Contra los quebrantos del SIDA

Hugo García y Eliane Taboas Merino, estudiante de periodismo

MATANZAS.— Jesús Manuel Interián (con apenas cuatro años) asegura que cuando sea grande va a protegerse porque no quiere enfermar de SIDA. Debido a su corta edad quizás no tenga la menor idea de qué significan estas cuatro letras, pero en su casa las mencionan tanto, que él también habla del tema como si se tratara de un conocido.
La abuela de este niño, Milagros Reyes Montalvo, conocida como Lulú, lleva 16 años viviendo con este virus. Cuando se lo detectaron le pareció que el mundo se le venía encima. No entendía qué estaba pasando. Era la paciente número 109 diagnosticada en Cuba.
Mucho han visto sus ojos desde entonces. Rostros que se han ido para siempre, tragedias compartidas, semilleros de esperanzas. Pero el dolor, lejos de endurecerla, multiplica cada día la sensibilidad de Milagros, que se desploma ante la noticia de que otro joven se ha infectado.
"Sufro mucho, recuerdo mis primeros días. Después, rompo con el desaliento y me vuelvo a lanzar a la carrera contra el tiempo para contribuir a la educación sexual de los adolescentes y jóvenes. Ellos son los principales afectados por esta enfermedad.
"Con mis hijos converso incansablemente sobre sexualidad, abiertamente, sin ningún tipo de tabú. Les explico qué es el VIH y cómo deben protegerse para que no adquieran una infección de transmisión sexual.
"Si mis padres me hubieran hablado a mi como yo lo hago con ellos, quizás hoy no estaría enferma. Eso, en gran medida me ha impulsado a ayudar a todos con los que mantengo algún tipo de vínculo."
A esta mujer de 42 años de edad la sostiene el optimismo. Dedica cada uno de sus días a luchar contra este flagelo. No quiere que otros sufran los estragos del SIDA.
CONSAGRADOS A LA VIDA
El sanatorio de la provincia Matanzas es un lugar solitario pero tranquilo ocupado por 17 cabañas, cada una de ellas habitada por dos pacientes. Muchos de los que allí viven, al igual que Milagros Reyes, realizan labores de prevención.
Maximiliano Méndez es uno de ellos. Mientras caminamos por las estrechas y cortas calles de ese centro asistencial en compañía de él y de Milagros vivenciamos cuánto se puede hacer con voluntad. A ambos, la labor de prevención y apoyo tanto a personas sanas como infectadas, les ha ayudado a sentirse útiles.
Para evitar la propagación del VIH/SIDA, Milagros y Maximiliano se han integrado al Grupo de Prevención de Matanzas, creado a solo un mes de inaugurarse el sanatorio.
"El trabajo de este grupo comenzó con seis personas. En la actualidad lo integramos quince. Once de los miembros están infectados con el virus", dijo a JR Omar Milián Valles, coordinador del grupo desde el año 1998.
"Aunque trabajamos con diferentes grupos de edades y en todos los sectores de la sociedad, hacemos mucho énfasis en los adolescentes y jóvenes que acuden voluntariamente en busca de información, materiales o a entrevistarse con los pacientes.
"Colaboramos también con los centros docentes, fundamentalmente de la enseñanza media, a través de las Cátedras de Biología. Los jóvenes de la FEEM se interesan mucho por los aspectos científicos del virus, cómo entra al organismo, las vías de trasmisión y si existe algún tratamiento o vacuna que cure la enfermedad", explica Milán.
Actualmente el 80 por ciento de los miembros del grupo está capacitado en el servicio de consejería cara a cara y telefónica. Fungen además como promotores integrales de salud, agrega.
"Cambiar actitudes, comportamientos no es tarea fácil. Tratamos de ofrecer las herramientas necesarias a personas sanas y a enfermos para que se protejan y aprendan a usar condón, a lograr una estabilidad en la pareja estable y a practicar sexo seguro. Nuestro concepto como grupo es que otros no pasen por lo que sufrimos nosotros."
En este sanatorio bimensualmente se celebra el proyecto sociocultural SIDA con amor, que cuenta con la participación de numerosos artistas. Los equipos de Ayuda Mutua, integrados por personas seroafectivas y seronegativas, se reúnen una vez al mes para ayudar a los que viven con el VIH y a los familiares de los fallecidos por esa enfermedad.
Entre las tareas que se ejecutan destaca la de Apadrinamiento. El recién detectado como seropositivo, recibe ayuda de otro enfermo para que rebase el impacto inicial. El curso Aprendiendo a vivir con VIH/SIDA, contribuye igualmente a que los infectados conozcan acerca del virus, a elevar la autoestima y enfrentar la cotidianidad.
La institución creada hace doce años, brinda servicios especializados a 101 personas infectadas con VIH/SIDA, de ellos 86 están acogidos al Sistema de Atención Ambulatorio y 15 han optado por vivir en el Sanatorio.
Su director, el doctor Guillermo de la Portilla, asegura que la calidad de vida de estos enfermos ha mejorado mucho con el uso de las multidrogas cubanas.
"Hemos podido detectar una recuperación inmunológica en los infectados. En los 45 pacientes matanceros que consumen los antirretrovirales, la carga viral ha disminuido y los CD4 han aumentado", señala.
Nuestro país hace grandes esfuerzos para producir estos fármacos, que dan cobertura al ciento por ciento de los seropositivos con necesidad de ellos.
Gracias a este tratamiento la mortalidad en seropositivos bajó. Este año en Matanzas no se han reportado fallecidos por SIDA y los ingresos hospitalarios por enfermedades oportunistas disminuyen progresivamente.
En la Atenas de Cuba, de 1986 a la fecha se han diagnosticado 158 seropositivos (26 mujeres y 132 hombres), de los cuales 41 ya son fallecidos.
El especialista matancero, coincide en la necesidad de que la familia hable con los hijos acerca de estos temas, de las vías que existen para evitar una infección de transmisión sexual y de sexualidad en general.
"La juventud conoce sobre el virus, pero no tiene una percepción real de su magnitud y son precisamente ellos los más afectados. El grupo comprendido entre las edades de 24 a 29 años es actualmente el de mayor incidencia", concluye Portilla