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30 de junio del 2003
Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI
Carlos Torres
La Jiribilla
En Cuba tenemos lo que podríamos llamar una transición del
socialismo clásico del siglo veinte a uno viable en este siglo. Lo digo
de una manera muy vaga, pues si me pregunta cuál es ese tipo de socialismo
y cuáles sus patrones, solo puedo afirmar que aquí es donde tiene
que funcionar la imaginación en todos los niveles de nuestra sociedad,
no tan solo la imaginación del liderazgo político. Aquí
es donde debe estar toda la población pensando, en los espacios barriales,
comunales, provinciales, sectoriales, en fin, el imaginario colectivo funcionando.
Entrevista con Aurelio Alonso.
El Foro Social Mundial se ha convertido en el espacio de mayor envergadura y
creatividad para analizar y promover alternativas viables al desquiciamiento
que afecta al mundo. En enero pasado, se dieron nueva cita en Porto Alegre los
movimientos y organizaciones sociales que bregan por un mundo distinto. Se discutieron
ideas y acciones que orienten la búsqueda de "otro mundo posible". Entre
ellas, las del sociólogo y politólogo Aurelio Alonso, investigador
del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)
de La Habana, quien se refirió a la contribución del proceso cubano
a la búsqueda de alternativas al neoliberalismo.
Aurelio Alonso, 64 años, perteneció al consejo de dirección
de la revista Pensamiento Crítico, desempeñó labores diplomáticas
y académicas en Francia y, a su regreso a La Habana, se incorporó
como investigador al Centro de Estudios de América (CEA). Es profesor
adjunto en la Universidad de La Habana y miembro del comité de redacción
de la prestigiosa revista Alternatives Sud, que se publica en Bélgica
bajo la dirección de François Houtart. En 1994 fue coautor, con
Julio Carranza, del libro La economía cubana: ajustes con socialismo,
y en 1998 publicó Iglesia y política en Cuba revolucionaria.
- ¿Cuáles serían las visiones que suponen alternativas
que trasciendan la elaboración teórica?
-En las comunidades y países, especialmente en América Latina,
el concepto de "alternativa", como muchos otros que se utilizan en las ciencias
sociales, va cobrando fuerza, complejidad y diversidad. Lo mismo ocurrió
en los años 70 y 80 con el concepto de sociedad civil y con otros. ¿De
qué hablamos cuando nos referimos a alternativas en un mundo globalizado?
Tenemos que darles una connotación global integral, pero también
entender sus particularidades. Personalmente, discuto la idea de "modelos" porque
se aplica a cosas muy distintas. Por ejemplo, el desarrollo de las comunidades
de la cuenca del río San Francisco, en Brasil, como alternativa de poder
popular, sería muy distinto al concepto de alternativa que se puede utilizar
en Cuba, con relación a lo que vivimos como sociedad. Se trataría
de dilucidar el concepto de alternativa con relación a qué.
En cuanto a Cuba, existe la idea general que nuestro país ya es un proyecto
alternativo: el que se gestó con la Revolución. En términos
históricos eso es válido, muy cierto, y surge en un momento en
que ese concepto no era usado de manera común. En esa época hablábamos
de revolución, de socialismo, si implementábamos reformas o llevábamos
adelante una revolución, si en América Latina era la lucha armada
o la transición pacífica por la vía electoral el mejor
camino de liberación. Los países del este europeo hablan hoy de
transición en un sentido opuesto. Nosotros nos habíamos referido
siempre a la transición hacia el socialismo. Ahora es desde el socialismo,
como se aplica en Moscú. Por lo tanto, debemos hacernos preguntas complementarias,
al plantearnos la idea de una alternativa: alternativa a qué, desde dónde
y para quién.
- ¿Entonces es necesario desentrañar esa fragmentación conceptual
que está planteada?
-Exactamente, porque desentrañarla nos permite entender, por ejemplo,
el aspecto alternativo del proyecto cubano, su aplicabilidad a otros proyectos
o modelos alternativos latinoamericanos. La época ha cambiado y se parte
desde otras situaciones distintas a la del triunfo de nuestra Revolución.
Las condiciones para realizar las propuestas son otras y los reveses históricos
muy diferentes, también. Incluso nuestros reveses son aplicables solo
a las correcciones que nosotros mismos debemos implementar como propuesta alternativa,
en el contexto actual. Esas correcciones, en algunos casos, ya las hemos asumido.
Otras están pendientes de ser asumidas o ser impuestas por nuestra propia
historia. Pero no son necesariamente válidas para el resto de América
Latina.
Esta afirmación puede parecer muy teórica; sin embargo, la podemos
concretar en una imagen clara. En el contexto estructural de la excesiva liberalización
que ocurre en nuestro continente en las áreas de la producción
y comercio y de los mecanismos de reproducción del capital, la búsqueda
de alternativas tiene que enfrentar el freno impuesto por esa liberalización,
que ha reducido la capacidad estatal de implantar o mantener mecanismos de reformas
sociales. En el caso cubano, el problema más bien es, quizás,
un estatismo demasiado elevado. La economía cubana es esencialmente estatal,
incluso más de lo que fue la economía soviética, a pesar
de que las reformas de los noventa han logrado niveles importantes de descentralización
económica. Pero es todavía incipiente y, al menos en mi opinión,
insuficiente para dar respuesta a las necesidades de la economía cubana.
Los pasos que debemos seguir en el desarrollo de nuestra alternativa suponen
una cuota de liberalización económica, sin que esto implique asumir
una posición neoliberal. Para América Latina, en cambio, los pasos
deben orientarse a restringir y disminuir la liberalización de la economía
y las finanzas.
EL CASO CUBANO
-Si hablamos de liberalización debemos considerar, por lo tanto, sus
dos dimensiones, su expresión interna y externa y en interés de
qué y de quiénes esta funciona, sea en su forma productiva o financiera.
-En efecto, el problema, o al menos uno de ellos, radica en que nuestra economía
no se liberaliza internamente en la medida necesaria para producir una dinámica
de crecimiento de la economía y de mejor distribución del producto
social. La economía interna se mantiene altamente centralizada. Ello
es aplicable de igual modo al sistema político y al esquema administrativo.
Por ejemplo, los municipios jamás han podido implementar una política
de resarcimiento económico propio. Nuestros municipios están trabados
por una estructura piramidal. Si los municipios reciben todo desde arriba, financiera
y políticamente, es muy limitado su rango de autonomía para ejercer
iniciativas.
-Siguiendo esa línea de análisis, ¿en el municipio cubano debieran
producirse mecanismos que permitan recabar fondos e impuestos -sea para prestar
servicios o para transarlos en su esfera de responsabilidad- para dinamizar
una suerte de mercado local o comunal?
-Sí, exactamente, y que no se haya logrado representa uno de los déficit
del proyecto cubano. Es uno de los aspectos que deberá corregirse en
su momento, que espero sea más temprano que tarde. En ese sentido y prosiguiendo
con la idea central, yo veo al proyecto cubano como una alternativa al modelo
neoliberal de capitalismo dependiente. Eso lo piensa mucha gente en Cuba. Pero
nos quedaríamos cortos si no lo entendiéramos, también,
como una alternativa al socialismo de Estado del siglo veinte. En eso coincidimos
con opiniones que se debaten en otras latitudes. El desafío pasa entonces
por reinventar el socialismo, si queremos hablar seriamente de alternativas.
Hablamos de un socialismo que genere las condiciones para la participación
efectiva de la población, la gestación de espacios de participación
democrática efectiva en entidades políticas y económicas.
En ese terreno, las municipalidades tienen mucho que avanzar. La descentralización,
autonomía y autosuficiencia se podrán alcanzar por la vía
de una fuerte participación en esos espacios locales, originando lo que
podríamos llamar la creación de sustentabilidad desde abajo.
-Suena bien su afirmación. Sin embargo, me parece que estas ideas
no estaban en lo que conocimos en los denominados "socialismos reales". Aparece
como una insuficiencia o déficit teórico del socialismo y resultado
de una falta de creatividad o, del rol excesivo del partido y el Estado en las
instancias de organización en la base social.
-Esas y otras tantas son las razones que nos permiten descifrar las situaciones
de hoy. De igual manera ha existido cierta falta de imaginación en la
búsqueda de formas de propiedad social que sean más adecuadas
y efectivas, que permitan que el capital socializado se reproduzca con la misma
eficiencia o una eficiencia no inferior a la que tiene el capital privado, porque
no podemos olvidar que lo que reproduce el socialismo es capital socializado,
pero capital de todos modos. Todas estas ideas están en la base del problema.
Yo agregaría algunas cuestiones más universales, quizás
más atrevidas, motivado por Eric J. Hobsbawm en su análisis del
siglo veinte. ¿No sería, tal vez, el socialismo del siglo pasado un modelo
adelantado para las condiciones existentes en el mundo? Por decirlo de otro
modo, ni el tiempo ni el sistema estaban maduros para producir una alternativa
socialista. El capitalismo no había generado las condiciones materiales
para producir el socialismo, y me pregunto si no es así. Porque, en ocasiones,
tendemos a culpar a los líderes de los procesos; es el caso de Gorbachov,
a quien se culpa del fracaso de las reformas soviéticas. Pero hasta qué
punto ese sistema no estaba ya condenado, estructuralmente, y con o sin Gorbachov,
el sistema no tenía futuro. Entender esto es muy importante, pues nos
permite tener una visión menos coyuntural de los procesos y dotarnos
de una idea más científica, diría yo, acerca del colapso
del socialismo del siglo veinte. Yo pienso que la enorme crisis de los socialismos
reales es un fracaso estructural, político y económico. En lo
cual tienen por supuesto responsabilidad los actores, los arquitectos de su
construcción, y en este caso específico, Stalin tiene mucha. Pero
tampoco soy partidario de reducir el análisis al stalinismo. No podemos
verlo como una hechura deformada de carácter estrictamente personal.
Ni desconocer logros de la construcción soviética.
-Si ese es el caso, debemos preguntarnos, cuál es la importancia del
líder o los liderazgos, quiénes ejercen esos roles y cómo,
en las sociedades, esos liderazgos se reproducen de manera constructiva. Pareciera
que en la experiencia soviética no se produjeron muchos elementos edificantes
que puedan ser rescatados para un proyecto socialista de nuevo tipo.
-Tampoco es así, no vamos a caer en el pecado inverso. Habría
que evaluar bien la experiencia soviética. Las críticas a ese
proceso son muy polarizadas. Las tendencias son al rescate o al rechazo, y el
balance positivo no esta ahí, en los extremos. Se trata de ir al realismo
de la crítica radical y profunda de los fracasos y errores, lo cual nos
llevará, inevitablemente, a reconocer los éxitos. Por ejemplo,
los logros relativos a la equidad distributiva, son los más exitosos
que han existido en el mundo hasta nuestros días. Nadie más ha
podido reproducir esos niveles de igualdad distributiva y de condiciones de
vida en una sociedad tan populosa, en toda la historia de la humanidad. Habiendo
salido esa sociedad de una miseria absoluta, el liderazgo basado en una gran
voluntad fue capaz de hacer, además, que todo un pueblo se levantara
contra el fascismo. Aunque hay que cuidarse y evitar el voluntarismo, el ingrediente
de la voluntad es necesario. Esos avances y otros aspectos de desarrollo que
se dieron en condiciones muy adversas, hay que acreditárselos a ese esquema.
Sin por ello tener que comprar el esquema completo. Ese país, la URSS,
llegó a ser una verdadera potencia. En condiciones diferentes, y en otra
escala, esta apreciación sobre los aportes de la voluntad podría
ser también pertinente para el modelo socialista cubano, cada cual con
sus especificidades.
TRANSICIÓN A UN SOCIALISMO VIABLE
-Dentro de ese contexto podemos suponer que el socialismo cubano continúa
siendo una alternativa al capitalismo y también una alternativa a su
propia historia, ¿ existen esas condiciones?
-Sí, creo que existen las condiciones. En Cuba tenemos lo que podríamos
llamar una transición del socialismo clásico del siglo veinte
a uno viable en este siglo. Lo digo de una manera muy vaga, pues si me pregunta
cuál es ese tipo de socialismo y cuáles sus patrones, solo puedo
afirmar que aquí es donde tiene que funcionar la imaginación en
todos los niveles de nuestra sociedad, no tan solo la imaginación del
liderazgo político. Aquí es donde debe estar toda la población
pensando, en los espacios barriales, comunales, provinciales, sectoriales, en
fin, el imaginario colectivo funcionando.
- ¿Existen espacios en Cuba para el funcionamiento del imaginario colectivo?
-Sí, por supuesto. En ocasiones me han preguntado si acaso el sistema
es ahora más duro o más intolerante. Yo puedo responder que sí
y que no, pues el sistema cubano se va construyendo y moviendo como todos los
sistemas políticos socialistas, transitando de acuerdo a las presiones
y condiciones existentes. En la actualidad, hay un nivel más amplio que
el que teníamos hace diez años, más avanzado en libertades
de asociación y de prensa. No permite llegar aún a lo ideal, pero
existen más espacios para el disenso, se aceptan más las críticas
y ello expresa una diversidad imprescindible, porque la diversidad es importante
y no radica en diversidad profesional. La diversidad solo puede existir y ser
practicada si pensamos en caminos distintos para resolver un problema, sin tener
que someternos a un pensamiento único por muy socialista que sea. Lo
cual tampoco implica que uno viole las normas existentes. Las normas son la
legalidad de una sociedad, otra cosa son los criterios con relación al
proyecto social.
- ¿Qué aspectos del socialismo cubano pueden contribuir al desarrollo
de alternativas en América Latina?
-No sé, eso no me toca a mí, es una pregunta para los latinoamericanos.
Tenemos un caudal vasto de experiencias y están disponibles, porque además
sabemos que los latinoamericanos están con nosotros, están a nuestro
favor, en contra del bloqueo, por que nos dejen en paz construyendo nuestro
camino. Pero a la vez, nuestra apologética excesiva debe ser reevaluada.
La visión triunfalista de que Cuba está en el mejor de los mundos
y que es la más grande democracia y la salvación de América
Latina, tampoco es una buena lectura de nuestra realidad. Esa visión
puede, incluso, generar otro tipo de bloqueo, que no permita que la gente vea
todo lo bueno de Cuba y tenga una comprensión realista de nuestra contribución
a sus propios procesos.
DESIGUALDADES EN CUBA
-Las reformas económicas han generado en Cuba cambios importantes,
tanto en la economía como en diversos estratos sociales. El sistema igualitario
y de equidad ha sufrido algunas mutaciones que se han hecho perceptibles. ¿Espera
que la apertura de la economía, aunque parcial, contribuya a superar
la desestratificación creada por la urgencia de las reformas?
-Se puede decir que Cuba ha sufrido una dislocación del patrón
de equidad alcanzado, que era muy alto. Los estudios realizados en los años
ochenta arrojaron resultados sorprendentes. El salario medio más alto
en la franja de salarios del 20% que ganaba más, era cuatro veces superior
al salario del 20% que percibía menos salario. Es decir, la relación
era de cuatro a uno. Existían también otras mediciones que arrojaban
una proporción de seis a uno. En todo caso, una distancia social irrisoria,
que indica un cuadro de equidad excepcional. Sin embargo, ese cuadro se ha dislocado;
es el problema más grave de las reformas y liberalizaciones. Ese patrón
se estima que está por encima del rango de 20 a uno. Estamos hablando
de salarios reales, antes del período especial, en que el 95% del trabajo
era asalariado. Hoy la cifra del salario ronda el 65 a 70% del ingreso total.
Hablamos de ingresos comprobados. Existe una cantidad alta de ingresos que no
son controlados. Es muy difícil distinguir entre ingresos no salariales
e informales para establecer porcentajes más exactos. Yo creo que, en
la medida que se profundicen esas reformas, este fenómeno, esta distorsión,
todavía puede crecer. El gran desafío del Estado cubano y de nuestro
socialismo, es el de la justicia social. El problema de la educación,
la salud, el deporte, son problemas resueltos y hay que mantenerlos. El desafío
hoy, insisto, es normalizar el patrón de equidad, aunque tampoco podemos
pensar que vamos a recuperar el patrón anterior igualitario. De lo que
se trata es de evitar que se eleve. El efecto más grave de las reformas
es el de la inequidad. Es mucho más grave que la prostitución,
el cual es también un efecto del crecimiento de las desigualdades sociales.
Sin embargo, es preciso aclarar que no todo es producto de las reformas. También
se deben incluir los efectos de la caída de la economía, del orden
del 35% en el ingreso bruto y de más del 75% de pérdidas en las
exportaciones. El cisma que afecta a la justicia social y la equidad está
determinado por ese doble factor que traumatiza a la economía cubana;
y aunque la sociedad se recupera, esa recuperación no se equipara con
el antiguo patrón igualitario. En el patrón de equidad existente,
las diferencias son mayores que en el pasado. Parafraseando a un amigo debo
afirmar que al período especial entramos todos juntos y vamos saliendo
uno a uno, cada cual como puede. Ello aunque todos los índices empiezan
a subir, pero de manera diferenciada y desigual. La economía creció
el año 2000 en 5%, sin embargo, en el 2001 el crecimiento se redujo al
2,7%; en el 2002 bajó todavía más, al 1,1%, y para el 2003
se prevé un 1,3%. Según esos datos, que son oficiales y discutidos
en la Asamblea Nacional del Poder Popular, es muy difícil recuperar los
niveles anteriores. Lo importante es encontrar fórmulas que dinamicen
la economía, sin profundizar esa brecha que, aunque sea menor si la comparamos
con el capitalismo neoliberal, acarrea efectos sociales que habría que
evitar. Si nosotros no hubiésemos tenido que enfrentar más de
cuarenta años de bloqueo, nuestra economía y nuestra realidad
política y social serían mucho más justas, más igualitarias
y más optimistas. Tenemos los factores y recursos para continuar bregando
por un socialismo cubano que, sin renegar de su historia, se empine por sobre
sus propias limitaciones históricas para superar las trabas impuestas,
no tan solo por nuestros errores sino también, y en primera instancia,
por las condiciones internacionales que hemos debido enfrentar. De eso estoy
convencido.