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20 de junio de 2003
Comandante: Fidel vivito y coleando
Zaratustra.
Rebelión
Fidel Castro sigue vivo. Eso lo demuestra el magnífico documental de Oliver Stone, en la versión que aún puebla algunos cines pese a la fanática campaña del estercolero mediático. Es un prisionero. Dice el Comandante que está preso en su despacho, esclavo de su pueblo. Y es verdad. Es un revolucionario y su vida entera pende del hilo de la revolución. Su trabajo es buscarle oxígeno en un mar de mierda, y no lo está haciendo nada mal. Dice Fidel que nadie daba un centavo por la Revolución cubana cuando empezó el periodo especial, y ahí está, vivita y coleando, con una mejoría creciente en las condiciones de vida de sus ciudadanos, con la enseñanza gratis y la salud gratis y la vida garantizada para todos, incluidos los agentes contrarrevolucionarios y los estudiantes de medicina de medio mundo... en un país con un PIB de 2000 dólares por cabeza. Se ve una Cuba tranquila, confiada, entusiasta con el Comandante. Si este documental ha sido prohibido en EEUU es, sobre todo, por la radical exhibición de estudiantes contentos que demuestran que la universidad debe ser gratuita. Y por la tranquilidad de un Fidel que improvisa y transita por la Habana como pez en el agua porque su pueblo es un amo agradecido. Esta película es un enorme desmentido para los revolucionarios de salón -tan inútiles, tan irritantes-. La revolución no se reduce a la alegría del derrocamiento. Es (re)constituir un mundo que funcione en este mundo. Es, por tanto, que tu pueblo alcance una esperanza de vida al nacer de más de 75 años, o que de un 30% de analfabetismo en una república bananera y prostibularia, se pase a cerca de un millón de graduados universitarios en una república a la cabeza de la solidaridad internacionalista. Es acercarse mucho al pleno empleo y tener la tasa de mortalidad infantil del seis por mil cuando a tu entorno socio-colonial le corresponde el 46 por mil. Es la independencia y la voz de un gobierno que denuncia el capitalismo y el imperialismo en todos los foros internacionales con valentía y rigor. Es la astucia y la fuerza para afrontar la agresión permanente: tanto el ejército como los servicios secretos cubanos demuestran día a día que sus enemigos tienen muy buenas razones para respetarlos y temerlos. La revolución, en suma, pasa por la responsabilidad que implica resistir y exige flexibilidad y sacrificio. żDe qué vale una bonita experiencia libertaria si no sobrevive cuatro días en la realidad del imperio? Comandante, por lo menos en su versión actual, transmite una progresiva admiración ante un Fidel seductor que va consiguiendo conquistar a una cámara poco benévola con su vejez. Porque la cámara no trata bien, al principio, al Presidente. Sin embargo, poco a poco la imagen se reconcilia con él al tiempo que el equipo de Oliver Stone se pliega ante la sencillez y buena disposición del dirigente. Fidel Castro es un revolucionario fuera de lo común, ya que tiene la magnífica virtud de saber transaccionar de maravilla con la realidad para defender lo que realmente importa. Avispado y riguroso, da una imagen admirable porque, probablemente, es un tipo admirable, con sentido del humor y ganas de explicarlo casi todo con una cadencia de una lentitud perdida, por desgracia, en la oratoria gritona de nuestra ruidosa democracia. Asoma, de hecho, en el documental, un contenido subversivo de crítica profunda al modelo euro-gringo de democracia. Es una crítica de palabra a la que se suma la alegría de la imagen. Y no rehúye Fidel, al contrario de lo que escupe la propaganda enemiga, los temas delicados. Por ejemplo, sus importantes explicaciones sobre las difíciles relaciones con la Unión Soviética y el episodio de la crisis de los misiles o la marcha de un Ernesto Guevara del que claramente se ve que carece de una virtud básica de ese Fidel capaz de quedarse en el aburrimiento de sacar adelante la revolución ya constituida: los pies en la tierra, hundidos en el cieno de la realidad, la fuerza del campeón de natación en fango.