| "Foro
Social Mundial 2006 en Caracas (Venezuela)" del 24 al 29 de enero
de 2006 |
Convoca al Foro Social Mundial a formar un frente
antimperialista internacional
Socialismo o muerte de la especie humana,
la disyuntiva: Hugo Chávez
Luis Hernández Navarro
enviado La Jornada
El presidente venezolano, Hugo Chávez, saluda en Caracas a Ricardo Alarcón,
líder de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, mientras aplaude la
dirigente indígena ecuatoriana Blanca Chancoso, durante el encuentro del Foro
Social Mundial Foto Reuters
Cuando
las estrofas de La Internacional suenan en el Poliedro de Caracas, unas 8
mil personas se ponen de pie solemnes. No son muchos los que conocen sus
estrofas, pero igual entonan algunas palabras, de la misma manera en que se
repite un mantra que se sabe sagrado. ¿Hace cuántos años hace que no se escucha
el himno de los trabajadores con la convicción de que los trabajadores tienen un
futuro por delante, como sucede la noche de hoy? ¿Cuántos jóvenes de los allí
presentes habían escuchado antes este cántico? La Internacional se
convirtió esta jornada en símbolo de que algo nuevo está verdaderamente
surgiendo desde abajo y a la izquierda, de que la memoria sigue viva.
Poco tiempo antes, en el auditorio repleto de delegados del Foro Social Mundial
(FSM) se deja sentir la marea roja. Unas 8 mil personas, muchas con camisetas,
gorras y banderas rojas, se levantan de sus asientos, corean consignas, chiflan.
El grupo musical Lloviznando Campos suspende su presentación. Hugo Chávez,
vistiendo también camisa roja, es recibido por la multitud con una apasionada
ovación.
Lo reciben en el presidium, entre otros, el presidente de la Asamblea Popular de
Cuba, Ricardo Alarcón; el ministro de Cultura de la isla, Abel Prieto; el
economista egipcio Samir Amin; la dirigente campesina Juana Ferrara; el analista
filipino Walden Bello; la dirigente indígena de Ecuador Blanca Chancoso; la
activista contra la guerra Cindy Shennan; el especialista en temas de
comunicación Ignacio Ramonet, y la hija del Che Aleida Guevara.
El acto comienza con una mística al estilo de Vía Campesina, en la que grupos de
hombres y mujeres del campo armados con machetes escenifican primero un
enfrentamiento con latifundistas, mientras otros muestran mantas que dicen "No
al imperialismo" y "No al ALCA". Luego le sigue la interpretación de La
Internacional.
El dominico Marcelo Barros, primer orador en el encuentro, narra a la multitud
que un soldado venezolano le acababa de pedir la bendición. El se niega a
dársela. "Nuestra revolución -le dijo- no necesita de bendición. Es ella la que
nos bendice a todos nosotros."
La derrota de la derecha
Tomó la palabra a continuación el presidente Chávez. Visiblemente emocionado
anunció: "Los incas se levantan. Los aymaras se levantan. Y los aztecas. Ha
vuelto Tupac Katari hecho millones".
Los procesos libertarios en América Latina, señaló, se desfasaron en tiempos y
espacios distintos que no pudieron engranarse. Ahora, según él, en el continente
se ha reiniciado lo que quedó pendiente en el siglo XIX: la independencia. Un
proceso que tuvo continuidad en las luchas de Pancho Villa y Emiliano Zapata, en
las revueltas de Sandino y Farabundo Martí y en los movimientos armados de los
sesenta, en el desafío de Fidel Castro y Ernesto Guevara.
Chávez propuso "sacar fuerza de los siglos", "talento estratégico" para que en
esta centuria se puedan unir en una sola las luchas de los pueblos del mundo
para cambiar de rumbo la historia. Llamó a formar un frente antimperialista para
dar la batalla en el mundo entero, respetando la autonomía de los movimientos.
"Sólo uniéndonos podremos lograrlo", dijo. Le vamos a dar la más grande derrota
a la derecha en 500 años, agregó.
Llamó a George W. Bush Míster Danger. Ellos quieren el petróleo
venezolano, señaló, y como no lo tienen, ese el motivo de su desesperación.
"Pero Venezuela más nunca será colonia de los norteamericanos. No van a
poder con nosotros."
Recordando a Harry Belafonte anunció que viene otro mundo, y muestra de ello son
los movimientos que se levantan en territorio estadunidense. "¡Viva el pueblo de
los Estados Unidos!", exclamó. Sostuvo que hay razones para ser optimistas, pues
el Imperio fracasó en Irak.
El ALCA, afirmó, está enterrado en Mar de Plata. Hemos avanzado. Antes Venezuela
estaba sola en su rechazo. Ahora otra América está en marcha. Se avanza
-aseguró- en un nuevo nivel de integración regional, una verdadera, energética,
con un gasoducto, para llevar gas venezolano a todo el continente.
Al hacer el balance del FSM, dijo que éste ha crecido en importancia, que "los
que luchamos por un mundo distinto, estamos a la ofensiva, ellos son los que
están en retirada". Alertó sobre el peligro de que el foro se convierta en un
evento folclórico, y para evitarlo pidió hacer un plan de acción universal y
unitario.
Llamó a crear una sociedad de iguales, sin excluidos, y a impulsar la democracia
participativa. Rechazó que en América Latina haya dos izquierdas: la de los
locos, de la que forman parte Fidel, Chávez y Evo, y la de los responsables y
estadistas como Lagos y Lula. No dudó en defender enfáticamente al presidente
brasileño.
Según el mandatario, estamos en el siglo de las definiciones: en el cual se
resolverá si la humanidad sobrevive o no. "No hay más allá del siglo XXI si no
cambiamos. La disyuntiva es: socialismo o muerte, pero muerte de la especie
humana. El capitalismo está acabando con la vida en el planeta. Es ahora o
nunca. Mañana pudiera ser demasiado tarde. Por eso clamo al foro para empujar en
la formación de un movimiento mundial articulado antimperialista y socialista."
El foro, cobijo para lo que sigue
Ignacio Ramonet, director del periódico francés Le Monde Diplomatique,
fundador de ATTAC, y uno de las figuras claves en la fundación del FSM, asegura
que el organismo "no persigue que sus participantes lleguen a un acuerdo, sino
que sirve de plataforma para que determinados grupos se reúnan e intercambien
ideas".
Eso es precisamente lo que han hecho varias de las organizaciones presentes,
aunque otras insistan en la necesidad de que el foro asuma resoluciones. Las
convergencias acostumbradas a actuar desde el campo de la política informal
entienden perfectamente esta lógica. Las fuerzas de izquierda tradicionales no.
Las primeras se cobijan en la cobertura que les ofrece el foro para profundizar
sus iniciativas. Las segundas, acostumbradas al funcionamiento en esquemas
centralizados, a guiar su acción sobre la base de programas acabados y a tratar
de conducir a los demás por el camino correcto, se sienten incómodas cuando sus
propuestas no son aceptadas.
Oilwatch, por ejemplo, decidió aprovechar la reunión para animar la formación de
una coalición trasnacional abocada a cuestionar la civilización del petróleo.
Desde hace muchos años este organismo ha trabajado para apoyar y enlazar las
luchas de comunidades campesinas, indígenas y de pescadores que viven y padecen
los efectos de la extracción de petróleo. Es decir, se solidarizan con las
poblaciones que sufren las derramas del oro negro y las enfermedades asociadas a
ellas, así como la expulsión de sus tierras y territorios. Aunque su trabajo se
realiza en distintas partes del planeta, ha concentrado su actividad en una
demanda legal contra Texaco, responsabilizándola de la destrucción de la selva
amazónica de Ecuador.
Oilwatch se reunió en Caracas con grupos que trabajan enfrentando la depredación
del medio ambiente que provoca la industria petrolera, como los que luchan
contra el calentamiento global, los que cuestionan el uso en la agricultura de
agroquímicos derivados del petróleo, los que denuncian los efectos perniciosos
de los compuestos orgánicos permanentes,
los que vigilan a la industria farmacéu-tica, los que rechazan las grandes
plantaciones forestales y los trabajadores del sector. Juntos planean construir
una coalición, y algunos promueven una moratoria a nuevas explotaciones
petroleras.
Las denuncias que presentaron en las reuniones son dramáticas. Sobresale una: el
Mississippi, núcleo fundamental de la industria petroquímica en Estados Unidos y
su principal boca energética, se ha convertido en el "corredor del cáncer", en
el caso más importante de injusticia ambiental.
Al igual que los ambientalistas, Vía Campesina también impulsó la formación de
una convergencia en América Latina para enfrentar en los próximos meses
iniciativas de privatización de la tierra, las semillas y el agua.
En abril se efectuará en Brasil la Conferencia Internacional sobre Reforma
Agraria y Desarrollo Rural. Según Francisco Amorim, del Movimiento de los Sin
Tierra de Brasil, los campesinos han llegado a un límite en la convivencia con
el latifundio y un modelo agropecuario anticampesino. Ese modelo, complementado
por la reforma agraria de mercado promovida por el Banco Mundial, será
legitimado por la Conferencia de Brasil.
De acuerdo con Francisca Rodríguez, dirigente campesina de Chile, están en
riesgo de privatización semillas y agua. Así como antes se esterilizaba a las
mujeres rurales, dice, ahora se quiere esterilizar las semillas. La próxima
reunión del Protocolo de Cartagena, que también se efectuará en Brasil, prepara
la aprobación del fin de la moratoria al uso de las semillas Terminator.
Pocas semanas después, en marzo, pero en México, el Foro Mundial del Agua
buscará dar pasos adelante en la privatización del líquido. "Quieren privatizar
la biodiversidad", asegura.
Vía Campesina, la agrupación a la que pertenecen Francisco y Francisca, ha
llamado a movilizarse ante esas tres reuniones y evitar que la privatización de
los recursos comunes avance.
El eco de La Internacional
Al terminar el encuentro de Hugo Chávez con los movimientos sociales las notas
de La Internacional parecieron seguir sonando con más fuerza que nunca,
sin que nadie las interpretara. Liberadas del baúl de los recuerdos en el que se
les había condenado a permanecer una vez decretado el fin de la historia,
encontraron en la noche de Caracas el aire y la libertad para volver a ser
escuchadas en todos los rincones del planeta.
Fuente: la fogata.org