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Natalicio de Manuel Segundo Mañkelef
Manuel S. Mañkelef participó en la fundación, el 16 de Agosto de 1910 en
Temuko, de la primera organización mapuche contemporánea de carácter
sociopolítico: la Sociedad Caupolican Defensora de la Araucanía. Recuperar su
legado y honrar su memoria es un ejercicio necesario de hacer como Pueblo. A
continuación ofrecemos un pequeño pero valioso trozo de nuestra historia
nacional.
Víctor NAGUIL*
Foto de Matías Meza-Lopehandia.
"Yo, Manuel Segundo Manquilef, nací en la revoltosa comarca de Makewa, en el
lugar denominado Mütrenko, el 31 de Mayo de 1887".
Mañkelef participa en la fundación, el 16 de Agosto de 1910, de la primera
organización mapuche contemporánea sociopolítica.
Nuestros conocimientos sobre la vida y obra de los principales hombres y mujeres
que han dado vida al movimiento mapuche son todavía fragmentarios e incompletos.
Esto representa un importante desafío para la construcción de la historia
nacional mapuche, puesto que en toda lucha de liberación es el movimiento el que
juega un papel central en la edificación nacional. Por ello, desarrollar
trabajos de indagación para conocer la vida y trayectoria de sus principales
actores constituye una buena oportunidad de aporte concreto para nuestros
historiadores y jóvenes estudiantes de Historia. Aquí solo ofrecemos un pequeño,
pero valioso trozo de historia nacional.
Para referirse a la infancia y juventud de Manuel Segundo Mañkelef González, lo
mejor es rememorar sus propias palabras. En la corta biografía que introduce
como preliminar a su texto «Comentarios del pueblo araucano: La Faz social»,
datada de Temuko, 30 de mayo de 1910, el joven Mañkelef, a la víspera de sus 23
años, escribe:
«Yo, Manuel Segundo Manquilef, nací en la revoltosa comarca de Makewa, en el
lugar denominado Mütrenko, el 31 de Mayo de 1887. Mi padre el cacique Fermín
Trekamañ Manquilef y mi madre la cautiva chilena Trinidad González, criáronme
como hasta la edad de un año, época en que se me entregó a mi abuela paterna.
Esta me cuidó como una reliquia de sus esperanzas. Mi abuelita vivía en Pelal,
pertenencias actuales del cacique Manquilef, lugar situado a legua y media al
S.O. de la estación de Quepe.
Allí en Pelal, en medio de los matorrales, recuerdo frescamente las primeras
representaciones de mi infancia. Vestido con un negro chiripan (especie de
pantalón), con una mantita listada y con un lindo trarilonko encarnado, corría
alegremente tras el numeroso rebaño lanar, conduciendo por las tardes al corral
dos o tres corderitos nuevos. ¡Oh! esas primeras representaciones jamás se
olvidan y por eso nunca borraré de mi mente la vez primera que mi ayin kuku,
amada abuelita, me hizo cantar los lindos amorosos versos, que ella me había
enseñado, a la simpática Mecei, indiecita que hoy es machi y pasa por ser la más
bella de Pelal.
Tampoco olvidaré la parte activa que tomé en los neikurewen y en los machitun o
kamarikun, cuando al son ya del kultrun, ya de la trutruka, ya del klarin, ya
del lolkiñ, levantaba alternativamente mis rodillas para bailar el purün, simple
baile; el choikepürun, baile del choique; el tregülpurun, baile del queltehue; y
cuán agradable era para mi mover la cabeza al compás de los instrumentos para
danzar el famoso lonkomeu, baile de la cabeza! Frescos están todavía los ratos
agradables que pasé en compañía de varios muchachos de mi edad, cuando
pastoreábamos las yeguas y en los momentos de ocio jugábamos al kechukawe y al
awarkuden formando una algazara fenomenal. En otras ocasiones avivábamos nuestra
pereza organizando un paliñ, juego en donde rivalizábamos en ser los mejores
para el mallkotun, pelotear, y para entonar el famoso diálogo diniliyiñ.
La siesta, o sea la hora del meridiano, venía a señalar el término de nuestra
jugata para conducir nuestros animales al estero, en donde nosotros
rivalizábamos en ser los mejores weyelkantufe, nadadores. Ante todo, réstame
decir que todos mis compañeros de juego sabían que era hijo de una chilena y
como practicase las costumbres igual y, a veces, mejor que ellos, designáronme
con el apodo de Cheuntu, que quiere decir: el que se vuelve gente. De este modo,
pues, viene el nombre de Segundo con que también se me bautizó. Tal fue, pues,
mi primera educación y crianza.
Permaneciendo una tarde a la orilla del fogón de mi ruka, teniendo a mi abuelita
en mi frente y estando yo con mis piernas cruzadas raspando una papa para
engullírmela con medkeñ (sal molida con ají), vi repentinamente a una señora con
mi padre y que con ansias me contemplaban. La señora me habló y yo corrí a las
rodillas de mi abuela sin entender una palabra del idioma que la chiñurra
hablaba. Al día siguiente se me condujo a una escuela pagada en donde permanecí
tres meses, logrando huir furtivamente, al fin de ese tiempo, a mi tierra. En
esta escuela aprendí a articular palabritas chilenas.
A fin de que no huyese más se me llevó a Temuco a la escuela elemental regentada
por mi compatriota y actual amigo don Manuel Antonio Neculman. En este
establecimiento aprendí a hablar con cierta corrección el idioma; además leía y
escribía con notable perfección.
Permanecí en la escuela del señor Neculman seis años, pasando después a la
superior regentada por don José del Carmen Alvarado. En el año 1900 ingresé a
las aulas del Liceo, en donde tuve como profesor de Castellano durante dos años
al distinguido escritor y rector del establecimiento don Tomás Guevara. Por
consejos y por recomendaciones del visitador de escuelas de Cautín, don Salvador
Castañeda, resolví presentarme como aspirante a normalista y el 26 de Diciembre
de 1901 rendí examen de admisión en la Escuela Normal de Chillán.
En Chillán permanecí desde Marzo de 1902 hasta el 24 de Diciembre de 1906, época
en que recibí mi título como preceptor normalista. Como normalista y como
ex-alumno del Liceo de Temuco, llegué a la rectoría de este establecimiento
solicitando un puesto y el distinguido pedagogo don Tomás Guevara, con esa
amabilidad y esa sinceridad que le distinguen, ofrecióme para mientras el puesto
de Escribiente y Bibliotecario. En este puesto pude aprender mucho, Ieía
constantemente y muy a menudo consultaba a mi jefe, llegando a adquirir con el
Señor Guevara «relaciones de íntima seriedad» (Expresión tomada de un
certificado que dio el señor Guevara al autor).
Permanecía ya dos meses en mi puesto, cuando se me nombró, además, Inspector del
Curso Práctico. Con estas ocupaciones permanecí todo el año de 1907,
retirándome, en seguida, del establecimiento por haberse suprimido el Curso
Práctico. El año de 1908 fui profesor del idioma mapuche en el Internado
Araucano que sostiene la misión inglesa en Quepe. Una vez vuelto a Temuco,
algunos colegios particulares honráronme con su confianza, contándome entre sus
profesores. Entre estos establecimientos está el Instituto Alemán-Chileno en
donde se implanta la co-educación, y el de señoritas denominado Colegio Santa
Filomena. Estando aun en Quepe recibí en Marzo de 1909 la trascripción del
nombramiento que se me hacía como profesor de Gimnasia y de Caligrafía del Liceo
de Temuco».
Tres meses después de redactada esta autobiografía, Mañkelef participa en la
fundación, el 16 de Agosto de 1910, en Temuko, de la primera organización
mapuche contemporánea de caracter sociopolítico: la Sociedad Caupolican
Defensora de la Araucanía. También fueron destacados miembros fundadores: Manuel
Antonio Nekulmañ, Felipe Reyes, Vicente Kollio, Juan Katrilew, Basilio García,
Onofre Kolima, Ramón Lienan y muchos otros. Mañkelef tiene un papel fundamental
en las obras de Tomás Guevara Psicología del pueblo araucano (1908), Folklore
araucano (1911) y Las últimas familias y costumbres araucanas (1912).
La primera parte de esta última, «Historias de familias», constituye uno de los
documentos mapuche más importantes. Como lo reconoce el propio Guevara en la
introducción de esta obra, Mañkelef no sólo aportó información sino que arregló
a «un lenguaje legible y correcto del idioma araucano» los textos. En esta obra
también se destaca la colaboración de otros mapuche que habían adquirido la
escritura y dominaban el mapuzugun: Lorenzo Koliman, Ramón Lienan, Kolikew Küzel,
Vicente Kollio Payllao, Felipe Reyes Millán y José Segundo Paynemal. En este
libro la historia de la familia Mañkelef es relatada y directamente escrita en
mapuzugun por Manuel Mañkelef. Como todo kimche, relata la historia de su linaje
desde el principio, que le transmitieron su padre y sus abuelos:
«Tüfeychi lleqlu tüfachi trokiñ che ta Wirkañ pigefuy, kuyfi awkan che fel,
kuyfi lleqlu pu logko ñi gülam nielu, chumgechi ñi felen ta che tüfeychi siglo
XIX. Wünelu mülefuy, Rüpükura pigechi mapu mew, Chollcholl püle, feymew tuwfuy...»
En 1911 Mañkelef publica en los Anales de la Universidad de Chile el texto
«Comentarios del Pueblo Araucano: La faz social», ganador de un concurso
literario conmemorativo del centenario de la República de Chile. En 1914 publica
en la misma revista su «Gimnasia Nacional». Ambos son textos bilingües en los
que Mañkelef realiza una detallada descripción de las actividades cotidianas en
una reducción mapuche, incluyendo aspectos sociales, económicos y deportivos. El
mismo año publica, siempre en los Anales de la Universidad de Chile, «Canciones
de Arauco», una traducción al mapuzugun de poesías de Samuel A. Lillo.
En 1915 publica en Temuko, por cuenta propia, su libro Tierras de Arauco, cuando
tiene sólo 28 años de edad. La obra es una apasionada defensa y dignificación
del pueblo mapuche. Con orgullo rememora la lucha contra los españoles, que dará
la libertad y la independencia al pueblo mapuche:
«La mitad de la sangre araucana se derramó para regar el árbol de la libertad
que cobijó la otra mitad. […] Al hierro de los conquistadores opusieron los
indios sus lanzas, al acero sus pechos, a la dominación su sangre altiva. De esa
lucha franca, aunque desigual, conservaron una independencia que bien merecían».
Si bien Mañkelef da prueba de una relativa indulgencia para con el conquistador
español («quizo conquistar a Arauco, no lo consiguió, y si algunas crueldades se
cometieron, no hay por qué criticarlas a un conquistador. Las leyes de la
conquista son duras y crueles siempre…»), el tono cambia cuando se refiere al
periodo republicano: «El Gobierno de Chile violó tratados, promesas. Hizo
pedazos la Constitución declarando la guerra a Arauco en la forma más insidiosa
y ruin que jamás una nación lo hiciera. Lo pervirtió hasta matar en parte sus
energías y hoy eleva estatuas a esos conquistadores que a fuerza de propagar
vicios, le permitió quitar tierras, animales y lo que es más, la vida a una
nación».
Y prosigue con el detalle, gracias a los testimonios directos que recopila,
puesto que «vive aun mucha gente testigos de la felonía de esos famosos
pacificadores de Arauco»:
«Pasaba el asistente del general y salía un quiltro de una ruka, [partía
entonces] a avisarle al general que los indios se habían sublevado y tras ello
el castigo y el arrebato de miles de sus animales, que iban a incrementar la
fortuna de esos pacificadores. En todas las plazas existía un corral anexo donde
se marcaban toda la noche los animales conquistados en el día. Reclamaba el
indio, se le negaba fueran sus animales los recién marcados, y se le ahuyentaba
diciéndole que eran unos ladrones, que le querían robar los animales a su
general. Veían una indiecita de buen aspecto, la violaban, y si su marido o
padre reclamaba, se le daba una zurra de palos, y si venía con algunos
parientes, se les mataba porque se habían sublevado».
La conclusión es sin apelación: «La conducta de Chile […] fue cien veces peor
que la de los conquistadores españoles. Sin embargo, el Estado ha querido
aparecer ante otras naciones como protector de los indios, y como el único país
de América que ha sabido respetar los derechos de los naturales. Esto es un
sarcasmo que podéis deducir de la forma como ha querido evidenciar su
protección».
Mañkelef ejerce como Profesor del Liceo de Hombres de Temuko desde 1906 a 1926;
en este último año y en momentos que también preside la Sociedad Caupolican, fue
elegido diputado por el Partido Liberal para el periodo 1926-1930 por la
Vigésimoprimera Circunscripción Departamental «Llayma, Imperial y Temuko»;
ejerció como diputado reemplazante en la Comisión Permanente de Educación
Pública e integró la Comisión Permanente de Agricultura y Colonización.
El año 1926 cuando asume como diputado patrocina una la ley de división de las
comunidades mapuche, lo cual le significo recibir la fuerte oposición de otros
sectores mapuche, como la Federación Araucana de Manuel Aburto Panguilef. El
1930 fue reelecto diputado por la misma Circunscripción Departamental, y
continuó integrando la Comisión Permanente de Agricultura y Colonización. El
movimiento revolucionario que estalló el 4 de junio de 1932, decretó, el día 6,
la disolución de este Congreso. Después de ejercer como Gobernador de Lautaro de
1936 a 1937, en el gobierno de Arturo Alessandri Palma, se reincorpora al
magisterio. Ejerce como profesor del Liceo de Hombres de La Unión, de 1939 a
1940, año en que renunció por razones de salud.
Dentro de su intensa vida pública Mañkelef además fue presidente de la Sociedad
de Protección Mutua de Temuko, socio del Rotary Club de Temuko, del Hogar
Infantil Masculino, y de Gota de Leche. También fue Voluntario de la 1ª Compañía
de Bomberos de Temuko, fundador de la Corporación Araucana y de los Boys Scouts
de Kaqtün y de Liga de Estudiantes Pobres de Temuko, así como miembro de la
Sociedad de Estudios Indígenas de la misma ciudad. Se casó con Carolina Rossat
Valleta, matrimonio del cual nacieron cinco hijos. Manuel Segundo Mañkelef
González nació el 31 de mayo de 1887 y falleció el 12 de junio de 1950 /
Azkintuwe
Obras conocidas de Manuel Mañkelef
Mañkelef, Manuel 1910. – «Comentarios del pueblo araucano: La Faz social». - In:
Anales de la Universidad de Chile, vol. CXXVIII, Santiago de Chile, 1er semestre
1911, p. 395-450.
Mañkelef, Manuel 1911. – «La Gimnasia nacional». - In: Anales de la Universidad
de Chile, vol. CXXXI, Santiago de Chile, febrero 1914, 257-301, 801-883 + 13 p.
con 16 figuras.
Mañkelef, Manuel 1912. – «Pu Mañkelef, Pülal che: Los Mañkelef de Pülal», in:
Tomás Guevara, Las Últimas familias y costumbres araucanas. - Santiago de Chile:
Imprenta Barcelona, 1913, vol. VII de la serie.
Mañkelef, Manuel 1914. – «Canciones de Arauco». - In: Anales de la Universidad
de Chile, vol. CXXXVII, Santiago de Chile, julio/agosto 1915, p. 589-641. -
Suscrito en Temuko, junio 1914. - Traducción al mapudungun de poesías de Samuel
A. Lillo.
Mañkelef, Manuel 1915. – Las Tierras de Arauco. - Temuko: Imprenta Modernista,
1915, 38 p.
* Profesor de Historia y Geografía. Master en Ciencia Política.
Fuente: lafogata.org