| "Foro
Social Mundial 2006 en Caracas (Venezuela)" del 24 al 29 de enero
de 2006 |
Malabares para respetar el pacto fundacional del foro, aun con
nuevos invitados
Hay debate, reflexión y fiesta, pero el FSM enfrenta una crisis de identidad
Luis Hernández Navarro
enviado La Jornada
"Porque amo la vida no tomo Coca Cola", se lee en el cartel de un
activista colombiano asistente al Foro Social Mundial que se realiza en Caracas,
Venezuela Foto Ap
Y
la nave va. A pesar de reuniones canceladas sin aviso previo, interminables
retrasos, traslape de actividades, el Sexto Foro Social Mundial navega. De la
misma manera en la que las fallas de algunos músicos no detienen la
interpretación musical de una banda, así los tropiezos logísticos y
organizativos no interrumpen el desenvolvimiento del encuentro.
Se trata de un evento que tiene tanta vida en los auditorios y salones como la
tiene en la calle. En parques y aceras centenares de jóvenes venden artesanías y
textiles, hacen música y teatro y conversan. Hay tanta actividad en las carpas
informales colocadas en espacios abiertos como la hay en las edificaciones
cerradas. El Foro es también un festival.
El presidente Evo, el agua y la política
El uso común de agua, semillas y tierra están bajo ataque. Las grandes
corporaciones del planeta (51 de las 100 principales economías del planeta lo
son) encabezan la ofensiva contra desposesión de los bienes públicos. El
mercado, las patentes, los derechos de propiedad intelectual y la tecnología
son, según la investigadora Silvia Ribeiro, en las herramientas de este nuevo
despojo, muy similar al emprendido contra las áreas comunes de los campesinos
europeos en el siglo XIX.
El agua, asegura Danielle Mitterrand, se ha convertido en un emblema de la lucha
por la vida. Afirma que hay que evitar su privatización. Hay que garantizar en
las legislaciones nacionales que el agua sea un derecho, que cada ser humano
tenga derecho a contar con una cantidad establecida del líquido vital
diariamente.
El agua y la lucha contra su privatización, asegura, Oscar Oliveira, es también
política, otra política. Y la muestra de ello es Evo Morales
Evo, no hay que olvidarlo, es la estrella ausente del FSM. En casi todos lados
se le menciona y casi todos los asistentes saludan su triunfo y lo festejan como
propio. Y Oscar no es la excepción, sólo que su caso es diferente. El dirigente
de la Coalición Coordinadora por el Agua y la Vida en Bolivia sabe de lo que
habla. La victoria de Evo fue empedrada por las luchas contra la privatización
del agua en las que Oliveira fue un destacado actor.
Según Oscar, Evo presidente son dos palabras que recorren el mundo y los medios
de comunicación, y que pasan por los labios de la gente trabajadora. Es, desde
su punto de vista, una victoria producto de dos etapas históricas. Primero, de
la resistencia que durante 513 años hicieron los pueblos indígenas y campesinos,
conservando sus usos y costumbres y levantándose contra el poder establecido.
Segundo, de la historia que comienza en 1999 y que culmina en abril de 2000,
cuando el pueblo boliviano consigue expulsar una trasnacional encargada de
manejar las redes de agua en Cochabamba y logra que se apruebe una ley que
garantiza el agua como un derecho colectivo.
Las victorias, dice Oliveira, son producto del esfuerzo colectivo y silencioso
de la gente común. Esa gente común dio su vida por el agua. Sin esa primera
victoria después de años de neoliberalismo, asegura, no habría sido posible
hablar de la ascensión de un indígena a la presidencia de Bolivia. "Es el agua,
que se privatizó en 1999 -afirma- la que posibilita el que la gente pueda
articularse, movilizarse y triunfar".
De acuerdo con Oliveira, la lucha por el agua le dio a la gente un horizonte más
lejano. "Nadie -asegura- puede darse el derecho a privatizar la vida. Han
privatizado todo, pero privatizar el agua es privatizar la vida. El agua es
sangre de la tierra. No puede ser convertida en mercancía, hacerlo es atentar
contra la vida y la existencia misma de los pueblos. Nuestra lucha por el agua
es nuestra lucha por la vida".
Para Oscar, hay que establecer que el verdadero poder está en la gente, en su
capacidad para convertir en realidad los sueños que se sueñan despiertos. "No
sólo hay que desprivatizar el agua -advierte- hay que desprivatizar la política.
La política es propiedad privada de los partidos y de los gobernantes. La
política no es sólo el arte de gobernar. Ante todo es la posibilidad de que los
pueblos podamos crear otro tipo de convivencia. Eso es la política.". Una
política que nace de la defensa del agua, pero que termina trascendiéndola.
Una difícil encrucijada
Aunque no lo reconozca como tal. El establecimiento de gobiernos de izquierda en
América Latina ha puesto en aprietos al Foro. La organización nació como una
instancia de encuentro y debate diferenciada de gobiernos y partidos. La
presencia de mandatarios en sus plenos ha obligado a sus organizadores a hacer
malabares para no romper su pacto fundacional.
El intento de desembarco de políticos socialdemócratas a las reuniones iniciales
fue elegantemente evitado, canalizándolo hacia foros alternos. La presencia del
presidente Lula -sin lugar a dudas uno de sus principales patrocinadores cuando
era una luchador de la oposición- en otras ediciones del Foro, se resolvió
girándole una invitación.
El hacer de Caracas la sede del evento propició también algunos conflictos.
Cuando comenzó a promover que el Foro Social Mundial (FSM) se efectuara en esa
ciudad, Jacobo Torres de León, uno de los principales promotores del organismo
dentro de su país, se enfrentó con el temor de que la reunión se convirtiera en
un evento chavista. "Me decían -asegura- que era un plan macabro para
entregárselo a Chávez. Y sucedió no sólo fuera de Venezuela sino, también,
adentro."
La organización del Foro en ese país caribeño provocó efectivamente un buen
debate. De inmediato se escucharon voces en favor y en contra. Quienes apoyaron
la iniciativa sostenían que en Venezuela se está produciendo un proceso de
cambio social que busca dignificar al pueblo, la justicia y la inclusión. Era
pues un escenario más que adecuado para el ideal para el tipo de ideas y
propuestas que el Foro propone.
Por el contrario, algunas personas sostuvieron que Venezuela está muy
politizada, que las opiniones sobre su gobierno polarizan y que el fuerte
liderazgo de Hugo Chávez haría del encuentro un "evento chavista",
desnaturalizando la naturaleza del Foro, que en el punto 8 de su Carta de
Principios establece que "es un espacio plural y diversificado, no confesional,
no gubernamental y no partidario, que articula de manera descentralizada y en
red a entidades y movimientos que estén involucrados en acciones concretas por
la construcción de un mundo diferente, local o internacional".
La iniciativa prosperó. No en balde el presidente Chávez ha tejido una estrecha
relación con los movimientos sociales y los intelectuales de izquierda en
América Latina. Su gobierno ha auspiciado o facilitado gran cantidad de
encuentros populares, y él mismo se ha dado tiempo para asistir a ellos o para
conversar con sus dirigentes. Los lazos que ha establecido son tan profundos,
que una organización como Vía Campesina, tan celosa de su autonomía y tan reacia
a tener tratos con el poder, ha forjado una magnífica relación con la revolución
bolivariana.
Así las cosas, el mandatario venezolano sostendrá este 27 de enero por la noche,
un encuentro público con los movimientos sociales que tiene como tema central la
lucha antiimperialista. Lo hará, amparado en los lazos que lo unen con el
movimiento social, pero, también, en el punto 9 de la Carta de Principios, que
señala: "podrán ser invitados a participar, en carácter personal, gobernantes y
parlamentarios que asuman los compromisos de esta Carta".
Cuando las fábricas caminan a China
Durante mucho años, encuentros como el Foro fueron patrimonio de la clase
obrera. Desde el siglo XIX los trabajadores se organizaron internacionalmente y
su ideología fue central en las luchas de liberación de los pueblos. El
internacionalismo fue, durante décadas, una reivindicación proletaria. El
movimiento sindical formó centrales internacionales y convocó a grandes
reuniones planetarias. En su proyecto había una promesa de otro futuro.
Esta realidad ha cambiado profundamente. En el Foro la presencia obrera no es
central, como no lo es en muchas de las luchas sociales del planeta. Las luchas
de los trabajadores están marcadas, en la mayoría de los casos, por una
orientación defensiva, por la conservación del empleo o de conquistas laborales.
La globalización ha transformado radicalmente el mundo del trabajo. La clase
obrera no va al paraíso, en parte porque las fábricas en las que chambeaban se
han trasladado a China. Deslocalización, flexibilidad laboral, empleos
inseguros, uso creciente de mano de obra migrante han debilitado las uniones
gremiales y disminuido su capacidad de negociación salarial y de condiciones
colectivas de trabajo. El mundo se está walmartizando, asegura la Union Network
International.
A pesar de ello -o precisamente por su causa- los organismos gremiales de la
región celebraron dentro del FSM su segundo Foro Sindical de las Américas.
Representantes de la ORIT, la CLAT, la ILO, la CTC de Cuba, y de varios otros
más, se reunieron para discutir los nuevos desafíos que para el mundo obrero
representan la globalización y el libre comercio.
El mexicano Alfredo Domínguez, representante de la UNT insistió en la reunión en
la necesidad de enfrentar el desafío inmediato que significan los cierres de
plantas de la industria automotriz y de autopartes, así como de la industria
textil y de la confección. "Sólo la Ford -dice- va a cancelar 37 mil empleos,
varios de ellos en México." La General Motors marcha por el mismo camino.
Pero la nave va. En calles, aulas y auditorios se informa, se analiza, se
debate, se celebra. Mientras tanto, el Foro ha entrado de lleno a la
adolescencia. Y como todo adolescente atraviesa por una crisis de identidad.
Fuente: la fogata.org