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Tenía amonestaciones
por "aconsejar" al enemigo y revelar información secreta sobre Castro
Revela el Partido Comunista informe sobre los 'tropiezos" de Robaina en la política
cubana
Al parecer, incluso discutió con el entonces canciller
español, Abel Matutes, la sucesión en la isla
GERARDO ARREOLA CORRESPONSAL /La Jornada
La Habana, 31 de julio. El entonces ministro de Asuntos Exteriores de
España, Abel Matutes, llegó a recibir consejos de su colega de
Cuba, Roberto Robaina, sobre cómo abordar ante el presidente Fidel Castro
el espinoso tema de los presos políticos de la isla, de acuerdo con un
informe que empezó a circular en el Partido Comunista de Cuba (PCC).
Robaina, de 46 años, fue expulsado "deshonrosamente" del PCC, acusado
de haber incurrido en prácticas deshonestas durante su encargo en el
Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex, 1993-1999), de acuerdo con el informe,
presentado en forma de video. La cinta se ha exhibido ante dirigentes altos
y medios de la organización, quienes fueron autorizados a reseñarla.
Las recomendaciones a Matutes fueron reclamadas agriamente a Robaina por el
vicepresidente y segundo hombre en el poder, Raúl Castro, hermano menor
del mandatario y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, de acuerdo
con versiones del informe a las que tuvo acceso La Jornada.
En testigos del informe ha surgido como sentimiento promedio el de la sorpresa,
al comprobar que un personaje a quien se le suponía sagacidad política,
pudo haber cometido errores de bulto.
Matutes viajó a La Habana en misión oficial en noviembre de 1998,
cuando aún Robaina despachaba en el Minrex. De acuerdo con la fuente,
una conversación telefónica, interceptada por la seguridad cubana,
muestra los perfiles del trato entre ambos funcionarios.
En la conversación, los dos ministros comentan la recién concluida
entrevista entre el español y el vicepresidente Carlos Lage, sobre la
que concuerdan que fue exitosa. Matutes dice, sin embargo, que "mejor" le irá
con Robaina, quien es su "candidato".
Unos tres años después, Raúl Castro increpa a Robaina sobre
el grado de confianza que mantenía con el español, le reclama
que haya aconsejado "al enemigo" y le pregunta de qué clase de candidatura
han conversado.
Aunque la versión disponible no indica que hubiera mayores explicaciones,
este tramo del informe videograbado sugiere que Robaina y Matutes han examinado
en privado algún escenario para la sucesión de Fidel Castro.
No escuchó advertencias
En otro momento, el ministro de las Fuerzas Armadas reprocha a Robaina que haya
desoído las advertencias que le hicieron sobre su conducta, sucesivamente,
Lage y el actual canciller Felipe Pérez Roque, por encargo del jefe de
Estado.
Siempre según la misma fuente, otra parte del video registra una conversación
de Fidel Castro con Robaina, en la cual el mandatario le reprocha, reiteradamente,
su cercanía con el ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid,
ahora encausado por su presunta relación con el cártel de
Juárez.
Robaina es señalado en la cinta como un gestor de empresarios extranjeros
interesados en negociar con Cuba, que a cambio recibía regalos o comisiones
directas. En sus vinculaciones con hombres de negocios se le acusa, igualmente,
de haber revelado en alguna ocasión el itinerario de una gira que realizaría
junto con Fidel Castro, una información que la seguridad cubana mantiene
habitualmente bajo estricta reserva.
También se le imputa realizar reuniones con sectores de elite del país,
como deportistas e intelectuales, con el propósito de promover su imagen
y liderazgo.
En una parte, Raúl Castro le informa

que las autoridades están al tanto de que Robaina ha recurrido a un palero
(un oficiante del Palo de Ocha, una de las devociones sincréticas afrocubanas),
para mantener su puesto en el Buró Político.
Robaina pudo ser localizado este miércoles por un fotógrafo de
la agencia Ap en el residencial barrio de Miramar. Pero el ex funcionario rehusó
la conversación y dijo que no sabía nada de su caso, según
el testigo.
Desde hace al menos un mes circulaba en distintos medios en La Habana la versión
sobre una segunda caída política de Robaina, quien había
sufrido la primera en 1999, al ser depuesto como canciller. La creciente difusión
del video en el PCC y la autorización para que fuese relatado su contenido,
son la culminación de una oleada de rumores contradictorios, que se esparcían
lenta pero fuertemente en torno a la suerte de Robertico, como es popularmente
conocido el ex ministro.
La más reciente clave sobre la existencia de un serio caso de corrupción
fue ofrecida por el propio Fidel Castro, en una parte improvisada de su discurso,
en la fiesta nacional del pasado 26 de julio, en la provincia de Ciego de Avila.
El mandatario hablaba de la deshonestidad pública en América Latina
y de la ausencia de ese fenómeno en Cuba, cuando matizó, para
reconocer que aquí podían haber casos menores "y alguno por ahí"
de magnitud.
Otro indicio más críptico lo presentó Pérez Roque
en la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular
(ANPP), del pasado 25 de junio. Hablando de la fidelidad que mantendría
la dirigencia cubana al socialismo y las ideas revolucionarias, incluso tras
la muerte de los hermanos Castro, el canciller señaló que tal
ocurriría incluso "enmedio de la parálisis, el estupor lógico
por la caída de algunos y la traición de otros".
Después de casi tres años de ostracismo, tras su destitución
en la cancillería, Robaina empezó a hacerse visible en La Habana
este año. Hubo testigos que lo vieron caminar por Miramar o hacer compras
en uno de los supermercados más concurridos.
En febrero pasado deambuló entre los asistentes a la 11 Feria Internacional
del Libro, en el complejo de fuertes coloniales El Morro-Cabaña, que
domina la entrada de la bahía de la ciudad. El ex canciller despachaba
provisionalmente en ese conglomerado turístico, a cargo del Minfar, al
frente de una empresa de servicios urbanos. Parecía el inicio de su rehabilitación,
al amparo de Raúl Castro.
El primer gran tropiezo de Robaina en la política cubana había
ocurrido hace tres años. El 28 de mayo de 1999 se hizo pública
su destitución al frente del Minrex, sólo un día después
de que se anunciara oficialmente, con toda normalidad, que el canciller habría
de emprender una gira por Panamá, Venezuela y Haití.
El diario oficial Granma dijo entonces que la destitución del
canciller obedecía a "la necesidad de un trabajo más profundo,
riguroso, sistemático y exigente" en la política exterior. La
descalificación de Robaina era elocuente, tanto como el perfil de su
sucesor: un joven ex dirigente estudiantil, entonces de 34 años, sin
experiencia diplomática ni de nivel ministerial, pero tan cercano a Fidel
Castro como que era su asistente personal.
Pérez Roque "está familiarizado como pocos con las ideas y el
pensamiento de Fidel", dijo entonces Granma del designado ministro de
Exteriores. "A juicio del compañero Fidel, es el cuadro idóneo"
para la cartera.
Hacía seis años, el 20 de marzo de 1993, Robaina había
llegado al despacho principal de un ministerio que han dirigido diplomáticos
experimentados como Raúl Roa y Ricardo Alarcón.
Era uno de los momentos más críticos de la crisis económica
en la que se sumió el país tras la caída de la Unión
Soviética, y que trajo escasez y penurias sin precedente a los cubanos.
Granma encomió entonces de Robaina "su incuestionable capacidad
para el debate, la discusión, las respuestas ágiles, su carisma
y su don de gentes".
Imagen de empuje
Enmedio de un país con fábricas paradas, gasolinerías vacías,
ciudades enteras sumidas en la oscuridad, magras opciones en la mesa y desaliento
social, Robaina llegaba a la cancillería para inyectar una imagen de
empuje, juventud y renovación dentro del ideal socialista. Ese año
arrancó la política de cauteloso reformismo, de apertura a la
inversión extranjera y a mecanismos de mercado, como recurso para encender
de nuevo los motores de la economía.
El perfil desenfadado de Robaina cautivó en el exterior, pero levantó
cejas en los sectores tradicionales de la isla. El nuevo canciller empleaba
un lenguaje distinto, no llevaba corbata ni guayabera. Andaba en camisetas oscuras
y sacos de lino en colores crudos, con las mangas arremangadas y sin calcetines.
En la calle usaba gafas negras. El ministro de la salsa quitó el tradicional
escritorio de su despacho, puso mesas de trabajo y lo llenó de vegetación.
En la planta baja del Minrex hizo un jardín con grandes matas, flores
y cotorras. En sus primeros meses de trabajo viajaba en bicicleta de su casa
del barrio de Kohly a la cancillería, en el Vedado (unos tres kilómetros),
como lo tenían que hacer miles de cubanos, científicos, intelectuales,
albañiles, profesores y campesinos, en un país sin combustible.
Para algunos en Cuba, Robaina había ido demasiado lejos. Pero su activismo
lo convirtió en la imagen pública de una cierta apertura, en un
momento en el que la isla desarmaba cuidadosamente algunas piezas de su estructura
de corte soviético y avanzaba con sus reformas, paso a paso. Durante
su gestión, Cuba se rencontró con América Latina y Europa
occidental mientras Estados Unidos reforzaba su coerción económica.
Robaina tenía credenciales para ocupar un cargo contra la corriente.
Desde 1986 era el primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC), la rama juvenil del PCC. Su gran desafío llegó con la caída
del Muro de Berlín y la catástrofe del socialismo. Con un lenguaje
y métodos heterodoxos logró cruzar el desierto. Al principio de
los años 90, cuando la prostitución, la salida del país
a toda costa, el mercado negro o el subempleo irrumpieron como opciones vitales
para los jóvenes cubanos, Robertico pudo sostener en activo su
organización y levantarle el ánimo, dentro del ideal socialista,
pero fuera de la ortodoxia.
Originario de la occidental provincia de Pinar del Río, Robaina fue un
activista durante sus años escolares. Graduado en matemáticas,
llegó a presidir la Federación Estudiantil Universitaria y fue
parte de la generación que cumplió misiones militares en el extranjero,
en su caso en Angola.
En la línea de sucesión
Más por su lugar en la cancillería y la resonancia de su nombre,
reporteros y estudiosos de Cuba lo situaban con frecuencia en la línea
de sucesión de Castro, en una evaluación que no hacía justicia
a personajes más silenciosos pero mejor ubicados en la estructura de
poder.
La corrupción en las altas esferas cubanas se ha manifestado con baja
frecuencia, muy lejos de los rangos del resto de América Latina, pero
de manera contundente. El año pasado fue destituido del cargo el ministro
de la Industria Pesquera, Orlando Rodríguez Romay, por "falta de control
y vigilancia sobre la actitud y modo de vida" de su personal de mando. Los funcionarios
aceptaban comisiones y regalos en negociaciones con el exterior.
En 1992, el considerado número tres del poder en Cuba, Carlos Aldana,
de quien se decía que aspiraba a convertirse en una especie de Gorbachov
del Caribe, fue destituido de su cargo como miembro del Buró Político
del PCC por haber obtenido beneficios económicos en operaciones comerciales
bajo su control. Aldana pasó un tiempo al frente de un complejo turístico
montañoso en provincia y ha sido visto desde hace meses en La Habana.
En 1989 ocurrió el caso más grave, cuando el general de división
Arnaldo Ochoa y otros tres altos oficiales fueron fusilados por cargos de corrupción
y narcotráfico, mientras otros 10 indiciados, tanto de las fuerzas armadas
como del Ministerio del Interior, eran condenados a penas de cárcel.