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"El Gobierno chileno silencia el uso de la tortura"
Álvaro Hilario, Chile
Llaitul es uno de los muchos dirigentes encarcelados de la Coordinadora
Arauco- Malleco (CAM)
HÉCTOR LLAITUL, dirigente mapuche.
Para los funcionarios chilenos, Héctor Llaitul, encarcelado el 21 de febrero
acusado de "incendio terrorista" es un "preso especial". Pero no lo consideran
un preso político, ellos prefieren denominarle como "comunero mapuche". De
hecho, Llaitul es uno de los muchos dirigentes encarcelados de la Coordinadora
Arauco-Malleco (CAM) -grupo que aglutina las Comunidades mapuche en conflicto-
calificada por el Estado y los medios de comunicación chilenos de "asociación
ilícita terrorista" y, como tal, perseguida.
Llaitul enuncia el montaje judicial en su contra: acusado de incendiar
maquinaria propiedad de la Forestal Mininco, en diciembre de 2006, el proceso se
sustenta en un único testimonio arrancado bajo tortura, prueba suficiente para
ser condenado a una pena de cárcel que va de los cinco a los once años. "En base
a mi prontuario", relata aludiendo a sus seis procesos anteriores, "me
consideran como muy peligroso. Tengo un abogado de oficio asignado, no quiere
saber nada de nada, ni siquiera denunciar el tema de las torturas". En diciembre
tendrá la primera de media docena de audiencias. "El testigo, Roberto Painemil
(actualmente encarcelado en Lautaro), fue detenido y torturado por un grupo de
civiles; le golpearon la cabeza con una barra de hierro y le aplicaron la
picana. No fue llevado al servicio médico legal y fue obligado a declarar ante
un fiscal y no ante un juez, como corresponde en estos casos. También fue
advertido de que, en caso de denunciar estos hechos, sería su familia la que
sufriría las consecuencias. Nos gustaría que denunciara las torturas pero se
encuentra solo y amedrentado".
Vencer ese miedo, el cerco mediático impuesto por el Gobierno y los medios de
comunicación, es condición indispensable para que esto suceda. "Tenemos
confianza en los medios alternativos, en gente como ustedes para dar a conocer
todos estos hechos. El Gobierno socialista, que se declara democrático, silencia
el uso de la tortura (común en la lucha contra la Nación Mapuche), dicen que es
algo del pasado, de tiempos de la Dictadura". Como Héctor señala, el papel de
los medios de comunicación chilenos es fundamental al respecto: "los medios de
comunicación están en manos de la derecha y actúan en connivencia con el Estado;
éste y los propietarios de los medios tienen los mismos intereses económicos que
las forestales, las fábricas de celulosa y las energéticas. No es sólo la
tortura lo que silencian: callan la presencia de paramilitares y la utilización
sistemática de los testigos sin rostro, que por dinero declaran lo que los
carabineros les señalan". Otra tarea de los medios es criminalizar la lucha
buscando su desprestigio y la pérdida de apoyo popular.
Vuelve Héctor al enfrentamiento con las forestales por la recuperación de sus
tierras: "La Forestal Mininco (junto a la hidroeléctrica ENDESA, uno de nuestros
principales adversarios) ha cambiado de política. Ya no es el mero uso de la
violencia, de los paramilitares. Están diversificando la represión: estudian las
zonas donde funcionan y disponen planes adaptados a cada zona (propaganda,
cursos, etc.), muchas veces financiados por el Banco Interamericano de
Desarrollo con el fin de crear un círculo de seguridad en torno a sus fundos.
Arman a los campesinos parceleros y a los clubes de caza y pesca para que formen
comités de vigilancia (legales en el país) con los que defenderse de los "malos
vecinos", de los "vecinos violentistas". Intentan aislar a los luchadores".
Héctor Llaitul tiene tiempo de transmitir un mensaje optimista: "A pesar de todo
hemos conseguido que las Comunidades sigan peleando y la CAM ha conseguido
mantener su vínculo con ellas. Para nosotros la recuperación de las tierras es
indispensable para, desde ellas, reconstruir la identidad de la Nación Mapuche.
En eso estamos".