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22 de junio del 2003
Cuba: desde el vértice del huracán
Alexis Díaz-Pimienta
La Jiribilla
Hace unos días me pidieron para un importante periódico italiano
mi opinión sobre "los últimos acontecimientos cubanos", sobre
"libertad de expresión y creación", sobre "el momento que vive
la Isla". Escribí entonces el siguiente texto que luego, por razones
de espacio (según me dijeron) no llegó a publicarse en Italia.
Se lo envié entonces a varios amigos, y estos amigos se lo enviaron a
otros, y esos otros a otros, y todos me han pedido que lo publique, que comparta
estas reflexiones con muchos más lectores. He aquí, entonces,
además de mi adhesión al Frente antifascista y al Mensaje a los
amigos que están lejos, además de mis décimas contra la
guerra, contra el terrorismo y en defensa de Cuba, mi pronunciamiento sobre
tales hechos, palabras que vuelven a ganar en vigencia ahora que la Unión
Europea se ha sumado a la política hostil hacia Cuba defraudando a quienes
creemos que "civilización" y "cultura" son sinónimos de "sentido
común" y "justicia".
En primera instancia, participar en este circo mediático sobre "los últimos
acontecimientos acaecidos en Cuba", me parece inútil. Llevo tantos años
viviendo en Europa, conozco tanto cómo funciona y qué mecanismos
utiliza la prensa para legitimar o ilegitimar lo que se ajusta o no a sus postulados
y credos sociales e ideológicos, que ya no creo en la "sana intención"
de la prensa. Hay mucho morbo, cinismo y oportunismo en todo intento de sondear,
ahora, qué piensan los cubanos "de dentro", y aprovechar "otra crisis
cubana" para hacerlo.
El tratamiento del "tema Cuba" en la prensa europea, sobre todo en la española,
sea cual sea la crisis de turno, es bastante lamentable. Cuánta manipulación,
cuánta mala fe. Yo estaba en Almería, España, cuando comenzó
todo esto: los secuestros de barcos y aviones, el arresto de los disidentes,
los juicios y el posterior fusilamiento de tres secuestradores, la campaña
mediática, morbosa y cínica, sobre Cuba. Estando allá me
sorprendí y me preocupé mucho. Estaba loco por volver a Cuba,
a enterarme de algo, de todo, porque desde allá, guiado por la prensa
escrita, radiofónica y televisiva todo era "tan simple" y estaba "tan
claro" que, o me deprimía o empezaba a manifestarme a la ligera, como
han hecho muchos, como ha hecho el propio Saramago. Y yo no soy de esos. Lo
primero era venir a Cuba y saber, enterarme de verdad de la verdad, por cruda
que fuera. Me molesta mucho que nadie se dé cuenta de lo escorado, lo
malintencionado que está siempre el "tema Cuba" en la prensa, repito,
sobre todo en España. Por ejemplo, dos o tres veces salió en Televisión
Española Zoe Valdés, manifestándose unas, y en otras respondiendo
a entrevistas, dando opiniones, haciendo arenga política para recuperar
en parte el vedettismo que ha perdido con su mala literatura. Y no lo veo mal.
Ella defiende, y tiene derecho a hacerlo, su posición, clarísima,
al lado de la derecha (qué derecho más derecho, ¿no?). Pero yo
me preguntaba, y me pregunto todavía: ¿Qué cadena o qué
periódico españoles le han dado la misma oportunidad y espacio
(es decir, el mismo Poder), a escritores como Miguel Barnet, Daniel Chavarría
o Roberto Fernández Retamar, por poner tres ejemplos, autores con obras
mucho más serias y prestigiosas que Zoe? Ninguno. Pero además,
no seamos ingenuos, esto tampoco resolvería el problema, porque con sus
argumentos Retamar, Chavarría y Barnet serían tildados inmediatamente
de oficialistas, castristas, cómplices de la tiranía, etc., o
sea, pasarían de ser lúcidos intelectuales a ser marionetas que
dicen lo que dicen porque están dentro. Hace mucho tiempo que el maniqueísmo
sobre Cuba es burdo, absolutamente burdo. La buena literatura cubana es la que
se hace fuera; la que se hace dentro es buena si disiente, si critica, si escatologiza
la realidad; los pensadores de la cubanidad están en Miami, Estocolmo,
Madrid; los filósofos de dentro son victrolas que no trabajan con monedas
(saben que en Cuba hay poca plata) sino con otros estímulos: discursos,
por ejemplo.
En fin, que no me sorprende el circo mediático que está orquestándose
en Europa, la vieja y sabia Europa. Cuba es un tema duro y complejo, un pastel
enorme para que coman los infinitos chupatintas que viven del columnismo y las
intervenciones públicas, y digo "viven" no pensando en los euros que
cobran, sino en los famosos "quince minutos de Warhol". Creo que desde el caso
Padilla no generaba Cuba una división a escala de pensamiento tan grande
como ahora. Y yo lo siento por los refinados y modélicos izquierdosos
europeos que "se quedan" y dejan sola a Cuba. Será lamentable, penoso
y vergonzoso que si nos invaden, como todo el mundo sabe o sospecha que puede
ocurrir, salgan con pancartas y pintadas a manifestarse para que no maten más
negritos cubanos. Será lamentable el precio de una irresponsabilidad
ideológica y una inconsecuencia moral tan grande. Yo también estoy
contra la pena de muerte. Hace mucho tiempo que lo estoy. Pienso que podría
haberse evitado. ¡¡Pero desde el inicio, desde la raíz del problema!!
Me duele mucho la hipocresía política, el menosprecio a la inteligencia
de los demás, en este caso de nosotros. Y vuelvo a hablar de morbo y
de cinismo. Ya lo viví con la guerra de Irak y su cobertura mediática
en España. Los telediarios hicieron de ella un espectáculo: infografía,
planos audaces, bandas sonoras estremecedoras como fondo, ordenadores que hacían
maravillas a la hora de poner los créditos y los titulares. En recuadros
de llamativo fondo azul, pasaban las imágenes. Sobre ellas, la música.
Y de pronto, dando lindas volteretas o cabriolas a la vez que iba acercándose
al centro de la pantalla, el título, como si de una "obra" se tratara:
GUERRA SOBRE IRAK, o algo por el estilo. Y en todas las cadenas lo mismo (solo
cambiaba el "título": ya saben, los derechos). No puedo dejar de imaginarme
el trabajo de mesa de los especialistas. Hay que contar la guerra, sí,
pero "contarla lindo", hay que lucirse para que vean más nuestras noticias
que las otras. Y después a llorar a los colegas muertos. Hasta qué
grado de insensibilidad, de morbosidad y ajenitud hemos llegado. Sería
bueno investigar cuánto vendieron los principales periódicos de
España durante los 21 días que duró la guerra, cuánto
subió el nivel de audiencia de los Telediarios, todos con el cadáver
de la verdad a cuestas: páginas y páginas, horas y horas de desinformación,
manipulación, mentiras o verdades a medias.
Volviendo al "tema Cuba": ¿no es sospechoso que tanta gente tenga necesidad
de pronunciarse? ¿Por qué nadie firma manifiestos y se pronuncia sobre
el tema Colombia, el tema Guatemala, el tema Perú? ¿Cuál es la
urgencia por pronunciarse sobre Cuba? ¿ Dormir bien? ¿Descargar la conciencia?
Me preocupa cada vez más la izquierda europea, "la izquierda de la tostada",
como le llama un amigo mío. Es muy fácil llamarse de izquierdas
y progresista desde un contexto como el europeo, cuando la postura ideológica
se reduce a votar por un partido u otro. Otra cosa es serlo desde el vórtice
del huracán. Por eso me da pena, repito, la actitud de muchos intelectuales
que, enceguecidos por el "sagrado deber" de ser honestos, rectos, consecuentes
con la imagen que tienen de sí mismos, trivializan la situación
y sin querer o queriendo le hacen el juego a la reacción. Estoy pensando
en Saramago. Sería bueno investigar en todos estos años de su
militancia comunista y cubanista (incluso, fidelista) cuántos artículos
y columnas publicó en El País el señor Saramago
para "demostrar" o "legitimar" su adhesión a Cuba, su amistad con Fidel.
Creo que encontrar algún escrito suyo, rotundo, "a favor de Castro",
sería una forma genuina de que parezcan auténticos el medio y
el momento que ha escogido para su harakiri. ¿Dónde, cuándo y
cuántas veces dejó dicho por escrito Saramago su fidelismo y cubanismo
como para que, llegado el desencuentro, el desencanto, se vea obligado o crea
necesario publicarlo, aunque esto sirva como argumento a la derecha europea
y a la fantoche reacción cubano-americana? Y, además, publicarlo
en un medio como El País, anunciado como "editorial" desde la
portada, enmarcado en un recuadro en el centro de la página¡¡¡ (Claro,
los jefes de redacción no son tontos: lo firma Saramago, dice que hasta
aquí, abandona el barco de la Cuba castrista, coño, un izquierdoso,
un rojo que públicamente reconoce que se equivocaba, y rectifica, ¡un
rojo rectifica!: lo que faltaba en este momento de desmerengamiento del PP y
el aznarismo). Nada, que Saramago no lo podía haber hecho mejor: un golpe
maestro, una gran demostración del ambidextrismo europeo. El titular
de su editorial también es llamativo. "Hasta aquí he llegado".
Y en el texto hay frases que dan pena (o risa): "que Cuba siga sola". Como si
fuera su castigo, su "represalia blanda". Como si Cuba, para hacer su historia
de cambios sociales y lucha por la independencia y la dignidad nacionales (esto
suena a chino en muchas mentes europeas) hubiera pedido o necesitado su compañía.
Como si un gobierno soberano, de un país soberano, tuviera que contar
con "sus amigos" para aplicar sus leyes. Hay una frase muy española que
se ajusta perfectamente a este caso: "Da vergüenza ajena". Cuánto
ombliguismo ideológico. Cuánta ceguera blanca, Saramago. Mi mujer
va más allá, y dice: en caso de existir ese "escrito rotundo"
de apoyo a Cuba y a Fidel, ¿qué medio de prensa se hizo eco?, ¿cuándo
lo reprodujo tanta prensa, y lo glosó la CNN, y lo citaron tantos columnistas?
En fin, ¿a quién le importaba, hasta ahora, que Saramago viniera a Cuba,
y posara para la historia junto a Fidel un primero de Mayo? Sin embargo, ahora
parece importarle a todo el mundo que no siga. Vuelvo a destacar el cinismo,
la hipocresía, la manipulación y el oportunismo mediáticos.
Claro, que ahora dirán que soy oficialista, castrista, etc. Y yo soy,
sobre todas las cosas, un intelectual cubano, de izquierdas y antiimperialista.
¿O ahora resulta que tampoco hay imperio?
Los mecanismos para desacreditar la actitud del gobierno cubano en cualquier
crisis son harto conocidos: descontextualizar los hechos, hacer hablar a una
sola parte, mentir, silenciar datos importantes para entender qué está
pasando. Poco se ha dicho de la cadena de 29 secuestros planificados. Poco se
ha dicho de que el mismo Colin Powel advirtió que de haber una "llegada
masiva" de cubanos a Estados Unidos sería considerado este hecho como
una amenaza a la Seguridad Nacional de su país, y por lo tanto, hubiera
sido "legítimo" atacar a Cuba para defenderse, porque Cuba, en definitiva,
es uno de los países del Eje del Mal, no lo olvidemos. Y mucho más
fácil sería si esos "cubanos desesperados" llegaban en aviones
(la paranoia no ha cesado). Nada o poco se ha dicho sobre la voluntad política
(y humanitaria) del gobierno cubano, cuando tras negociar durante horas con
un terrorista falsamente armado permitió la entrada al espacio aéreo
nacional de dos cazas norteamericanos para que "custodiaran" el avión
secuestrado hasta Estados Unidos (en un caso parecido recordemos el nefasto
heroísmo de Valdimir Putin en un teatro ruso, meses antes, cuando el
rescate de rehenes se convirtió en un genocidio, aunque la prensa europea,
y los intelectuales españoles, no demonizaron entonces al estadista ruso
como han hecho después con Castro). Nada o poco se ha dicho de que el
secuestro aéreo de aquel avión se completó con la entrega
de combustible por parte del gobierno cubano, para evitar muertes inocentes,
ni de que la acogida y posterior liberación de aquel terrorista se convirtió
en un incentivo más para estos actos de piratería. Nada se ha
dicho de que los disidentes condenados a grandes penas cobraban "por disentir",
algo que ilegitima desde el inicio la disensión, y que cobraban nada
más y nada menos que de la potencia enemiga que calumnia, arremete e
intenta acabar con la Revolución cubana por todos los medios, incluida
la agresión armada. Nada o poco se ha dicho sobre el discurso de Fidel
el 1ro de Mayo, ante más de un millón de cubanos, en el que entre
otras cosas afirmó rotundamente que la pena capital era algo que "nosotros
también aborrecemos"; o su declaración a la prensa argentina de
que su aplicación en este caso había sido "cuestión de
vida o muerte", para detener en seco la ola de secuestros planeada desde Estados
Unidos con un número creciente de posibles víctimas mortales.
Nada o poco se ha dicho sobre la pública respuesta del Comandante al
reverendo Lucius Walker, admitiendo que el gobierno cubano se estaba planteando
la abolición de dicha pena. Nada o poco se ha dicho sobre todo esto.
Y como para nosotros, "los cubanos de dentro", la amenaza de una invasión,
de destrucción y muerte son reales, terminaré con un viejo soneto,
escrito en una vieja crisis, en la que también estábamos en el
vórtice del huracán, aunque nadie se pronunciaba entonces:
Yo nunca he visto un muerto, ni un derrumbe,
ni un soldado pecoso y bien dentado.
¿A quién nuestro peligro no le incumbe?
¿Qué túnel no será identificado?
Cuando la bala enemiga pase y zumbe
no sabrá si hago guardia o me he negado.
Cuando la muerte a nuestros pies retumbe
será lo mismo ser niño o soldado.
¿Dónde van a evacuar las mariposas,
las trenzas, las guitarras, los gorriones,
el dominó, los bates, esas cosas
que estudiarán otras generaciones
para saber que fueron dolorosas
las ausencias, los odios, las pasiones?