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Eduardo Galeano
Patria Grande
26 de julio de 1953
Santiago de Cuba
Al alba del 26 de julio, se lanza al asalto del cuartel Moncada un puñado
de muchachos. Armados de dignidad y cubanía y unas pocas escopetas de
cazar pajaritos, se baten contra la dictadura de Fulgencio Batista y contra
medio siglo de colonia mentida de república.
Algunos, pocos, mueren en la batalla, pero a más de setenta los remata
el ejército al cabo de una semana de tormentos. Los torturadores arrancan
los ojos de Abel Santamaría y otros prisioneros.
El jefe de la rebelión, prisionero, pronuncia su alegato de defensa.
Fidel Castro tiene cara de hombre que todo lo da, que se da todo, sin pedir
el vuelto. Los jueces lo escuchan, atónitos, sin perder palabra, pero
su palabra no es para los besados por los dioses: él habla para los meados
por los diablos, y por ellos, en nombre de ellos, explica lo que ha hecho.
Fidel reivindica el antiguo derecho de rebelión contra el despotismo:
—Primero se hundirá esta isla en el mar antes de que consintamos en ser
esclavos de nadie…
Majestuoso, cabecea como un árbol. Acusa a Batista y a sus oficiales,
que han cambiado el uniforme por el delantal del carnicero. Y expone el programa
de la revolución. En Cuba podría haber comida y trabajo para todos,
y de sobra:
—No, eso no es inconcebible…
De Memoria del fuego (1986) un libro con infinitas lecturas que se presta,
de manera especial, para el hipertexto. Estas páginas recogen fragmentos
del libro ordenados en forma cronológica y enriquecidos, en algunos casos,
con fotografías, audio y textos adicionales tomados de las fuentes originales.