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SE ACABÓ EL UNDERGROUND
El Caimán Rock 2003 —como el premio Lucas o el Cubadisco— viene a ser
síntoma del definitivo asentamiento de los roqueros entre los creadores
cubanos más relevantes. Al menos los artistas de talento que cultivan
el género, tienen garantizado un espacio en los medios, y por supuesto
en la preferencia del público, un espacio que han sabido ganarse con
profesionalidad de altos decibeles.
Joel del Río | La Jiribilla
Un festival de rock en La Habana, en plena capital, orquestado en los mejores
y más céntricos espacios, es un fenómeno que no por inusual
escapa a la atención de los muchos admiradores cubanos del género.
No caben dudas de que las figuras valiosas tienen una excelente oportunidad
para confirmar sus sitiales, y todos aquellos aficionados coyunturales, esos
que buscan estas expresiones solo como fachada llamativa, como actitud más
o menos contracultural y marcadamente anticonformista, pues se tendrán
que adaptar a su nuevo status de integración promocional, o simplemente
tendrán que buscarse otros intersticios culturales para llamar la atención,
si es que la excentricidad fuera su única motivación. Para nadie
es secreto que este Primer Festival Caimán Rock 2003 es el colofón,
el epílogo natural de una larga y accidentada historia. Hubo incomprensiones,
prejuicios, momentos de altas y bajas, opiniones entronizadas e impermeables
de que el rock era posible en Cuba solo si se fusionaba con la ritmática
criolla, pero los creadores auténticos, convencidos de la valía
de su género favorito, persistieron, resistieron acusaciones no siempre
de orden ideológico, sino también artístico. Los roqueros
tuvieron que ganarse el espacio, discutir a diario su valía, creer en
sus propuestas a brazo partido y pie juntillas.
Primero en la semiclandestinidad de las fiestas privadas, y luego en los grandes
escenarios mediante la presencia asimiladora de Síntesis, Mezcla, Carlos
Varela y muchos otros, se generalizó lentamente la idea de que el rock
podía ser arte, excelente música, palpitar del tiempo, testimonio
de la época. En los años ochenta, con la visita a Cuba y el éxito
continental de los argentinos y de algunos españoles, continuó
el lento proceso de transición hacia la naturalidad. El rock estaba a
punto de obtener la carta de ciudadanía, y tampoco hay que marearse con
el éxito indiscutible del evento: los roqueros llevan un par de décadas
participando, de una u otra manera, en lo más renovador del discurso
cultural cubano.
Está claro que la historia del rock en Cuba no cabe, ni siquiera en sus
más generales matices, dentro de los apuntes presurosos que antes anoté.
No pretendo historiar ni tejer antologías, solo dejar constancia de que
el actual espacio para la celebración y el placer se lo ganaron los roqueros
cubanos, divididos por supuesto en cuanto a tendencias y estilos musicales,
en cuanto a generaciones y posibilidades económicas, en cuanto a la actitud
respecto al mercado, a la música popular cubana, a la proyección
escénica… pero son muy pocos quienes a estas alturas esperan cohesión,
monolito, unidireccionalidad en cualquier movimiento artístico auténticamente
surgido y naturalmente desarrollado.
El Caimán Rock no es ni mucho menos un síntoma solitario indicativo
de la inclusión del rock en el panorama de la música cubana. Por
ejemplo, el premio Lucas, que reconoce lo mejor del video clip nacional, y al
mismo tiempo se relaciona con los intereses priorizados de las casas disqueras,
incluyó en su más reciente edición tres obras consagradas
a lo más puro del género: Polito Ibáñez y su "Doble
juego", Extraño Corazón con "Fantasma",
y el grupo Porno para Ricardo con "Los músicos de Bremen".
A pesar de la mucha importancia que ha conquistado, el premio Lucas
no es estrictamente musical, sino que se consagra más bien a jerarquizar
la producción audiovisual vinculada a la música, pero el Cubadisco
sí está considerado el galardón más significativo
de la música cubana y en este año incluyó entre sus categorías
en competencia obras discográficas que un jurado hiperselectivo eligió
entre lo mejor de la música contemporánea de hoy mismo. En la
nómina figuraban No preguntes, de Extraño corazón;
Nieve en La Habana, de Dagoberto Pedraja; la compilación Lo
mejor de Síntesis; Para no pensar, de Polito Ibáñez;
mientras Nassiry Lugo (antiguo solista de Moneda dura) clasificaba entre los
nominados con Mucho cuidao, y el grupo Pasos perdidos aportaba a la selección
el CD Clasificados.
El Caimán Rock 2003 —como el premio Lucas o el Cubadisco— viene
a ser síntoma del definitivo asentamiento de los roqueros entre los creadores
cubanos más relevantes. Al menos los artistas de talento que cultivan
el género, tienen garantizado un espacio en los medios, y por supuesto
en la preferencia del público, un espacio que han sabido ganarse con
profesionalidad y talento de altos decibeles.