15 de julio del 2003

Los "disidentes"

Felipe Pérez Roque
La Habana
La lectura de este libro nos lleva a plantearnos cuál es el conflicto real: ¿Hay en Cuba un conflicto entre el gobierno y el pueblo? ¿Hay aquí un problema entre cubanos? No. Es un dilema más profundo, de un pueblo, una nación, defendiendo su derecho a la libre determinación, frente a la política imperial, frente al intento por siglos de avasallarlo y convertirlo en un país dependiente de los designios de una superpotencia.
Compañeras y compañeros combatientes de la Seguridad del Estado, invitados aquí hoy entre nosotros; combatientes de la Seguridad del Estado que en Cuba quiere decir de la Seguridad del pueblo, pueblo en el gobierno, pueblo en el poder, pueblo al que sirve el Estado, garante, además, de su independencia;

Compañeros de la Dirección de nuestro Partido, de nuestro Gobierno;

Compañeras y compañeros trabajadores de la Editora Política, de Juventud Rebelde, todos los que colaboraron y, de modo particular, Rosa Miriam y Luis:

Yo coincido con Rosa Miriam y Luis en que este es el libro, hijo no solo del talento de Luis y Rosa Miriam, de la sensibilidad especial y el talento periodístico de Rosa Miriam, o del olfato de sabueso, como decía Tubal, el golpe de vista para captar el momento y la noticia de Luis.

Es no solo el libro apresurado, hecho en apenas una semana, del veterano periodista, corresponsal, a los 25 años, de Playa Girón, cuya foto de joven, con una gorra miliciana, se conserva allí como testimonio de su presencia permanente en cada escenario donde se ha peleado por la Revolución cubana en estas cuatro décadas; es el libro de Luis, creo que el número 14 de su amplia obra sin cuya lectura no se podría contar la historia de la Revolución Cubana y de su victoria sobre los obstáculos y las amenaza exteriores.

También el libro de la joven periodista, nacida cuando ya Luis era ya una pluma reconocida en el periodismo cubano; es el libro fruto de dos generaciones que se entrelazan hoy en la defensa de la Revolución, de los que lucharon por ella desde el principio y de los que, beneficiarios primero de su obra, de su inmensa obra de justicia social, la defienden hoy, con la misma convicción y compromisos que su padres.

Es la obra también de Rosa Miriam, autora ya de libros anteriores sobre temas esenciales de nuestros retos y nuestras dificultades, como la prostitución; dirigente del periódico de la juventud cubana, de importantes espacios que la Revolución ha podido abrir en Internet venciendo dificultades materiales sobre la base del talento y el compromiso de sus hijos.

Es también, como ellos han dicho, el libro de todos los compañeros que colaboraron en su trascripción, edición, emplane, las tareas que han propiciado este libro de factura realmente modesta, pero con un nivel, un acabado, una calidad en su presentación que invita al lector a disfrutar de un tirón, de una sola vez, su lectura.

Es el libro, como ellos han dicho, de los combatientes de la Seguridad del Estado, la seguridad del pueblo, la vigilancia del pueblo, de la inteligencia del pueblo, que ha sabido derrotar la amenaza exterior, cuyas vidas están contadas aquí. Porque aquí está contado mucho más que sus trabajo, aquí están contadas sus vidas, sus problemas, la manera en su pudieron sobreponer a la incomprensión de su familia, al rechazo de sus vecinos; la manera en que sacaron fuerzas cuando parecía que flaqueaba el ánimo para seguir desarrollando tarea tan duras y, al mismo tiempo, tan imprescindible a la seguridad de su pueblo.

Pero este libro es, sobre todo, hijo del pueblo, sin cuya batalla y sin cuya epopeya no habría podido ser contado, porque este libro es, pienso, un nuevo testimonio de la batalla bíblica del pequeño David contra el poderoso Goliat; es el testimonio del pueblo que en el siglo XXI encarna a David; del pueblo que, como dijo alguien hace unos días en Juventud Rebelde, ha ganado la categoría de combatiente por la vida.

A la lectura amena y al nudo en la garganta que en determinado momento acompaña la lectura de estas ocho entrevistas donde están los testimonios, reflejada la historia de doce compañeras y compañeros, la primera idea que asalta es que pudieron ser otros cuyas vidas fueran contadas aquí.

De alguna manera, aquí ha estado presente el azar, el viento intenso que nos lleva todos en al epopeya de la defensa de la Revolución, y uno ve que son las vidas normales de gente, hijos del pueblo, que antes no habían pensado jamás que un día les tocaría cubrir este papel, y que terminado él, retornan con alegría, y como habiéndose quitado un cierto peso de encima, a la vida normal de trabajadores, milicianos, vecinos del barrio, integrantes de nuestras organizaciones de masas, vecinos otra vez que la comunidad acepta como parte de su historia de héroes anónimos.

Ahora bien, ¿qué reflexión adicional nos inspira la lectura del libro de Rosa Miriam, de Luis y de tantos otros compañeros? ¿Qué se aclara en este libro?, es una pregunta importante que me hacía cuando me invitaban a decir aquí unas palabras. Se aclaran varias cosas en este libro, todavía con más fuerza que los argumentos que han sido ya expuestos, con la fuerza de los que son testigos excepcionales, porque fueron protagonistas de lo que aquí se cuenta.

Son solo una parte. El enemigo debe saber que hay otros muchos que todavía cumplen este papel, que en este momento están recibiendo todavía su dinero; que en este mismo momento pueden estar participando en una reunión, y que un día también, cuando sea el momento apropiado, contarán su historia.

El enemigo debe saber que la adversidad, los retos, la amenaza terrible que durante décadas se ha abatido sobre nosotros, nos ha hecho un pueblo con sabiduría, con inteligencia; nos ha hecho vencer la ingenuidad inicial, y este libro es, sobre todo, el testimonio de la epopeya de un pueblo defendiendo su derecho a la libre determinación, pero no defendiéndole de cualquier manera, sino mediante la inteligencia, el talento, la búsqueda de información, la penetración de la actividad del enemigo, pero no mediante el asesinato político.

Esta no es la historia de unos represores que obtuvieron la confesión sobre la base de torturas; esta no es la historia de un país que empleó para defenderse los métodos que en América Latina, en otra época, emplearon dictaduras apoyadas por los gobiernos de Estados Unidos.

En el periódico Juventud Rebelde de hoy se publica una crónica de Rosa Miriam, donde se narra la historia de un joven que ha vuelto a encontrar su identidad, hijo de un matrimonio desaparecido y asesinado en la Argentina.

No se podrá nunca contar de la Revolución Cuba, que para defenderse acudió al asesinato o al secuestro, o a la tortura para obtener la confesión; como venía de una guerra de liberación popular, en la cual se había curado al enemigo con la medicina propia, en la cual se había dado de comer al prisionero antes que a la tropa guerrillera, como venía de una ética y un magisterio, no empleó cualquier método para defenderse. Ha empleado, sí, ha empleado el camino de penetrar al enemigo, ha empleado la inteligencia, la sagacidad, las actividades encubiertas; pero dentro de ciertos límites, que la Revolución se impuso a si misma, de respeto a la integridad del enemigo, a la integridad física, moral, y, por tanto no habrá nunca nadie que pueda escribir un libro sobre los horrores de la Revolución Cubana para defenderse.

Podrá decir que sí, que aplicó sus leyes con el derecho de un pueblo que tuvo que defenderse; que juzgó con severidad y rigor, pero dentro de las instituciones y de las leyes, a los que colaboraron con la potencia agresora que intentó exterminar a su pueblo; pero no se podrá decir que para defenderse, empleó los métodos con los cuales fue atacada.

El libro, por tanto, viene a dar nuevos argumentos, nueva luz sobre verdades que ya han sido dichas. Aclara cómo surgen los llamados grupos de la disidencia en Cuba. Los llamados partidos políticos en Cuba surgen por decisiones tomadas en el exterior, por decisiones tomadas en el gobierno de los Estados Unidos, y surgen así todavía hoy. No surgen como resultado de un proceso autóctono, nacido de las necesidades del pueblo cubano; de ahí que vemos que surgen como hongos partidos, siglas, asociaciones que, como en un calidoscopio, a medida que se avanza en la lectura de este libro, van avanzando, desapareciendo. Continuamente aparecen: Esos integrantes del partido: "No, ya hoy están en Miami"; aquellos que fueron en aquel momento: "No, ya esos se fueron a Miami". La directiva completa: "No, ya están en Estados Unidos". Muchas veces esa fue la meta, la meta fue obtener un aval para emigrar.

Por eso en el libro brotan, de manera muy clara, palabras claves. Continuamente brota la palabra "dinero". Las disputa por el dinero, la búsqueda del dinero, la ansiedad del dinero, la noticia de que viene más dinero. O viene la palabra "egoísmo", o las palabras "falta de ética", "ambiciones".

Pero, sobre todo, se aprecia cómo, y durante más de dos décadas de esfuerzo y recursos empleados por los servicios especiales norteamericanos, por el gobierno de Estados Unidos y algunos otros gobiernos aliados, no han podido sembrar en Cuba, pese a todo ese esfuerzo descomunal, una agrupación que se haya perpetuado. Así vemos como las siglas desaparecieron, como no hay asidero. Se invoca a veces el nombre de un prócer de la independencia, pero al cabo de los tres meses ya no existe. No se puede intentar tomar el nombre sagrado de Martí, o de Maceo, o de Agramonte: todo suena falso, fatuo, no tiene asidero en nuestra historia. Es que no hay como arrebatarle a la Revolución su historia y sus mártires.

Deja claro también de dónde sale el dinero. Primero deja claro que los grupos se deciden en el exterior; que la Sección de Intereses norteamericana es la que decide cuando un integrante de un grupo se pasa para otro, cuando una agrupación de tres miembros se une con otra de cuatro miembros y crean una nueva confederación, cuando esas dos se unen con un matrimonio de otro lado y crean una alianza. Todo falso, impostado, todo que movería a risa si no se estuviera jugando con el derecho de una nación a la existencia, si en virtud de todo ese falso andamiaje montado desde el exterior no se tratara de presionar a la Revolución, de justificar el bloqueo contra el pueblo.

¿Y de dónde sale el dinero? El dinero viene de afuera y siempre son dólares. Entonces, enseguida a uno le viene a la mente al apóstol de la independencia peregrinando y recogiendo dinero entre los trabajadores pobres en Tampa, en Centroamérica; el dinero de la independencia acumulado centavo a centavo sobre la base de la contribuciones voluntarias de los hijos de la nación cubana, y entonces viene a la memoria la Generación del Centenario, y uno ve a Marta (se refiere la periodista Martha Rojas) sentada ahí y recuerda cómo se buscó el dinero para asaltar el Moncada y recuerda aquellos hombres humildes: el que vendió sus equipos de fotografía, el que vendió su empleo de carrero en una cervecería, el que sacó sus ahorros familiares de una cuenta bancaria para aportar a la causa de la Revolución. Recuerda también a los cientos de miles que vendieron y compraron bonos del 26 de Julio, recuerda como el pueblo contribuyó a la victoria.

Esta nueva "libración del pueblo" se intenta con dinero "de afuera". Tiene un sello mercenario pegado en al frente que no hay quien le pueda quitar. Se decide fuera, se financia desde fuera, el dinero es el del gobierno que bloquea y agrede a su país, y por eso no tiene asidero en la población cubana, por eso no encuentra eco, por eso es un medio de vida, por eso es una manera de servir a los intereses de la potencia que agrede al país.

Y me asombra, porque creo que esta es la primera vez que ha ocurrido que un libro recibe una replica antes de haber sido presentado.

Uno de los personajes que está reflejado aquí, con toda claridad, y esto solo está empezando, porque esto es el inicio solamente del proceso para que la verdad se abra paso nadie -Rosa Miriam y Luis nos anuncian que habrá una nueva edición, mucho mas habrá que decir, porque nadie debe dudar de que no hemos dicho todo lo que sabemos y que todos los días nos enteramos de algo nuevo-, ha encontrado página fácil en un diario importante para ripostarle a un libro que todavía no existía, porque el libro está naciendo hoy. Una réplica temerosa, timorata, vacía de argumentos, soez en la forma, que busca en el epíteto fácil, en el ataque sin contenido ni razonamiento, acallar la verdad que estas historias proclaman, y es que los llamados disidentes en Cuba son una creación de la política agresiva del gobierno de Estados Unidos y sus servicios especiales; que están inscriptos en el documento de Santa Fe, que constituyó la plataforma del presidente Reagan al poder, que forman parte del andamiaje para obtener, mediante la represión y el chantaje, la condena de Cuba o la manipulación del tema.

Este libro deja todo eso muy claro, y deja claro, además, quiénes son estos "opositores" un día, "exiliados" mañana; que van a reunirse a la mafia de los grupos terroristas que reconociendo su derrota, reconociendo que no pudieron derrotar por la armas a la Revolución que los enfrentó en la campo de batalla, al pueblo que se armó miliciano y los derrotó en toda la línea, han venido entonces a tratar de emplear nuevos métodos subversivos contra la Revolución. Aquellos terroristas implicados en las bombas, asesinatos, que causaron el luto de familias cubanas, que vieron a padres recibir los restos destrozado de sus hijos, que fueron velados en este mismo lugar cuando un avión cubano fue volado en pleno vuelo, esos mismos ahora, convertidos en los dirigentes desde fuera y los abastecedores de dinero y de medios a estos llamados opositores, disidentes y realmente mercenarios al servicio de una potencia extrajera.

Por tanto, usted ve cómo continuamente aparece la palabra "dinero", la palabra "jaba". La "jaba" es una obsesión; se produce un problema por las "jabas". El señor Cason decidió que solo una "jaba" por persona -inventó la libreta se podría decir (risas) para distribuir allí las "jabas" para cada uno-, y alguien protestó porque no alcanzaron las "jabas", toda una cosa deprimente que dibuja bien la catadura moral, dibuja bien la vaciedad de convicciones, la orfandad de metas, de aspiraciones, la diferencia entre ellos y nosotros que sí tenemos convicciones, que sí defendemos utopías, que sí queremos un país mejor, y un mudo mejor por encima de un país, porque consideramos al mundo nuestro país; que tenemos un legado, que tenemos valores e ideas que significan más que el dinero, la "jaba", el pase abierto para entrar, el aval, la venta del aval, el poder de darle a alguien el aval para que le permitiera emigrar a Estados Unidos; los que somos hijos de una Revolución que ha hecho de nosotros hombres y mujeres mejores, capaces de luchas por ideales más allá de nuestras fronteras, capaces de luchas no solo por nuestros derechos y no tanto por nuestros derechos.

Entonces, el libro permite, en los testimonios honestos de los compañeras y compañeros que están presente aquí hoy entre nosotros, adivinar el egoísmo, la intriga presente en todo el trabajo de esta fauna creada y financiada desde el exterior y tratada por sus amos como lo que son, tratada con el desprecio del amo, tratada con el aire de superioridad del que paga y sabe entonces que manda, que no es la manera en que los millones de cubanos que defendemos la Revolución, comprendemos el mundo.

Una pregunta que nos asalta es: ¿será este libro conocido fuera de las fronteras de Cuba? ¿Disfrutara de la primera plana de los periódicos que hasta ahora solo han servido para brindar la versión y los argumentos de la otra parte? ¿Tendrá derecho el pueblo de Cuba, la Revolución cubana, de que sus argumentos, contados aquí por sus hijos, sean escuchados? ¿Recibirán el mismo tratamiento en las primeras planas que ha recibido hasta estos días la campaña mediática contra Cuba? ¿Habrá posibilidad para Rosa Miriam y Luis de escribir en las primeras páginas de los periódicos donde ya fue ripostado un libro que todavía no había sido presentado? Esa es la pregunta ahora.

¿Podrá el pueblo de Cuba ver que lo que aquí se cuenta, que los testimonio de las compañeras y compañeros aquí invitados salgan a la luz pública, sean conocidos, o volverá el silencio, o volverá la manipulación? Es una pregunta importante y que no depende, y lo sé bien, solamente de los esfuerzos y de la aspiración a revelar la verdad de los corresponsales de esos medios en Cuba, algunos de los cuales a veces tienen que ver cómo se deciden que su trabajo no es de interés publicarlo, o es necesario cambiarlo porque es demasiado favorable a Cuba y la onda en estos días -le explican- es que no sea favorable.

Veremos si este libro tiene gran difusión, si se convierte en un best- seller en el exterior, si los periódicos anuncian los contenidos de este libro, si las televisoras vienen a entrevistar y a buscar la verdad y a entrevistar a los protagonistas que cuentan esta verdad.

El título sugerente de Los "disidentes", nos lleva a buscar en el diccionario disidente: "Que diside", dice el Diccionario de la Lengua Española: Disidir, dice: "Separarse de la común doctrina, creencia o conducta." Diccionario de la Real Academia Española.

No sé si estará por aquí Néstor Baguer (Le dicen que está ingresado). No está aquí, está enfermo.

Entonces me lleva a la convicción de que los disidentes somos nosotros. El pueblo de Cuba es el que se ha atrevido a disidir de la común doctrina de que este país tenía que ser colonia de Estados Unidos, que este país no podía ser un país independiente, que había un destino manifiesto que obligaba a un país pequeño, al lado de una gran potencia a no aspirar a aquella "locura" de sus padres fundadores de no ser colonia ni de España ni parte de Estados Unidos.

Los que hemos disidido del orden mundial vigente somos nosotros, que antes habíamos discrepado y habíamos ayudado a combatir el colonialismo, el apartheid, y ahora hemos discrepado del neoliberalismo, de la promoción del mercado y el capitalismo salvaje como la manera de encontrar el desarrollo y los derechos de los pueblos.

Entonces, nosotros, los cubanos somos los disidentes; nosotros somos los que nos apartamos del mundo uniforme, de los que quieren imponer al mundo un único sistema, una única manera de vivir, un único patrón de conducta.

La lectura de este libro nos lleva también, porque flota de manera permanente en sus páginas, a plantearnos cuál es el conflicto real que está expuesto aquí: ¿Hay en Cuba un conflicto entre el gobierno y el pueblo? ¿Hay en Cuba un conflicto entre estos grupos mercenarios minoritarios, desconocidos, sin apoyo ni basamento en la población del país y las autoridades? ¿Hay aquí un problema entre cubanos? No.

Aquí hay planteado un dilema más profundo y es un dilema real de un pueblo, una nación, defendiendo su derecho a la libre determinación, frente a la política imperial, frente al intento por siglos de avasallarlo y convertirlo en un país dependiente de los designios de una superpotencia. Eso es lo que está planteado aquí.

Aquí está planteado si Cuba puede ser o no un país independiente y si puede vencer la guerra que se le ha hecho para tratar de evitarlo, por eso la legitimidad de nuestra batalla y la legitimidad de la acción de las compañeras y compañeros que están aquí presentes entre nosotros.

Lo que en estos días nuestros tribunales penalizaron -los juicios donde fueron condenados a penas de prisión mercenarios que contribuían concientemente a la política proclamada por el gobierno que bloquea a su país y lo agrede, cuyo objetivo era el cambio del régimen, cuanto antes y por cualquier vía- no es delito solo en Cuba. Veamos, aquí tengo qué cosa es una organización sujeta a control extranjero, según la Ley: "Una organización sujeta a control extranjero es la que solicita o acepta contribuciones financieras, préstamos o apoyo de cualquier tipo, directa o indirectamente, o si se afilia directa o indirectamente con un gobierno extranjero o con una parte del mismo, o con un agente, agencia o institución de un gobierno extranjero."

¿De qué ley es esto, de la cubana? No, este es el Código Penal de los Estados Unidos. ¿Y por qué, si en el Código Penal de Estados Unidos está previsto que viola la Ley quien solicite o acepte contribuciones financieras, préstamos o apoyo de cualquier tipo de un gobierno extranjero o de una agencia de ese gobierno, es una organización que está sujeta a control extranjero, o si las políticas de esa organización están determinadas o son sugeridas por un gobierno extranjero, por qué en Cuba eso no iba a ser también contrario a la Ley? Lo que he leído no es la Ley cubana, lo que he leído es la Ley norteamericana, el Código Penal del 2001, que dice también que "cualquiera que a sabiendas o intencionalmente, abogue, incite, sugiera o imparta el deber, la necesidad, el deseo o la conveniencia de derrocar o destruir al gobierno de Estados Unidos; o quien quiera que con la intención de provocar el derrocamiento o destrucción de tal gobierno imprima, publique, edite, emita, circule, venda, distribuya, o de manera pública muestre cualquier material escrito o impreso, que abogue, sugiera o imparta el deber, la necesidad, el deseo o la conveniencia de derrocar o destruir al gobierno de los Estados Unidos, comete un delito."

¿Y por qué en Cuba, país pequeño, agredido, sometido, bloqueado, hostilizado, que ha tenido que resistir el intento y los planes de asesinar, por cientos de planes, a sus dirigentes; ha tenido que sobrevivir al bloqueo, la guerra biológica, la invasión armada, los ataques terroristas, no tendría derecho a proclamar una ley? Esta es más restrictiva, incluso, que la nuestra. No he invocado la ley de Cuba, he invocado la de Estados Unidos.

"El que publique, imprima, edite, emita, circule, venda, distribuya o" siquiera "muestre un material o impreso que abogue, sugiera o imparta el deber, la necesidad o el deseo de destruir al gobierno de los Estados Unidos". Entonces, ¿por qué nosotros tenemos que aceptar que desde allí se proclame que su política es destruir a la Revolución, cambiar el régimen, abolir la constitución y volver a someter a nuestro país a la condición de colonia?

Eso es lo que está en juego aquí, y el pueblo se defiende, y el pueblo se ha sabido defender en todas estas décadas, y eso es lo que está ocurriendo, y este libro es un testimonio honesto y militante de esa batalla.

Creo, finalmente, que el esfuerzo realizado por Rosa Miriam y por Luis, pone en manos de nuestro pueblo un documento de un valor no solo importante en las circunstancias presentes, no solo como argumento en la batalla de ideas que libramos en este momento; no solo cuando tratamos de explicar nuestras razones, nuestros derechos, nuestros sueños; este libro tiene un valor, pienso, para que nuestros hijos comprendan, para que las futuras generaciones de cubanos comprendan cuánto hubo que luchar, cuán alto precio hubo que pagar, cuánto sacrificio tuvieron que desplegar sus padres para entregarles una patria libre y soberana para que un día este país no volviera a tener en su constitución una enmienda que reconociera el derecho del gobierno de los Estados Unidos a intervenir en Cuba cuando sus intereses estuvieran amenazados, o que prohibiera a Cuba celebrar o firmar cualquier tipo de tratado con otro gobierno, o que prohibiera al gobierno de Cuba asumir cualquier deuda pública más allá de la que autorizara el gobierno de Estados Unidos, o que establecía que la Isla de Pinos no era parte del territorio nacional - querían convertirla en territorio norteamericano-, o que estableciera la obligación de Cuba a cederle territorio para instalar bases navales, una de las cuales todavía tenemos clavadas en nuestro país.

Para que eso no vuelva a ocurrir en Cuba, para que la Revolución que tanto costó hacer triunfar y tanto ha costado defender hasta hoy, en las condiciones de un mundo unipolar, en medio de las traiciones de tantos, y en medio de un mundo regido por una única superpotencia, y cuando prácticamente nadie -incluso los amigos de Cuba- creían que nuestro país podría superar la desaparición de la Unión Soviética, la desintegración del campo socialista, el enfrentamiento del período especial; cuando nadie creía que el país podría coronar la proeza de haber transitado por estos años de heroísmo, pero también de sufrimiento para su pueblo; cuando quedo paralizada la economía cubana, cuando nuestro pueblo tuvo que pasar hambre, pero no se rindió; cuando en nuestro país no hubo medicamentos y el enemigo trató entonces de usar las carencias de medicamentos, de alimentos para convertirlos en un arma de subversión en el país, -y asquea ver aquí los testimonios, el intento de crear la farmacia independiente, de crearle la biblioteca independiente a un pueblo que es el único que tiene derecho en el mundo de adquirir un libro a un precio módico, cuado se sabe que el libro en el mundo es un lujo de ricos-, entonces, se comprende el valor de la proeza que hemos hecho, no concluida y viviendo hoy el momento de más peligro y amenaza para la Revolución Cubana.

Pero si algo debiera decirse un día como hoy, en que la presentación del libro de Luis y Rosa Miriam y de todos los demás que ellos han nombrado, constituye un momento más de homenaje, de testimonio, de admiración, de simpatía, de cariño y de respeto por estas mujeres y hombres que están aquí sentados, combatientes por la vida; hombres y mujeres hijos de su pueblo, que han sabido, cuando la batalla de la Revolución ha puesto en sus manos tarea compleja, riesgosa y altamente exigente, cumplida con alto nivel de honestidad y de honra, en el día en que le expresamos a ustedes nuestra admiración, nuestro cariño y nuestro respeto, queridas compañeras y compañeros, creo que es el momento de reiterar nuestro testimonio de fe en que nosotros tenemos la razón, en que nuestro pueblo sabrá defender sus derechos, en que el sacrifico impuesto a sus vidas en estos años no será en vano, como no ha sido en vano el sacrificio de los que hoy no pueden estar en la celebración porque cayeron a lo largo del camino.

Es el momento también de reiterar, frente a los que creen que este pueblo podrá ser engañado, que este pueblo podrá ser doblegado, que este pueblo podrá ser vencido, que entregaremos a las futuras generaciones, a nuestros hijos y nietos, un país libre e independiente, un país mejor que el que nuestros padres conquistaron y han defendido para nosotros.

Felicidades.

Muchas gracias.

Palabras pronunciadas por Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en el lanzamiento del libro Los "disidentes", efectuado en el Memorial "José Martí", el 24 de junio del 2003.