| "Foro
Social Mundial 2006 en Caracas (Venezuela)" del 24 al 29 de enero
de 2006 |
El Foro de Caracas: la otra mirada
Atilio A. Boron
Leí con mucho interés la nota que Luis Hernández Navarro publicara días
atrás, en La Jornada, sobre el Foro Social Mundial de Caracas. Su mirada,
siempre sugerente, plantea algunas interpretaciones sumamente polémicas que, por
su importancia, merecen ser seriamente discutidas.
Hernández Navarro asegura que este Foro se caracterizó por su "carácter más
marcadamente político-estatal" por comparación con los anteriores. La
consecuencia de ese desplazamiento fue que los debates que allí tuvieron lugar
se centraron más "sobre las estrategias de poder, la naturaleza de los gobiernos
de izquierda en América Latina, la resistencia al imperialismo y la integración
regional" supuestamente en desmedro de las "reflexiones" sobre la situación de
los movimientos sociales de distinto tipo: "feministas, indígenas,
ambientalistas, por un software libre, de comercio justo, por una comunicación
alternativa, contra la deuda externa, por la diversidad sexual o a favor de una
economía popular". El articulista reconoce, empero, que no faltaron las
deliberaciones sobre estos temas aún cuando "el sello específico del foro no
estuvo marcado por sus reivindicaciones.
En relación a esto es preciso decir que este desplazamiento del eje de la
discusión lejos de ser objeto de lamentaciones debe, por el contrario, ser
saludado como un cambio sumamente positivo. Si los movimientos reunidos en
Caracas comenzaron a discutir temas como las estrategias de poder; el
imperialismo y los esquemas de integración regional; y la naturaleza y desempeño
de los gobiernos de izquierda en América Latina (Cuba, Venezuela y Bolivia) o de
la capitulante "centro-izquierda" (cada vez más inclinada hacia el primer
término de la ecuación), esto constituye una muy buena noticia. La instalación
de esos temas en la agenda de los movimientos revela una promisoria maduración
de las fuerzas sociales en consonancia con la evolución experimentada por la
coyuntura política latinoamericana desde la primera edición del FSM, en Porto
Alegre, en enero del 2001. Si en aquel momento el neoliberalismo campeaba casi
sin contrapesos -con la excepción de Cuba y las incertidumbres que signaban los
primeros momentos de la revolución bolivariana- la situación actual es
radicalmente distinta. Lo grave habría sido que todavía en el 2006 los
movimientos sociales hubiesen llegado a Caracas para regodearse en su narcicismo
explorando las infinitas gradaciones y matices que les confieren su única
identidad, desentendiéndose por completo de los desafíos planteados por la
coyuntura nacional, regional e internacional. Esto habría significado, en la
práctica, el certificado de defunción del Foro, convertido de ese modo en un
ámbito meramente escolástico. Precisamente, porque buena parte de los
movimientos - no todos, por cierto- tomaron nota del significado histórico de la
inclaudicable resistencia de Cuba a un bloqueo que casi dura medio siglo; de las
reiteradas declaraciones de Chávez en el sentido de que no hay solución en el
capitalismo y que el futuro de las luchas emancipatorias se encuentra en el
socialismo; y del acontecimiento epocal simbolizado por el triunfo de los
pueblos originarios en Bolivia, con Evo Morales a la cabeza, es que incorporaron
en su agenda aquellos temas de índole político-estatal que Hernández Navarro
considera inapropiados para discutir en el Foro. Ocurre que aquellos movimientos
y fuerzas sociales antes no eran una opción de poder real; ahora sí, y un cambio
de tal envergadura no podía dejar de reflejarse en la temática discutida en el
Foro.
Lo anterior, naturalmente, remite a un debate acerca del futuro del FSM: sitio
de encuentro e intercambio de experiencias, o espacio de articulación y
coordinación - democrática, plural, respetuosa de las particularidades locales y
regionales- de luchas y proyectos. O, puesto en términos más políticos: ¿cómo
luchar contra las clases dominantes del capitalismo mundial y sus aliados
locales? ¿Cómo hacerlo contra sus estructuras, instituciones y representantes
que actúan obedeciendo a una estrategia flexible, de carácter internacional pero
hábilmente adaptada a las circunstancias y agentes locales? ¿Es que podrá
derrotarse a tan poderosa coalición apelando solamente al heroísmo y la
abnegación de las resistencias locales, prescindiendo de las ventajas que
podrían resultar de una coordinación mundial igualmente flexible de las luchas y
de las resistencias populares al neoliberalismo? Para que el debate sea fecundo
será indispensable romper un falso dilema: aquel que nos obliga a escoger entre
un Woodstock altermundialista -un vistosísimo y emocionante festival de todos
los colores y todos los movimientos que se dan cita para celebrar un rito
catártico anual- o una suerte de Tercera Internacional estalinista que, desde un
nuevo Vaticano anti-neoliberal, dirija férrea e inapelablemente los movimientos
de los "destacamentos nacionales" en lucha contra la globalización neoliberal y
el imperialismo. Esta opción es completamente falsa, entre otras cosas porque no
existe posibilidad alguna de que una "nueva internacional" como la que Hernández
Navarro ve en ciernes reúna los mínimos requisitos de viabilidad práctica. No se
trata, por lo tanto, de elegir una u otra, sino de encontrar los caminos
intermedios que nos faculten para romper esa falsa disyuntiva.
Lenin gustaba de citar a Goethe cuando decía que "grises son las teorías, pero
verde es el árbol de la vida." Conviene recordar esa frase en momentos como
éste, cuando se nos pretende forzar a adoptar un "camino único", insanablemente
gris:¡o Woodstock o el Comintern! La imaginación de las fuerzas y movimientos
sociales contiene muchísimos tonos de verde que rompen la sujeción a aquel falso
dilema. ¿Por qué no deberían coordinarse internacionalmente las luchas por el
agua de los mapuches en el sur argentino y chileno con la de las comunidades
campesinas en Bolivia y Ecuador, los pueblos de la cuenca amazónica, la que
libran los campesinos africanos y la de los grupos que en Europa, Estados Unidos
y Canadá que se oponen a la mercantilización de ese vital elemento? Coordinación
no significa subordinación a un "centro" ni imposición burocrática de una
"línea" bajada desde un lugar omnipotente e inapelable. La burguesía, como clase
dominante mundial, no actúa de manera tan absurda. ¿Por qué deberían hacerlo los
movimientos sociales? Cuando se plantea, desde la primera edición del FSM, la
necesidad de "globalizar las luchas y globalizar la resistencia" el corolario
lógico es la construcción de alguna instancia mínima de enlace y coordinación
entre los movimientos. De lo contrario, sin ese esfuerzo organizativo, todo se
agota en el mundo intrascendente de la retórica. No hay resistencia global
posible sin estrategia global y sin un cierto grado de coordinación de los
diferentes frentes de lucha.
Hernández Navarro manifiesta su preocupación porque, según su entender, en el
Foro prevaleció la propaganda anti-imperialista ortodoxa sobre la heterodoxia
propia de las anteriores ediciones del FSM. "El pensamiento de izquierda de los
setentas," asegura, "ha renacido y se está comiendo otras expresiones del
pensamiento crítico." Tampoco participaron en el foro caraqueño, nos dice, "el
abundante número de intelectuales de izquierda activos" que se hicieron
presentes en los foros anteriores, afirmación ésta harto discutible pero que no
hace al fondo de la cuestión. Lo importante es preguntarse qué tiene de malo el
renacimiento del pensamiento de izquierda de los setentas. ¿Que se "coma" a
otras expresiones del pensamiento crítico? Si se las pudo comer debe ser porque
no eran tan rigurosas y críticas como se suponía, o porque carecían de esa
capacidad para "abrir nuevos horizontes" emancipatorios como muchos pensaron.
Por otra parte, si la reinstalación de temas como el estado, el poder, el
imperialismo y el socialismo son obra de la izquierda setentista pues,
¡enhorabuena!, porque se trata de asuntos que jamás debían haber sido
postergados y que, al hacerlo, lesionaron gravemente la capacidad de los
movimientos contestatarios para luchar eficazmente contra sus enemigos.
Es cierto: Lula no fue, y tampoco lo hizo Evo Morales. Las razones son bien
distintas. Pese a su ausencia física, Evo y los movimientos sociales bolivianos
estuvieron permanentemente presentes en Caracas. Era muy improbable que a los
tres días de haber asumido el gobierno Evo se hubiera podido hacer un tiempo
para viajar hasta Caracas para dialogar con sus compañeros de tantas luchas,
sobre todo si se tiene recuerda que en esas primeras horas tuvo que restructurar
la cúpula del ejército y enfrentar el chantaje de Repsol que, casualmente,
"descubrió" precisamente en ese momento que las reservas gasíferas de Bolivia
eran inferiores a lo previsto. Lula, por su parte, difícilmente podría aparecer
por el Foro luego de la decepción generada por su infeliz experiencia como
ocupante del Palacio del Planalto.
La silbatina que la sola mención de su nombre cosechó el año pasado en el
Gigantinho de Porto Alegre podría haber sido aún más estruendosa en Caracas.
No más razonable era suponer que la prensa opositora a Chávez, comprometida
hasta la médula con el golpismo y la ofensiva orquestada por la Casa Blanca,
iría a cubrir con objetividad lo ocurrido en el Foro. Menos aún que lo hiciera
El País, agente a sueldo de la campaña anti-cubana en Europa y pérfido
apologista del neoliberalismo. Lo que sí hubiese sido preocupante era si esa
prensa se dedicaba a informar seria y exhaustivamente lo que estaba ocurriendo
en Caracas. Eso habría significado que el Foro no inquietaba en lo más mínimo a
las clases dominantes del imperio. El silencio y "ninguneo" de esa prensa es un
grito que demuestra que los movimientos altermundialistas se convirtieron en un
rival formidable, cuya presencia conviene ocultar ante los ojos de los pueblos.
Fuente: la fogata.org