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Una nube de ideas
Hay que ser muy Bush para no darse cuenta de que Fidel y la Revolución
son cosas sagradas para los cubanos. Pero Bush es más Bush de lo que
uno se imagina, así que lo más probable es que tanto la marcha
del 12 de junio como las firmas de casi el 99 por ciento de la población
con derecho a hacerlo, sean ignoradas o impugnadas por el señor W.
Bajo ese razonamiento, alguien, de paso por Cuba, me pregunta: ¿Para qué
marchan y firman si los Bush nunca van a aceptar nada que venga de ustedes y
a los no Bush no es preciso demostrarnos lo evidente?
Nuestro amigo piensa que mejor haríamos nosotros en ignorar a W, que
con todo y sus poses de emperador, carece de moral y de talento para hablarle
al mundo de algo decente. Todos saben que miente, que engaña, que tergiversa...
y que de Cuba lo único que sabe es lo que le dictan al oído sus
cómplices en el fraude para llegar a la presidencia de Estados Unidos
y los agradecidos terroristas que huyeron de la Isla cuando la justicia los
buscaba por crímenes y saqueos.
El mundo sabe muchas cosas, digo y puede olvidar muchas otras si no se dicen
alto y fuerte, de manera que pueda advertir su trascendencia. El mundo entero
sabía, por ejemplo, que sería un genocidio cobrarle al hambreado
pueblo afgano las víctimas del 11 de septiembre y, sin embargo el crimen
se ejecutó fríamente. El mundo sabe que a Palestina la asesinan
las armas que Estados Unidos vende a Israel y, sin embargo, la carnicería
prosigue con el abastecedor de armas como intermediario del conflicto. El mundo
sabe que el gobierno de Bush practica todos los delitos de los que acusa a otros
gobiernos, pero los sigue practicando impunemente.
Por eso, antes de que el mundo olvide que con similares mentiras y afanes imperiales
nació el régimen nazi, culpable por la pérdida de 40 millones
de vidas humanas, es urgente advertirle que el nuevo imperio también
puede comenzar su guerra lanzándose contra los comunistas y los pobres,
para engullir después a todos los que hoy creen innecesario responder
sus amenazas prepotentes.
De no olvidar la recomendación martiana de "dormir alguna vez al
aire, desafiar la lluvia, manejar las armas que defenderán mañana
la patria o el derecho, velar al pie de algo más que un mostrador o una
ventana" porque "el único modo de librarse del soldado es serlo",
en cada acto unitario por Cuba nos anima la certeza de que "los pueblos
que se cansan de defenderse, llegan a halar como bestias del carro de sus amos".
Y aunque con humildad digamos una y otra vez que hemos marchado y firmado porque
agradecemos a la Revolución lo que ha hecho por cada uno y por todos,
la razón más exacta es que cada uno y todos somos esa esencialidad
que salimos a defender. Ya no somos simplemente el objeto o el sujeto de lo
que agreden, llámese socialismo o revolución. Nosotros somos justamente
todo lo que se quiere destruir.
Y como los varones de Juan de Castellanos que citó Martí en Nuestra
América, ya aprendimos a dormir con las armas de almohada, "las
armas del juicio, que vencen a las otras." Que "no hay proa que taje
una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo,
para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón
de acorazados."
Eso son nuestra marcha y nuestras firmas. Una nube de ideas, grandiosa, unitaria
y enérgica. Deteniendo a los acorazados amenazantes del imperio.