43) y México (un curioso 54). Por debajo aparecen los demás, la mayoría a gran distancia como Perú (82), Paraguay (90), Bolivia (114) o Guatemala (120). Ningún gobierno o gurú del mundo rico es capaz de admitir que el capitalismo ha fracasado estrepitosamente en casi toda la región (y el mundo) en la tarea esencial de proporcionar una vida digna a los seres humanos.

Callan no porque no sea evidente el fracaso, sino porque tal afirmación atentaría contra el mayor dogma del presente, que es la inevitabilidad del capitalismo como sistema.

Sin embargo, no es la cuestión democrática lo que preocupa de Cuba (se aplauden golpes de estado contra gobiernos incómodos para salvaguardar intereses espurios ). No lo es la pena de muerte (China y EEUU van en cabeza), como tampoco los derechos humanos o las libertades ciudadanas (temas para ponerse a llorar ante el cinismo rampante de Occidente).

Las monarquías petroleras no admiten disensiones ni florituras en cuanto a su poder omnímodo ni consienten que se juegue con él. Tampoco juegan con ellas EEUU ni la UE, dado los negocios multimillonarios que hay en danza, petróleo y gas aparte. Emiratos Árabes Unidos compró a EEUU 60 aviones F-16 por valor de 8.000 millones de dólares, una pequeña muestra del inmenso bazar armamentista que mantiene abiertas las fauces de los fabricantes de armas y cerradas las conciencias de gobiernos y partidos occidentales.

Si queremos encontrar una explicación inteligible al por qué de la singularidad de Cuba debemos explorar caminos distintos.

Cuba molesta, en primer lugar, porque EEUU no ha podido doblegarla en 45 años. Es una espina clavada en el costado del imperio,que ha hecho de Cuba una cuestión de honor imperial.

Es también un faro que recuerda a América Latina y al mundo que no es preciso ser gran potencia para resistir el asedio de un imperio. Que para ello bastan dignidad y coraje pues, como anotaba Karl Deutsch, un país pequeño con un gobierno de inusitada fortaleza y una población motivada puede mantener su independencia, aunque sólo sea por los elevados costos que su conquista puede acarrear.

Otra causa es el empeño cubano por perseverar en el sistema socialista que Fidel Castro proclamó en 1961.

Un sistema que ha resistido, contra todo pronóstico, al derrumbe soviético y al corte brutal de intercambios económicos con los países del CAME. Desde el integrismo capitalista, el socialismo cubano es una grave anomalía que debe corregirse y Cuba ser devuelta a la recta senda, integrándola de lleno en la globalización planetaria. Así Iberia podría comprar Cubana de Aviación, el tabaco pasar a Philip Morris, el níquel a la Anglo-American Corporation, la industria farmacéutica a GlaxoSmithKline y el petróleo a Exxon, con McDonalds abriendo un local en la casa natal de José Martí.

Luego organizar elecciones rituales que entreguen el gobierno a una minoría obscena encantada de participar en el saqueo del país, al precio de sumir en la miseria a la mayor parte de la población. Con el FMI trazando los planes económicos y el embajador imperial decidiendo sobre temas políticos y obligando a pagar indemnizaciones multimillonarias a empresas y ciudadanos del imperio.

Cuba, eso sí, quedaría reintegrada al mundo democrático y gozaría de todos los parabienes. El problema es que una gran mayoría de cubanos, conocedora de la suerte que han seguido los países de la región, muestra escaso entusiasmo por el modelo.

Nada indica que el sistema cubano vaya a derrumbarse en lo inmediato.

Pasada la peor época (el llamado período especial), los indicadores económicos aumentan. En el IDH Cuba pasó del puesto 86 que tenía en 1997 al 55 en 2002. La CEPAL ha pronosticado un crecimiento del 5% para este 2003, mientras la dependencia energética alcanza mínimos históricos, de la misma manera que siguen adelante las reformas estructurales para adecuar la economía nacional a la nueva situación, afectándose un mínimo los gastos sociales.

Políticamente su situación continental ha mejorado con el ascenso de Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Gutiérrez en Ecuador y Kirchner en Argentina, de la misma forma que el cambio de canciller en México ha permitido rehacer las relaciones bilaterales. Los fracasos de EEUU en obtener una condena en la OEA prueban que la mayor parte de países del área no apuesta por el ahogamiento de Cuba.

Por lo mismo, las recién adoptadas sanciones de la UE resultan extemporáneas, negativas y estériles. Por una parte, apuntalan las tesis agresivas y extremistas de EEUU y, por otra, en vez de alentar al gobierno cubano a suavizar las restricciones, acentúan el sentimiento de acoso que, con justas razones, existe en Cuba, agravando los problemas que el embargo norteamericano produce a la población. Son, pues, medidas contraproducentes, explicables sólo por un deseo de la UE de complacer a EEUU tras el encontronazo provocado por la agresión contra Iraq. Pero la UE nos está acostumbrando a eso de darle palo al débil para complacer al fuerte, aunque incurra en una injusticia manifiesta.

Que es el paradigma del siglo XXI, dicho sea de paso.