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6 de julio del 2003
Con Cuba
Andrés Sorel
La Jiribilla
Quienes hoy se suman a la campaña contra la Revolución
cubana, no a debates abiertos sobre la guerra y la paz, la represión
y la pena de muerte, el terrorismo individual y el terrorismo de Estado, las
leyes internacionales y su vulneración por el país que impone
en el mundo entero su concepto del bien y del mal, están enterrando su
independencia crítica, su libertad de conciencia, aunque digan defender
la libertad de expresión.
En la guerra de España, César Vallejo fue uno de los
escritores que acudió a defender la República, a luchar contra
el franquismo. Vivió la barbarie fascista. Vio la muerte de niños
provocada por los bombardeos de los imperialistas nazis. Escribió un
poema a los niños. Les dijo que si caía España todos los
niños del mundo lo iban a sentir. Una nueva barbarie, en una guerra mundial
no declarada, golpea nuestras conciencias en el inicio del siglo XXI. Impulsada
por los Estados Unidos de América. El escritor comprometido debe luchar,
como César Vallejo, como el cubano Pablo de la Torriente Brau muerto
en los campos de España, debe decir a los niños del mundo, que
si cae Cuba -es un decir-, todos los niños, sobre todo los de América,
se sentirían más huérfanos, más abandonados Los
niños no deben permitir que Cuba caiga, porque en Cuba también
se juega su libertad, su futuro.
En los años cincuenta muchos de nosotros, apenas abandonada la adolescencia,
luchábamos contra una atroz dictadura en las calles de España.
Un día del año 1953 supimos que en las entrañables y nunca
lejanas tierras de Cuba, un puñado de estudiantes, trabajadores e intelectuales,
habían intentado tomar el cielo por asalto en Santiago de Cuba. Años
después cantamos con los guerrilleros que entraban triunfantes, un día
de enero, del año 1959 en La Habana. Los nombres de Camilo, Fidel, Che,
Raúl y otros pasaron a formar parte de nuestro patrimonio familiar. Como
las lágrimas internas que derramamos cuando nos golpeó la noticia
de la muerte del Che Guevara en los altiplanos de Bolivia, cuando Che luchaba
no por él, sino por llevar a las conciencias de todos los pueblos sojuzgados
del mundo, de todos los hombres y mujeres del mundo, la necesidad de la lucha,
combatir en todas partes al imperio de los Estados Unidos, para que los niños
de las Américas, los otros niños del mundo no murieran más
de hambre, no fueran vendidos en los mercados que se instalen en los países
explotados, supieran lo que es la libertad y la justicia.
Asistimos a una campaña feroz de acoso a Cuba. Una campaña impulsada
desde los Estados Unidos a través de los numerosos medios de comunicación
que dirigen o controlan, sobre todo en Europa. Una campaña para intentar
derribar uno de los últimos territorios libres del mundo. Aquí,
en España, yo quisiera dialogar con los compañeros escritores,
intelectuales, que se han sumado a ella. Pedirles que reflexionen. Porque no
es cierto que el debate sea el de la pena de muerte, el del encarcelamiento
de unos profesionales opuestos al régimen político imperante en
Cuba. Yo estoy, he estado siempre, estaré en conciencia contra le pena
de muerte, mas no es este el debate. O son ciegos o no quieren ver que se trata
de una información sesgada, unilateral y cínica. ¿Abrimos de verdad
un debate sobre la pena de muerte en todo el mundo? ¿Denunciamos día
a día las atroces condenas que se pronuncian por ejemplo en el país
que impulsa esta campaña, en los Estados Unidos, donde se ajustician
cada año a decenas de personas, casualmente la mayor parte negros, latinos,
gentes discriminadas por su origen social o el color de su piel, que ni tienen
ni pueden pagarse una defensa?
En nuestro país, a veces, aunque esté abolida la pena de muerte,
se han matado a vascos por la espalda o tras torturarlos, y numerosas son las
cárceles con presos en condiciones especiales, los presos FIES, por ejemplo.
Mas no es este el debate, insistimos. El único problema es Cuba. Un tiempo,
recordamos, lo fue también Nicaragua. Cayó el sandinismo en Nicaragua.
Los niños de España, de las Américas, difícilmente
se enteran hoy de lo que pasa con Nicaragua, porque pueden pasarse meses enteros
sin que se ofrezca una sola noticia de lo que debe ser un "paraíso" para
los niños, como debe serlo Honduras, Haití, etc. No, queridos
escritores, el problema no es la pena de muerte o el encarcelamiento de un periodista.
El problema es el caso de la Revolución cubana. Hace mucho tiempo que
si los Estados Unidos no supieran que son millones los cubanos dispuestos a
morir luchando por la independencia de su tierra, habrían intervenido
-como de hecho no dejaron de intervenir con actos y provocaciones terroristas
en el pasado-, con la forma descarnada, inhumana, con la que ellos intervienen.
Los problemas de Afganistán, Irak, los que, sin duda, surgirán
en esta guerra real pero no declarada, no son los de la falta de libertades
o la situación política por la que atravesaban: se trataba de
apropiarse del gas, del petróleo, de establecer bases militares en ellos,
de dominar geoestratégicamente un territorio vital para su expansión
imperialista y la del sionismo de Israel.
Vivimos tiempos de confusión, de terrible dominio, no solo en lo económico
y militar del imperio USA, también en lo cultural. Hay que apagar el
pensamiento de las gentes, dominarlo como sea. Hay que neutralizar a los intelectuales.
Hay que dominar por el miedo y la simulación, la conciencia de los críticos.
Cuando no se puede, se les silencia como mal menor, se les margina. Este es
el debate. Y en el debate se encuentra Cuba. Porque no cayó solo el muro
de Berlín: cayó la contención a la expansión imperialista
que ahora no encuentra barreras a sus ansias de dominio. Preciso es estar vigilantes
porque es cierto que la propaganda del "paraíso" que se ofrece a los
pueblos sometidos a bloqueo, angustiados por la soledad en que le encuentran
para sobrevivir económicamente, cala sobre todo en gentes de las grandes
ciudades, que piensan que con ellos, el Occidente de los escaparates de lujo
y la propaganda virtual, llegará la abundancia. Lo viví en la
URSS de la perestroika, en otros países socialitas. ¿Qué ha venido
ahora para los niños, no para los corruptos, las minorías multimillonarias
que se enriquecen a costa de la sangre y la explotación de los pueblos?
¿Buscan acaso eso los yanquis, provocar un levantamiento de ciudadanos instigados
por provocadores en La Habana como pretexto para intervenir? Pienso que se equivocarían.
Como se vienen equivocando hasta ahora en todos los planes de intervención.
Pero es necesario, más que nunca, la solidaridad con Cuba y la denuncia
de los planes agresores de los Estados Unidos en todo el mundo. Si acusáramos
su colonialismo económico y cultural, si boicoteáramos en el mundo
entero sus McDonald, sus Coca- colas, sus CNN, sus Ligas de Baloncesto, sus
series televisivas, sus películas -la mayor parte propagandísticas-
sus best-seller, ¿qué quedaría de ellos? Si impulsáramos
el apoyo y el conocimiento de lo que realizan algunos intelectuales norteamericanos,
gentes de cine, escritores, profesores, que los hay, que denuncian el actual
fascismo que preside la administración Bush, otra sería la voz
de la inteligencia en Europa. Hago un llamamiento a la reflexión crítica,
a la libertad que da la diferencia frente al pensamiento único, frente
a la moral única, frente a la ley de la fuerza que no duda en desafiar
todos los derechos del resto de los ciudadanos de la Tierra -sea en lo ecológico,
sea en lo legislativo-, un llamamiento a los escritores que ahora acosan a Cuba.
¿Cuántos documentos han firmado, cuántas tribunas de debate han
abierto, cuántas páginas han llenado denunciando esa lacra peor
que la vivida en tiempos de la Inquisición, que supone el secuestro de
centenares de ciudadanos árabes internados en Guantánamo, tierra
ocupada y retenida a la fuerza, dicho sea de paso, de Cuba? Quienes hoy se suman
a la campaña contra la Revolución cubana, no a debates abiertos
sobre la guerra y la paz, la represión y la pena de muerte, el terrorismo
individual y el terrorismo de Estado, las leyes internacionales y su vulneración
por el país que impone en el mundo entero su concepto del bien y del
mal, están enterrando su independencia crítica, su libertad de
conciencia, aunque digan defender la libertad de expresión. Este es el
problema. Y se necesita una sensibilidad revolucionaria al abordarla.
José Martí vivió en el monstruo, por eso conoció
sus entrañas. Fue un precursor de cuanto pasa hoy en el mundo en sus
escritos. Por algo es el mentor de la Revolución cubana. Pero Martí
también cantó a los pobres de la Tierra, a los niños del
mundo, con los que quiso su suerte echar. Nosotros seguimos, queremos seguir
la senda marcada por José Martí, con Cuba, con la Revolución
cubana.