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5 de noviembre del 2002
Editorial de Liberación
Otra de Reich contra Cuba
Liberación
Desde tiempo atrás los círculos más cavernarios
de la administración norteamericana han venido tratando de implicar a
Cuba con el tema de las armas de producción masiva. El último
caballo de batalla en la propaganda de guerra contra los denominados "países
bandidos integrantes del Eje del Mal", mediante la acusación de que estaría
el país caribeño en condiciones de producir armas bacteriológicas
y químicas para suministrárselas a otros.
Otto Reich, actual subsecretario norteamericano para Asuntos Latinoamericanos,
personaje de origen cubano y puesto en el gobierno de Bush hijo, como pago por
los votos que le recogió en la Florida la poderosa organización
contrarrevolucionaria Fundación Cubano-Americana, arremetió recientemente
con esa acusación, que había lanzada por primera vez en mayo pasado
por John Bolton, otro alto personero norteamericano.
Que a Reich no le gusta la revolución cubana no es ninguna novedad, puesto
que ha dedicado toda su vida al negocio de contrarrevolución donde ha
coleccionando sólo derrotas, pero aun así, ha podido cosechar
en cambio una buena fortuna personal e influencia en las altas esferas del jurásico
gobierno norteamericano. Parecería ser que Reich dejó pasar unos
meses para que la gente se olvidara de que las acusaciones hechas por su colega
Bolton fueron rechazadas categóricamente. No sólo por las autoridades
cubanas, sino también por el ex-presidente James Carter que visitó
la isla y sus centros de investigación científica. A esto se agrega
que varios informes oficiales norteamericanos entre los años 2000 y 2002,
excluyen a Cuba entre los países capaces de producir dicho armamento.
Esta semana, el canciller cubano Felipe Pérez Roque emplazó a
Otto Reich a que "presente una prueba, la más mínima evidencia,
un pedacito de prueba que justifique sus acusaciones". Pérez Roque recordó
que este tipo de acusaciones comenzaron con la llegada del citado personaje
al Departamento de Estado y que Cuba es una obsesión para él,
al punto de inventar meses atrás durante el intento de golpe contra Hugo
Chávez en Venezuela, que aviones cubanos habían aterrizado en
Caracas, cosa que Reich nunca pudo probar.
La propaganda de Reich apunta meter a Cuba en el "paquete Iraq, Corea, Libia,
Irán", países listados por Washington porque significan una amenaza
para la Humanidad al "poseer o estar en condiciones de desarrollar armas de
destrucción masiva en manos de gobiernos tiránicos y enemigos
del mundo libre". Cuando existía el campo socialista, Cuba "amenazaba"
a Estados Unidos por ser un satélite de la URSS. Ahora sin "comunismo"
a la vista, los especialistas en imagen del Pentágono y del Departamento
de Estado norteamericanos trabajan -capitaneados con tipos como Otto Reich-
para mostrar a Cuba con el nuevo look de país "terrorista".
Si en más de 40 años algo ha mostrado Estados Unidos con respecto
a Cuba, es ese consecuente afán de probar todos los últimos recursos
propagandísticos para desacreditarla y poder así destruir su Revolución.
Los avanzados centros de Cuba, de investigación y producción en
el terreno de la biotecnología, capaces de producir vacunas (como la
de la meningitis que están siendo probadas en Europa para ser utilizadas
en ese continente, EE.UU. y Canadá, que producen y desarrollan además
otros avanzados medicamentos incluso contra el SIDA), no son nada de eso. Son,
según los retorcidos fabricantes de propaganda de guerra "lugares donde
Cuba estaría fabricando armas biológicas y químicas". Quien
en varias oportunidades sí, fue atacada por esos engendros del Pentágono
y la CIA fue Cuba misma, víctima de extrañas epidemias que afectaron
unas veces su producción agropecuaria y otras a la población misma.
Eso lo saben muy bien los cubanos y seguramente también debe conocerlo
el mismo Otto Reich, dado que se ha codeado desde siempre con la flor y nata
del terrorismo contrarrevolucionario. Pruebas no tiene Reich ni el gobierno
norteamericano de lo que acusa a Cuba, habrá que esperar y ver hasta
donde llegan con la fabricación de más mentiras.