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¿Por qué hay un sólo Partido político en Cuba?
Lídice Valenzuela
Elementos contrarrevolucionarios esgrimen como expresión de una supuesta
falta de democracia en Cuba -al menos de la representativa que ellos conocen-
la existencia de un Partido político único en la Isla, el Comunista,
fundado en 1965 como símbolo de la unidad política de la Revolución
que, dirigida por Fidel Castro, triunfó el 1? de enero de 1959.
Al parecer, quienes utilizan tal argumento para intentar denigrar el proyecto
político cubano, apoyado en las recientes elecciones municipales por
más del 95 por ciento de la población, desconocen no sólo
la historia de la nación cubana, sino también pretenden ignorar
la actual correlación de fuerzas en el Planeta.
En primer lugar, cabe al pueblo de Cuba, que en su historia ha dado muestras
de un espíritu rebelde y libertario, escoger cuál sistema político
es más conveniente a sus intereses nacionales, teniendo en cuenta, en
este caso específico, el hostigamiento político y económico
al que la somete Estados Unidos desde hace 43 años.
La dirección política cubana, con el apoyo de la población,
decidió adoptar un sistema partidista único, que expresa el interés
de la mayoría de no permitir una hendidura que resquebraje, bajo ninguna
circunstancia, la unidad nacional que ha permitido a la Isla, durante más
de 40 décadas, resistir los embates de la agresiva política del
imperio estadounidense, formar nuevas generaciones de revolucionarios, enfrentar
las crisis económicas bajo las que se han quebrado las economías
de la región, y sobrevivir con dignidad y logros evidentes en la vida
nacional.
Además de que cada pueblo tiene derecho, aunque no siempre le sea posible
hacerlo, a instrumentar su política atendiendo a sus intereses nacionales
y a los internacionales, hubiese sido muy dificil para la Revolución
sobrevivir si se hubiese impuesto la desunión interna con la creación
de diferentes partidos políticos, en el que cada cual defendiera sus
propios intereses.
Con seguridad, y la historia lo demuestra en otras naciones latinoamericanas,
la falta de cohesión política y de una dirección única
han destruido -casi siempre por la vía de golpes militares- los proyectos
políticos más avanzados.
De ahí que los cubanos no hayan caído en la trampa, para complacer
a los administradores de la Casa Blanca, de quebrantar su unidad a cambio de
posibles mejoras en las relaciones bilaterales, y un supuesto levantamiento
del bloqueo económico que mantiene en tensión este país,
obligado a gastar su dinero en mercados lejanos, imposibilitado de comerciar
con países cercanos, incluso alimento y medicinas, en una versión
moderna de la Inquisición.
Además, quienes acusan a Cuba de impedir el libre surgimiento de otras
entidades partidistas, ignoran también como es la vida interna del Partido
Comunista de Cuba (PCC), su libertad de expresión, su democracia en la
toma de decisiones, sus objetivos, sus estatutos, la calidad de su membresía.
El PCC está integrado por los mejores representantes de la población,
sin que ello signifique que fuera de él no hayan mujeres y hombres ejemplares
en todos los sentidos.
Pero si algo garantiza la unidad del pueblo junto al PCC es justamente que este
trabaja con gran proximidad de las masas, conoce sus problemas en una interacción
verídica, sin artificios.
Por otra parte, hay que tomar en cuenta que hay pluripartidismos absolutamente
formales, como cuando hay dos agrupaciones políticas diferentes con programas
similares, como ocurre con los Republicanos y los Demócratas en Estados
Unidos.
También existe el pluripartidismo real, en que las diferentes organizaciones
poseen líneas políticas diversas.
En el caso de Cuba, desde el siglo XIX el Héroe Nacional de la Isla,
José Martí, comprobó que la libertad de España no
era conseguida porque existía la desunión entre los jefes políticos
y militares.
Martí, capaz de avizorar que sería de Cuba -de hecho fue la última
colonia en alcanzar la Independencia- sino se lograba una conducción
única, reunió entonces, bajo la bandera del Partido Revolucionario
Cubano, con la concepción no de una agrupación clasista sino de
partido-frente, a todos los patriotas cubanos, sea cuales fueran los sectores
que representaran.
El líder revolucionario Fidel Castro, aunque con una concepción
marxista de la historia, estudioso y seguidor de las ideas de Martí,
también comprendió en su formación política y después
como jefe del Movimiento Revolucionario 26 de julio, que era necesario unificar
a todos los sectores políticos de la Isla, primero para derrotar la dictadura
de Fulgencio Batista y después para dar continuidad a la Revolución.
De tal manera que antes de iniciar la etapa guerrillera tras el desembarco del
yate Granma, Fidel logró acuerdos unitarios con otras fuerzas de la izquierda,
como el Partido Socialista y el Directorio Revolucionario.
Tras el triunfo de 1959, el joven dirigente, con grados de Comandante, fue reconocido
por esas organizaciones como el líder indiscutible que dirigiría
los destinos de la nación, y éste, a su vez, adoptó una
posición antisectaria e invitó a toda la izquierda cubana a cambiar
sus banderas y colocar una sola: la de la Revolución.
Además, con el triunfo revolucionario, los políticos tradicionales
abandonaron el país y con ellos se llevaron sus partidos burgueses, que
no representaban los intereses de las masas populares.
Cuba vivió varias experiencias de intentos de integración, una
de las más importantes la creación del Partido Unido de la Revolución
Socialista. Esa organización respondía al carácter socialista
que tomó el proceso cubano después de la invasión mercenaria
financiada por Estados Unidos por Playa Girón en 1961.
Unos tres años más tarde, con la experiencia de tener en sus filas
los mejores trabajadores, se crea el 3 de octubre de 1965 el PCC y se constituye
su primer Comité Central.
Muchos se preguntan si, con el respaldo que la población demuestra a
su dirección política en las elecciones generales, no es posible
ahora la formación de otro u otros partidos.
Son los cubanos los que, conociendo la historia, rechazan la idea del multipartidismo.
Para el pueblo está claro que, si se diese una oportunidad a la contrarrevolución
financiada por la Casa Blanca, se echaría por la borda 40 años
de plena independencia y soberanía, porque nadie puede ser tan ingenuo
como para no creer que de inmediato se crearía una cabeza de playa -como
la que intentaron y se destruyó en Playa Girón- para que por ella
penetrara la propaganda política y los recursos financieros de la contrarrevolución.
No se trata de miedo a la posible reacción de algunos estratos sociales
cubanos, sino de que la inmensa mayoría del pueblo está consciente
de que permitir tal posibilidad sería abrirle una brecha a los enemigos
que durante 43 años han estado hostigando, asesinando, hiriendo a la
población indefensa de la Isla con sus actos terroristas.
Nadie, o muy pocos, estarían dispuestos a cederles ese espacio a la contrarrevolución
representante, entre otros intereses, de aquellos políticos tradicionales
que en nombre de la democracia, mantenían a Cuba como una seudo colonia
norteamericana, con más de un millón de analfabetos, millares
de hambrientos, sin programas nacionales de Salud, de educación, habitacional,
y sobre todo, con un alto nivel de corrupción administrativa que enriqueció
a los políticos en tanto la población era cada vez más
pobre.
Sería una enorme ingenuidad política que las antiguas naciones
del campo socialista europeo han pagado muy caro. Ese error no debe repetirse.
Con Cuba es diferente. Ese es un sueño imposible de alcanzar por Estados
Unidos y sus acólitos, a pesar de las presiones de todo tipo que ejercen
para tornarlo realidad