| "Foro
Social Mundial 2006 en Caracas (Venezuela)" del 24 al 29 de enero
de 2006 |
Se profundiza el debate en el FSM de Caracas
Movimientos sociales e izquierda electoral: ¿convergencia o confrontación?
Sergio Ferrari
desde Caracas, Venezuela
Dentro de los ejes temáticos del Foro Social Mundial de Caracas, la relación
entre los movimientos populares, los partidos de izquierda y los gobiernos
progresistas ha concentrado la mayor cantidad de actividades. Un debate esencial
que si bien tiene como marco referencial a América Latina, excede el mismo para
lanzar señales a otros continentes.
Varias decenas de conferencias y seminarios durante el evento caraqueño
tratan sobre el tema. Con diferentes ángulos y ejes .
El FSM se convierte así en esta edición sudamericana en un verdadero
« laboratorio » de ideas. De ideas muy concretas que hacen al análisis de la
compleja relación entre Lula y el movimiento social brasilero; la exultante
complementaridad entre Hugo Chávez y las organizaciones bolivarianas; la
proximidad de algunos grupos piqueteros y de base con Kirchner en Argentina; las
tensiones en la izquierda uruguaya y chilena ante gobiernos progresistas...Y el
desafío futuro del movimiento popular boliviano ante la llegada de uno de los de
ellos, Evo Morales, a la presidencia de la república. Sin esconder las tensiones
políticas entre el movimiento zapatista y el candidato de centro-izquierda,
López Obrador, con fuertes posibilidades de ganar las elecciones de julio
próximo en México.
La izquierda « desconfiada »
Para Rafael Agacino, analista chileno y miembro del Colectivo de Trabajadores,
un punto esencial consiste en diferenciar « la izquierda confiada, tradicional e
histórica, de la desconfiada » o nueva izquierda. Ambas, con percepciones
diferentes sobre los nuevos sujetos sociales, que en el caso de Chile, son una
consecuencia de 32 años de « contrarrevolución neoliberal radical», q ue no sólo
cambió el país, sino la subjetividad, la manera de pensar de la gente.
Mientras la « izquierda confiada » -que expresaría incluso a la nueva presidenta
- piensa que es posible « recuperar la institucionalidad y el Estado» que
existían previamente a la ofensiva neoliberal, la desconfiada « se basa en
organizaciones sociales -jóvenes, trabajadores independientes, mujeres,
desempleados etc- que si bien no le dan la espalda al Estado, reclaman una cla
ra independencia hacia el mismo ».
De estas dos visiones surgen dos estrategias bien determinadas. La primera, que
apuesta como siempre a « dirigir el proceso ». La otra, la nueva, que « más que
de conducción habla de construcción colectiva ».
La organizacion politica del movimiento social
Concepción analítica que entusiasma a Ricardo Gebrim del Movimiento de
Trabajadores sin Tierra (MST) del Brasil, país donde el descorazonamiento de una
importante parte de los movimientos populares hacia la gestión de Lula es
evidente.
Si se tuviera que hacer un balance sobre el aumento del nivel de conciencia de
la gente y del crecimiento de la organización autónoma de las masas en relación
a la participación política electoral (del Partido de los Trabajadores), « el
resultado sería muy malo », insiste el joven dirigente.
Para Gebrim, la democracia representativa, burguesa, y la participativa, muchas
veces parecen no ser conciliables. Y de ahí, el « gran desafío de pensar en dos
conceptos claves: qué tipo de democracia y qué tipo de organización debe darse
el movimiento social para expresarse políticamente ».
Con una dificultad que aunque no es nueva sí es problemática: « la de crear
conceptos y concepciones revolucionarias en un momento no-revolucionario ».
Para el MST sigue siendo esencial « la construcción del poder popular, de
enfrentamiento con las estructuras », y en ese sentido resulta interesante la
consolidación del llamado « Movimiento de Consulta Popular , que no es ni un
movimiento referendario ni un partido - porque cada vez que se habla de partido
se piensa en elecciones- sino un paso hacia la construcción de una organización
que se nutra de la experiencia de la autonomía de movimiento social ».
Es un debate esencial y « muy nuevo » no sólo en Brasil sino en toda América
Latina. « Requiere un esfuerzo de construcción teórica... » y en ese sentido el
Foro Social Mundial constituye un espacio muy importante para el mismo. « No
vamos a llegar a conclusiones inmediatas ». La reflexión es larga y lo
importante es impulsarla, concluye el dirigente sin tierra.
Reflexion planetaria
Aunque activada a la luz de nuevos procesos populares en América Latina, dicha
reflexión no es propiedad de un país ni de una región determinada. Tal como lo
sugiere Françoise David, una de las activistas principales de la Marcha Mundial
de Mujeres en Quebec, Canadá, quien se pronuncia en este caso como militante
política.
Una fuerte identidad « nacional »; niveles de pobreza del 15 % de la población
total de esa región de 7 millones de habitantes; así como la existencia al menos
de 6 mil organismos comunitarios y 1.500 grupos de mujeres, determina el
particular entramado de esa minoritaria región lingüística.
En Quebec, a mediados de enero del año en curso, acaba de conformarse una nueva
fuerza de izquierda, resultado de la confluencia de dos organizaciones
políticas. « Un nuevo partido que debe bien clarificar con quien quiere
comunicar...Pienso que no sólo con los más empobrecidos sino también con
sectores medios », sostiene la dirigente feminista.
Para quien el desafío en esta nueva experiencia en marcha « es no sólo ser de
izquierda, sino también ecológicos y feministas. Hay que demostrar que es
posible ser amplios » Y, adicionalmente, que junto con cualquier « concertación
puntual, también es importante continuar toda la reflexión abierta, creando
puentes entre lo político y las organizaciones sociales». La nueva izquierda
debe « dejarse inspirar y permitir ser influenciada por los movimientos
sociales. En escucha mutua y respeto total », concluye.
Reflexión apasionante que marca a fuego esta sexta edición del FSM (y II Foro
Social de las Américas). Un avance cualitativo significativo con respecto a
foros anteriores, donde esta temática estaba ya presente, pero fue sólo
tibiamente abordada. Tal vez a la luz de un proceso, el brasilero, donde las
posiciones del gobierno Lula y de los movimientos populares todavía no había
terminado de clarificarse.
Caracas da hoy un paso adelante en un debate que es esencial. No existen
respuestas automáticas, únicas ni monocolores. La misma diversidad de América
Latina - y del planeta- no aceptaría recetas ni conclusiones cerradas. Sin
embargo, el movimiento social se confronta hoy sin autocensuras y con gran
madurez a un cruce de caminos. Las prácticas, ricas y variadas se multiplican.
Las alternativas les seguirán.
Fuente: la fogata.org