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No es solo Bush; es el sistema
Por Francisco García Eloseguis
Los recientes y sucesivos escándalos financieros y contables que estremecen
a la Unión Norteamericana, son apreciados por muchos observadores como
una causa potencial de serios descalabros políticos para eventuales aspiraciones
reeleccionistas del presidente imperial George W. Bush. Sin embargo, hay aspectos
más profundos del problema y que denotan deficiencias funcionales del
muy elogiado sistema prevaleciente en EE.UU., las cuales se hacen ahora plenamente
visibles, hasta el punto de ser capaces de repercutir en muchos otros países.
Estamos hablando de los avatares de colosales capitales privados, unos poseedores
de larga, compleja e interesante historia; otros, resultantes de verdaderas
artes de cartomancia financiera, capaces de desdorar a los más hábiles
magos de circo. Solamente mencionaremos a una transnacional de la industria
farmacéutica, los laboratorios Merc, y dos dedicadas a la electrónica
y las comunicaciones: World-Com y Enron; tres vistosas vitrinas del llamado
capitalismo moderno (*). Pero en vez de dedicar espacio a los detalles que ya
la crónica roja se ha encargado de adelantar en abundancia, vamos a centrar
la atención en un elemento esencial de lo que ocurre.
Como quiera, es útil recordar que se trata de vulgares delitos de fraude,
con indelebles huellas dentro del mundo de los negocios afines, apreciables
afectaciones a los mecanismos que regulan la estabilidad de la confianza en
el mercado de acciones y otros títulos de valor, así como una
notable muestra de hasta dónde pueden llegar la asociación para
delinquir, defraudar por largo tiempo a socios menores, clientes, proveedores
e incluso al supuestamente eficiente control del fisco.
No es difícil comprender cuántas personas conquistadas por el
ideal del capitalismo popular y otras formas de
amoldamiento mental, tiemblan horrorizadas, ante la perspectiva de ver cómo
los modestos ahorros que un día decidieron "colocar" en el torrente accionario
de alguna de esas compañías se esfuman. O quienes serán
lanzados al paro irremediable, como consecuencia del cierre de alguna sucursal
de esas grandes compañías, dentro o fuera de EE.UU.
Tampoco pasa inadvertido el hecho de que el voluminoso y bien equipado aparato
contable y fiscalizador, con el cual cuentan las administraciones estaduales
y federal, en verdad distan mucho de ejercer un verdadero control sobre el destino
de los recursos monetarios; bien sea para invertirlos en actividades de interés
social o para despilfarrarlos en exorbitantes inversiones guerreristas.
Para los cubanos, enfrascados en atribuladores esfuerzos por validar con resultados
prácticos los instrumentos de control de la gestión económica
del país, esos hechos son un indudable punto de referencia, en cuanto
a la falta de objetividad e intenciones de quienes no descansan en la búsqueda
de argumentos críticos contra la realidad de Cuba y las acciones que
se realizan aquí para modificarla, en beneficio de toda la nación.
Si nos empeñamos en una lucha a muerte contra la irresponsabilidad o
el delito, activando, perfeccionando y monitoreando de manera permanente el
funcionamiento de los mecanismos de control interno, se mofan o, con la cara
más seria que pueden, dicen que todo eso es inútil, pues el fondo
de los males estriba en la naturaleza del sistema socialista y, por ende, en
la ineficiencia " congénita " del Estado.
¿ Y qué pueden decir ahora, cuando una insólita mezcla de poder,
colosales riquezas y corrupción hacen estallar, inesperadamente, la etiqueta
de calidad eficiencia y honradez administrativa de los varones del dólar?
Ciertamente, mientras que esos gigantescos negocios dan suficientes dividendos
para repartir entre grandes y pequeños accionistas, para sobornar a politicastros
aspirantes al poder o para obras de supuesto altruismo, todos los ojos son ciegos,
el olfato se atrofia y ciertas mentes confunden el descoque y la anarquía
con la eficiencia. Y es así porque hay ganancia en abundancia y mucha
gente se salpica.
Sólo se hace presente el milagro de la normalidad sensorial, si el fondo
del recipiente protector cede al peso de tanta basura que es imposible reciclar
mediante fusiones de firmas, remates o generosos subsidios que gobernantes gestionan
a nombre del Estado. Entonces los fanáticos del liberalismo se horrorizan
y chillan, pero tratan de culpar a individuos, nunca, por supuesto, al sistema.
(*) En la lista de escándalos por trucos para aparentar una eficiencia
inexistente, la cual crece desde enero de este año, se pueden incluir
empresas como Adelfis, Anderson, Computer Associated, Duke Energy, Dynergy,
Enterasys, Global Crossing, Hagy Burton, Serox y otras, hasta superar una veintena.